• No results found

Be it at the office or on the road, performance needs a stable concept.

In document The Boxster. Spirit, declared (Page 33-36)

Tras la exposición que hemos hecho en el epígrafe anterior vemos que no hay una respuesta convincente ni en como llamar a la lengua, ni en si el sudeste es una variante del ibérico, la misma lengua u otra o cuál es el origen de la misma.

Recapitulemos un tanto; el esquema de Javier de Hoz contempla un primer sistema de escritura redundante, que denomina "escritura meridional primitiva" del cual derivaría el sistema tartesio (también redundante) y el meridional (no redundante) a este sistema Correa hace la objeción de que no existen pruebas de un sistema meridional redundante primitivo y que hay inscripciones que corroboran en el 600 que la redundancia el tartesio no existía (de modo que la redundancia no sería algo originario sino posterior). El modelo queda explicado por Rodríguez Ramos (2001, 29) sin apartarse tampoco de las teorías de de Hoz que al parecer de Rodríguez Ramos resultan irrefutables. “Dado que la escritura íbera levantina y la meridional son muy diferentes (mutuamente ininteligibles), no se puede suponer una subordinación del nordeste al sudeste, sino más bien una independencia. Si la lengua de los íberos del sudeste no era similar a la de los del nordeste, habría

resultado más fácil la implantación como lingua franca del griego. La única alternativa sería que los íberos del sudeste hubiesen emigrado hacia el norte e impuesto su lengua entre los ss. VI-V, pero no es un fenómeno que se aprecie arqueológicamente ni un proceso históricamente esperable cuando el sudeste todavía está iniciando su desarrollo. Creo que es más sencillo suponer que había una cierta unidad lingüística en la zona costera, unidad que habría favorecido la aculturación desde el sudeste y los contactos comerciales, dando prioridad al elemento indígena sobre el elemento colonial. Esto no implicaría que la población levantina fuese lingüísticamente homogénea: podrían convivir grupos de diversa lengua (al fin y al cabo en Grecia también habitaban pelasgos), pero sí el que un componente importante fuese de lengua íbera.” El autor plantea a continuación la contrastación de varias hipótesis que apoyen la a pesar de todo, relativa homogeneidad de la Cultura ibérica, solo explicable por un sustrato común:

-Que la lengua íbera provenga del sudeste, aunque no del Alto Guadalquivir en cuyo caso, según él sería descendiente de la cultura del Argar y el Bronce Valenciano. En su contra argumentación (puesto que descarta la hipótesis) señala que quedarían sin explicar parentescos entre lenguas, sin que la otra variable la de las culturas del Bronce Atlántico del sudoeste solucionen tampoco el problema.

-Que la lengua íbera se relacione con la llegada de gentes, y con ella cultura, de los Campos de Urnas. Éste resulta para el autor el modelo más convincente entendiendo que no se trata tampoco de la llegada de una lengua única, sino de más de un grupo lingüístico en diversas penetraciones. Aunque alude a los datos objetivos y contrastables que explican satisfactoriamente esta teoría (2002, 30) estos no aparecen explicitados en su texto.

Untermann cree que el ibérico es un sistema de creación original concebido a partir de dos influencias principales: la griega y la fenicia. Sus trabajos son los que de un modo más justo podemos decir se acercan a lo que es una definición tanto por su carácter de precisión como de brevedad. Este autor prácticamente no especula sobre la cuestión del origen. .

Son muchos los autores que para sus trabajos deben recurrir a alguno de los sistemas gráficos presentados para poder alcanzar conclusiones, sin embargo, en la mayoría de los casos la no comprensión del funcionamiento de estas lenguas se deriva en la aparición de numerosas contradicciones.

Aludamos a un par de ejemplos: Arevalo17 (1987, 29) La escritura

ibérica, en concreto la conocida como ibérico-meridional, atestiguada en el Bajo Guadalquivir y la zona de Huelva está atestiguada desde fechas muy tempranas. Y eso a pesar de que la autora se adscribe de un modo expreso a las teorías de Untermann (nada que ver). Entre los numísmatas hemos analizado el sistema de Beltrán (figura 23) por ser de elaboración propia y contar con mucha difusión en su momento.

Ahora un caso bien distinto, el de unos arqueólogos que se encuentran en sus excavaciones con una serie de grafitos, y que no explicitan en ningún caso el sistema al que se adhieren (Lobregat y Rosser, 1993) Hablan de andaluz oriental y de levantino; e inventan un sistema de lectura que readapta, pero llenando de incongruencias el sistema de Fletcher (figura 28).

También Bergua (1994) (figura 26) reinterpreta un signario, en este caso común para todo el mundo ibérico y que es en realidad prácticamente una copia del sistema de Gómez-Moreno del año 1963.

