6. Derivation of disease severities from hyperspectral data
6.3. Methods for disease quantification
6.4.2. Airborne remote sensing for disease quantification
Las madres y los hijos crean fuertes lazos afectivos que se inician desde la concepción, los hijos absorben las vivencias de su madre como propias; vivencias positivas o negativas son trasmitidas de madre a hijo. En la creación de los lazos afectivos también interviene el padre, se vuelve una parte importante para que en el futuro la relación padre – hijo/a sea una experiencia de vida única e irrepetible habiendo sinceridad, respeto, confianza y sobre todo seguridad. El afecto siempre está presente en la relación familiar, pero los lazos van variando a lo largo del tiempo. Los primeros tres años de vida son vitales en la formación de dichos lazos afectivos.
El éxito como personas de nuestros hijos en un futuro no dependerá de lo que les hemos podido dar materialmente, sino de la intensidad y calidad de las relaciones afectivas que hemos sido capaces de construir con ellos desde la infancia. Banús. S. (17 de mayo 2011)
La educación que se ejerce en el ámbito familiar exige la excelencia académica como padre o madre, para lo cual se requiere de una continuada formación y actualización de los conocimientos metodológicos en la dirección, organización, activación, investigación, ejecución del hogar y así poder llevar la educación de tus hijos con una alta preparación profesional.
Todos los padres son maestros de una u otra manera, y como adultos son más maestros por su actuación cotidiana que por sus palabras. No obstante, es necesario utilizar el poder de la palabra para educar a los hijos, sobre todo en el momento de moldear, nutrir y proteger, la percepción que los hijos tienen de sí mismos, es precisamente el papel más importante que un padre de familia puede tener en la actualidad. Se necesita comprender la necesidad e importancia de la formación de valores y competencias afectivas en los hijos, a partir del ejemplo, el empleo de métodos educativos, activos y participativos en el hogar.
31
La familia constituye la vía fundamental en la preparación para la vida. Durante el paso por la familia los hijos no sólo deben adquirir los conocimientos necesarios sino también dominar los medios que les permitan ampliar y enriquecer estos conocimientos.
El rol de ser madre tiene como función básica alimentar física y psicológicamente a sus hijos/as brindándoles protección y a la vez estimularlos a crecer. Es una tarea conjunta con el padre por ello supone organización y previos acuerdos como pareja para saber cómo y de qué manera se va a criar a los hijos/as, con qué valores, formas de vida, hábitos, costumbres, etc. No podemos desconocer que ser madre acarrea una serie de responsabilidades, ya que, tener un hijo quita a muchas mujeres el espacio deseado mermando la alegría de la maternidad, y transformando la relación con la pareja en una continua tensión. Al mismo tiempo, el miedo al futuro, los riesgos que se corren al asumir este rol impiden a muchas mujeres gozar el momento.
Es la madre quien primero satisface las necesidades básicas del hijo a través de la alimentación, el afecto, el contacto piel a piel, la estimulación intelectual y sensorial. Su presencia en el hogar crea las bases afectivas necesarias para que los demás miembros crezcan con estabilidad emocional, seguros de sí mismos con valores que les permitan ser más autónomos y transparentes en sus relaciones humanas. En este sentido se dice que la relación madre-hijo de algún modo es la base sobre la cual se cimenta la relación con otras personas. Si la ausencia de la madre ha sido prolongada y no cuenta con un reemplazo afectivo adecuado, los hijos sufren un trastorno en su desarrollo afectivo que le dificulta posteriormente establecer relaciones sociales normales.
No es superficial lo manifestado anteriormente. Es clave entender entonces como el rol de ser madre tiene, por un lado, un impacto inmenso en la realidad personal de los hijos/as y en la sociedad para la cual éste se está formando. Es en
32
la familia, en el contacto afectivo con sus padres como los hijos/as van aprendiendo a valorar y dar sentido a sus vidas, con mayor razón cuando hablamos de la familia de madre soltera o monoparental, realidades muy comunes hoy en nuestra sociedad.
Todo va bien mientras la actitud afectiva de la madre, sea una actitud materna normal; que satisface tanto al niño como a la madre. La relación afectiva entre madre e hijos al interior del hogar marcan y son el origen de todas las futuras relaciones interpersonales. Gracias a la adquisición de esta capacidad de dirigir sus afectos el ser humano se prepara para formar todas las relaciones sociales posteriores.
