La dependencia del hombre del territorio en que se asienta ha sido históricamente una realidad ineludible. Aún hoy, a pesar del progreso tecnológico y de la influencia de nuevos factores de localización de la actividad
humana, el medio físico no es indiferente a la distribución espacial de la misma. No se trata únicamente de describir el relieve, el clima, el potencial hídrico, la vegetación, etc. sino de mostrar como condicionan en gran medida la producción económica, la movilidad y los tipos de hábitat de las poblaciones. En definitiva una región geográfica es algo más que una serie de accidente físicos. En su delimitación influye también la vida de los hombres que la pueblan, sus costumbres, sus inquietudes, su historia.
Evidentemente, la influencia de este componente geográfico es mucho mayor cuando está referido a grupos protohistóricos, donde el conocimiento del medio físico en el que se desarrolla una determinada cultura constituye un requisito imprescindible para el estudio y comprensión de la misma. Se hace también necesario tener en cuenta como problemas arqueológicos fundamentales, aquellos relativos a la constatación de procesos de interacción entre distintas áreas geográficas, así como entre diferentes formaciones sociales y culturales.
En tanto que la Alta Andalucía se constituye en el centro nuclear formador y difusor de la epigrafía del sudeste (tradicionalmente conocida como meridional y que así continúan llamando algunos autores) será esta región en la que focalicemos este análisis de su territorio.
El relieve del Alto Guadalquivir, puede estructurarse en tres grandes zonas:
a) Una depresión central en la que destacan dos partes: la Loma de Úbeda y la Campiña. La Loma de Úbeda es una masa casi horizontal constituida por margas y areniscas que culminan en una cobertera de molasas. Todo el conjunto busca suavemente el SO. La Campiña presenta un relieve muy complejo con cerros triásicos emergiendo entre la cobertera de molasas y glacis de erosión muy evolucionada.
El Guadalquivir corre por en medio de estas tierras muy encajado. Las terrazas apenas tienen significación morfológica. El valle en su curso más alto, tiene una estructura diferente a la que presenta en su lado oeste. El curso del río se estrecha reduciendo la vega al propio Guadalquivir y sus afluentes, dejando que las sierras del sur avancen hacia el eje este-oeste del curso de
agua surcado sólo por afluentes como el Guadiana Menor, el Jandulilla o el río Torres. Hacia el norte, el río Guadalimar viene a desembocar en dirección NE- SO.
Figura 47: Recursos hídricos. Fuente: Confederación Hidrográfica del Guadalquivir.
b) Sierra Morena aparece constituida por una serie de tres escalones que descienden en gradación desde la Meseta hasta el Guadalquivir. El más bajo se halla a 600 m. y es una penillanura pretriásica exhumada en tiempos recientes. Los otros dos se encuentran a 800 y 1.000 metros de altitud. El contacto entre el paleozóico de Sierra Morena y los terrenos sedimentarios de la Depresión central se realiza por medio de una Depresión periférica. Este núcleo ofrece además grandes riquezas de plomo, hierro y cobre, debiéndose señalar que la galena que allí se obtiene, contiene cantidades de plata que hacen posible su explotación, según los centros. De los focos mineros del Norte conviene señalar por su importancia los de la Depresión de Bailén-La Carolina por su proximidad a un centro tan estratégico como el Horst de Linares, donde se sitúa uno de los oppida iberos más significativos del Valle: Cástulo.
c) Al Sur, el frente externo de las Serranías subbéticas está constituido por macizos aislados que a su vez presentan una estructura a base de anticlinales volcados sobre el valle del Guadalquivir. Entre los macizos (Jabalcuz, Mágina y Cazorla) se encuentran dos depresiones: la del Guadalbullón y la del Guadiana Menor. Separando estos macizos del eje principal de la cordillera se encuentra el surco intrabético. Así el conjunto de bloques perfectamente individualizados recibe el nombre de Prebético.
La Campiña, región natural que desde antiguo es la que más población concentra, se organiza en un sistema de espacios formando terrazas que delimitan tres amplias franjas de Sur a Norte:
1) La campiña Alta, una amplia franja de 10 a 15 kilómetros siempre por encima de la cota de los 400 m.
2) La campiña Baja, desde la cota de los 400 hasta la vega del río, ofrece en su mayoría colinas erosionadas, conservando excepcionalmente algunos cerros con amplia meseta de fácil defensa al Sur-Este, dónde aún hoy se asientan poblaciones importantes como Arjona o Porcuna.
