• No results found

Algorithm for finding the full optimal policy

In document optdef submit (Page 47-53)

Algunas consideraciones psicoanalíticas sobre la violencia en el fútbol Pablo Leónidas Zenón La investigación a la que nos hemos abocado, que versa sobre el psicoanálisis en nues- tra época, tiene dentro de sus principales objetivos: poner a prueba los conceptos psi- coanalíticos, en torno a temas de actualidad . En esta línea, la violencia en el ámbito del fútbol es uno de los tópicos que más prensa obtiene todos los días . Por ello, debemos preguntarnos: ¿Qué hay detrás de esta proliferación de fenómenos que aparece como una novedad, pero que casi siempre, habla de lo mismo?

Nos centrarnos en un episodio en el ámbito futbolístico de alto nivel –que con el vértigo con que son presentados los acontecimientos, quizás ha sido olvidado– que en su mo- mento suscitó el repudio de los medios de comunicación y de la sociedad: el cabezazo de Zidane a Materazzi en la final del Mundial 2006.

La reacción inicial con respecto al hecho fue en simultáneo de repudio y de conexión con otros episodios de este tipo ya conocidos y repetidos de violencia en el deporte . Incluso uno como espectador también experimentó una sensación similar. Pero luego, apareció otra idea sobre el asunto: ese acto que tan rápidamente nominamos como vio- lento podía ser pensado como un último gesto de humanidad. Se supo, pasados los días, que el diálogo previo al golpe fue iniciado por Zidane recriminándole a Materazzi y que si tanto le gustaba agarrarle la camiseta, se la daría una vez finalizado el partido. A lo que el defensor italiano contestó que prefería que le llevara al vestuario a su hermana . Lo que pasó después es ya sabido por todos . ¿En qué el psicoanálisis puede ayudarnos a leer este episodio?

El psicoanálisis nos legó la idea de discriminar, de establecer un borde entre agresividad y violencia. ¿Es justificable, es comprensible lo que hizo Zidane? La primera respuesta es la de ubicar el episodio en el interior de una relación como construcción de dos . Por lo tanto, ese cabezazo que necesitó de un tercero –la intervención del referí– en reali- dad, resolvió una relación . No fue sólo Zidane el que actuó sino que, necesitó del com- promiso del otro . La segunda es pensar que un acontecimiento de estas características es

condición de posicionamiento subjetivo . Esta lectura nos permite pensar que no se trata de un gesto de dominación –un acto violento– sino de una maniobra defensiva agresiva de defensa de una posición subjetiva. Supongo que –un poco temerariamente– el dicho sexual de Materazzi acerca de la hermana de Zidane, se alojó en el sustrato más profun- do de la fantasmática del francés, al punto de que no pudo interponer ninguna palabra y necesitó de un acting para resolver la situación. Ese cabezazo fue entonces una salida de la escena pero, al mismo tiempo, una conservación de su posición subjetiva . Por lo que este episodio tan nombrado por todos como un acto violento y por lo tanto, repudiable puede entenderse de forma más ajustada como una muestra de que en toda relación humana la agresión es condición y causa del encuentro con el otro .

Observemos lo anterior en otro caso futbolístico: el cántico común al decir de los argentinos,“los vamos a matar a todos”. Es un apoyo que nos ayuda a decir algo cuando quedamos desnudos. Cuando no podemos dar una explicación racional sobre un episodio puntual, doloroso, incomprensible o injusto . Es una salida . Hace algu- nos años en Argentina, el pedido de “que se vayan todos”, se acercó a la frase que estamos analizando. Fue un dicho que permitió ubicar a la clase política argentina y al mismo tiempo, representó el grado de impotencia de la gente en relación a una realidad político-social. Nos preguntamos qué muestra y a quién representa el “los vamos a matar a todos”. Lo primero que podemos decir es que esta frase está cargada de una connotación futbolística –es una estrofa de uno de los cánticos más comunes en las canchas argentinas– y que aparece en este contexto como naturalizada. Nadie se interroga sobre su literalidad siniestra, todo lo contrario, entonarla da garantías de una pertenencia placentera . En otras palabras, es una frase que se juega en el registro de la identidad, es fálica . Va directo al yo del sujeto y desde allí, comanda la relación del sujeto con el Otro .

