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CHAPTER 2: CONCEPTUAL FRAMEWORKS FOR ANALYSING POWER AND

2.3. Frameworks for analyzing natural resource governance

2.3.2. Analysing power using ‘Power Cube’ framework

En el curso de Hermenéutica de la Facticidad podemos imaginar a Heidegger diciéndole a los alumnos: “El Dasein no es ninguna cosa, como un pedazo de madera; no es algo así como una planta; tampoco consiste en vivencias; menos todavía el sujeto (Yo) en relación con el objeto (No-Yo)”187. Uno puede explicar esto de muchos modos, acudiendo a la distinción entre Dasein, animales y piedras188. También, más claramente, apuntando a la indeterminación del Dasein: no hay un principio, ni un conjunto de propiedades que, de manera plena y total, expliquen el fenómeno de la existencia. Nosotros, empero, podríamos explicarlo utilizando la relevancia del en como fenómeno

182 Cfr. infra., 2. (II Parte).

183 Para una breve semblanza que explique el por qué de la importancia del espacio, incluso en detrimento

de la temporalidad, la conferencia de 1964 en la Galerie im Erker, la cual fue impartida por Heidegger (El

arte y el espacio, trad. Jesús Adrián, Barcelona, Herder, 2009).

184 Cfr. GA 63, p. 41.

185 Damos buena cuenta de ello más adelante [Cfr. infra., nota 252; 5 y 7 (II Parte)].

186 Nota bene: el en es la condición de posibilidad de que el ente salga al encuentro y, a partir de ahí, se

comprenda. Por tanto, no es su causa, ni efecto, ni principio creador, ni nada semejante. Además, luego se verá con qué necesidad, a fin de su intelección completa y fenomenológica, este en debe ser integrado dentro de la estructura unitaria ser-en-el-mundo [Cfr. infra., 3 (II Parte)].

187 Cfr. GA 63, p. 47: Das Dasein ist keine Sache wie ein Stück Holz; nicht so etwas wie eine Pflanze; es

besteht auch nicht aus Erlebnissen, noch weniger ist es das Subjekt (Ich) gegenüber dem Objekt (nicht Ich).

que describe al ser del Dasein: el comportarse. En este sentido, el Dasein no es un objeto porque no puede ser objetivado, puesto-ahí como sí son puestas, a saber, las propiedades de una piedra o el teorema de Pitágoras. Ciertamente, es el comportarse, entendido como en, lo que hace que el existente no pueda ser objetivado. Esto tiene diversas consecuencias: primera, aceptar nuestra indeterminación189. De este modo,

cuando intentamos hacer ciencia sobre el ser humano, ciencias humanas, tenemos que aceptar la inconcreción, la ambigüedad, producto de esa indeterminación190; segunda, a

contracorriente con la actitud científica, basada en la determinación de lo que aparece, si partimos de este en, tenemos que intentar no abolir el principio abierto de lo indeterminado, luchando con nuestra tendencia natural a la reificación y objetivación; y tercera, si nuestra tarea radica en pensarnos a nosotros mismos, y si de verdad apuntamos filosóficamente hacia ello, antes es menester aclarar el suelo, el cómo, que nos soporta, es decir, no podemos pensarnos a nosotros mismos si antes no hemos podido comprender el modo cómo las cosas comparecen, se nos dan. Esta es la razón de que Heidegger, hermenéuticamente, siga actuando como fenomenológo. ¿Qué queremos decir con la tercera consecuencia realmente, en relación con el curso de 1923? Heidegger lo manifiesta, mediante una pregunta: “¿Qué carácter de ser del Dasein se muestra en estos modos de tenerse a sí mismo?”191.

Ya, a esta altura de la meditación, tiene que verse claro. Heidegger va a pensar que lo que tiene al Dasein son los modos en los que éste se “referencia a” [Bezugs auf- erhält] las cosas, en honor a su carácter comprensor192. ¿Es que, de verdad, no estamos ante una declaración, sincera y honesta por parte de Heidegger, la cual nos dice que si no podemos acceder a los modos de referencia que nos sostienen, y emplazan, -lo que mienta, en cada caso, la estructura relacional en- no conseguiremos proseguir la tarea hermenéutica-fenomenológica de poner al descubierto la estructura de nuestra existencia? ¿No es esta tarea la máxima para la filosofía?193

189 Indeterminanción que, en el horizonte existencial, se puede llamar mortalidad, derivada de la relación

que el “ser-para(vuelto-a)-la-muerte” [seim-zum-Tode] deja patente [Cfr. infra., 9 (II Parte)].

190 Heidegger entiende esta indeterminación en tanto “peculiaridad” [Eigentümlichkeit] (Cfr. GA 63, p.

48).

191 Ibíd., p. 49:Welcher Seinscharakter des Daseins zeigt sich in diesen Weisen des Sichselbsthabens? 192 Obviaremos, en este parte de la investigación doctoral, la manera en la que el ser/estar-en-referencia-a

se despliega a lo largo del pensamiento heideggeriano, por sobre su relación en tanto horizonte de tiempo [Cfr. GA 63, p. 51; infra., 11 (II Parte)].

193 La más excelsa meta, para Heidegger, será la de dar cuenta del ser como horizonte a partir del cual

toda referencia al ente es posible. Hemos desarrollado esta cuestión más adelante [Cfr. infra., 14. (II Parte)].

