3.2,1 The controller of a non-overt NP subject
4.2 Subject Control
La psique del hombre ha sido delimitada por Platón, a razón de subdividirla y discriminar sus partes en: racional, irascible y concupiscible. Aunque el alma tripartita, es una forma de representarse la naturaleza humana, lo cierto es que la explicación entra en el terreno del lenguaje y dista mucho de alcanzar la naturaleza en sí del hombre, sin embargo, por su semejanza, invoca y hace posible el gobierno de la irracionalidad humana mediante la persuasión y la fuerza.
La parte concupiscible, tiene que ver con los impulsos, la irreflexión y la forma de ser automática del hombre común y corriente, de suerte que la vida útil y práctica es dominada por esta parte o la irascible, lo que da como resultado ver hombres avaros, lascivos, viciosos, ladrones, mentirosos, etc., pues son hombres
que no se gobiernan a sí mismos, sino por los impulsos irracionales. El gobierno de lo social parece ser natural, pues al interior del ser interno del hombre también existe un gobierno natural. El vicio del hombre individual, acarrearía el de la ciudad, pues ésta es copia únicamente de aquél. La razón para gobernar se debe ayudar de la parte violenta para llevar a cabo su cometido natural, pues la parte irracional no entiende de razonamientos, sino sólo a partir de la fuerza. También la persuasión tiene un efecto de relajación en lo irracional, por lo tanto el mito y la mentira se le permiten al estadista siempre y cuando aspiren al bien común. Platón estudia las apariencias en la República, al dar autoridad a los magistrados de mentir (apariencias) por el bien de la ciudad; también nos ha dicho que los magistrados deben cumplir con cierta educación, que incluye la gimnástica y la música, que los ha de hacer aptos para encargarse de las magistraturas. La gimnástica, ciertamente es un factor importante para que el alma del filósofo puro logre trascender su naturaleza pasional, pues hace que el alma resista el dolor y luche contra los deseos, los placeres y las seducciones.5 De modo que la contradicción hace posible que el hombre supere su miseria existencial, entonces es necesaria, pues le hace ver lo que necesita y no posee, y lo arroja a un proceso de búsqueda. La contradicción existencial debe propiciarle al hombre un momento de dolor, y éste debe hacerlo ver cosas que antes no eran importantes, así, como cuando perece un ser querido, la finitud muestra un vacío al interior nuestro que se ha hecho presente, nosotros no lo pedimos, es más no teníamos conciencia que podría pasarnos, sin embargo, se presenta y nos hace ver de cerca lo que antaño había permanecido oculto y ahora es visible. El dolor ayuda al alma a remontar su estado irracional y la auxilia a contemplar, más allá de su inmediatez sensible, la posibilidad de dominarse a sí misma. Se sigue que el dolor es condición de posibilidad para que la naturaleza humana se empiece a intuir por la mente y el alma del filósofo desee subordinarse a un orden natural que le antecede ontológicamente.
El miedo cuando tenemos cerca la muerte nos hace ver nuestra propia inseguridad; existe algo desconocido, más allá de nuestra vida cotidiana que posee injerencia momentánea y nos atrapa, sin embargo no está dominado por nuestra mente. Cuando cruzamos una avenida seguimos las medidas que acostumbramos seguir y con ellas nos sentimos seguros, sin embargo el accidente nos pone fuera de nosotros mismos, pues no lo advertimos, sale repentino, sin previo aviso, transgrede nuestras defensas y nos hace sentir sin amparo alguno. Algo ha tornado lo que creemos conocer como inseguro y ese algo nos hace sentir un vacío que nos supera y nos hace sentir miserables frente a lo que se presenta. Lo que se presenta da dos connotaciones posibles a nuestro sentido de vida, pues, por una parte, entendemos que algo se añade a lo que tenemos en la cotidianeidad, por lo tanto existe un saber acerca de que algo se está sumando, sin embargo, cuando se sabe algo no se le teme, puesto que el temor se origina del desconocimiento, en tal sentido, no se le
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Platón, Leyes, p. 20. Para Adolf Menzel en su investigación sobre la teoría del derecho del más fuerte, expresa la convicción de que el temor provoca el perfeccionamiento de la persona, Cf. Calicles, contribución a la historia de la teoría del derecho del más fuerte, p. 16. Quizá el temor, en tanto chispa, es necesario para que el hombre pueda remontar aquello que desconoce de su propia naturaleza.
podría nombrar como saber. Quizá sea sólo la percepción oscura de algo que no delimitamos claramente y distinguimos de momento, de suerte que no podría llamársele aún un saber pues permanece todavía oscuro, por lo que no se le podría llamar conciencia.
Por otro lado es como si algo se añadiera a lo que pretendemos, conocemos de nuestra cotidianeidad, y si ese algo le pertenece naturalmente, entonces ese algo se presenta como lo que lo hace diferente para nosotros, de lo que se sigue que el error está en la interpretación. Para explicar mejor lo dicho, pongo un ejemplo: si imaginamos un cuerpo geométrico como un cubo, el cual consta de cuatro caras planas, una de las cuales permanece visible y las otras a oscuras, de suerte que la cara alumbrada representara la cotidianeidad en la cual nos desenvolvemos, y la posible visión de otra cara estuviese condicionado por el posible enfrentamiento con la muerte, lo que, por necesidad, descubriría lo que no es en absoluto distinto al cubo mismo, sino en el modo de percibirlo. La intuición de ese algo que se añade a la cara alumbrada, no es sólo considerar que algo se añade, cuyo problema residiría en tratar de conocerlo para intentar diferenciarlo de lo que teníamos en mente originalmente, de lo cual se desprende que nuestro concepto de realidad se va transformando. Sin embargo, el cubo existe con sus seis caras aunque nosotros sólo percibamos una cara y parte de otra. Con esto quiero decir que así como Platón lo expone, en el sentido de que el conocimiento sólo se establecería a partir de la deducción es correcto, puesto que la medida, en este sentido sería el cuerpo natural entero. En otras palabras, para poder conocer y fundamentar realmente la cara alumbrada del cubo, tenemos que relacionarla con la totalidad del cuerpo, pues de lo contrario, estaríamos perdidos al distinguir una parte y confundirla con el todo, de suerte que para establecer el conocimiento se debe llegar a poseer el todo que debe ser anterior, ontológicamente a la parte.
