Existe en el campo de las cien- cias sociales una distinción para entender las relaciones sociales y de producción, que conceptualiza el trabajo productivo como aquel que produce riqueza y está direc- tamente ligado a la extracción de más acumulación en la sociedad capitalista valía.
El trabajo reproductivo, o trabajo improductivo en la literatura mar- xista clásica, es el que está vincu- lado a los servicios o que está rela- cionado con la reproducción de la fuerza de trabajo. Las sociedades a lo largo del tiempo, así como los estudios académicos, favorecieron el análisis del trabajo destinado al mercado y, en consecuencia, dejaron en un segundo plano el trabajo no mercantil. Para ello se consagró en la literatura marxista
la visión de que el trabajo repro- ductivo era el que no generaba “valor”.
Es importante entonces empezar a deconstruir esta perspectiva y se- ñalar cómo el trabajo productivo está directamente relacionado con la inserción precaria y desigual de las mujeres en el mercado labo- ral, además de ser funcional para la continuidad y reproducción del modo de producción capitalista. Así, se parte de la primera obser- vación que las actividades domés- ticas libres realizadas principal- mente por mujeres no son menos económicas que la de los hom- bres, y que, si bien no generan valor monetario, generan valor de manera indirecta, ya que servicios no remunerados realizados por mujeres, no consumidos por otros miembros de la familia y generan las condiciones materiales para el desempeño del trabajo producti- vo.
En este sentido, es necesario em- prender una crítica a las ciencias económicas por su concepto de “actividad económica” como solo aquello que genera riqueza mone- tizada. Así, el trabajo doméstico realizado gratuitamente en el ho- gar por mujeres no es menos eco- nómico que el de los asalariados,
sólo tiene una naturaleza diferen- te.
Antonella Picchio (1994) señala que, para comprender la lógica de continuidad y reproducción del sistema capitalista es fundamental comprender el trabajo que reali- zan las mujeres en casa gratuita- mente: “La insuficiencia teórica que impide que el trabajo de re- producción sea visto en términos analíticos ha dado lugar a una in- visibilidad social de este trabajo y, en cierto sentido, de las personas que lo realizan”.
Para Picchio (2003), la visibilidad del trabajo doméstico como recla- mo político pretende no solo hacer explícita la relación intrínseca entre trabajo productivo/ reproductivo, sino su alteración y un debate más profundo sobre la dinámica de es- tos trabajos. La consecución del entramado en el mercado laboral trajo a las mujeres la acumulación de funciones de producción social, dentro del ámbito del empleo for- mal y sus tareas “naturalizadas” de reproducción social, como el cuidado de los hijos, la familia y las tareas domésticas, como bien lo ilustra una de las mujeres en- trevistadas: “barrer, lavar y hacer comida, de las actividades más realizadas a diario por las mujeres
(Entrevista 1,5,6 y 8-2019) tenien- do en cuenta que cada una de las actividades utilizan entre “media a una hora” para realizarse, en al- gunos casos, más de una vez al día (entrevista 2,4,5-2019)
A partir de esto, las mujeres co- menzaron a tener su fuerza laboral doblemente explotada, caracteri- zándose el ejercicio de una jorna- da laboral doble, o en ocasiones incluso triple. De acuerdo con Brito (1997) la división sexual del traba- jo deja en evidencia la subordina- ción que existe en el ámbito social reflejado en la desigualdad de las mujeres en el mercado laboral. Por lo tanto, la división sexual del tra- bajo se inserta en la división sexual de la sociedad con una articula- ción evidente entre el trabajo de producción y reproducción.
Las mujeres se incorporaron a la fuerza laboral, pero siguen siendo responsables de criar a sus hijos, cocinar, limpiar, coser, remendar, las tareas penosas y mecánicas esenciales para la familia. Una de las mujeres entrevistadas expresa con claridad esta situación: “Por- que es una obligación que tenemos las mujeres en el hogar, porque es el hogar de uno, no tiene que ser pagado” (entrevista 7-2019). Las responsabilidades domésticas de las mujeres les impiden ingresar a
los dominios públicos del trabajo, la política y los esfuerzos creativos en pie de igualdad con los hom- bres.
Sin embargo, esta cantidad de ho- ras dedicadas al servicio domésti- co no se contabiliza en las horas trabajadas por las mujeres, lo que contribuye a su invisibilidad social como trabajo.
El trabajo de reproducción social es invisible en las cuentas nacio- nales del sistema económico. La visibilidad del proceso de trabajo doméstico requiere la visibilidad de una parte significativa del siste- ma y reproducción social. La teo- ría económica siempre ha tenido una visión reduccionista del traba- jo de reproducción social (Picchio, 2003).
La visibilidad del trabajo doméstico en los ingresos públicos sería ne- cesaria para medir la distribución de recursos. Sin embargo, hacer visible este trabajo es importante, pero aún no es una solución, es necesario que este sea el desper- tar para la profundización de la dinámica de superación de esta dinámica que requiere enfrentar la lógica del patriarcado. “El pro- blema de la visibilidad no es solo estadístico sino también teórico y político” (Picchio, 2003)