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Adjunct clauses introduced by words which function either as prepositions or subordinators

CONTROL IN ADJUNCT CLAUSES

3.1 Adjunct clauses which are introduced by a complementizer

3.1.1 Adjunct clauses which do not allow an overt subject

3.1.1.1 Adjunct clauses introduced by words which function either as prepositions or subordinators

El objeto de la doctrina maquiavélica es, según Leo Strauss, enseñanza política, por la cual, el gobernante se debe entregar a una disciplina rigurosa que le permita tomar conciencia de cómo debe gobernar y cómo debe vivir.59 En El Príncipe, Maquiavelo nos dice:

57

Op. cit. Príncipe, XXV, p. 101. 58

Para evitar malos entendidos, cito textualmente lo que Maquiavelo piensa sobre la relación analógica entre mujer y fortuna: “considero que es preferible ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es mujer y se hace preciso, si se la quiere tener sumisa, golpearla y zaherirla” ( Op. cit. Maquiavelo, N., p. 103)

59

<<Los hombres siguen casi siempre el camino abierto por otros y se empeñan en imitar las acciones de los demás. Y aunque no es posible seguir exactamente el mismo camino ni alcanzar la perfección del modelo, todo hombre prudente debe entrar en el camino seguido por lo grandes e imitar a los que han sido excelsos, para que, si no los iguala en virtud, por lo menos se les acerque; y hacer como los arqueros experimentados, que, cuando tienen que dar en blanco muy lejano, y dado que conocen el alcance de su arma, apuntan por sobre él, no para llegar a tanta altura, sino para acertar donde se lo proponían con la ayuda de mira tan elevada.>>60

Maquiavelo persigue el objeto de educar, pero ¿porqué? ¿Acaso no es para unificar y conservar el Estado?, pues después nos dice:

<<Trate, pues, un Príncipe de vencer y conservar el Estado, que los medios siempre serán honorables y loados por todos; porque el vulgo se deja engañar por las apariencias y por el éxito; y en el mundo sólo hay vulgo, ya que las minorías no cuentan sino cuando las mayorías no tienen donde apoyarse.>>61

La enseñanza política está dirigida, no a Príncipes, sino a hombres que merecen serlo62 y que son la minoría, para que puedan originar y mantener un Estado. La posible unificación italiana, reside en la virtud63 de ciertos hombres, entendida como fuerza creadora, capaz de conducir el Estado hacia los valores del bien moral y la justicia que podían ser creados por el poder coactivo.64 El hombre no realiza acciones buenas si la necesidad no lo obliga a ello. El Estado, en tanto que sanciona la transgresión de la ley, cumple con tal necesidad, de suerte que, si no existe un poder que intimide la perversión humana y la obligue a mirar por el bien en la convivencia social, el derecho no será respetado. Quien conduzca el Estado será quien posea cualidades sobresalientes que lo hagan merecedor a ocupar una posición por encima de los demás. Uno de los fines del Estado, será que el gobernante gane prudencia para evitar la infamia de los vicios, origen de su posible fragmentación. Maquiavelo, en tanto político, separa explícitamente el modo de concebir la virtud para la filosofía política y para la política moderna, puesto que en esta última, la virtud se concibe como el poder creador de un individuo que ha de sacar de la corrupción a un Estado libre en decadencia, mediante una mano regia.65

El florentino, para integrar la nueva virtud en la política moderna, rompe con la filosofía política tradicional, haciendo una separación explícita entre la teoría y la ciencia política,66 pues nos dice:

60

Op. cit. Príncipe, cap. VI, P. 35. 61

Op. cit., Ibid, cap. XVIII, P. 77. 62

Veáse Strauss Leo, Historia de la filosofía política: Nicolás Maquiavelo, p. 292. 63

El término virtud(virtú) se utiliza en el sentido de aptitud política y virtudes civicas. 64

Véase Meinecke Friedrich, La Idea de la Razón de Estado en la Edad Moderna, cap. De Maquiavelo, p. 35,36. 65

Véase Disc., I, 18. 66

Según Ambrosio Velasco, la ciencia política se propone describir, explicar y predecir los fenómenos políticos con exclusión de todo juicio valorativo ( Véase Velasco, A, Resurgimiento de la teoría política, p. 6). La ciencia política fortalece su necesidad, en tanto se fortalece correlativamente la pregunta por “el gobierno efectivo, no importa tanto el Estado que debiera existir sino el que existe de hecho.” ( Véase Villoro, L., El poder y el valor, p 96). La ciencia política en Maquiavelo rompe definitivamente con la teoría política tradicional, pues esta última, tiene como objeto principal que la ética del bien, dirija las acciones en todo momento del político, luego tiene un carácter normativo, a diferencia de la ciencia política, la cual trabaja con lo que tiene para mantener la bondad de la unidad del Estado.

