1826-1876
crónica
Las siguientes lineas deben estar consideradas como un mínimo intento por conocer el teatro que se realizó entre 1826 y 1876 en la entidad del Estado de México y particularmente en la ciudad de Toluca. Cuando utilizo la palabra “teatro” me refiero indiscutiblemente al acto convivial (Dubatti, 2003) que después de su representación se ha convertido en un acontecimiento perdido (Dubatti, 2009). Aquella confluencia de actores, público y escenificación no podrá recuperarse por ningún medio. La siguiente historia del teatro se levanta en testimonios mutilados de críticas periodísticas, archivos históricos, carteles y convites que muy poco nos pueden decir de la experiencia presencial estética, social y política de los sujetos reunidos en el teatro para celebrar una función teatral. Sin embargo, de algo servirán los rastros jeroglificos (Dubatti, 2002) que puedan lanzarnos a la búsqueda de los constructos históricos que hoy nos hacemos del siglo XIX. El teatro ha experimentado su definición en múltiples contextos. Por lo tanto, no puede existir una definición única del “teatro” que pretendemos describir porque son muchos los caminos que fueron tomados por el teatro para corresponder a múltiples sociedades, que a su vez, constantemente cambiaron la posesión del poder. Si el siglo XIX en México es entendido como un siglo convulsivo gracias a las numerosas intervenciones militares, a la instauración de dos imperios, a la persecusión y triunfo de la República, el teatro no debería ser comprendido como ajeno a estas condiciones. Siendo Toluca una capital tan pequeña que apenas si contaba con 10,000 habitantes aún así apreció espectáculos edificados en múltiples contextos históricos. Existieron teatristas altamente comprometidos con su propio arte, con las clases marginadas, con los movimientos sociales y sus discursos escénicos se construyeron bajo el mismo propósito. La actividad teatral fue constante aún en tiempos de guerra, porque mientras la ciudad de Toluca fue sitiada, el Teatro Principal de Toluca* seguía funcionando. El esfuerzo de los teatristas toluqueños nos enseña que el teatro de aquel momento buscó como objetivo principal ayudar a los niños ofreciendo sus ganancias para alimentarlos y darles educación. La cara más noble del arte se hizo presente en los escenarios toluqueños adquiriendo responsabilidades permanentes como la manutención de escuelas de primeras letras y del Instituto Literario del Estado de
México*. La panorámica del teatro que habré de compilar aquí será la de los propósitos para los cuales trabajaron los teatristas toluqueños. El estudio de la dramaturgia y de la puesta en escena necesitará de otras fuentes que ayuden a comprender la escenificación decimonónica.
Primeras evidencias 1826-1866
Con el decreto del 20 de noviembre de 1825, el Congreso de la Federación delimitó que bajo un círculo de dos leguas de radio, en torno de la plaza principal de la ciudad de México, quedaba asentada la capital de la Federación. Con este acto, el Estado de México “reclamó sobre lo que
consideraba un despojo8” (Olavarría 1963, 128) de su capital y fue obligado a buscar otra ciudad
para establecer su sede. En este radio quedaron todos aquellos edificios erigidos durante más de 300 años de colonización, entre éstos, claro, quedaron el “Teatro Principal” con todo y el colegio de San Gregorio al cual servía, y el “Teatro de Iturbide” entonces edificio de madera (García Cubas 1963, 945) De nada había valido el adelanto del Congreso Estatal dado el 18 de noviembre del año anterior donde se había proclamado a la ciudad de México como capital natural de la entidad (Baranda 1987, 141). La federación, cansada de buscar residencia durante casi un año en varias ciudades, entre ellas Toluca, y de encontrar siempre el rechazo de las
autoridades, determinaron despojar al Estado de México de su capital9 y dejar a la entidad sin
Instituto Mexicano de Ciencias y Artes (Olavarría 1963, 138), sin universidad y sin teatros, por no citar los edificios para la administración pública y el desarrollo económico, social y político. Bajo las nuevas condiciones, ahora las autoridades estatales buscaron ciudad capital después de no conseguir la restitución y mantener un amurallamiento político de esas dos leguas desde el 10 de abril de 1826 cuando las autoridades federales tomaron control de la ciudad (Baranda 1987, 64).