Lo mismo ocurre con la paternidad, porque con la misma intensidad con que los hijos necesitan una madre al nacer, precisan del padre, cuando progresivamente se vaya separando de la madre y en especial de la relación única con ella. Encontrar al padre no solo significa poder separarse bien de la madre, sino también hallar una fuente de identificación masculina imprescindible tanto para la niña como para el varón, porque la condición bisexual del hombre hace necesaria la pareja padre-madre para que se logre un desarrollo armónico de la personalidad.
A lo largo de la historia, el padre ha sido visto como la figura fuerte, protectora, el guía, la autoridad y como el proveedor de la familia. Pero al mismo tiempo, como una persona más bien ausente, un poco lejana, temida y respetada, dando la imagen de que la ternura, cercanía no son parte de su papel. Que los hombres no lloran ni son sensibles son expresiones características. A medida que la sociedad ha ido cambiando, las familias se han hecho más chicas, el rol de hombres y mujeres se ha transformado, ha variado este papel de "el fuerte"; lo cual es una labor exigente; nadie puede ser fuerte y protector todo al tiempo; cada uno tiene sus debilidades, cuando se pretende no tenerlas es a costa de un empobrecimiento de muchas experiencias dignas de vivirse. Por otra parte, a medida que las parejas jóvenes buscan independencia, quieren vivir solas, o se
33
van a otra ciudad, por lo que hay menos abuelos, tías y otros familiares participando en el diario vivir, lo que ha llevado al hombre a incorporarse cada vez más a la rutina doméstica, a compartir con su mujer ciertas actividades que antes no compartía. Los padres han ido colaborando poco a poco dentro de la casa y en el cuidado de los niños.
Un padre que muda al niño, le canta, se levanta en las noches a atenderlo o lo alimenta de vez en cuando, probablemente será sentido por su hijo desde muy temprana edad como alguien cercano y conocido. Es, sin embargo, un poco más tarde cuando el papá pasa a ser alguien central en la educación de los niños y es cuando el niño ya camina. Alrededor del año de edad, el papá empieza a ser un intermediario y aliviana los lazos tan fuertes que el niño tiene con su mamá.
Los padres deben apoyar, guiar, orientar, enseñar y querer más que corregir, criticar y retar a sus hijos. Un papá cercano, abierto al diálogo, afectuoso, va a dar una imagen positiva del mundo, entregándole al niño una sensación de protección durante los años en que es muy importante tenerla. Por el contrario, un padre castigador, lejano, autoritario produce miedo e inseguridad, y en el futuro; el niño enfrenta la vida más cargado de ansiedad, más temeroso y con una mayor probabilidad de fracaso.
2.2.1.7. ¿Por qué es necesaria la educación y estimulación afectiva?
El afecto es estímulo. En nuestra sociedad el afecto es crucial y eso empezó a demostrarse en la universidad de Wisconsin, a través del grupo de los Harlow, quienes mediante distintas investigaciones comenzaron a hablar del amor en la infancia de los animales como los monos.
Desde que nace, el ser humano trae potencialidades de desarrollo afectivo y cognitivo. Entonces, todo lo que sea estimulación temprana adecuada a través de estímulos afectivos, visuales, auditivos, motores y de lenguaje, favorecen el desarrollo integral.
34
Para que el cerebro del bebé empiece a funcionar es necesario que quien estimula sea una persona y no un objeto. El ideal es que esta persona sea serena, cálida, firme, con sentido del humor y una enorme paciencia.
Todas las interacciones que se producen durante el primer año de vida van a satisfacer las necesidades psicológicas y sociales del bebé, y gracias a la interacción que se produce entre el bebé y su madre y/o padre, hacia los 6 u 8 meses, se forma el vínculo llamado “apego”.
Estimular afectivamente
A través de estímulos sensoriales, por razones biológicas, como son el embarazo y la lactancia, la relación del apego inicial entre la madre y el hijo se da más fácil. Una buena lactancia no sólo provee la alimentación y el fortalecimiento del sistema inmunológico, sino que permite a la madre contactarse con el bebé hablándole, mirándolo a los ojos y principalmente estimular afectivamente.
Además, provoca en el niño el desarrollo de la afectividad y de las relaciones sociales, e incluso del lenguaje, ya que se ejercita cierta musculatura que se utiliza posteriormente en este aspecto. No obstante, si se quiere formar niños más autónomos y creativos, la presencia del padre es indispensable, porque tiende a impulsar más al niño a descubrir el mundo que le rodea.