<<Y porque sé que muchos han escrito sobre el tema, me pregunto, al escribir ahora yo, si no seré tachado de presuntuoso, sobre todo al comprobar que en esta materia me aparto de sus opiniones. Pero, siendo mi propósito escribir cosa útil para quien la entiende, me ha parecido más conveniente ir tras la verdad efectiva de la cosa que tras su apariencia. Porque muchos se han imaginado como existentes de veras a Repúblicas y Principados que nunca han sido vistos y conocidos; porque hay tanta diferencia entre cómo se vive y cómo se debería vivir que aquel que deja lo que hace por lo que debería hacerse marcha a su ruina, en vez de beneficiarse; pues un hombre que en todas partes quiera hacer profesión de bueno es inevitable que se pierda entre tantos que no lo son. Por lo cual es necesario que todo Príncipe que quiera mantenerse aprenda a no ser bueno, y a practicarlo o no de acuerdo a la necesidad.>>67

El autor no está de acuerdo, como conciben los filósofos pasados, con la posibilidad de llegar a poseer la virtud pura, sino con una inmediata estructuración política utilizando lo que se tiene a la mano, es decir, ve más por la utilidad inmediata que por la idealidad mediata. No se puede estar pensando en la trascendencia hacia el reino de Dios y esperar que tal, se consolide en este mundo, por tanto eso es tan sólo un invento de visionarios. La filosofía política propone un reino que se haya escindido de la posibilidad terrena de los hombres, pues éstos deben subordinarse a la fortuna. El reino de Dios y la posible realización del régimen mejor, será posible, pero al mismo tiempo improbable. Para el hombre, la posibilidad del beneficio del reino trascendente se trasforma en un fin inalcanzable, un fin último que no se realiza cabalmente en una situación concreta, su función consiste únicamente en proponer valores que sirven de guía para orientar el comportamiento humano. La teoría política es una idea regulativa que orienta la continuidad de las acciones hacia el cumplimiento del régimen mejor, por ejemplo, para Platón el régimen mejor depende de una posible, pero improbable coincidencia entre la filosofía y el poder político. Sin embargo, tal coincidencia a través de la historia se ha dejado en manos de la fortuna, no obstante ésta no puede ser plenamente dominada por la mente humana, en tal sentido el accidente domina nuestro comportamiento que se muestra disidente ante un posible dominio racional. La moral nueva, se ajusta a las condiciones útiles de vida, por lo tanto a la realidad concreta que se muestra ajena a la utopía política.

Maquiavelo niega que vivir virtuosamente sea vivir con felicidad, y con esto antepone la ciencia a la teoría política, pues dice:

<<la prodigalidad, practicada de manera que se sepa que uno es pródigo, perjudica; y por otra parte, si se le practica virtuosamente y tal como se le debe practicar, la prodigalidad no será conocida y se creerá que existe el vicio contrario.>>68

La nueva moral política exige el empleo inteligente y severo a la vez de la virtud y del vicio, según lo exijan las circunstancias69 y eso, ha de constituir un posible dominio racional práctico. La virtud maquiavélica será un equilibrio entre los juicios de virtud y vicio, puesto que cuando nuestro autor analiza a los emperadores romanos posteriores a Marco Aurelio en el cap. XVIII del Príncipe, se percibe que desea

67

Op. cit., Maquiavelo, N., El Príncipe, p. 68

68Op. cit., p. 70

69

vislumbrar una especie de virtud política que subyace a las crueldades y crímenes que les permitió conservar el buen gobierno, pues se nos dice:

<<Digamos primero que hay dos maneras de combatir: una, con las leyes morales; otra con la fuerza. La primera es distintiva del hombre; la segunda, de la bestia. Pero, como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe debe entonces comportarse como bestia y como hombre. Esto es lo que los antiguos escritores enseñaron a los príncipes de un modo velado cuando dijeron que Aquiles y muchos otros de los príncipes antiguos fueron confiados al Centauro Quirón para que los criara y los educase. Lo cual significa que, como el preceptor es mitad bestia y mitad hombre, un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas, y que una no puede durar mucho tiempo sin la otra.>>70

La historia política de Roma, demuestra que para iniciar y conservar un Estado, es preciso valerse de lo inmediato, aún cuando el gobernante transgreda la moral tradicional, de suerte que cuando la justicia ha desaparecido de un pueblo, se requiere de la aparición de su contraria, para que la primera vuelva a emerger, ya que, como nos dice Leo Strauss:

