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Chapter 7 Towards a taxonomy of pedagogic approaches

7.5 Algorithmic teaching

creencia en la culpabilidad de las víctimas. El hacer consciente o el permitir que sea exhibido el mecanismo de la unanimidad mimética y persecutoria, rompe con los muros invisibles que enceguecen a quienes están colocados en la posición mitológica. Este es el sentido de la frase de Jesús en el texto de Lucas: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 34.) Los implicados en el proceso de la unanimidad mimética y de la persecución de una víctima inocente no saben lo que hacen. Los actores de un proceso persecutorio no conocen el mismo proceso que están adelantando, pues obran bajo poderes inconscientes. Es esto precisamente lo que revelan los relatos de la muerte violenta de Jesús.

El proceso victimario adquiere su dimensión concreta cuando Caifás dice: “Os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación” (Jn 11, 50.) En medio de la crisis de la sociedad judía del siglo I, se da un debate entre las autoridades en torno al destino de Jesús. Caifás interviene y les dice: “Vosotros no sabéis nada, ni caéis en cuenta de lo que os conviene”

123 HEGEL, G. W. F. “Phänomenologie des Geistes”. En: Werke in zwanzing Bänden. Op. cit., §§178-196.

HEGEL, G. W. F. Fenomenología del espíritu. Traducción de Wenceslao Roces. México: Fondo de cultura económica. 1982. Para Hegel, la conciencia de sí existe en y por sí misma cuando, y sólo por el hecho que, existe para otro.

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(Jn 11, 49.) Después de su intervención, ellos deciden dar muerte a Jesús, acogiendo la postura de Caifás, quien sin duda, explicitaba lo que todos deseaban. Caifás habla en nombre de quien sabe y cae en cuenta de lo que conviene. Es altamente racional: hay que limitar la violencia al máximo, pero, en último término, es preciso recurrir a ella para evitar una violencia mayor. Es tan grande el riesgo de la violencia, que si toda la nación puede perecer, es preferible que muera un solo hombre por todos los demás. Caifás asume los riesgos de la violencia y aparece como un líder indiscutible, que origina el consenso y termina el debate. De esta manera, las autoridades comienzan a movilizarse para asesinar a Jesús. Hay que destacar aquí la lógica de las instituciones, que obedecen a una razón mitológica, exactamente en cuanto disimulan, ocultan y desplazan el mecanismo victimario: Toda la razón política es un desplazamiento “in extremis”, del mecanismo sacrificial.

Por otro lado, aquellos a quienes se dirigía el Evangelio de Juan eran personas que vivían después de la destrucción de Jerusalén y del Templo por parte de los romanos. Para ellos resultaba falsa la frase de Caifás, pues la muerte de Jesús no salvó a la nación judía. En realidad, ninguna muerte tiene el poder mágico que se le atribuye desde la lógica mítica propia de las instituciones sacrificiales. No obstante, invirtiendo el juego de la ignorancia del mecanismo sacrificial, el evangelista reivindica otro sentido de la muerte de Jesús: al sostener que Caifás no dijo esta sentencia por su propia cuenta, sino que, en su condición de Sumo Sacerdote “profetizó que Jesús iba a morir por la nación y no solo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaba dispersos.”(Jn 11, 52) En este sentido, que la muerte de Jesús tenga el poder de reunir en uno a los hijos de Dios, resulta ser un efecto paradójico, no intencional, de la decisión de las autoridades125.

Tal como es narrado en los evangelios:

El efecto del chivo expiatorio que se constituye bajo nuestros ojos coincide con el efecto del chivo expiatorio en el origen de los sacrificios judaicos. Caifás es el sacrificador por excelencia, el que hace morir unas víctimas para salvar a los vivos. Al recordárnoslo, Juan subraya que cualquier decisión verdadera en la cultura tiene un efecto sacrificial (decidiere, lo repito, es degollar a la víctima), y, por consiguiente, se remonta a un efecto de chivo expiatorio no desvelado, a una representación persecutoria de tipo sagrado126.

125 HINKELAMMERT, Franz.Op. cit., 59.

126 GIRARD, René. Le bouc émissaire. Op. cit., 169. ________ El chivo expiatorio. Op. cit., 152. “L’effet de bouc

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“Lo que se enuncia en la decisión del sumo pontífice es la revelación definitiva del sacrificio y de su origen. Se enuncia sin que lo sepan el que habla y los que le escuchan. No solo Caifás y sus oyentes no saben lo que hacen, sino que no saben lo que dicen127“. Si la frase de Juan se

comprende en su contexto, se descubre que está escrita para incrementar nuestra resistencia a la tentación sacrificial, a las representaciones persecutorias que la rodean y a las seducciones miméticas que la favorecen. En consecuencia: “Lo esencial de la revelación bajo el punto de vista antropológico es la crisis de cualquier representación persecutoria provocada por ella” (...) “Lo asombroso es que los Evangelios subrayen la unanimidad de los poderes de este mundo no para inclinarse delante de ellos, para someterse a su veredicto, como harían los textos mitológicos, todos los textos políticos, e incluso los textos filosóficos, sino para denunciarla como un error absoluto, la no-verdad por excelencia128”.