3) La Vega se sitúa por debajo de los 300 m. y frente a las anteriores resulta muy favorecedora para el desarrollo del cultivo de huertas por la abundancia de agua; presentando algunos pasos importantes, como son los vados tradicionales de Mengibar, Espeluy o Andújar.
La existencia de caminos de amplia tradición histórica nos resulta constatada en primer lugar por las noticias sobre la navegabilidad del Guadalquivir hasta lo que podría considerarse la zona minera, vía esta que se vería reforzada por toda una serie de itinerarios romanos que pondrían en conexión esta zona con la Baja Andalucía y el círculo del Estrecho.
En el eje Norte-Sur, destacan la vía del Guadalbullón que une a Cástulo e Iliturgi (Linares y Mengibar) con Mentesa Bastia (La Guardia). Al Oeste, desde Obulco y desde Martos. Por el Sur, se abren algunos pasos hacia la actual provincia de Granada, como la ruta del Guadajoz que pasa por Alcaudete y Alcalá la Real, o la ruta del río Marbella que desde Baena (Córdoba) se abre hacia Antequera y la costa Malagueña.
¿Qué se entiende por poblamiento ibérico o más concretamente por área de poblamiento ibérico?; ¿se entiende poblamiento=demografía o bien distribución/ocupación geográfica de unas comunidades?
La comarca del Alto Guadalquivir cuenta desde hace años con atractivos trabajos arqueológicos de prospección intensiva del territorio 11 lo que ha
permitido un análisis diacrónico de la compleja caracterización del hábitat de época ibérica de modo que pueden definirse diferentes tipos de asentamientos: oppidum, recinto y cortijada, y que según Arturo Ruiz 12
podrían quedar delimitados del siguiente modo:
oppidum: fortificaciones sobre la cumbre de elevaciones fácilmente defendibles por lo abrupto del terreno. Las variaciones que puede llegar a presentar este modelo son tales que pertenecen a la misma categoría, verdaderas ciudades (en cuanto al tamaño) como sería Obulco, Cástulo o Iliturgi o pequeñas aldeas donde únicamente se agruparían algunas casas.
recinto: son construcciones con carácter defensivo que suelen situarse en la cima de altos cerros, cuya característica común es la de dominar a partir de su visibilidad grandes extensiones de terreno. Su forma suele ser cuadrangular o rectangular, presentando sus muros grandes sillares. Suelen presentarse en relación con otros, con los que se conectan visualmente y pueden llegar a convertirse en auténticas aldeas con torre en el centro.
cortijada: su tamaño puede variar, pero no presenta ningún tipo de defensa, apareciendo próximas a grandes oppida y en zonas llanas.
11 Quizá una de las primeras publicaciones que recoge los estudios sobre el territorio de
manera extensiva sea (Ruiz: 1978) pero ello no es sino el inicio de una metodología de trabajo que tuvo sus primeros balbuceos desde la universidad de Granada y que ha tenido su continuación y máximo desarrollo desde el departamento de Gestión y Patrimonio de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Jaén. La prueba de la continuidad y éxito de los trabajos podemos constatarla en el libro de recientísima publicación Jaén tierra íbera (Ruiz A. y Molinos M. eds., 2015).
Figura 48: Sitios íberos más relevantes en la provincia de Jaén, (Ruiz y Molinos, 2015, 11)
Podemos decir que los asentamientos se articulan en función de una organización que preveía por un lado, el aprovechamiento de recursos explotables de cara a la producción y/o a la comercialización y por otro las facilidades de canalización del producto comercializable a través de las vías de comunicación (Figura 49).
Figura 49: Principales vías de acceso a la Alta Andalucía de época tartésica (Sillières, 1990). Sin embargo en este tipo de sociedades a veces resulta difícil separar la ganancia económica real que proporciona una transacción, de los beneficios que proporcionan las relaciones sociales implicadas13.
La distribución de los asentamientos muestra una disposición preferentemente próxima a los grandes ríos, con tres niveles de diferente tamaño: uno inferior a la hectárea como Castellones de Ceal, otro entre 3 y 6 ha., como Puente del Obispo y por último, otro de gran tamaño por encima de las 16 ha., como Giribaile (Ruiz y Molinos, 1993).
