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5. Reduction of the spectral dimension of hyperspectral data

5.5. Discussion

El vínculo afectivo se desarrolla a través de las capacidades emocionales y cognitivas que el niño va adquiriendo en el cuidado que el adulto le propicia. El apego es una de estas conductas, el cual facilita la supervivencia de la especie humana pues mantiene al cuidador cerca del recién nacido.

La haptonomía.- Ciencia de las interacciones y de las relaciones humanas, tiene múltiples aplicaciones. Una de ellas es el acompañamiento prenatal y postnatal del bebé, una maduración de la relación afectiva entre el padre, la madre y el niño.

Favorece los lazos de parentalidad, de acogida del niño y de apertura a la vida. Permite una maduración psicológica, afectiva y psicomotora.

Se puede asegurar que la salud mental del ser humano se fortalece en el proceso de formación desde la concepción, sentando las bases de la personalidad desde antes del nacimiento, por ignorancia al respecto minimizamos estos aspectos en nuestra formación profesional dándole importancia sólo al diagnóstico y tratamiento de la enfermedad biológica durante el embarazo y el parto.

El vínculo afectivo es un proceso esencial para garantizar la futura salud mental del niño. Este proceso se centra en el afecto, el cuidado que se brinda al niño y que este recibe; es el producto de la activación de una serie de comportamientos tanto del niño como de la madre.

Durante el embarazo desarrolla un vínculo emocional de los progenitores con el futuro bebé a través del tacto del vientre materno, la comunicación que se establece entre madre e hijo.

Después de la fecundación, el nuevo ser se va desarrollando progresivamente dentro del útero materno; sus órganos, especialmente el sistema nervioso se va conformando con vista a proporcionarle una vida autónoma en el futuro.

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Los estímulos, los recibe el ser humano en desarrollo a través de su Sensibilidad:

1.- Su Sensibilidad Extereoceptiva, le permite percibir estímulos visuales (día, noche, luces próximas al vientre), auditivos (latidos cardiacos maternos, ruidos orgánicos -digestivos y otros- de la madre, voz materna, voces de otras personas, ruidos externos), táctiles (contactos y caricias en el vientre materno), y olfativos y gustativos con probabilidad.

2.- Su Sensibilidad Propioceptiva le permite percibir estímulos de su propio cuerpo con o sin origen materno. Así puede percibir el dolor (provocado por algún traumatismo o por la amniocentesis), el equilibrio (lo que le ayuda a mantener una posición durante los movimientos maternos), las sensaciones viscerales, la ingesta o inhalación de tóxicos, alcohol, medicamentos, tabaco, y otras drogas por la madre (que llegan al cerebro del feto a través de la placenta). En estos últimos casos, el feto puede reaccionar además de con patadas, con la modificación de sus funciones vegetativas principalmente su frecuencia cardiaca. La complejidad de estas reacciones es creciente conforme avanza su desarrollo.

3.- Su Sensibilidad Interoceptiva le permite percibir estímulos con origen en el pensamiento, la memoria, las emociones. También las emociones pueden ser o no de origen materno ya que estas y el estado de ánimo materno se traducen, además de afectar a su sistema nervioso, en un cierto equilibrio hormonal en la sangre materna, la cual a través de la placenta, influye sobre el feto. Así, el feto puede percibir el estado de ánimo, las emociones (ansiedad, temor, alegría, felicidad, nerviosismo), la predisposición (amor, o indiferencia, o rechazo) de la madre hacia él. En estos casos, la reacción del feto es compleja y dependiente de su genética, de su estado de desarrollo, del tipo y frecuencia de los estímulos. La complejidad de estas reacciones es creciente conforme avanza el desarrollo del feto.

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Al final del período prenatal, la naturaleza ha proporcionado al feto una Sensibilidad que funciona aceptablemente lo que le va a permitir seguir recibiendo los estímulos necesarios en el desarrollo en los períodos perinatal y postnatal.

La haptonomía se trata básicamente de una técnica de caricias, el contacto dirigida al bebé que permanece en el útero. Percibe las caricias a través de las paredes del vientre que responde de manera positiva.

Según algunos estudios, es a partir del quinto mes de embarazo cuando el bebé más nota el cariño, amor del mundo exterior. Este afecto le da tranquilidad, seguridad y hace que el período de embarazo se desarrolle en armonía, bienestar interior, lo cual evita angustia al nacer y en lo posterior le brinda seguridad.

Durante el parto la futura madre debe estar en un lugar que proporcione tranquilidad e intimidad. En estas condiciones, los actos, movimientos, y posturas que libremente haga y adopte la mujer están dirigidos a llevar el parto a buen término.

Inmediatamente tras el nacimiento, la madre continúa con esa concentración instintiva en el hijo, tanto ella como el hijo realizan actos tendentes a reforzar el Vínculo Materno-Filial que ya se había iniciado intraútero. Así, la madre tras el nacimiento coloca, guiada por el Instinto, la cabeza del niño junto a su pecho. Esto permite al bebé oír los latidos del corazón materno que le han acompañado intraútero, lo que lo enlaza con el mundo intrauterino y lo tranquiliza, el contacto de su piel con la piel de la madre, además de servirle de estímulo para la maduración de su sistema nervioso, también lo tranquiliza.

