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Cuando Alberto Contador, el 26 de julio de 2009, se subió al podio de los Campos Elíseos en París para ser proclamado ganador del Tour de Francia poco podía imaginar que la sintonía, que iba a sonar, no era el himno de España. Como el mismo explicó en una entrevista posterior, cuando comenzaron los primeros acordes le parecieron raros aunque siguió escuchando. Enseguida reconoció que lo que estaba oyendo no era la sintonía que correspondía. Fue la anécdota de la jornada y nos sirve de ejemplo de lo que es un anclaje auditivo.

En la actualidad, hay unos anuncios en la televisión en los que comprueban la edad de la audiencia, preguntando cuestiones como, si se recuerda a los componentes de Parchís, a Viky, el vikingo o los payasos de la tele. Los anuncios se basan en anclajes, que tenemos de nuestra infancia los que pertenecemos a ciertas generaciones, claro. Si tú no recuerdas el ¿cómo están ustedeeeeeeessss? de Gaby, Fofó, Miliki y Fofito es porque eres demasiado joven para lo que te quieren vender. Así funcionan los anclajes. Si te digo la chispa de la vida, ¿qué nombre aparece en tu mente? Coca-Cola, está claro; si observas una bandera roja-gualda-roja, sabes que es la de España. Si de repente hueles a humo, enseguida buscarás dónde puede haber fuego. Si escuchas tu canción preferida, te evoca un lugar, un momento, una situación; si oyes tu nombre, piensas que se pueden referir a ti; si alguien coloca dos dedos en uve (V) sabes que es la señal de la victoria (al menos en nuestro país). Son experiencias internas ancladas en algo que vemos, oímos, sentimos, olfateamos o degustamos.

La idea del anclaje procede de los descubrimientos sobre condicionamiento realizados por el profesor Iván Pávlov, que acostumbró a unos perros a darles de comer, después de hacer un sonido; en poco tiempo, los animales empezaban a salivar, al escuchar el ruido. Aunque no es exactamente el mismo proceso, pues Pávlov tardó cierto tiempo en crear el condicionamiento, mientras que el anclaje se hace en unos minutos y te puede durar varios años o la vida entera. En realidad, se llama ancla porque esa es la idea. Es como si fuéramos un barco y, al hacer un anclaje, echamos por la borda un ancla que nos ata a un lugar. El anclaje de PNL amarra nuestro estado para que podamos regresar a él cuando queramos.

Nuestra existencia está llena de anclas −la publicidad consiste, casi en exclusiva, en tratar de anclar sensaciones a los productos que vende−, que nos trasladan a determinadas experiencias vividas. Y hay anclajes, tanto positivos −el olor de las magdalenas de la abuela nos recuerda la sensación de estar con ella−, como negativos. Algunos de ellos llegan a convertirse en fobias (ascensores, multitudes, lugares cerrados, arañas, serpientes…) porque la persona vuelve al estado en el que tuvo la mala experiencia, cuando tiene contacto con la misma situación que le produjo la fobia.

La PNL nos proporciona la oportunidad de crear nuestros propios anclajes para recuperar estados, que nos puedan venir bien, en un momento dado. Así, se puede anclar una sensación de serenidad, de creatividad, de logro, de confianza… y volver a sentirla de nuevo en la circunstancia que más nos convenga. Algunos deportistas, por ejemplo, para conseguir lanzar su anclaje de concentración, realizan siempre los mismos movimientos antes de entrar en competición. ¿Quién nos dice que el toque del calzoncillo de Rafa Nadal no es sino un anclaje de concentración? Es un gesto habitual en él −inconsciente−, realizado siempre en la misma situación, quizá le ayuda a jugar.

Cómo se realiza un anclaje

Antes de comenzar, hay que dejar claro que lo que se anclan son estados, no situaciones. Puedes hacerte un anclaje tú mismo o hacérselo a alguien. Por ejemplo, para la comunicación más eficaz se puede hacer un anclaje de confianza.

Los anclajes se pueden hacer kinestésicos, visuales y auditivos. Para que funcione mejor, haremos el anclaje de las tres maneras. Así que, antes de empezar, elegimos un color (Visual) para darle, a nuestro anclaje, una palabra (Auditivo) y un lugar (Kinestésico) de nuestro cuerpo. En general, tanto si te lo haces tú mismo, como si se lo haces a alguien, la zona del cuerpo elegida suele ser las manos o las

rodillas; en cualquier caso, tiene que ser un sitio de fácil acceso porque en alguna ocasión te tocará disparar tu anclaje en público y querrás ser lo más discreto posible. Tampoco tiene que ser un gesto que hagas de manera habitual pues si no activarás el anclaje cuando no lo necesites.