De las influencias del mundo colonial la que más fácilmente podemos detectar es la que afecta a los productos cerámicos a torno, que desde los asentamientos costeros penetraron hacia el interior, desarrollándose desde entonces todo el proceso de imitaciones (y en muchos casos modificaciones y reelaboraciones que ponen de manifiesto su originalidad) y que para la zona que nos ocupa alcanzarían hasta el siglo V a. C.14. La presencia de cerámica a
13 Emparentado directamente con cuestiones de prestigio, de modo que los contactos sobre un
grupo autóctono pueden producir fuertes elementos de diferenciación social.
14 Otro problema sería el comportamiento funerario, partiendo de la consideración más o
menos generalizada de que sería el mundo fenicio el introductor del ritual incinerador, merece la pena tener en cuenta que este se ha documentado ya en el Bronce en algunas necrópolis
torno no es sólo el indicador de un cambio cultural, sino que implica a nivel económico el desarrollo y potenciación de la tecnología del fuego a partir de la utilización de altas temperaturas.
Figura 50: Rutas comerciales fenicias en el Sur de la Península, (García Alonso, 1993).
En el mundo ibérico peninsular no podemos hablar de uniformidad sino de múltiples regionalismos; sin embargo la Alta Andalucía presenta cierta homogeneidad, que vendría además remarcada por unas características que la convertirían para algunos autores en el panorama cultural más semejante de los conocidos con el mundo tartésico (mundo minero, aristocracia, control de las vías). La agricultura resultaría de una importancia de primer orden sin duda gracias a las posibilidades que ofrecía la campiña y el valle del Guadalquivir para la producción cerealista y hortícola y que tenemos constatada incluso en la representación simbólica de algunas ciudades, sobre todo de la Campiña Baja15. También la ganadería jugaría su papel, teniendo en cuenta la magnífica
relación que se establece entre la sierra y el valle.
andaluzas, sin olvidarnos desde luego del aporte que constituyen los campos de urnas. Sirva no obstante como resumen la aseveración de que la cremación se convierte en el ritual exclusivo para los adultos desde fechas bien antiguas para los iberos de la Andalucía oriental.
15 Obulco muestra en el reverso de sus emisiones monetales del siglo II a. C. la espiga y el
Las relaciones entre el mundo púnico y el área ibérica que aparece denominada en las fuentes como dominada por Oretanos y Bastetanos, ha sido perfectamente estudiada en lo que se refiere a estructuras funerarias y ajuares (Chapa et alii., 1993). Las cámaras y cajas funerarias y la cerámica ática, se convierten en los elementos a analizar. Los autores proponen considerar Villaricos (Baria) como un puerto de comercio a través del cual los colonos de origen púnico canalizarían los recursos y excedentes producidos por el mundo ibérico del interior, sin olvidar que el control estaría en manos de aristocracias locales por lo que el impacto territorial sería ciertamente limitado, a pesar de lo cual conviene destacar la importancia de esta vía de penetración de influencias que desde el Mediterráneo llegaba hasta Cástulo.
Figura 51: Principal vía de acceso hacia el Alto Guadalquivir desde Villaricos (Chapa et alii, 1993).
Figura 52: Interacción entre bastetanos y bástulo-púnicos a través del registro funerario, (Ferrer E. y Prados E., 2001-2002, 280).
Precisamente en la zona de Cástulo (Linares) son varias las necrópolis descubiertas. Se trata del complejo poblado-necrópolis-santuario mejor conocido debido a las numerosas excavaciones que se han realizado en sus inmediaciones, contando con un alto número de publicaciones. En sus necrópolis se mezclan los ritos de cremación e inhumación. Los ajuares se fechan en general, en el s. IV a.C. con abundantes cerámicas griegas, púnicas y romanas. Es de gran interés El Estacar de Robarinas16, con tumbas de
empedrado tumular, contorneadas mediante cenefas de cantos rodados. En sus características generales son semejantes a las de SE. Otras necrópolis asociadas a este importante yacimiento son: Los Patos, Baños de la Muela, Molino de Caldona y Cerro de Los Gordos.
16 La cual nos proporciona un interesantísimo grafito, que por el momento constituye la
inscripción ibérica del sudeste más antigua conocida estando además su cronología (s. IV) bien contrastada, lo que como sabemos no es frecuente.
3.3. LA OCUPACIÓN DEL TERRITORIO: EVOLUCIÓN Y ASPECTOS