Otras acciones concretas de estimulación afectiva tienen que ver con el tacto, la visión y la audición que permiten lograr una mejor vinculación de los padres, maestros y su entorno con los niños.
Reconocida la importancia y las dificultades de la educación afectiva, conviene analizar algunos de los objetivos básicos que deben proponerse conseguir los que tienen la responsabilidad directa o indirecta de orientar esa estimulación. No se pueden dar fórmulas precisas pero si algunos criterios generales, que si bien no
35
sirven para saber lo que se debe hacer en cada caso, tal vez sirvan como indicadores de lo que no se debe hacer.
Evitar todo aquello que pueda perturbar el normal desarrollo de la afectividad infantil
Podría parecer que el primer objetivo debiera proponerse conseguir un normal desarrollo de la afectividad. Sin embargo, debido a lo poco que conocemos sobre la vida afectiva y lo limitado de nuestros recursos para ejercer una influencia directa sobre la misma, lo importante es evitar todo aquello que pueda perturbar el normal desarrollo de la afectividad infantil. De acuerdo con lo afirmado anteriormente, lo primero y principal consistirá en evitar que personas con perturbaciones afectivas estén en contacto permanente con los pequeños. Cuando se trata de los padres, el problema resulta prácticamente insoluble.
En segundo lugar, está el evitar situaciones traumatizantes. Bien es sabido que no las podemos evitar totalmente, porque muchas situaciones son imprevisibles. Pero si algo sucede no es cuestión de andar con lamentaciones sino de encontrar soluciones para que los efectos de tales situaciones no se agraven o persistan. En algunas de estas situaciones se requiere la atención de especialistas: psicólogo o psiquiatra según corresponda.
Difícilmente puede pensarse un mal mayor que dejar a un niño, guiado por la mera espontaneidad de su naturaleza. El hombre se hace hombre mediante la socialización. Si no se ejercita en el niño, desde temprana edad, y acorde con su estadio evolutivo, los mecanismos de inhibición es imposible que pueda integrarse educadamente a su medio social y cultural.
Conseguir que la afectividad llegue a su plena madurez.
La educación de la afectividad tiene que conseguir que ésta, además de desarrollarse sin deformaciones, llegue a su plena madurez:
36
Por supuesto que los limitados conocimientos que poseen las personas sobre la vida afectiva, resulta algo difícil determinar en qué consiste la madurez afectiva.
También podemos considerar como un indicador de la madurez afectiva la capacidad para expresar y comunicar los sentimientos.
Los niños (y este es uno de los principales encantos) expresan con toda espontaneidad sus sentimientos. Para muchas personas la vida presenta circunstancias penosas y ambientes hostiles, que impactan en la afectividad. Cuanto más afectiva es una persona por naturaleza tanto más sufrirá la incidencia de tales situaciones, impidiéndole llegar a la madurez afectiva y generando algún tipo de perturbaciones. Las formas más comunes de tales procesos serán o la excesiva timidez, o una continua agresividad manifiesta o transitoriamente latente pero que en cualquier momento puede surgir de forma explosiva.
La comunicación de los sentimientos presenta grados de profundidad y de calidad. Diariamente nos comunicamos con numerosas personas, pero la mayoría de las veces es una comunicación de tipo funcional y un tanto trivial.
Constituye el componente motivacional, enérgico del
comportamiento.
En la medida que se adquieren valores positivos o negativos a sus fines se suscitan actitudes de atracción o acercamiento, de repulsión o rechazo.
Piaget (1985), ha mantenido una interesante posición con respecto a las relaciones entre los aspectos cognoscitivos y afectivos en el sentido de que los primeros serían la maquina o estructura del comportamiento, mientras que los segundos serían la energía correspondiente.
Por lo que, la afectividad aporta el componente energético a los procesos cognoscitivos.
37
Permite mejorar la autoestima de las personas
“A mayor carga afectiva, mayor potencia de la autoestima” Alcántara (1993,20). Ninguna persona puede autoestimarse y tener confianza en sí misma, si no se ha sentido amada. Por eso es necesario que los padres de familia brinden amor, seguridad, protección a sus hijos, para que sean recíprocos con ellos mismos y con los demás.