Durante su media hora de vida, el bebé descansa, de vez en cuando mira a la madre. La visión del niño está programada instintivamente para que tras el nacimiento no llegue a apreciar con claridad los objetos situados más lejos de unos treinta centímetros, para ver contrastes fuertes de forma circular, como son el pezón y la pupila de los ojos de la madre; le sirve al niño para fijar su atención,

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alimentarse y para vincularse más con su madre, quien en correspondencia, se fija en los ojos de su bebé.

Antes de que transcurra una hora tras su nacimiento, el bebé comienza a hacer movimientos con sus labios. A continuación empieza a mover el cuerpo y la cabeza dirigiendo la boca hacia el pezón, abriéndola cuando se acerca a él. Después de varios intentos abarca con los labios la aureola de la mama, y lentamente con interrupciones comienza a mamar. Lo primero que mama el bebé es el calostro que además de ser alimento, le proporciona una protección inmunitaria adaptada al tiempo, al lugar en el que le ha tocado nacer. Al cabo de dos o tres días, el calostro desaparece, a partir de entonces el bebé mama leche.

El niño que nace y durante nueve meses ha formado un todo biológico con la madre, no puede romper súbitamente su dependencia y continúa ligado a ella no solo en cuanto a la alimentación sino principalmente en lo psicológico, formado lo que Dolto llama el “nosotros originario”. Pero esta vinculación se va diluyendo a medida que se forma el “yo” del niño dando origen al “egocentrismo”.

El egocentrismo significa que el niño hace de su “yo” o “ego” el centro de referencia de toda su vida psíquica, pero en primer término implica que el niño hace de su ego el centro de su vida afectiva. La socialización del niño es, al menos en parte, un esfuerzo para superar el egocentrismo en grado suficiente para que no caiga en el “egoísmo” típico del adulto que no ha superado adecuadamente el egocentrismo infantil. Puede considerarse que el egocentrismo es la raíz del egoísmo. Es superado cuando el sujeto es capaz de integrar “un nosotros”; cuando el individuo forma parte en forma positiva y constructiva de los grupos primarios de familia, amistad, matrimonio y otros, podemos suponer que tiene una afectividad madura.

La relación formada por la madre con el hijo (diada) es fundamental para el desarrollo sicoafectivo del niño. Se da por la satisfacción de las necesidades vitales del niño por parte de la madre y también por el lenguaje que ella trasmite

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sean las caricias, la seguridad que le brinda. La duración de esta diada dependerá de la madurez y seguridad del niño.

En su desarrollo el niño intenta a través de su comportamiento estar cerca de la madre, utilizando pautas de conducta tales como succionar, aferrarse, seguir, sonreír, llamar y llorar. Esta búsqueda, necesidad de cercanía de la madre por parte del niño se conoce como CONDUCTA DE APEGO y en la madre que intenta mantener al hijo cerca se ha denominado CONDUCTA DE ATENCIÓN. La conducta de ambos, madre e hijo, que se dirige a buscar y mantener la proximidad de uno con el otro se ha llamado CONDUCTA AFECTIVA.

Este es el aspecto más importante la lactancia materna, porque no hay nada más tranquilizador para el lactante que la tibieza del pecho y la seguridad del abrazo materno. Son todos aspectos importantes, pero el PSICOAFECTIVO que marca nuestro desarrollo y salud mental es definitivo e importante, ya que el amor, el arrullo, la voz cariñosa de la madre son totalmente irremplazables por el biberón.

El AAP (Academia Americana de Pediatría) recomienda que los bebés tengan leche materna por lo menos los primeros 6 meses de vida. Los doctores también recomiendan que los bebés no beban leche de vaca por los primeros 12 meses de vida. Antes que el niño cumpla su primer año la madre necesitará hablar con el proveedor primario de cuido de su niño sobre qué tipo de fórmula debe utilizar. “El contacto de Piel-a-piel proporcionará afecto para el bebé”, querer tener en los brazos a los bebés, cuidarles, prestarles atención, acariciarles, besarles, supone trasmitirles seguridad y serenidad a criaturas indefensas y delicadas. Estas demostraciones afectivas son fundamentales para el desarrollo del niño. Su carencia influye negativamente en su desarrollo, produciendo retrasos en su crecimiento y desequilibrios en su estructuración general, repercutiendo tanto en el cuerpo como en la mente, manifestándose generalmente en la edad adulta.

En cuanto a la afectividad, sigue un desarrollo paralelo al cognoscitivo. Al principio encontramos reflejos afectivos, como las emociones primarias de miedo,

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etc. A los hábitos corresponden los afectos de lo agradable o lo desagradable, surgidos de la acción, así como sentimientos de éxito o fracasos: alegría o tristeza, respectivamente. El niño comienza a interesarse más por su cuerpo y luego por los objetos. La alegría y la tristeza hacia las personas empiezan a ser experimentadas lo que llamamos sentimientos interindividuales.

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