Si dentro de la confusión hay algo claro es que los propios textos del sudeste denotan una gran diversidad de signarios, usándose, por ejemplo en el mismo primer plomo de Mogente, es decir en mismo lugar y misma fecha, dos variantes en que incluso un mismo signo tiene valores diferentes. Dado que se conocen pocas inscripciones meridionales, esta diversidad permite extrapolar una situación heterogénea y la existencia de muchas variantes locales. Estos factores y la infrecuencia de contexto arqueológico, explican la dificultad de su estudio.

En lo que se refiere a cronología y siguiendo a Rodríguez Ramos (2002) la fecha más antigua disponible de una inscripción inequívocamente

17 Hemos escogido a esta autora por aludir sus trabajos a la numismática, de la que no nos

hemos ocupado pero cuya evolución está indisolublemente unida al desciframiento de los distintos signarios.

identificable como meridional es de finales del s. IV. Pero el hecho de que sus signos sean muy similares a los de la escritura sudlusitana (originada hacia el 800 a. C. y que aceptemos que la variante levantina, documentada hacia el 400 a. C, deriva de la meridional permiten suponer que existía con bastante antelación a dicha fecha18 ; por lo que puede especularse con un ante quem

de ca. 450 a. C.

La cuestión de la paleografía ha sido poco tratada y nuevamente es Rodríguez Ramos (2001, 19) quien dice: “Frente a la escritura sudlusitana, (…) en la meridional sí distinguimos dos fenómenos estilísticos; uno común y otro como evolución interna. El rasgo común se aprecia en la adaptación lineal de signos cuyos modelos sudlusitanos eran curvados. Esto puede verse sobre todo en el signo r (del sudlusitano r’). La causa puede ser el uso de soportes en los que es fácil realizar líneas rectas, como puede ser el caso de escribir sobre madera mediante incisiones; a cotejar con lo que sucede en la escritura rúnica y, caso extremo, la ogámica. Con este proceso puede estar relacionada la aparición de signos en forma de tridente, en el que se abre el círculo o triángulo superior prototipo original. El fenómeno de evolución interna, que encuentra confirmación en la adaptación de los signos al levantino, radica en la inclinación curvada de algunos de los signos que provienen de un eje vertical. El caso más evidente es el de la evolución paralela de los signos o y

s, con variantes originales verticales, pero con inscripciones en que se ha

curvado (así en Padrão H.13.1 y en Gádor H.1.1) o totalmente horizontales (grafito de Baeza, Correa 1989). Esta evolución cursiva debe de relacionarse con un método de escritura que facilitase los trazos rápidos, probablemente con inscripciones pintadas.”

18 Sin seguridad en la filiación sí que hay algún indicio arqueológico de uso anterior. Así, en el

monumento de Pozo Moro se ha identificado un signo cruciforme, como el ta levantino, en algunos sillares externos, mientras que en algunos internos se encuentra el signo en forma de tridente, que en levantino sería el ti. Aunque la primera de ambas marcas de cantero da una escasa información, la segunda es más consistente como indicio de escritura. En cualquier caso, este testimonio nos retrotraería hacia un circa 500.

Figura 42: Escritura ibérica meridional. (Rodríguez Ramos, 2002).

Figura 43: Signario meridional, signos menos problemáticos (de Hoz, 2010).

Propongamos ahora un modelo propio: Un individuo conoce una escritura y su lengua a más otra lengua no escrita b. Ese individuo cuya lengua madre puede ser cualquiera de las dos, decide crear un sistema para la no escrita b. Pero antes de ello ha podido usar a para b de un modo ocasional, lo que realmente no supone organización. Si lo hace de una forma racionalizada intentará aprender y crear formas de transmisión de modo que su intento perviva. Este individuo está condicionado por su conocimiento de a por el de b y por el modo en el que aprendió la lengua que no le es materna. A pesar de que no existen otros ejemplos históricos de ello no es imposible que un adaptador parta de dos lenguas a. Sin olvidar no obstante que sin

partir de dos modelos podría también darse la fuerte influencia de una segunda lengua.

En la Península tenemos una sola paleolengua que sufrió diferentes desarrollos según el área geográfica que ocupó. Nuestro estudio se centra en el sudeste razón por la que hemos denominado así al sistema (figura 44). Si atendemos a la vertiente étnico-cultural, y de la es en mi opinión imposible prescindir, resultará además que el universo que tratamos es el Ibérico, y por tanto hablamos de Ibérico del Sudeste. Esta es la misma lengua que se utilizó en el SO y también en el Levante. Nuestro cuadro es una propuesta que hemos contrastado para el área del Alto Guadalquivir en la memoria de licenciatura y que ahora ampliada extendemos al conjunto del corpus de inscripciones conocido tradicionalmente como meridional y que es objeto de esta tesis doctoral.

GEOGRAFÍA DE LA ESCRITURA EN EL

In document The Boxster. Spirit, declared (Page 33-36)