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El 2 de marzo de 1824 fue decretada la organización política del Estado de México asumiendo la ciudad de México como distrito y cabecera de los partidos de Chalco, Coatepec Chalco, Coyoacán, Cuautitlán, Ecatepec, Mexicalcingo, México, Tacuba, Teotihuacán, Texcoco, Xochimilco y Zumpango.Colección de decretos y órdenes del Congreso Constituyente del Estado Libre y Soberano de México. T. I, núm. 18, p. 125. Recientemente instalada la Federación a la caida del Imperio de Iturbide, ésta no había decretado capital federal de la Nación por lo que el Estado de México se adelantó a esta acción. Con el tiempo la Federación recuperó la ciudad de México decretando el círculo arriba citado, a lo que el Estado de México calificó como un despojo territorial.
9Cfr. “Expediente que contiene las especificaciones de dónde debe residir los Supremos Poderes de la Federación”
(AHMT/SE/C. 17/F. 826); “Por acuerdo del Gobierno del Estado de México se comunica al Ayuntamiento de Toluca que no puede ser declarada capital de la Federación” (AHMT/SE/C. 3/F. 126).
Fue hasta el 29 de enero de 1827 cuando el Congreso del Estado celebró su última junta en la
ciudad de México10 para luego instalarse en Texcoco el 6 de febrero del mismo año (ídem., 66).
Días antes había sido descubierta la conspiración del padre Arenas (Sheridan 2001, 158) ocurrida el 19 de enero, que venía a sumarse a una larga cadena de inconformidades y desconfianzas contra los españoles. Particularmente a Toluca habían llegado las notificaciones respectivas para
la extinción de títulos nobiliarios y demás signos que recordasen la dominación española11, y un
decreto más en el cual se prohibía la entrada de españoles mientras durara la guerra con los
peninsulares12 que a la postre repercutiría en el repudio a símbolos de la nobleza en escena. En
este ambiente de guerra fría contra España, de inexistencia de infraestructura política, social y cultural, Lorenzo de Zavala tomó las riendas del Estado de México en una capital política con grandes carencias. Sin embargo, no le fue difícil afrentar la responsabilidad poniendo en marcha medidas radicales como el repartimiento de tierras y desamortización de los bienes de la iglesia. Zavala preocupado por levantar lo antes posible al Estado de México, decretó la entrega al gobierno de diversos bienes de los misioneros de Filipinas (Baranda 1987, 74) y el establecimiento del Instituto Literario del Estado de México* para compensar la carencia de la
universidad13. Con una evidente falta de infraestructura en Texcoco, apenas transcurridos cuatro
meses, el 5 de junio se llevó a cabo el cambio de la capital hacia la ciudad de San Agustín de las Cuevas, recientemente nombrada Tlalpan.
Con este contexto, la primera evidencia documental para comprender el movimiento teatral en Toluca hace referencia a la construcción de un teatro en el año de 1827. Con numerosos acervos y fuentes documentales aún pendientes para revisión, el presente trabajo infiere el asiento previo
10 4 de enero de 1827. “Los Supremos Poderes del Estado se trasladarán de la ciudad de México a la ciudad de
Texcoco. Se pide además comiencen sesiones el inmediato 1 de febrero en la citada ciudad”. Dado en México.
Colección de decretos y órdenes del Congreso Constituyente del Estado Libre y Soberano de México. T. I, núm. 84, p. 100.
11Cfr. “Extinción de títulos nobiliarios y demás signos que recordasen la dominación española” (AHMT/SE/C. 4/F.