El hombre al aproximarse o tener cerca la muerte es otro, distinto a lo que era comúnmente; la muerte en tal perspectiva se comporta como medida, pues a partir de ella se percibe un proceso necesario que nos conduce a un modo distinto de percibir la realidad cotidiana. El hombre puede llegar a poseer el saber de lo que se trate, por ejemplo, de lo político, de la justicia etc., siempre y cuando este convencido de la necesidad de esa búsqueda. La intuición del todo del mundo lo tiene el filósofo, una intuición cuya necesidad de la búsqueda mediante el proceso dialéctico mental le hará contemplar la idea y en ese momento, adquirir
conciencia pues ha concluido la búsqueda. Quien es capaz de gobernar es aquel que conoce realmente la
naturaleza humana, de suerte que puede conducir al pueblo bajo y a la clase guardiana hacia el bien común y no al parcial. En otras palabras quien debe gobernar y establecer la comunidad justa es aquel filósofo que ha llegado a ser consciente y contemplar la verdadera naturaleza de las cosas, y que ajusta lo social para que mire por los valores que le lleven a ser plena y feliz. El hombre racional, no es el que cree que utiliza la razón, sino el que tiene claridad en las cosas, pero esa claridad le debe venir al haber alcanzado el conocimiento de las cosas en sí, de suerte que quien no ha alcanzado a contemplar la esencia de las cosas no se puede considerar como racional, sino como los que actúan adheridos a la racionalidad, pues esto está
condicionado a que, quien gobierna haya alcanzado el conocimiento verdadero para enseñar el camino a los que vienen detrás de él.
El filósofo quien ha llegado a contemplar el ámbito de las esencias en el extremo límite del mundo inteligible, es el único capaz de dominar sus pasiones y ser racional. Los hombres comunes y corrientes inmersos en la vida útil y práctica, son inferiores a sí mismos, en el sentido de que no tienen estabilidad y ceden ante los placeres que los tornan impulsivos e imprudentes. El hombre que a su interior sufre una guerra de pasiones es incapaz de dominarse a sí mismo. La única medida para saber si el hombre es racional será que un filósofo haya salido de la caverna para que les muestre el camino a los que le siguen. Se desprende que el hombre puede llegar a ser racional, siempre y cuando sea ayudado mediante la educación por quien ha contemplado el ámbito inteligible anteriormente. Se sigue que si no se encuentran estas condiciones las sociedades no podrán tener tregua, pues continuaran las disputas y los vicios que seguirán conduciéndolas erráticamente.
El origen de los males en la sociedad, parece fácil comprenderlo, sin embargo, al mismo tiempo también parece consolidar un idealismo hecho principio, pues Platón nos dice: << Sin embargo, Teodoro, los males no pueden desaparecer, pues es necesario que exista siempre algo contrario al bien>>6 La fuente del mal se haya, según Platón, en el desorden individual y social, en el cuerpo individual y social que origina apetitos y pasiones difíciles de dominar con la razón y la libertad.7 La causa del mal moral se halla en la libre voluntad humana, que se niega a reconocer lo bueno. No todo hombre está naturalmente dotado para conocer lo mejor y a la vez para poder y querer hacerlo. El mal moral es producto de una ignorancia de la voluntad, entonces el problema radica en la insuficiente cognoscibilidad práctica, y por ello, no se puede reconocer lo bueno.
La educación platónica presenta dos aspectos: uno interno que consiste en el autodominio de las pasiones y deseos ilegítimos;8 y el otro externo o social, por el que cada ciudadano vive de acuerdo con las leyes establecidas por los gobernantes, filósofos iluminados que poseen la verdad e indican lo mejor por naturaleza para las otras clases sociales. Nos encontramos ante la posesión de la verdad por parte del filósofo, y al mismo tiempo frente a la imposición de lo mejor a los no-filósofos mediante la persuasión y la violencia, pues: << La violencia que Platón ha querido desterrar del Estado penetra así otra vez en él>>9 Los ciudadanos quedan así en manos de la clase dirigente. La educación y la moral son elementos en Platón que preparan y mantienen el poder del grupo dominante, pues aunque pareciera extraño: << A los magistrados de la ciudad, en consecuencia, si es que a alguien ha de permitirse, compete el mentir, en sus tratos con los
6 Véase Teeteto, 176 a. 7 Véase República 443 d. 8 Ibid 572 b-d. 9
enemigos o con los ciudadanos, en interés de la ciudad, y nadie más debe entrometerse en esto.>>10 Se determina un interés social por el cual se justifica como justo y moral las decisiones del grupo dominante, siempre y cuando sea por el beneficio del bien común –incluida la mentira-, lo que lleva a conservarlo. Pero si somos observadores, el camino de una moralidad forzada abre paso a la necesidad de la inmoralidad, pues el gobernante, por necesidad, se mueve entre el Ethos y el Cratos, por los cuales se constituye y mantiene un Estado y todo eso cumple una necesidad consecuencia de la irracionalidad humana que tiene que ser controlada para evitar la desaparición de lo social. Platón se da cuenta que la irracionalidad domina de hecho el quehacer político, por ello su intención de hacer coincidir el poder con el saber en la figura del filósofo.