Sintetizando, el placer de la enunciación está en la enunciación misma y no en la repre- sentación literal del contenido manifiesto del dicho. Al placer lo da la reiteración del cántico y en esa repetición el contenido manifiesto se transforma en un simulacro. Por esta razón estamos promovidos a que los cánticos futboleros nombran la manera agre- siva en la que los hombres nos relacionamos con algunas de las cosas que nos causan placer y que en ese acto de nominación iterativa le escapamos un poco a la violencia . Metapsicología de la agresión

Intentaré establecer algunos límites más o menos precisos entre la estructura agresiva de un sujeto y un acto de violencia en el sentido de no naturalizar estos últimos. La idea de poder dar cuenta de la estructura agresiva de un sujeto nos permitiría pensar maneras más propicias de enfrentar la violencia . Parto de postular el fenómeno social masivo de Capítulo 16. “Los vamos a matar a todos”. Algunas consideraciones psicoanalíticas sobre...

un espectáculo deportivo que promueve un acto violento como modelo de lazo social contemporáneo .

El escenario de la mayoría de los espectáculos deportivos en la Argentina es el lugar en el que dialogan de manera confusa e imposible la neurosis y la perversión . ¿Qué aporte realiza el psicoanálisis a lo que llamamos violencia en el deporte? La maniobra es ya clásica, pero sumamente necesaria, el psicoanálisis es una disciplina humana que tiene la capacidad de definir y de poner en tensión los conceptos de agresividad y de violen- cia . Lo propio de este tiempo es la confusión, va todo a la misma bolsa, por la vía de una perspectiva naturalista se dice que el ser humano es agresivo por naturaleza. O por la vía del utilitarismo se dice que la sociedad es perversa y hace violento al ser humano . Estos son dos caminos que no conducen a ninguna parte .

El primer movimiento freudiano es saltar la valla de lo innato pensando lo ‘constituti- vo’. Los desarrollos sobre sexualidad infantil realizados por Freud nos descubren a un niño egocéntrico, codicioso, destructivo, con poca conciencia moral, dominante y sádico, Freud está aquí tratando de pensar al niño desde una perspectiva estructural vinculada a la perversión . Qué interesante paradoja la de poder pensar que en la constitución subjetiva antes es la perversión que la neurosis, si bien no es una perversión organizada estructural- mente, en función de lo fálico y de la castración. Lo que trato de distinguir es experiencia de estructura . La primera presentación que Freud hace sobre lo infantil es en relación a lo perverso como experiencia. O sea a cómo el niño se ubica pulsionalmente en relación a los objetos y al mundo . Dejando de lado su ubicación en relación a lo fálico y a la ley que lo legitima. Podemos afirmar provisoriamente que en la constitución del sujeto la desmen- tida está presente como condición y es anterior a la castración .

La esencia del planteo freudiano es pensar lo perverso como condición constitutiva y por consiguiente, extraerle al término algo de su negatividad. Lacan, por su parte nos plantea que “la agresividad es la tendencia correlativa de un modo de identificación que llamamos narcisista, y que determina la estructura formal del yo del hombre y del registro de entidades característicos de su mundo” (1936: 102).

Entonces lo primero que creo necesario decir es que noto en la actualidad una tendencia a leer los acontecimientos intentando definir cuál es la estructura en juego, perdiendo de vista que la estructura es una ficción. Mi planteo es que perdemos con ese imperativo la posibilidad de elucidar la dimensión paradojal, compleja del sujeto y sus actos, que muchas veces se presentan en forma confusa .

En segundo lugar, volviendo a la cita de Lacan, éste ubica en un tiempo y un lugar al concepto de agresividad, como un acto intrusivo en la génesis del yo . Podríamos di- dactizar este enunciado desplegando las ideas centrales del estadio del espejo (Lacan, Psicoanálisis y Época

1949). Esa agresividad, esa intrusión, está ordenada a partir de una fijación en una ima- gen que lo enajena a sí mismo y que es garantía de la constitución del yo .

La madurez estructural de un neurótico se completa con la función pacificante del ideal del yo y su relación con la ley de la época, con la mirada cultural actual . La potencia funcional del ideal del yo está sostenida por la aparición de la figura del padre cuya historia es el relato de un acto violento . Freud desarrolla esta idea metapsicológica a partir del mito de la horda primitiva. En síntesis, esa función pacificadora es posible, es efectiva en tanto, reconocemos el asesinato del padre y su introyección inconsciente por vía del relato mitológico .

