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El primer contacto que se dio entre Japón y México fue antes de que éste último fuera pensado como un Estado-Nación. En el siglo XVI (y XVII) se dio un encuentro político-diplomático entre el Japón de ese momento y la Nueva España. La causa del suceso se debió a las constantes navegaciones que se dieron en esos siglos. La comercialización, evangelización y rutas de saqueos como los que hacían los piratas británicos estaban en su auge a través de lo marítimo.

Antes de darse el primer contacto entre ambos países, se suscitó un evento de vital importancia para el engranaje de conversaciones entre Japón y México. En el siglo XVI, en la Nueva España nació Felipe de Jesús en los últimos treinta años del mencionado siglo. Se hace referencia a que éste era parte de la élite novohispana (Tanaka: 2). Como tal, vivía entre las comodidades y excesos que le permitía su contexto. Como lo ha señalado Tanaka, su familia se preocupó por estos excesos y decidió meterlo a la orden jesuita en la Nueva España (Tanaka: 2). Estando con ellos, su forma de ser no cambió, siguió incurriendo en lo mismo y

60 eventualmente dejó la orden para regresar a su cotidianidad. Tras esto, sus padres decidieron enviarlo a otra colonia española.

Felipe de Jesús viajó a Filipinas por petición de sus padres para intentar que éste se convirtiera en un comerciante (Tanaka: 2). Esto tampoco funcionó. Lo que sí se dio fue que ahí decidió por fin ser jesuita y entrar en el camino de la evangelización. Las conquistas y colonizaciones españolas se daban siempre por la intervención religiosa. Los jesuitas jugaron un papel importante en esto, y como tal, siempre estuvieron embarcados en misiones de evangelización por el mundo. Felipe de Jesús se sumó a esta dinámica, aunque su resultado fue trágico. Para poder recibir el oficio de jesuita, Felipe y otros salieron de Filipinas rumbo a la Nueva España (Tanaka: 3). Sin embargo, el barco en el que partieron, por las condiciones del mar y los tiempos climáticos, terminó desviándose en la tempestad. El destino del barco fue el naufragio, por lo que terminaron en costas niponas. Para ese entonces, Japón ya tenía contacto con jesuitas portugueses, y estos tuvieron una influencia social y comercial que dejó una huella para el cristianismo como religión años después, en el Japón.

La influencia comercial significaba mucho para Japón y Portugal. Esto último pudo haber configurado una relación de lucha por el espacio y la comercialización. Al recibir a los jesuitas provenientes de la Nueva España, el gobierno japonés del momento decidió capturarlos a todos, puesto que consideraron eran enemigos de sus recientes invitados portugueses. Así fueron crucificados todos los jesuitas que habían llegado a Japón. De esa forma murió Felipe de Jesús en el año de 1597 (véase anexo 27), en Nagasaki (Tanaka: 2).

Posteriormente se hizo una estatua del mexicano (reconocido en la actualidad como tal), al cual se santificó por haber sido un mártir en este suceso histórico. La llegada de los jesuitas de Filipinas abrió un nuevo panorama global para el país nipón. Posterior a la crucifixión de estos, Japón entendió que se podía llegar a comercializar con España. Esto brindó la posibilidad para que se diera la primera relación entre los dos. Para 1600, Tokugawa Ieyasu (véase anexo 28) accedió al poder (oficialmente en 1603) y favoreció el intercambio comercial. Ieyasu quería ver que la Nueva España se abriera a los navíos comerciantes japoneses (Pérez, 2018: 30).

Hacia 1608 Ieyasu y Rodrigo de Vivero (gobernador de Filipinas)28 se ponen de acuerdo en abrir México a los navíos mercantes japoneses (Pérez, 2018: 30). Esta primera

61 relación se reforzó en el año de 1609 (Tanaka: 7) cuando Rodrigo de Vivero también naufragó a Japón. El cristianismo para estos años ya se encontraba arraigado y había buenas relaciones comerciales con los portugueses y los españoles. Tokugawa Ieyasu, quien se encargó de mantener el poder centrado en su persona29, entendió como necesario la existencia de una mayor comercialización, por lo que al llegar Rodrigo de Vivero, los atendió de la mejor forma y mandó a construir una galera a la que nombraron San Juan Bautista o Date

Maru (Pérez, 2018: 210).

El encuentro entre los dos personajes antes mencionados posibilitó el incremento en las relaciones comerciales. Esto generó que el gobierno japonés decidiera enviar junto a sus invitados de la Nueva España, a un grupo de japoneses con ellos, donde destacó como líder el samurái Hasekura Tsunenaga (Pérez, 2018: 210), quien se dice fue el primer embajador de Japón en las Américas y Europa (Pérez, 2018: 207). En enero de 1614 (Tanaka: 7) al puerto del hoy Acapulco, llegó la misión que se conocería con el tiempo como la “misión

Hasekura” (véase anexo 29). Las relaciones se mantuvieron hasta 1624, año en que se

rompieron (Pérez, 2018: 25).

Podemos ver claramente que la relación que se dio en ese momento fue con tintes comerciales a través de lo político, puesto que se buscaba expandir el comercio japonés. Por esto mismo la llamada misión Hasekura desembarcó en Acapulco, pues éste era de los principales puertos marítimos que tuvo la Nueva España (y que ahora tiene México, aunque actualmente más como lugar turístico). Lo que representaba la zona era el principal espacio para la adquisición de mercancías en la llamada “Feria de Acapulco” (véase anexo 30) (Balbuena, 2019: 12).

El acercamiento que se dio entre Japón y la Nueva España fue fundamental, ya que dejó una impresión importante que se quedó en el imaginario político y económico. Las acciones de los sujetos mencionados, sus decisiones por querer expandir el comercio y entablar relaciones con el exterior fueron convenientes para dejar una huella que sirvió, para que en el siglo XIX, en sus postrimerías, se diera una nueva relación tanto política y comercial con México (ya entendido en esta época como Estado-Nación) y un Japón que buscaba una modernización y aceptación del mundo exterior.

29 Este periodo se conoce en la historia japonesa como el periodo Tokugawa, el cual culminó en el siglo XIX, cuando se dio el proceso de la restauración Meiji con el ascenso del emperador Mutsuhito.

62 Presentar esta relación histórica contextual nos permite entender el inicio de las dinámicas de comercialización que, sin duda, asentaron como base la separación de la dimensión japonesa con la naturaleza, mencionada en el primer capítulo en el contexto del proceso de industrialización japonés del siglo XIX y XX, y la norteamericanización de la

vida cotidiana nipona después de la Segunda Guerra Mundial. La princesa Mononoke (véase

anexo 31), película animada japonesa de 1997 (de Miyazaki Hayao), es ambientada en los siglos XIV a XVI, y en ella se presenta el tema de la naturaleza amenazada por los seres humanos. En este sentido, el anime aparece para hilar la narrativa de concientización de ese pasado con el presente, y hacer evidente a través de la ficción, la necesaria lucha en la vida

cotidiana de la dimensión histórica japonesa.