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3 Data and methods

3.3 Section 2: Statistical tests, measures and methods

3.3.2 Age-specific decomposition

BRS no invalida la crítica de la habitación china al computacionalismo, específicamente, a la afirmación de que, para tener una mente, es suficiente con engañar personas por medio de simulaciones, como en el test de Turing. Muy por el contrario, la “cosa real” debe ser replicada” (p.97-98).

De esta manera, aunque pudiésemos aceptar la sugerencia de la BRS, en casos de cybergization como el de Otto en los que se le resta importancia al punto de vista de la primera persona (obviando la ausencia de evidencia empírica), la diferencia entre la duplicación los poderes causales neurobiológicos del cerebro y la simulación de los patrones formales de esos poderes causales parece, como dice González (2007), fatal para la BRS.

3.1.4 La réplica combinada (The combination reply CR)

Esta cuarta réplica consiste en una combinación de las características de las últimas tres: un robot con un computador integrado simulando la sinapsis de un cerebro de tal manera que el sistema como un todo se comporte de manera indistinguible a como lo haría un ser humano que, por ejemplo, entiende chino y posee estados intencionales:

“Mientras cada una de las tres réplicas anteriores podría no ser completamente convincente por sí misma como una refutación al contraejemplo del CRA, si tomamos cada una de las tres juntas, ellas son colectivamente más convincentes e incluso decisivas. Imagina un robot con un computador configurado como un cerebro en su cavidad craneal. Imagina que el computador está programado con todas las sinapsis de un cerebro humano. Imagina que el comportamiento completo del robot es indistinguible del comportamiento humano, y ahora piénsalo todo como un sistema unificado y no sólo como un computador con inputs y outputs. Seguramente en ese caso tendríamos que adscribirle intencionalidad a ese sistema” (Searle, 1980, p.9).

Frente a la CR, Searle concede que parece razonable, e incluso irresistible, atribuirle intencionalidad a un sistema como este, pero esto sólo si quien realiza esta atribución no conoce cómo funciona el sistema:

“Más allá de la apariencia y el comportamiento, los otros elementos de la combinación son realmente irrelevantes. Si pudiésemos construir un robot cuyo comportamiento fuese indistinguible en un amplio rango del comportamiento humano, podríamos atribuirle intencionalidad si es que no tenemos razones para no hacerlo” (Searle, 1980, p.9)

Sin embargo, esta posibilidad de atribuirle intencionalidad al sistema que propone la CR, no parece estar relacionada con la IAF22 en cuanto las atribuciones de intencionalidad o mentalidad que haríamos en un caso así no tienen nada que ver con programas computacionales: son atribuciones se realizan sobre la base de los siguientes supuestos:

“Si el robot luce y se comporta lo suficientemente parecido a nosotros, entonces, supondríamos, hasta que se pruebe lo contrario, que debe tener estados mentales como los nuestros que causan y están expresados por su comportamiento, y debe tener un mecanismo interno capaz de producir esos estados mentales” (Searle, 1980, p.9).

El punto que Searle está intentando instalar para responder a la CR es que, si pudiésemos conocer una manera de dar cuenta del comportamiento de un robot de ese estilo, sin necesidad de asumir los supuestos anteriores, entonces, parece que no

22 De acuerdo con la IAF, “instanciar un programa formal con el correcto input-output es una condición suficiente y constitutiva de intencionalidad” (Searle, 1980, p.89)

estaríamos tentados a atribuirle mentalidad o intencionalidad a ese robot. Es decir, si pudiésemos saber que ese robot posee un programa formal que es aquello que da cuenta de su comportamiento, entonces, se siguen las mismas consecuencias de la Robot Reply, y la atribución de mentalidad parece innecesaria y sin fundamento:

“Supongamos que supiésemos que el comportamiento del robot está completamente explicado por el hecho de que un hombre dentro de él está recibiendo símbolos formales sin interpretación desde receptores sensoriales del robot y enviando símbolos formales sin interpretación a sus mecanismos motores, y que el hombre está haciendo esta manipulación de símbolos de acuerdo a un manojo de reglas (…) todo lo que él sabe [el hombre] es qué operación ejecutar sobre esos símbolos sin significado. En ese caso, podríamos considerar al robot como un estúpido mecánicamente ingenioso. La hipótesis de que el estúpido posee una mente sería ahora innecesaria y carente de justificación” (Searle, 1980, p.9).

De acuerdo con Searle, al conocer que el comportamiento del robot se explica por la posesión de un programa computacional, y, además, que ese programa es puramente formal y abstracto, es decir, ni sus símbolos tienen una relación intrínseca con un significado, ni tampoco su software tiene relación intrínseca alguna con la estructura física que lo realiza23, entonces, parece que no hay ahora razón alguna para adscribirle intencionalidad a un robot o sistema como el que propone la CR.

Esto último parece quedar más claro cuando lo comparamos con lo que sucede con otros animales, como los simios y los perros, en los que parece que, si estamos naturalmente dispuestos, según Searle, a atribuirles intencionalidad:

23 Tesis de la realizabilidad múltiple de los estados computacionales sostenida por la IAF y de la formalidad y abstracción de los símbolos computacionales sostenida por Searle. Ver capítulo II.