<<El fundamento de la justicia es la injusticia, el fundamento de la moral es la inmoralidad; el fundamento de la legitimidad es la ilegitimidad o revolución; el fundamento de la libertad es la tiranía.>>71

La moral se ha transformado, pues parece que su genealogía en la historia ha sido la conservación de equilibrio de contrarios, de suerte que no es ni más importante uno ni su contrario, más bien son variables que deben conservarse fuera de toda radicalidad, por lo tanto es valido el uso de uno u otro para mantener un equilibrio, propósito del Estado, pues lo tradicionalmente malo puede generar un bien, lo bueno no existiría en tanto no pudiera apoyarse en su contrario; el mal es imprescindible para el mantenimiento del bien, en tal sentido, << (…) El demonio penetra en el reino de Dios.>>72. Sin embargo, tal cosa no es nueva, sino que para Maquiavelo puede ser vista en la historia de los antiguos, sobre todo del pueblo romano. Quizá se pretenda que el hombre regrese a sus orígenes, no perdiendo de vista aquellos rasgos naturales del hombre que anteceden a la consolidación de lo social. La recuperación de la virtud antigua en la política, parece decirnos Maquiavelo, para construir la virtud nueva, <<consiste en la reimposición del terror y del miedo, que habían hecho buenos a los hombres en el comienzo (...) los hombres eran buenos en el principio, no por causa de su inocencia sino porque estaban en garras del terror y del miedo: del terror y del miedo radicales e iniciales; al comienzo no había amor sino Terror.>>73. El Estado regresa a su posición original, como intermediario entre lo natural y lo artificial.

El Poder político naciente ha dado origen a una nueva moral, cuyo objeto será mantener la compatibilidad social y absorber todas las contradicciones. La polarización social (ricos y pobres) será

70

Op. cit., El príncipe, XVIII, p. 75. 71

Op. cit., Strauss Leo, Historia de la filosofía política: Maquiavelo, p. 291. 72

Op. cit., Meinecke, F., La idea de Razón de Estado en la edad moderna, p. 41. 73

aminorada por los intereses comunes, es decir, la igualdad civil ante la ley. Si la política se ha de mover dentro del ámbito de la necesidad, la búsqueda del gobernante por tratar de mantener tranquila esa necesidad se ha de abrir paso al esgrimir una ética del Poder, es decir, mediante una lucha constante contra el azar que llevará al político a tratar de perfeccionar el orden político y la libertad de los ciudadanos. Luego, se dice:

<<Llamaría bien empleados y empleadas a las crueldades (si a lo malo se le puede llamar bueno) […] Se trata de que las primeras se vuelvan todo lo beneficiosas posibles para los súbditos.>>74

Por consiguiente, si a lo malo se le puede llamar bueno, el poder como fin último, en tanto universal que no excluye a ningún elemento de la sociedad civil es bueno, no para servirse a sí mismo, sino para el beneficio de la sociedad. El Príncipe como representante del Poder, guía a los ciudadanos a un bien supremo, por eso se justifican los medios empleados, puesto que el fin es bueno y esa bondad califica los medios empleados para obtenerlo.

La ruina del Príncipe implicaría correlativamente la ruina del pueblo. El Príncipe debe moverse sobre los fundamentos contradictorios y reales de su sociedad y no mirar sólo sus intereses particulares; eso le exige elevarse por encima de las prohibiciones de la moral individual hasta un orden moral superior, de esta forma:

<< (…) la política como gestión del Estado, que dispone de sus valores, deberes o ideales peculiares debe de gozar de autonomía frente a cualquier tipo de instancia.>>75

Maquiavelo lleva la política a un terreno concreto, se usa la mentira para mantener la concordia social, pues no es suficiente el uso de las buenas acciones, como indicaría el plano ideal, para equilibrar las relaciones sociales, sino que es necesaria la “apariencia” para penetrar el mundo de los intereses particulares, pues los hombres se guían más por la apariencia que por la realidad. El Príncipe se mueve en dos ámbitos distintos, a saber: la apariencia y la realidad, lo cual queda implícito en el arte de la persuasión:

<< El político está obligado ‘no sólo a saber ser, sino a también parecer’ […] Por eso, el arte político es primordialmente retórica, arte de persuadir, de conquistar la opinión.>>76