233)
12Cfr. “Decreto expedido por el Congreso General en el cual se prohíbe la entrada a los peninsulares mientras dure
la guerra con los españoles” (AHMT/SE/C. 18/F. 893).
13 18 de febrero de 1827. “El primer Congreso del Estado de México decreta: Art. 1. Con base en el art. 228. de la
Constitución del Estado la fundación y erección de un Instituto Literario. 2.- De cada una de las prefecturas del Estado, vendrán tres niños al Instituto Literario del Estado de Mèxico* [...] prefiriendo a los que sepan leer y escribir, que sean de potencias claras, bien inclinados y de familias pobres o indígenas”. Dado en Texcoco, Méx.
de las compañías visitantes en los patios de casas de particulares, ya que ésta fue una práctica cotidiana del periodo. Por supuesto, la visita de compañías capitalinas también debió ser una constante, en virtud de la relativa cercanía de Toluca con la ciudad de México. Así el 22 de septiembre fue presentado al Superior Gobierno del Estado de México el presupuesto para la
construcción14 del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*. En opinión de sus precursores se
argumentaba que la ciudad merecía, por el rango en que se hallaba, la aprobación de una obra de tales dimensiones. Este proyecto fue promovido por José María González Arratia*, a solicitud de Francisco Morales y José Luis Aguilar, sus principales impulsores, para beneficio del Hospital de San Juan de Dios: aprovechando un capital y una finca, propiedad de la institución, se vio la oportunidad para aumentar sus ingresos. Fue presentado bajo un presupuesto total de 4,500.00 pesos. Los documentos describen la construcción de cincuenta palcos, doce ventanas para las azoteas y cuarenta vigas o tablones de diez varas para tendido del representado, entre otros detalles (AHEM/GGG/C. 7/F. 13).
El objetivo central del proyecto consistió en responder con la debida atención a enfermos del Hospital de San Juan de Dios que administraba diversos capitales en dinero y propiedades para hacerse de recursos. Hasta ese entonces, derivado de sus ganancias, se obtenían al año algo así como 250 pesos entre intereses y rentas. Por lo tanto, la construcción del teatro, que importaría el uso de los dos capitales, proyectaría una ganancia no menor de 250 pesos anuales; con ello “se lograría mantener los ingresos destinados a la atención de los necesitados y moralmente se ayudaría a uniformar la opinión pública, evitando las consecuencias funestas que traía consigo la
sociedad nocturna o de días festivos” (ídem.) Precisamente en ese momento, la salud era un
problema muy sensible en el territorio mexiquense debido a las constantes epidemias que azotaban a la población y por tanto, invertir en un teatro para obtener ingresos en beneficio de la población, se antojaba viable desde cualquier punto de vista. El capital del teatro comenzó con:
1,300 pesos bajo la fundación de D. Jorge Mercado hacia 1779 como una especie de fideicomiso administrado por el Hospital de San Juan de Dios en Toluca, a fin de servir como capital para empréstitos en provecho de aquella institución religiosa de beneficencia. Posteriormente pasó a manos del Br. S. José Muñiz quien fue cura del poblado de Amanalco. Más tarde con la desamortización de los bienes de la iglesia y bajo la tutela ahora de
14 En adelante habré de referirme a este espacio bajo dicha denominación debido al Patronato que le dio origen. Esto
gobierno, el hospital redimió el capital por D. Manuel Estrada Colín. Este primer capital no contaba con gravamen alguno. En tanto en 1826 se recuperaron otros 3,100 y pico de pesos producto de un préstamo inicial de 2,200 pesos, los cuales agregando los réditos y su cobro, quedaron en 3,000 pesos. Sin embargo, este último capital debía satisfacer un gravamen de una misa cantada con 12 luces de cera cada día 19 de mes en honor al Sr. San José. La suma de los dos capitales sería de 4,300 pesos mismos que importaron el presupuesto general de la construcción del Palenque de Gallos o teatro (ídem.)