Volvamos a la superficie

Como consigné antes, en la mayoría de los cánticos futbolísticos aparece la frase “los vamos a matar a todos”. A la luz de las perspectivas naturalistas, utilitaristas, o simple- mente el sentido común, esto aparece como el preludio de un episodio de violencia . El psicoanálisis nos enseñó que todo discurso tiene una falla, y que hay algo más allá de la literalidad del texto. En este sentido ese dicho puede representar otra cosa. Es un cán- tico que acompaña otros movimientos en el interior de la escena futbolera . Como por ejemplo, el despliegue de esa bandera gigantesca que nos abraza a todos como si fuera una gran madre fálica, una bandera que tiene colores bien definidos. Podríamos decir que hacen a una identidad y que necesitan de un contrario, de un otro, para potenciar esa identidad. Es un juego, o por lo pronto debería serlo, que actualiza algo de la cons- titución especular del sujeto .

Aquí también el psicoanálisis podría intervenir de manera efectiva instalando la idea de desconfiar de los procesos identitarios como condición de subjetividad. Hay una distan- cia entre identificación e identidad cuando pensamos a nivel de la estructura subjetiva. Si bien podríamos reconocer, sobre todo los argentinos, que los colores de un equipo de fútbol están cerca de la horda primitiva y del reconocimiento a un padre que nos donó un sentido de la vida . La identidad es una especie de suplencia en la que el neurótico vuelve a representarse en relación al otro, es una pantalla que le da consistencia, pero no hace a la estructura .

Los actos de violencia ponen en tensión lo dicho anteriormente porque el espectáculo de- portivo no concluye con un reposicionamiento del sujeto en relación a sus ideales identita- rios . La violencia en el deporte es un problema tan complejo que merece ser abordado por distintas perspectivas disciplinares. No se reduce a la actualización del asesinato mítico del padre hórdico. Lo que sí podemos afirmar, por estos tiempos, es que el perverso sabe lo que hace y que el escenario deportivo como algunos otros es un lugar de causa para su Capítulo 16. “Los vamos a matar a todos”. Algunas consideraciones psicoanalíticas sobre...

práctica denegatoria. Si interrogáramos a un barrabrava latinoamericano o a un hooligan inglés, este último nos recitaría, sin duda, un compendio de situaciones dolorosas y trau- máticas por las que ha transitado su infancia, y que son la causa de su génesis violenta, este discurso estaría acompañado de un tono desafectado de angustia y culpabilidad . Es en esto último en donde deberíamos hacer foco de nuestro análisis como condición para pensar una tentativa de solución a este tema . Esto es, que el perverso necesita de la escena neurótica y el neurótico se fascina con la maniobra perversa. Me pregunto por qué nos atraen tanto los criminales . La respuesta es que fascinan nuestro narcisismo .

Dijimos que la denegación forma parte de todos los sujetos y de la cultura . No obstan- te, eso no nos habilita a leer los hechos violentos con naturalidad o a pensar en forma simplista que hay buenos y malos. Si hoy hablamos de violencia en el deporte es por el diálogo entre neuróticos y perversos . Admitamos una responsabilidad que va más allá de la identificación del malo perverso y del resto como víctimas.

A modo de conclusión, siempre tentativa, puedo pensar que la agresividad muestra el fondo imaginario de la construcción subjetiva, en cambio, la violencia como acto remite a un horizonte de posible inscripción simbólica en el interior del lazo social. Por eso, el psicoanálisis no sólo distingue agresión y violencia como categoría conceptual sino que también los ubica en relación al sujeto y a sus vínculos . No todo acto violento está gestado por un perverso . Un neurótico puede participar al modo del contagio, o sea como efecto de su inclusión en el lazo. A la vez, si el perverso sabe lo que hace, no es sin el escenario social que promueve la cultura –y aquí incluyo a los Medios de comu- nicación–, porque lo necesita . Estas podrían ser las coordenadas actuales en las cuales ubicar el tema que nos convoca .

Por último, la violencia no es un invento de la modernidad, pero sí nos permite repensar la estructura de la época a partir de algunas ideas propias de la teoría freudiana . Es por ello que decimos que habría que resignificar esta modernidad “actual” a partir de cons- truir nuevos sentidos sobre los ideales que la fundaron . Pensar que la igualdad pueda soportar la diferencia constitutiva en relación al otro, que la libertad sea una experiencia que nos permita nombrar lo que se pierde y que la fraternidad sea un poco más discreta que esa idea oceánica, universal e imposible .

Referencias bibliográficas

Freud, S. (1995 [1930]). El malestar en la Cultura. Madrid. Biblioteca Nueva.

Lacan, J. (1987 [1936]) “La agresividad en psicoanálisis”. Escritos I. Buenos Aires. Siglo XXI. Lacan, J. (1987 [1949]) “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como

se nos revela en la experiencia analítica”. Escritos I. Buenos Aires. Siglo XXI.

In document optdef submit (Page 47-53)

Related documents