Es justo ahora cuando Heidegger va a parar mientes en el aparecer de los objetos. Desde la consideración, implícitamente dada, de que si no conocemos las cosas en la que estamos, no podremos conocernos a nosotros mismos, va a emprender un análisis pormenorizado de la forma cómo el Dasein hace referencia a las cosas. Las cosas aparecen-en el Dasein bajo 3 modos de aceptación: en el “demorarse-en” [Verweilen-bei], en el “haber-pasado” [Vergangensein] y en el “haber-sido” [Gewesensein]. Estas 3 formas de presentarse las cosas en el Dasein, como se ve palmariamente, están intricadas por un sentido temporal, sobre todo, si consideramos que el modo preeminente del aparecer de las cosas es el de la “presencia”194 [Anwesen],

en el amparo comprensivo de un “haber-previo” [Vorhabe]. De suerte para nosotros que, en el mismo pensar de Heidegger, encontremos una dualidad, pues no es lo mismo pensar el “adónde” [wohinem] que el “poner algo en su sitio” [Wegstellen]. El horizonte temporal, que sirve como telos al modo cómo el Dasein se tiene en su en, viene marcado por el kairós195, el momento oportuno, propicio, en el que, obligatoriamente, el Dasein tiene que ejecutar su propia realización por cuanto existe: “… lo temporal aquello de lo que el ordenar toma su punto de partida, punto de partida de la asignación de lugares en una tarea de clasificación”196.De este modo, la creación de “lugar” [Ort], básicamente la tarea espacial del Dasein197, parece estar subordinada a la temporalidad, pues es el tiempo, como también se verá en el opus magnum, el que pone y dispone las presencias, los fenómenos, a su antojo198. Para nosotros, en cambio, y por el momento, no nos interesa esta consideración temporal sobre la asignación del lugar. Qusieramos, empero, pensar el adónde, antes de poner cada cosa en su lugar. Este adónde no necesariamente ha de estar soslayado por el horizonte temporal, que todo Dasein soporta en tanto ente finito. El adónde hace referencia, precisamente, al modo primario cómo el Dasein vive en su mundo, junto a las costumbres de su tierra, en la forma cómo conduce su automóvil o, cada día, para ir a la universidad, escuchando su Mp3. Este primario comportarse del Dasein no tiene por qué estar orientado, en exclusividad, al

194 Cfr. infra., 14. (II Parte).

195 Cfr. Garrido-Periñán, J.J., “La experiencia de la religiosiad: caminos fenomenológicos en busca de la

mismidad de Dasein. Heidegger y la fenomenología de la religión”, en: Revista Portuguesa de Filosofía 73, 2017, pp. 533-556.

196 GA 63, p. 59:Das Zeitliche...von dem aus das Ordnen seinen Ausgang nimmt, den Ausgang für ein

Hineinbestimmen in einen Ordnungszusammenhang.

197 Cfr. infra., 2. (II Parte).

198 Si seguimos las derivas del propio pensar heideggeriano, comprenderemos cómo la historia del ser no

es más que la supremacía del “acontecimiento apropiador” [Ereignis], marcado por diferentes épocas, que el Dasein debe acatar. Por eso, una hermenéutica de la facticidad, desde este horizonte de la historia del ser, es cada vez menos importante.

horizonte de temporal de la resolución199. Prueba de esa contigencia hacia la resolución es la aceptación por parte de Heidegger de la caída, salvo que en 1923 utiliza otra fórmula: “la vida” que se halla “atrapada” [eingefangen] en ella200. La tarea

heideggeriana es la de ganar una “proximidad de la vida”201 [Lebensnähe]. Entonces,

podríamos preguntar: ¿podemos ganar una proximidad de la vida sin recurrir al ámbito destinal de la resolución? ¿no es verdad que, para asignar, ordenar, un lugar, antes, tendríamos que alejar-acercar las cosas, ganar una visión de su cómo del aparecer? ¿es que no es cierto que la tarea de des-alejar y dirrecionar es un modo ontológico, y espacial, que de suyo le pertenece al Dasein?202 No es una equivocación entender el

proyecto fenomenológico heideggeriano que, además, requiere una hermenéutica que desentraña lo alienado, en vistas al cumplimiento de una tarea precisa: revitalizar ese adónde que ha quedado atrapado, menoscabado, ora por la excesiva tendencia objetiva203 que el Dasein retiene en su modus vivendi, ora por una cotidianidad que embarga al Dasein en la huida de la pregunta escrutadora por su sí mismo.

Nuestra interpretación, en su énfasis continuo por entender fenomenológicamente el en, sostenedor del Dasein, es sumamente propedéutica, por cuanto se posiciona en un ámbito previo a la resolución existencial y ontológica, relativa a la temporalidad, intentando dejar claro que antes de la decisión propicia, asignada al momento oportuno de una resolución, es menester poner al descubierto los elementos vertebradores en los que el Dasein, a diario, vive. Por tanto, el en puede entenderse como “maneras de existir” [Weisen zu existieren], a través de la cuales es posible un encuentro con su “mismidad” [Selbstheit], pudiendo, ahora sí, ganar un ámbito de propiedad, a fin de “tomar posesión de sí [selbst Besitz bringt], y “asegurarse a sí mismo”204 [sich selbst sichert]. Esta es la razón de que se requiera una

fenomenología del en, es decir, una pre-fenomenología de la resolución, una resolución que, por los menos hasta 1930, será el paladín del pensar heideggeriano y el motto que mueva toda la obra de Ser y Tiempo. Y es que el Dasein, antes de ser un “ser-

199 Aunque, como se echa de ver en la II Parte de esta meditación doctoral, lo estará, por cuanto remite a

una forma de constitución de la mismidad de este ente [Cfr. infra., 11. (II Parte)].

200 Cfr. GA 30, p. 64 201 Ibíd.

202 Cfr. infra., 2. (II Parte). 203 Cfr. GA 63, p. 64. 204 Cfr. GA 63, p. 65

para(vuelto-a)-la-muerte [sein-zum-Tode], es un modo de “tenerse-ahí”205 [sich-da- Habens].