• No results found

Aircraft Performance Modelling Uncertainty

CHAPTER 4 Impact of Aircraft Performance Uncertainty on Trajectory

4.4 Aircraft Performance Modelling Uncertainty

Hacia fines del siglo XV, cuando los españoles invaden el continente americano, el cultivo y uso de la coca rebasaba el territorio que abarcó el incario o Tawantinsuyu, extendiéndose por el norte hasta los actuales países de Nicaragua y Panamá. El genocidio de la población originaria y su reemplazo por grupos predominantemente europeos llevó a la extinción del uso de la coca en la costa pacífica peruana y ecuatoriana, las tierras bajas del Amazonas, los litorales del Caribe y las tierras altas de Colombia y Venezuela (Henman, 2005: 102). Sin embargo, actualmente el uso tradicional de coca, con sus diversas prácticas, perdura en extensas áreas de Perú, Bolivia y Argentina, y en regiones más puntuales de Colombia, Brasil y Chile. “A pesar de que los sectores oficiales han venido restringiendo a los

sectores campesinos de la población andino-amazónica, se han conservado los usos de la hoja de coca en sus diversas modalidades: en el masticatorio, en los ritos religiosos y medicinales, en el intercambio comercial como patrón de cambio, en los ritos adivinatorios, en las relaciones político sociales y en las ofrendas a las divinidades autóctonas, de tal manera que estas prácticas se conservan, sin cambios sustanciales, desde el Tawantinsuyu hasta la actualidad.” (Quispe Mejía: 2004: 51).

En Perú

154

Según la encuesta DEVIDA-INEI155 del año 2004, 4 millones de personas consumen en el Perú unas 8800 toneladas de hojas de coca.156 Un millón de “chakchadores habituales”, que representan el 5% de la población peruana mayor de 12 años, consumen las 4/5 partes de estas 8800 toneladas;157 considerando un promedio de consumo de 5.5 kg. anuales por persona. Estos “chakchadores habituales” son de origen quechua o aimara, viven en áreas rurales de la sierra (a más de 2300 msnm), poseen bajos niveles de educación (un 40% del ellos son analfabetos), akullikan para realizar labores de agricultura y ganadería, porque la coca les ayuda a trabajar o "por costumbre” (Rospigliosi, 2004).

“Mientras más tradicionalmente indígena es una población en el Perú, se encuentra en ella

un mayor porcentaje de consumidores de coca (...) Las alturas de los Andes constituyen una región de refugio de la cultura andina y, así como el hábito de la coca está relegado a esas regiones, también lo está el uso de los idiomas quechua y aymara, la costumbres y usos de la cultura indígena (...)” (Ossio et. al., 1989: 257).

La coca está íntimamente relacionada a la cultura andina, quechua y aimara. Donde se conserva el uso de estas lenguas, se mantiene el uso de coca. En el norte de Perú, se perdió el uso de la lengua quechua, y asimismo se abandonó el uso de coca. Las comunidades que conservan el akulliku y los usos rituales de la coca, retienen una mayor cantidad de valores culturales andinos.

En Bolivia

En Bolivia, “El uso y consumo de la hoja de coca es un hábito milenario que representa

una de las partes más importantes de la cultura andina, de la que son herederos 85% de la

155

Esta encuesta nacional fue encargada al Instituto Nacional de Estadística e Informárica (INEI) por la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA). Se efectuó entre noviembre de 2003 y enero de 2004, 8 mil hogares de todo el Perú fueron encuestados; es decir unas 24000 personas mayores de 12 años. La encuesta recabó datos sobre todas las formas de consumo tradicional de la hoja de coca: akulliku, mates o infusiones, ofrendas, adivinaciones y otros; así como las frecuencias y cantidades en el uso y el modo de adquisición de las hojas de coca. Los resultados fueron presentados en El consumo tradicional de la hoja de coca en el Perú, editado por Fernando Rospigliosi en 2004.

156

ENACO compra y vende entre 2800 y 3000 toneladas al año. Si los consumidores tradicionales adquieren 8800 toneladas, eso implica que casi dos tercios circulan fuera de la ENACO.

