• No results found

Analysis of the concept of development in higher education

CHAPTER I: ORIENTATION TO THE RESEARCH

CHAPTER 3: DISCOURSES ON CULTURE AS DEVELOPMENT

3.6 HIGHER EDUCATION AND DEVELOPMENT

3.6.2 Analysis of the concept of development in higher education

En su ya citada intervención en Angola, Luis Favre afirmó, en respuesta a un camarada que había sostenido la necesidad de denunciar todas las medidas del gobierno de Mitterrand: “Por ejemplo,

si el gobierno decide que a todos los obreros despedidos de Boussac-Saint Freres les va a pagar el salario de setiembre, nosotros decimos, ‘está bien, pelo no es suficiente porque no hay una garantía de empleo’. Los camaradas [se refiere a nosotros] dirían otra cosa: ‘Está mal, no hay que cobrar, eso es incorrecto’. Ahora, ¿qué obrero entendería tal cosa?” (Actas grabadas.

Donde dice “cobrar”, Favre dice “pagar” en la grabación original, pero suponemos que se trata de un error involuntario).

Esto es el reverso exacto de nuestra verdadera posición, expresada en el artículo de Miguel Capa en Correspondencia Internacional N’ 13: “Las medidas ‘progresivas’ de un gobierno burgués,

sea frentepopulista o no, nosotros las utilizamos; nunca las apoyamos. Y las defendemos cuando son atacadas”.

Aplicando esta posición al caso de Bousiac-Saint Freres, tenemos una posición que no es la oportunista-revisionista de Favre, ni la ultraizquierdista que él nos atribuye, sino la siguiente: “El gobierno nos da este sueldo para que no luchemos por la garantía de empleo permanente; bajo este gobierno el número de desempleados aumenta constantemente. Por eso, cobremos ese sueldo para poder seguir la lucha, única garantía de que el gobierno no nos deje sin empleo como ha hecho ya con cientos de miles de compañeros en todo el país.” Creemos que cualquier obrero entendería ésta, nuestra verdadera posición, perfectamente bien.

La posición de Favre, de apoyar este “primer paso” del gobierno, es totalmente oportunista porque fomenta la confianza de la clase obrera en el gobierno, conspirando con ello contra la única manera de conquistar el empleo permanente: la movilización de los obreros. La diferencia entre el oportunismo y el trotskismo es exactamente la que expresa Favre. Los oportunistas de la

OCI dicen que lo que hace el gobierno “está bien”. Con ello desmovilizan a la clase, haciéndole pensar que el gobierno actúa en su favor.

Los trotskistas queremos inculcarle a la clase obrera que el gobierno es su máximo enemigo político, y que si le hace alguna concesión es con el fin de engañar y desmovilizarla. Por eso rechazamos o denunciamos la medida de la siguiente manera: “El gobierno nos ofrece el sueldo para setiembre y el hambre para después. Si no es así, que nos lo demuestre: que no nos eche a nosotros sino a los patronos; que nos deje el control de la fábrica para garantizar que no habrá un solo despido. Pero desde ya alertamos: no hará nada de eso, porque es un gobierno de acuerdo entre un sector de la burguesía y los partidos obreros traidores. Por eso, debemos cobrar ese sueldo y acto seguido ocupar la fábrica y apelar a la solidaridad del movimiento obrero. Caso contrario, nos pagarán setiembre y quizás octubre, pero después quedaremos desempleados y en la miseria.”

En otra parte de su intervención, Favre dice: “Los sectores auxiliares [de la enseñanza] lucharon siempre por la titularización; ese año, ‘como en todos los otros, pidieron que el gobierno les garantizara empleo. El gobierno hizo una declaración diciendo que garantizaría el empleo. A nosotros nos pareció que era un primer paso para la satisfacción de las

reivindicaciones. Ahora el gobierno declaró que no tiene puestos para todos, y dijo que los que

no van a trabajar van a recibir de cualquier manera un salario. Y nosotros, no contentos con eso -imagínense cómo estaban los profesores auxiliares, iban a recibir salario sin trabajar-, reivindicamos que se dividiesen las clases con hasta 25 alumnos, y que todos pudieran así trabajar. Lanzamos todo un combate para Imponer las reivindicaciones. El camarada [nuevamente, el que coincide con nuestras posiciones] tendría que decir: “Tenemos que denunciar al gobierno por esta medida, de decidir pagar los salarios a los profesores auxiliares a pesar de no trabajar” (Acta grabada).

Efectivamente, creemos que habría que denunciar al gobierno, por no cumplir con sus

promesas. Según Favre “El gobierno hizo una declaración diciendo que garantizaría el empleo

(...) Ahora el gobierno declaró que no tiene puestos para todos, y dijo que los que no van a trabajar van a recibir de cualquier manera un salario.” Entonces, según él, los maestros están

contentísimos y la OCI les dice que esa alegría está muy bien, que se ha dado “un primer paso , y que tenemos tiempo para negociar la distribución de 25 alumnos por clase para que haya trabajo para todos.

Los trotskistas decimos: “El gobierno nos prometió trabajo, y desde luego no cumplió porque es un gobierno burgués donde participan el PS y el PC, los partidos que nos han traicionado. Ahora, para contentarnos, nos ofrece un sueldo gratuito. Pero nosotros no queremos limosnas: no queremos ser desocupados a sueldo sino trabajadores a sueldo. Lo que el gobierno quiere es desmoralizamos y dividirnos; así, cuando resuelva suspender nuestro sueldo gratuito, no tendremos manera de luchar. Por eso, debemos cobrar ese sueldo pero sin suspender por un instante nuestra lucha por el pleno empleo”.

Y a continuación propondríamos medidas concretas y consignas transicionales que le den a era lucha una perspectiva revolucionaria, por ejemplo:

“Bajo el gobierno de Giscard se cerraron miles de escuelas públicas. Nosotros debemos reabrirías, ocuparlas, y realizar un congreso de maestros para distribuirnos el trabajo disponible.

Al mismo tiempo, debemos exigir que el presupuesto escolar sea administrado por los maestros y el movimiento obrero. De esta manera habrá trabajo para todos los maestros y profesores nuevos, a medida que concluyan sus estudios”. Este es un programa de transición para movilizar a los maestros contra su patrón, el gobierno.

El programa de Favre, en cambio, es cómplice de la maniobra del gobierno; destinada a ganarse la confianza de los maestros, desmovilizarlos, lumpenizarlos y finalmente quitarles la limosna cuando ya no estén en condiciones de luchar.

Nuestra posición de ninguna manera implica que los maestros no deben cobrar el sueldo, sino todo lo contrario: deben cobrarlo y además exigir que re dé igual trato a todo maestro o profesor recién recibido, mientras sigue la lucha por el empleo.