Un total de 16 selecciones se clasificaron a la Copa del Mundo de Suecia 1958. Para sortear los grupos de la primera fase, se ordenaron cuatro bombos con igual número de países según su posición geográfica: América, Europa Occidental, Europa Oriental y Gran Bretaña. La selección de Brasil se ubicó en el Grupo 4 junto a la URSS, Inglaterra y Austria. Su guardameta, Gylmar, fue inscrito con la camiseta número tres, lo cual parece una locura comparado con los dígitos que suelen utilizar los porteros en el presente. Pasaba que entonces, los dorsales solo servían para marcar las situaciones puntuales de cada jugador, sin ningún tipo de matiz emocional o posicional. Sin embargo, en este Mundial cobraría vida el primer número.
Un pequeño jugador del Santos FC de Brasil, poco conocido a nivel nacional, se coló en la lista final del seleccionado brasileño. El entrenador Vicente Feola había conocido a Edson Arantes do Nascimiento Pelé en un torneo internacional en Brasil. Aunque llevaba menos de un año como jugador profesional, Vicente lo hizo debutar en la selección absoluta con 16 años. Así, flaco y escurridizo, pero goleador de nacimiento.
Cuando Brasil disputó las eliminatorias contra el seleccionado peruano, Pelé estaba lesionado de su rodilla derecha. Aun así, encontró un lugar en el plantel que viajó a Suecia y fue inscrito al torneo con la camiseta número 10, pero solo porque no habían más. Ese jugador menudito, habilidoso como solo Brasil produce en sus calles, llevó a su selección a la final del mundo. Pelé no jugó en el debut victorioso de la selección brasileña contra Austria, a quienes golearon 3-0. En el segundo partido contra Inglaterra tampoco pudo ingresar y ese día el marcador terminó en tablas sin goles que recordar. Sin embargo, el jugador del Santos FC debutó contra la URSS de Lev Yashin en la última fecha de la fase de grupos. Los asistentes al Estadio Nya Ullevi, en Gotemburgo, fueron testigos del triunfo brasileño por dos goles, y el nacimiento de la máxima estrella de la historia del fútbol.
En cuartos de final, Brasil enfrentó a la favorecida Gales, la cual pasaba de ronda aprovechando las oportunidades del destino. Ese día, el 19 de junio, Pelé marcó su primer gol en Copas del Mundo. El delantero recibió el balón con el pecho en el área, luego se giró enfrente del arco antes de que su marcador se diera cuenta y remató fuerte a la mano derecha del arquero británico. O Rey saltó con la energía de un niño que juega en el barrio, agarró el balón dentro del arco, cerquita de la malla y lo abrazó tanto como sus delgados brazos se lo permitieron. Brasil a semifinales.
El siguiente rival de la verde amarella fue la selección de Francia, la cual tenía en su nómina al goleador del torneo: Just Fontaine. La artillería pesada de los galos poco le importó a la selección de Pelé, pues el brasileño les marcó tres goles y los envió a casa a escuchar la final por radio.
39 La gran final se disputó en el Estadio Rasunda, en Solna. La selección de Suecia llegó al último partido tras eliminar a la defensora del título, Alemania Federal, con una goleada 4-1. Con el apoyo de su fanaticada, los escandinavos eran los favoritos a levantar la Copa Jules Rimet. Sin embargo, apenas pudieron agarrar las sombras de los regateadores brasileños. Los dirigidos por Feola no jugaron con la pelota, sino con sus contrincantes.
Suecia clavó el primer gol a los cuatro minutos en la portería defendida por Gylmar. Ante tal ofensa, los brasileños respondieron metiéndoles cuatro goles en su propio estadio ante la mirada de todos. Una suerte de desquite por lo que Uruguay logró en 1950 en el mismísimo Estadio Maracaná. “Papa, no llores. Voy a ganar una Copa del Mundo para ti”, le dijo Pelé a su padre cuando lloraba, el día que Brasil perdió su Mundial.
En un lapso de desconcentración brasileña, los escandinavos lograron su último descuento al 80’. Sin embargo, los latinoamericanos aumentaron el ritmo y lograron cerrar el marcador con un gol de Pelé en los minutos finales del encuentro. El nuevo Rey del Mundo se elevó y remató de cabeza para terminar con las ilusiones de Suecia, que nunca más estuvo tan cerca de la gloria.
Y al final del partido, ahí estaba Pelé, llorando como su padre cuando Brasil perdió el Mundial de 1950, solo que esta vez las lágrimas eran de felicidad. Protegido en los brazos del varonil Gylmar, quien lo abrazó como quien ama a alguien de verdad. Ese día, un niño negro liberó las cadenas de la tristeza brasileña, nación que levantó la Copa Mundial por primera vez en su historia. Desde luego, el más feliz de todos fue el ‘10’, y no me refiero a Pelé sino al mismo número que vistió, que desde entonces se posa en las mejores espaldas del fútbol.
41 l 22 de mayo de 1960, en Valdivia, Chile, se desató el mega-terremoto más potente que el ser humano ha podido registrar. Con 9,5 en la escala de Richter, pocos edificios lograron quedar en pie cuando la catástrofe sucedió. Y aun peor, la tragedia apenas empezaba. Un fuerte tsunami atracó en el puerto valdiviano horas después del sismo, sumergiendo lo que quedaba de la ciudad en un pozo de escombros que parecían más bien un pantano.
Luego del movimiento telúrico, olas de 25 metros arrasaron costas de Chile y Perú. Además, al otro lado del océano Pacífico, las marejadas se propagaron hasta golpear Japón, Hawái y Filipinas, dejando un saldo de 231 muertos y más de 125 millones de dólares en daños. En Valdivia, por su parte, perdieron la vida casi 3.000 personas.
El mega-terremoto de Valdivia no solo derrumbó la mitad de la ciudad, también suspendió el proceso de modernización que Chile estaba construyendo. Cuando el país austral fue elegido sede de la Copa Mundial de Fútbol de 1962, en el Congreso de la FIFA de 1954, el Estado se ocupó por el desarrollo del país con énfasis en el transporte, la infraestructura y las telecomunicaciones. “Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”, argumentó Carlos Dittborn, entonces presidente de la Federación Chilena de Fútbol, persuadiendo a las delegaciones de la FIFA en aquella votación que ganó.
Desde luego, el Mundial de Chile estuvo a punto de cancelarse por culpa del desastre natural. La mayoría de sedes propuestas como Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia, fueron destruidas parcialmente, por lo que el calendario fue modificado en su totalidad como método de emergencia.
Así las cosas, Argentina, España, Inglaterra y Alemania Federal se lanzaron como aves de rapiña en búsqueda de la organización del Mundial. Sin embargo, Chile maniobró como pudo y distribuyó los partidos de su competencia en cuatro sedes. “El Mundial, señores, se hace en Chile, sí o sí”, arengó Jorge Alessandrini Rodríguez, entonces presidente de Chile, en respuesta a la FIFA cuando las dudas parecían llevarse el certamen a otro lugar.