“Las razones por las que lo encontramos natural son, principalmente, dos: no podemos entender el comportamiento del animal sin atribuirle intencionalidad y podemos ver que esas bestias están hechas de un material similar al nuestro” (Searle, 1980, p.9)

Así, estas dos razones (coherencia en su comportamiento y similitud de materia causal) parecen estar ausentes en el caso del robot de la CR. Es decir, a pesar de que, en principio, parece que podríamos inferir conclusiones similares al del caso de los animales con el robot de la CR, cuando sabemos que el funcionamiento del robot se explica por la posesión de un programa computacional que es puramente formal (sin significado intrínseco) y abstracto (irrelevancia de las propiedades causales reales para el software), esta inferencia no tendría más sentido y el conocimiento de estos dos hechos sería una buena razón para no inferir esto de acuerdo con Searle.

Frente a esta respuesta de Searle a la CR, Cole (2015) destaca la respuesta de Paul y Patricia Churchland que, a pesar de que le conceden a Searle que la habitación china no entiende chino, afirman que el CRA se aprovecha de nuestra ignorancia sobre los fenómenos cognitivos y semánticos:

“Ellos [los Churchland] postulan un caso paralelo de “la habitación luminosa” (The Luminous Room LR) donde alguien agita un imán y argumenta que la ausencia de luz visible como resultado, muestra que la teoría electromagnética de Maxwell es falsa” (Cole, 2015, p.27)

En efecto, tal como González (2007) reconstruye el argumento de los Churchland, la idea con la LR es incorporar las mismas características del CRA procurando mostrar que este último falla en establecer que la sintaxis no es constitutiva ni suficiente para la semántica:

“Si Maxwell agita un imán en una habitación oscura para probar la afirmación de que las fuerzas de la electricidad y el magnetismo son idénticas a la luz, la habitación permanecería oscura, pero esto no significa que la teoría sea falsa. La falla ocurriría debido a las inapropiadas condiciones técnicas de la operación, entre las cuales la velocidad y la complejidad son las más importantes. Mutatis mutandis,

lo mismo aplica para la CRA y su refutación del computacionalismo” (González, 2007, p.114).

Los Churchland defienden una versión computacionalista del cerebro como un sistema conexionista24 que no es sólo un sistema de manipulación de símbolos de acuerdo a ciertas reglas. De esta manera, la LR sugiere que el CRA utiliza la estrategia computacionalista incorrecta:

“como en la LR, nuestras intuiciones nos hacen fallar cuando consideramos un sistema tan complejo como ese [versión conexionista de la TCM], y es una falacia moverse desde la parte al todo: ninguna neurona en mi cerebro entiende inglés, aunque mi cerebro completo si lo hace” (Cole, 2015, p. 27)

Así, cuando Searle trata de probar la falsedad de la IAF, ocupa condiciones técnicas inapropiadas con el CRA en cuanto apela a una versión tradicional de la IAF que es sólo manipulación simbólica. En contraste, si asumimos el supuesto conexionista

24 La versión conexionista de la Teoría Computacional de la Mente, a diferencia de la versión clásica expuesta en el capítulo I de la presente tesina, sostiene que “la inteligencia artificial debería también tomar en cuenta la evidencia neurobiológica disponible, que sugiere que, así como una conexión de neuronas interconectadas piensa y las mentes son producto de la actividad cerebral, construir máquinas pensantes como los humanos debería implicar la construcción de modelos que emulen las capacidades mentales de los cerebros (…) postulan que el funcionamiento de redes neuronales artificiales no sólo exhibe inteligencia, sino que también ayuda a entender las leyes neurofisiológicas del cerebro de mejor manera que” la versión tradicional de la Teoría Computacional de la Mente (González, 2007, p.65)

parece que, volviendo a la comparación que hacíamos con el caso de los animales, parece que, al menos, la irrelevancia del software (mente) con respecto al hardware (propiedades de los elementos causales) no continua y la atribución de mentalidad a un robot como el descrito en la CR, pero que posea una computadora construida en base al modelo conexionista, regresa a instalarse como tentadora.

Frente a esta respuesta de los Churchland, que usualmente es llamada “respuesta conexionista”, Searle, en primer lugar, afirma que la analogía entre la LR y el CRA no se sigue simplemente porque la LR

“Se aprovecha de la relación entre fuerzas, como la electricidad y el magnetismo, que necesitan de condiciones iniciales apropiadas para implementar la conexión causal adecuada con la luz, mientras que el CRA muestra cómo la pura manipulación formal de símbolos, que no tienen poderes causales y no necesita estar físicamente implementada, no puede producir ningún contenido semántico y, por tanto, ningún estado mental” (En González, 2007, p.114)

Y, en segundo lugar, propone una variación del CRA original para mostrar la irrelevancia de una organización conexionista para lo que concluye el CRA:

“Imagina que, en vez de una habitación china, yo tengo un gimnasio chino: un salón que contiene muchos hombres monolingües del inglés. Esos hombres podrían ejecutar las mismas operaciones que los nodos y las sinapsis en una arquitectura conexionista como la descrita por los Churchland, y el resultado sería el mismo que tener un solo hombre manipulando símbolos de acuerdo con un libro de reglas. Nadie habla una sola palabra de chino en el gimnasio, y no hay manera que el sistema como un todo aprenda los significados de algunas palabras chinas” (Searle, 1990, p.28)

Así, la respuesta de Searle a una réplica conexionista como la de los Churchland es simplemente afirmar que ellas están en lo correcto al afirmar que la versión original del CRA está construida en base a la versión clásica de la IAF como manipulación simbólica en procesos seriales, sin embargo, las mismas consecuencias del CRA original se seguirán para procesos computacionales conexionistas, es decir, los Churchland se equivocan en pensar que la versión conexionista puede ser inmune a al CRA.