Si quieres, puedes decirle a alguien que te lo vaya leyendo mientras tú lo haces, o grabarlo primero y escucharlo después.

Realización de un anclaje 1) Imaginemos que el recurso que queremos anclar es confianza. Sentado en un lugar cómodo, y con los ojos cerrados −para concentrarnos mejor−, tratamos de relajarnos, respirando en profundidad y dejando caer nuestros brazos y piernas a lo largo del cuerpo. A continuación, traemos a nuestra mente una situación en la que nos hayamos sentido con mucha confianza en la comunicación y nos concentramos en ella. Comenzamos a revivirla, asociándonos a ella, viendo lo que veíamos en esa circunstancia, escuchando lo que escuchábamos y sintiendo lo que sentíamos. 2) En el momento en el que sentimos la mayor intensidad de la experiencia, pensamos en el color que hemos elegido −imagínate que sea el rojo−, y traemos a nuestra mente la palabra seleccionada −por ejemplo, yo puedo−. Presionamos en la zona determinada para realizar el anclaje kinestésico, manteniéndolo entre unos 10 y 20 segundos (esto depende de lo que dure el momento de mayor intensidad). En cuanto éste decaiga, hay que retirar la presión. 3) Abrimos los ojos y nos olvidamos de la situación, damos unos cuantos saltitos o si se lo hacemos a alguien, realizamos alguna pregunta que le saque del tema, por ejemplo: ¿te gusta ir a la playa?10. 4) Volvemos a repetir los pasos 1, 2 y 3

unas tres o cuatro veces, y seleccionamos otras situaciones de nuestra vida, en la que hayamos tenido confianza en la comunicación. 5) Cuando hemos terminado, comprobamos la eficacia del anclaje; para ello, disparamos el anclaje, es decir, presionamos en la zona que elegimos para el anclaje kinestésico, mientras traemos a nuestra mente el color y la palabra que hemos elegido; esta vez sin necesidad de tener los ojos cerrados ni pensar en ninguna de esas situaciones. Si el estado de confianza, que hemos anclado, vuelve a nosotros es que el anclaje ha sido realizado de forma satisfactoria.Por tanto, para hacer un anclaje efectivo, hay que tener en cuenta los siguientes factores:

a) Utilizar un lugar específico para anclar, que no sea un gesto habitual que hacemos.

b) Realizar el anclaje en los tres sistemas representacionales: visual, auditivo y kinestésico. No es necesario aunque sí recomendable para darle más fuerza.

c) Aplicar el anclaje en el momento de mayor intensidad y de mayor pureza. Ello quiere decir que demos calibrar, en nosotros o en la otra persona, el instante en el que el estado, que se quiere anclar, se está viviendo con mayor intensidad. La pureza se refiere a que, en el momento de hacer el anclaje, no haya ruido interno (DI) o externo para que no se anclen cosas que no queramos.

d) Comprobar el anclaje para saber si lo hemos hecho de manera adecuada. Si el anclaje se repite con asiduidad, es decir, que cada vez que te encuentres en un momento de confianza en tu vida lo disparas de nuevo, acumularás el recurso y el ancla se reforzará. También, si lo disparas cuando lo necesites, funcionará cada vez mejor.

El mismo anclaje, que se ha hecho con el elemento confianza, se puede repetir con varios a la vez: logro, seguridad, serenidad… para conseguir un superanclaje de recursos, mediante su acumulación.

Como se ha comentado antes, el anclaje es una técnica de PNL que se le puede hacer a otra persona, siempre explicándole el procedimiento antes de comenzar y coordinando con ella dónde quiere que se le haga la presión kinestésica, y qué color y palabra va a emplear. En este sentido, el que realiza el anclaje, al presionar en el punto indicado, trae a la mente de la persona el color y la palabra consensuada. Es fundamental, en el caso de hacérselo a otro, la calibración, para saber cuál es el momento álgido de la experiencia de la persona. Algunos autores señalan que se pacte antes la indicación de este momento, para facilitar la labor del que lo hace, aunque eso suponga escasos conocimientos de calibración.

Si bien ya no es algo que corresponda a este libro, es útil saber que los anclajes negativos se pueden suprimir también con técnicas de PNL. De hecho, como se ha comentado ya, uno de los casos de éxito de esta ciencia es la desaparición de fobias en muy pocas sesiones.

Ahora, que has descubierto la técnica del anclaje, piensa ¿cuál es el primero que te vas a hacer? Como yo digo, a veces en mis conferencias, si tienes tus dudas sobre su utilidad, pruébalo al menos, mal no te va a hacer yseguro que te funciona. Por si acaso, echa el ancla.

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