El poder político se desarrolla en dos planos: uno por encima de la sociedad y otro inmerso en las particularidades, en la cotidianeidad de las experiencias concretas. El gobernante, debe ser alguien adherido a la estrategia de la vida política, concebida ésta como el más grande cometido del obrar humano, por tanto, se le permiten violaciones a la moral tradicional, si sirven para la consecución de fines políticos. La diferencia

74

Op. cit., Maquiavelo, N., pp. 46-47

75 García Romano, “El ensimismamiento del poder. Maquiavelo y la ciencia política Moderna” en Revista Pensamiento Madrid

1991, número 187, vol. 47, op. cit. p. 285. 76Ibídem

entre el político y el hombre común y corriente, pues el primero debe estar por encima de ellas, en tal situación, él se ayudará de sus pasiones en tanto las domine, evitando ser dominado por ellas y eso es lo que lo hace posicionarse por encima de los demás. El calculo racional debe dirigir la voluntad de poder del Príncipe quien representa al dios terreno del Poder. La política, en tanto mediación entre individuo y sociedad, se sirve de la moral nueva introducida por el Poder político que utiliza los medios que tiene a la mano, mientras que sean dirigidos por la razón. La mente del gobernante ha de consolidar la unidad del Estado, al integrar y organizar a los ciudadanos mediante la posible convergencia de la realidad con la idealidad política.

Si los escritos de Maquiavelo están dirigidos a hombres que merecen ser príncipes, entonces media, para ello, la educación de estos hombres. El florentino, parece mostrarnos que la recuperación de la virtud política romana, será indispensable para perfeccionar el Estado, pero tal virtud no marginaba los intereses naturales del hombre, por el contrario los inscribe, por tanto la virtud nueva, no es tanto así que digamos, sino más bien, una virtud que ya se le poseía en la antigüedad, la mirada de los educandos tenía que retroceder a la antigüedad para revivir esa virtud que permanecía marginada, pues nos dice:

<<Y con mayor motivo cuando veo que en las disputas civiles entre ciudadanos, o en las enfermedades, se recurre siempre a los remedios que los antiguos juzgaron convenientes y ordenaron; porque las leyes civiles no son otra cosa que sentencias dadas por los antiguos jurisconsultos, las cuales, recogidas en códigos, enseñan a juzgar a nuestros jurisconsultos actuales. Ni tampoco la medicina es otra cosa sino las experiencias hechas por los antiguos médicos, sobre las que fundan los actuales sus juicios. Sin embargo, cuando se trata de ordenar la república, de mantener el estado, gobernar el reino, organizar el ejercito y llevar a cabo la guerra, juzgar a los súbditos o acrecentar al imperio, no se encuentra príncipe ni república que recurra a los ejemplos de los antiguos.>>77

La educación consistirá en hacer volver la mirada a los jóvenes hacia el pasado, sobre todo hacia el pueblo romano. Sin embargo, en la Italia donde surge descabellada idea, se encuentra el corazón de la religión cristiana, que estaría en contra de que se obtuviera algún conocimiento de esas virtudes que para el cristiano no eran sino vicios.78 ¿Cómo se podría entender que en medio de la religión predominante, surgiera la idea de que se podría aprender algo de los paganos? Maquiavelo responde: << la necesidad>>. Sin embargo, ¿cómo se podría comprender mejor tal detalle? Aún cuando en Italia se encuentre el corazón del cristianismo, no evita la fragmentación del poder y el libertinaje. Las prédicas cristianas no eran suficientes para meter en cintura el instinto humano, que lejos de temer al castigo del otro mundo, se entregaba al vicio y a las peores inmundicias. No sólo con el rosario en la mano y recursos escatológicos se podía controlar la conducta humana. Sin embargo, la religión hegemónica así lo proponía, aunque ellos mismos, detrás de ésta apariencia, seguían el camino del vicio. Las provincias italianas se desenvuelven en la inestabilidad social, lejos de la seguridad y la ley que darían a las condiciones sociales mayor seguridad; el estado natural del

77

Op. cit., Disc., Proemio, p. 28. 78

hombre reaparecía sin la presencia de una mano regia que obligara la aparición del orden social, a partir de un poder unificado. Nuestro pensador, se desarrolla en los terrenos de la necesidad, pues no fue el único que advertía tal menester, sin embargo, su genio debía encontrar una salida, para intentar dar solución al problema inmediato de la política. No se puede afirmar que todo está bien en una sociedad cuando la evidencia muestra lo contrario, pues se viviría en la utopía, de suerte que, cuando el florentino analiza el Estado, lo evidente es que la persuasión de las masas ha sido rebasada, y cuando no se posee, un poder ni a