Para comprender el mecanismo del chivo expiatorio, hay que reconocer que, en los periodos de crisis, las multitudes inconscientes predominan sobre las autoridades constituidas, fundiéndose en un crisol unánime, del cual salen las autoridades refundadas a través de lo sagrado. Pero, ninguna interpretación que polarice el proceso entre la multitud o las autoridades puede mantener activo el potencial revelador del Evangelio, que es una fuerza deslegitimadora de la violencia. Las apropiaciones sectarias de la revelación evangélica han encontrado entre sus escombros poderosas armas para legitimar la rivalidad mimética e incrementar el conflicto. Sin embargo, cuando se atiende lo que dicen los textos de los Evangelios como un conjunto revelador sobre los seres humanos escuchamos que nos dice: las víctimas no son sino chivos expiatorios, corderos inocentes, injustamente odiados y condenados, sustitutivos ofrecidos a unos dioses sedientos de sangre.

est le sacrificateur par excellence, celui qui fait mourir des victimes pour sauver les vivants. En nous le rappelant, Jean souligne que toute décision véritable dans la culture a un caractère sacrificiel (decidere, je le redis, c’est couper la gorge de la victime) et par conséquent remonte à un effet de bouc émissaire non dévoilé, à une représentation persécutrice de type sacré”.

127 Ibid. 169-170. ________ El chivo expiatorio. Op. cit., 152. “Elle s’énonce à l’insu de celui qui parle et de ceux qui

l’écoutent. Non seulement Caïphe et ses auditeurs ne savent pas ce qu’ils font, mais ils ne savent pas ce qu’ils disent”.

128 Ibid. 171. ________ El chivo expiatorio. Op. cit., 153. “L’essentiel de la révélation sous le rapport

anthropologique c’est la crise de toute représentation persécutrice qu’elle provoque. Dans la passion elle-même, il n’y a rien d’unique sous le rapport de la persécution. Il n’y a rien d’unique dans la coalition de toutes les puissances de ce monde. L’étonnant c’est que les Évangiles en soulignent l’unanimité non pour s’incliner devant elle, pour se soumettre à son verdict, comme feraient tous les textes mythologiques, tous les textes politiques, et même tous les textes philosophiques, mais pour dénoncer en elle une erreur complète, la non-vérité par excellence”.

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Los textos del Nuevo testamento comparan a Jesús con todos los chivos expiatorios del Antiguo Testamento: Abel, José, Moisés, Jeremías, el Siervo de Yahvé, Jonás, etcétera. Esta comparación se explica porque se trata de víctimas no reconocidas como inocentes, verdaderas piedras de escándalo, sacrificados para salvar a los demás. Si bien existen otros muchos textos que hablan de víctimas, suelen hacerlo sin contemplar la posibilidad de que se trate de chivos expiatorios. En ellos, la perspectiva de los perseguidores se presenta como aquello en lo que hay que creer. En estos casos, el chivo expiatorio es el mecanismo que estructura ocultamente todo el conjunto de temas de los relatos. Por esta razón, estas narraciones no logran criticar el mecanismo que las está produciendo, y asumen mágicamente que la víctima es culpable.

Los Evangelios logran un efecto de desciframiento del mito porque dicen que Jesús es un chivo expiatorio, una víctima inocente; y lo hacen presentándonos la distorsión de los perseguidores como una distorsión, como aquello en lo que no hay que creer, es decir, estos textos de los Evangelios intencionalmente revelan como opera el mecanismo del chivo expiatorio y se niegan a ser gobernados por su fuerza, mostrando la verdad de una persecución129.

De manera particular, Jesús es una víctima declarada inocente del mal del cual es acusada. Así, los Evangelios exponen los procesos sacrificiales en lo que son, una estructura de la religión sacrificial. Y nos invitan a elegir entre el modelo usual de los sistemas sociales, lleno de acusaciones falsas que conducen al sacrificio de víctimas inocentes, o la posibilidad de abrir alternativas aprendiendo de la revelación bíblica, que tiene la voz y el rostro de las víctimas. Las consecuencias de los conceptos de Girard, invitan, en consecuencia, a hacer una lectura no sacrificial del Evangelio. Sostiene que Jesús reveló la naturaleza de las estructuras sacrificiales, iniciando así el colapso de las culturas violentas. Con su anuncio del Reinado de un Dios misericordioso, ofrece un modelo diferente de imitación, basado en el don de sí mismo.

Si la vida cristiana consiste en el seguimiento o imitación de Jesucristo, es porque el Evangelio no sólo revela los mecanismos de la violencia, sino porque introduce un deseo que permite reconocer al otro en su diferencia. Xavier Pikaza ha llamado a este, un deseo de gratuidad, que mueve a los seres humanos al don de sí mismos. Se trata del principio de una forma de

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existencia humana diferente y constructora de diferencia, por la vía de la renuncia a la violencia retributiva. Este principio es el germen de una comunidad que vive de la mutua solidaridad gratuita.

En el camino de la comunidad creyente, el Espíritu Santo acompaña y defiende a las víctimas, pues es el Espíritu de verdad, que ayuda a destruir las representaciones de persecución. El Espíritu que anima el deseo de gratuidad ayuda a la comprensión de los propios procesos de construcción de víctimas como dobles monstruosos, que acompañan todo proceso de violencia. En este sentido, llama a una moral de la propia responsabilidad en la reducción de la violencia y en la construcción permanente y siempre renovada de formas de acción solidaria130.

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