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IV. Analysis and Results

4.2 Intensity Predictor Analysis

4.2.1 AMSU Analysis

En este apartado revisaremos los significados literarios del término “folletín” y “novela de folletín” y realizaremos un balance bibliográfico que nos permitirá estudiar las interrelaciones con la sociedad, la imbricación de este género novelístico con la prensa popular y explorar sus principales características. Además, se correlacionará este fenómeno con la escritura melodramática.

La palabra folletín es un galicismo que deriva directamente de “feuilleton” y está indirectamente vinculado con “feuille” que significa hoja. En el Diccionario de tipografía y de libro (1981) de José Martínez de Sousa se define “folletín” como

Novela, artículo o cualquier otro trabajo literario, generalmente extenso (a veces se divide en varias partes, que se publican en fechas sucesivas o alternas), que se publica en los periódicos. Suelen ponerse en la parte inferior de las planas de aquellos, aunque con respecto a esto no existen normas fijas. Generalmente se da también el nombre de folletín a las obras por entregas (110).

En el mismo diccionario, se considera una “entrega” al cuaderno compuesto de uno o más pliegos de una obra impresa que se vende por fracciones (94).

Demetrio Estébanez Calderón en su Diccionario de términos literarios (1996) explica que “folletín” era la palabra que “designaba una forma de edición seriada de de novelas, artículos, ensayos, etc. en la prensa periódica y que por su amplitud, habían de ser publicados de manera fragmentaria en días sucesivos” (423). Las primeras muestras se encuentran en la Francia del siglo XIX y dedicadas principalmente a la crítica teatral y de libros. En los 30’

esta fórmula de publicaciones seriadas se aplicó a la edición de relatos novelescos: “roman feuilleton” o novelas de folletín.

Este uso del folletín como espacio dedicado a la crítica literaria, ubicado en la parte inferior y separado por una línea horizontal negra, merecía absoluta libertad porque se salvaba de la censura bonapartista y napoleónica. Girardin, director de La Presse, es el primero en emplear sistemáticamente estos espacios para insertar novelas fragmentadas día a día en 1836 (Dolores Jiménez et al, 1995:18).

Las primeras manifestaciones del género son las siguientes: Dutacq comenzó la publicación del periódico Le Siècle el 5 de agosto de 1836, en 1838 se editó Le Capitaine Paul de A. Dumas y en 1844 Les Trois

Mousquetaires en el mismo periódico. Por su parte, en 1836 había aparecido

en La Presse, una novela de H. de Balzac, La vieille fille (La solterona). En Inglaterra: Humorous Sketches (Piezas de humor, 1833-36) de R. Seymour;

The Posthumous papers of the Pickwick club (Los documentos póstumos del club Pickwick, 1836-1837) de Ch. Dickens. En 1845 comienzan a editarse en

periódicos ingleses (The London Journal, The London Pioneer) traducciones de novelas francesas de Balzac, E. Sue, A. Dumas y G. Sand. En España, aparecen en 1840, año en que se edita El castillo de Feliú de P. Piferrer en el

Diario de Avisos; en 1842, el Diario de Barcelona inicia la publicación seriada

de artículos y novelas cortas, especialmente históricas (Estébanez, 424). Aquí cabría hacer varias precisiones: Humorous sketches pertenece a Robert Seymour y fue publicado entre 1834 y 1836, pero fueron litografías acompañadas de breves textos. Respecto del conocido libro de Dickens, fue publicado en cuaderno de entregas de 24 páginas y cuatro ilustraciones entre

marzo de 1836 y noviembre de 1837. Por lo tanto, en estricto, la primera novela de folletín es La solterona de Balzac publicada a partir del 23 de octubre de 1836 en Le Presse.

Aunque hay consenso entre los críticos en considerar a Los misterios

de París publicado en Journal des Débats desde el 19 de junio de 1842 hasta

el 15 de octubre de 1843 como el paradigma por excelencia del género, Jiménez y Real consideran que Dumas desempeñó un papel fundamental en la creación del nuevo género porque fue el primero en utilizar sistemáticamente la historia in media res para enganchar al lector, diálogos teatralizados, personajes tipificados, final de la entrega en el momento cumbre de la acción (1995: 19-20).

El folletín presenta dos formas de edición y distribución: a) novela de folletín: publicación fragmentada de una novela, que, como sección fija, aparecía en la parte inferior de la primera página de algunos periódicos, y b) novela por entregas, que respondía a la distribución por fragmentos o “unidades de extensión variada” de una obra acabada o en vías de creación, con arreglo a una periodicidad determinada (Estébanez, 424).

Otro aspecto en el que existe consenso es que esta producción cultural de masas permitió la popularización del género novela, la profesionalización del escritor y una nueva comunicación entre el autor y los lectores (Jiménez

et al, 1995: 18-19). El periodo de oro del folletín francés es la década del

cuarenta donde brillan las plumas de Dumas y Sue. La ley de Riancey8 que

obligaba a pagar a todos los diarios un céntimo por cada entrega pública

8 Brunori sostiene también que fue un céntimo a cargo de cada entrega publicada, pero este

efecto negativo en la producción de folletines se ve revertido por el Decreto Orgánico sobre la Prensa de 1852 que restablece la autorización preventiva y la fianza obligatoria, así, nuevamente el folletín vuelve masivamente a la prensa francesa (1980: 35).

redujo notablemente la oferta de novelas de folletín en los diarios (Jiménez et

al, 1995: 21). Umberto Eco indica que esta ley promulgada en 1851 gravaba

con cinco céntimos a los periódicos que incluyeran en sus páginas una novela por entregas: forma sutil de censura contra el folletín de carácter social que fue uno de los factores que alentó las revueltas de 1848 (Eco, 1995: 53).

Brunori (1980) establece que el fenómeno de una literatura de consumo dedicada a satisfacer los deseos del gran público es muy anterior al surgimiento de las novelas de folletín y menciona dos ejemplos: La

Bibliothèque de Campagne dedicada al “solaz de la mente y del corazón”

impresa entre la primera mitad y la segunda mitad del siglo XVIII, y más atrás la célebre Bibliothèque Bleue de Troyes fundada por Nicolas Oudot quien difundió en casi todas las zonas rurales de Francia “la llamada ‘literatura de colportage’ (de colporteur= vendedor ambulante), pródigo en almanaques y calendarios, obritas religiosas y de ciencias ocultas, manuales prácticos, cuentos y relatos” (18-19).

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