Sobre el predio en el cual se construyó este primer edificio teatral, los mismos documentos informan que fue edificado en una casa situada en el puente del Carmen, donada para que sus productos se invirtiesen en alimentos y curaciones de enfermos con el gravamen de nueve misas rezadas y una cantada el día del Sr. San José. Su fundador fue el Sr. Antonio López León. Dicha casa se hallaba deteriorada hasta el extremo de no tener más que cuatro o cinco cuartos que
producían apenas de cinco a seis pesos mensuales (ídem.) Probablemente ante los ojos del
Supremo Gobierno del Estado, y en particular de Lorenzo de Zavala, la propuesta fue valorada desde muchos puntos de vista. En principio, por la imperiosa necesidad de edificar espacios públicos, ya que probablemente el Estado de México no contaba con otro inmueble similar. Por otra parte, la construcción sería levantada con dinero y terreno producto de la desamortización de los bienes a la orden de los juaninos, muy seguramente de una rama peninsular, y finalmente, no es osado aseverar que el inicio de la renovación del primer cuadro histórico de Toluca comenzó con la edificación del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*. Apenas transcurrieron dos meses cuando fue recibida la aprobación de parte del Supremo Gobierno, donde se exhortaba a no gastar más allá de la cantidad detallada en el presupuesto. La aprobación del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios* se dio al mismo tiempo que la formulación del decreto para la entrega de
toda propiedad religiosa peninsular a custodia americana15 y, dicho sea de paso, en estas mismas
fechas fue nombrado el guardián del Convento de San José de Toluca, quien se responsabilizaría
de esta encomienda. A toda prisa, la construcción del edificio16 inició el viernes 21 de noviembre
con la demolición de las casitas del predio cercano a la iglesia del Carmen.
15 16 de octubre de 1827. “Se dispone que salgan del territorio del Estado los religiosos naturales de España: que sus
conventos se entreguen al cuidado de los que sean americanos y que donde no haya de éstos, el gobierno encargue la custodia de sus edificios e iglesias a las religiones que estime convenientes.” Dado en Tlalpan. Colección de decretos... T. II, núm. 87, p. 47.
16 El Archivo Histórico del Municipio de Toluca* conserva un cuaderno de cuentas con información detallada de
cada uno de los movimientos realizados para la construcción del inmueble. Esta “Bitácora para la construcción del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*”precisa la administración de recursos materiales y humanos empleados en la obra. Este documento es un valioso instrumento para comprender el proceso de edificación del inmueble e inferir información sobre su localización y pormenores arquitectónicos. Cfr. “Cuaderno de cuentas del Coliseo” (AHMT/SE/C. 8/F. 465).
La obra comenzó con 16 peones, un sobrestante y un ayudante de nombre Guadalupe, quien habría de permanecer hasta la entrega de la obra. A inicios de diciembre, estarían sacando el escombro de las casitas cuando, en las faldas del Ajusco, el gobernador del Estado de México Lorenzo de Zavala lidió con un levantamiento comandado por Manuel González, quien había logrado reunir 2,000 hombres y exigía la expulsión total y absoluta de todos y cada uno de los españoles. Después de algunas negociaciones, la insurrección fue aplacada por Vicente Guerrero. Este movimiento tuvo réplicas en el Valle de Toluca y Acapulco (Olavarría 1963, 159). En el vecino estado de Veracruz las cosas no iban mejor. Siendo más poderosa la logia escocesa en esta Entidad por la permanencia de ricos españoles, el gobierno se pronunciaba por la disolución de las logias, impedir la expulsión y castigar a sus promotores mediante el plan de José Manuel
Montaño presentado en Xalapa el 3 de diciembre (ídem., 165).