157

En 1950 se consumían 10000 toneladas, con una población de 10 millones de habitantes, el 35% de la población actual. La conclusión de Rospligliosi es que el consumo tradicional está en retroceso, debido al proceso de urbanización y modernización.

población (…)” (Jordán Pando, 1989: 88). Por lo general, se comienza a akullikar entre los

18 y los 22 años. Una encuesta realizada en los años 80 señala que, sobre un total de 3513 individuos, el 59,7% eran akullikadores, el 26,9% consumidores pero no akullikadores, y el 13,4% abstemios. El más alto grado de akullikadores se encuentra en las comunidades quechuas y aimaras. La incidencia del uso de la coca por nivel de escolaridad es mucho más alta en “analfabetos”, evidencia del triste rol que ha tenido la socialización escolar. El relevamiento del uso de la coca por zonas ecológicas revela un mayor consumo en regiones altas y aisladas, como la puna y las cabeceras de los valles. En los valles medio y bajo, así como en los llanos tropicales, el consumo de coca es menor. Los porcentajes más altos de

akullikadores se obtuvieron en los departamentos de Cochabamba y Potosí; mientras los

porcentajes más bajos fueron de Santa Cruz, provincia con mayor influencia europea. Entre mineros, campesinos y obreros se encuentra un alto porcentaje de akullikadores, que utilizan la coca con diferentes motivos: como medicina, en fiestas, en reuniones, en el ritual familiar, para mantenerse despierto, para combatir el frío y el hambre, para trabajar, viajar, recibir visitas y adivinar (op. cit., 88-95).

En Argentina

En la región del noroeste argentino (particularmente en las provincias de Salta, Jujuy, Catamarca, Tucumán y la Rioja) ha pervivido hasta hoy, sin interrupción, la costumbre prehispánica del akulliku o “coqueo”. Argentina no tiene cultivos de coca dentro de su territorio, la coca llega a este país proveniente de Bolivia, principalmente del Chapare y de la zona de yungas de la Paz (Rivera Cusicanqui, 2003).158 En Argentina se consumen entre 1000 y 2000 toneladas métricas anuales, lo cual representa entre un 10 y 20 % de lo que se consume por año en el Perú.159 Actualmente, con la migración de bolivianos a las grandes ciudades, el akulliku ha tomado carta de ciudadanía en Mendoza, Córdoba y Buenos Aires, entre otras capitales argentinas. En 1989 se legalizó, por ley federal, la tenencia y consumo de coca, que había sido prohibida por el gobierno militar. Sin embargo la comercialización y el tránsito transfronterizo han quedado hasta hoy en la penumbra legal, a pesar de que en el país no hay cultivos ni producción interna de hojas de coca. La consecuencia es el

158 Silvia Rivera Cusicanqui. “Las fronteras de la coca. Epistemologías coloniales y circuitos

alterantivos de la hoja de coca. El caso de la frontera boliviano-argentina”, 2003.

159

De acuerdo a la encuesta DEVIDA-INEI, según la cual el consumo anual de coca en el Perú alcanza 9000 toneladas anuales (Rospigliosi, 2004).

encarecimiento del producto, el negocio para los contrabandistas y las coimas de la gendarmería y la policía.

El uso de coca en Argentina asume características propias. En la sociedad argentina no existe, como en Bolivia o Perú, la tajante división entre runa (indio que usa la coca) y misti (blanco que no usa la coca). En el noroeste argentino, el uso de la coca es “universal”: unifica a los diferentes estratos socioeconómicos tanto urbanos como rurales: campesinos, asalariados, élites regionales, todos coquean por igual. A diferencia de Perú y Bolivia, donde el uso de coca es un símbolo de identidad étnica para los indígenas o runas en oposición los blancos o mistis, en Argentina la coca es símbolo de pertenencia regional a la macro región del noroeste argentino, a través del cual los “norteños” (de todas las clases sociales) se diferencian de los “porteños” de la capital, Buenos Aires. En el noroeste argentino, el coqueo muchas veces se practica de forma individual y en variados contexos públicos: clubes, peñas, trabajo, partidos de fútbol, transporte público, cabinas de radio, universidades y -los diputados jujeños y salteños- hasta en las sesiones de la legislatura (Rivera Cusicanqui, 2003; Rabey, 1989).

En Colombia

En Colombia, el cultivo y uso tradicional del hayo (como se conoce a la varidad de coca

Erythroxylum novogranatense var. novogranatense) se ha conservado únicamente en las

montañas del Cauca, de Huila y en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde los kogi han vivido aislados y manteniendo sus costumbres ancestrales. Entre los kogi sólo los hombres pueden mambear coca; después de la cena se retiran a la casa ceremonial donde pasan la noche mambeando, bailando, cantando y soteniendo conversaciones ceremoniales (Martín, 1996: 21).