Mientras tanto, en Toluca con múltiples amenazas de guerra civil y a veces, literalmente bajo fuego, se continuó la construcción del espacio escénico. La bitácora del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios* dice que el 10 de diciembre del mismo año fue llamado a trabajar un peón de la cárcel a quien se le pagaron cinco reales por la faena de toda una semana. Esta práctica de contratar a los presos sería constante a lo largo de las 40 semanas de labores. Para cerrar el año, el 30 de diciembre fue replicado el plan de Montaño en los llanos de Apan –entonces territorio del Estado de México– donde se sumó el propio vicepresidente, Nicolás Bravo, de quien se sabía era instigador. El presidente Victoria mandó un ejército al mando nuevamente de Vicente Guerrero quien lo aprendió y mandó a juicio. Por increíble que parezca este escenario de batallas, la construcción del edificio teatral avanzó y a finales del primer mes de 1828 la obra negra estaba muy adelantada: la primera planta estaba casi edificada, incluso se pidieron 3,000 tejamaniles para el primer terrado. Bajo las condiciones políticas antes descritas, posiblemente habrían cesado las obras públicas, pero aún en estas condiciones y después de meses de trabajo, otro edificio público, abrió sus puertas el 3 de marzo de 1828: el Instituto Literario del Estado de México*.
Paralelamente, en el Coliseo de Toluca de San Juan de Dios* se terminó de dar forma a los palcos de la planta baja, se concluía el palco del Ayuntamiento y las escaleras que llevarían al
primer piso. Hacia abril se construyó el último círculo del techo y la nómina había subido a 50 peones. A finales del mismo mes se colocó el artesón. Por lo que respecta a la ubicación exacta del predio, gracias a una anotación que describe la contratación de “8 peones para echar la tierra del río” (AHMT/SE/C. 8/F. 465), se deduce que el edificio estaba justo en la ribera del río Verdigel que en esa época cruzaba el centro de la ciudad de Toluca a cielo abierto. En el mes de junio, la obra negra estaba concluida y las labores se concentraron en los acabados del inmueble. Se techó el foro y se endueló el escenario. En el ámbito político, las elecciones para presidente de la República estaban en el punto de ebullición: Manuel Gómez Pedraza por parte de los escoceses y Vicente Guerrero por los yorkinos. Días después, Rafael Valdés fue invitado a pintar el cielo del teatro y a finales de agosto se pintó de blanco todo el edificio, se aplanaron los cuatro cuartos de cómico y se pagaron 40 reales por el marco de la puerta que daba al río: un indicio
más que confirma su localización exacta, sobre esquina del callejón del Carmen (ídem.) El 3 de
septiembre, el primer inmueble teatral de Toluca estaba listo. Días antes y para sorpresa de todos, Gómez Pedraza había resultado vencedor. De inmediato las inconformidades y el malestar brotaron en toda la República.
Desafortunadamente no se tiene referencia alguna sobre cómo y cuándo pudo haber sido inaugurado el teatro. Una fecha probable debió ser el 16 de septiembre de 1828, en virtud de que ya se había instaurado la conmemoración de la Independencia de nuestro país y por lo general era el día indicado para las ceremonias oficiales y la entrega de obras de beneficio público. Quizá no hubo inauguración porque Santa Anna había publicado en Veracruz el 7 de septiembre un
papel titulado Levantamiento del general Santa Anna o grito de Libertad que movilizó 800
hombres hasta la fortaleza de Perote. En el Estado de México, en Acapulco, los generales Montes de Oca y Juan Álvarez habían ocupado la plaza y el castillo del puerto. Zavala por su parte fue perseguido, escondido y fugado de la ley, en la ciudad de México, por el ministro de guerra. Sin lugar a dudas, si acaso existió alguna inauguración del Coliseo de Toluca de San Juan de Dios*, es evidente que no contó con la asistencia del gobernador Zavala.
En el tema de las cuentas sobre el finiquito del teatro, José María González Arratia* solicitó le fueran devueltos 508 pesos y dos y medio reales que él mismo había puesto de su bolsa a efecto