CHAPTER I: ORIENTATION TO THE RESEARCH
CHAPTER 3: DISCOURSES ON CULTURE AS DEVELOPMENT
3.9 MEANINGS OF CULTURE AS DEVELOPMENT
3.9.1 Constructing meanings of culture as development
3.9.1.3 Human development
La OCI y sus discípulos del POSI español tienen una política con la cual concordamos plenamente en cuanto a los principios (aunque discrepamos en cuanto a su aplicación táctica). Es la política de rechazar todas las medidas del gobierno Juan Carlos-Suárez, por «progresivas» que parezcan. Las medidas de ese gobierno han sido veinte veces más «progresivas» que las de Mitterrand-Mauroy. Basta mencionar una: el derecho a voto para todos los españoles y la legalidad para los partidos y sindicatos obreros. La OCI jamás declaró su apoyo a tales medidas/ pasos y con justa razón, porque signifi caba apoyar la política de conjunto de la monarquía para salvar la esencial del aparato estatal franquista modifi cando algunos aspectos secundarios. En otras palabras, para la OCI y el POSI apoyar una medida/paso del gobierno Juan Carlos-Suárez equivale a brindarle medios para fortalecer su política de conjunto. Nosotros consideramos que esta política correctísima es la que deben aplicar los partidos revolucionarios frente a todos los gobiernos burgueses, del tipo que sean.
La OCI no piensa lo mismo. Así como rechaza las medidas de Juan Carlos, considera su deber apoyar los «pasos progresivos» de Mitterrand, infi nitamente más mezquinos que los de aquél, y con ello proporcionarle los medios al gobierno frentepopulista francés para que engañe a los trabajadores.
31 nuevo gobierno burgués.
El Socialist Workers Party de Estados Unidos caracterizó al GRN directamente como obrero y campesino. En cambio Mandel, fi el discípulo de Pablo, lo caracterizó correctamente como burgués, pero sostuvo que era necesario apoyarlo. Llevó esta política hasta el grado de apoyar al gobierno en sus actos de represión a los combatientes internacionalistas de la Brigada Simón Bolívar, creada por impulso de la Fracción Bolchevique y entre los cuales había muchos camaradas trotskistas.
En esto, Mandel fue consecuente con su política de años, de apoyar a los grupos guerrilleros latinoamericanos y por vía de ellos al castrismo. Con su política en Nicaragua, Mandel aplicó la teoría de los campos: apoyó al «campo progresivo» del gobierno burgués contrarrevolucionario formado por el FSLN inclusive contra los revolucionarios trotskistas.
7. Las razones de una capitulación
Hemos visto cómo en todas las etapas abiertas por grandes triunfos del movimiento obrero, un sector del marxismo revolucionario, formando un bloque con corrientes oportunistas, cae en la capitulación al frentepopulismo apoyándose en la teoría de los «campos». La víctima más reciente de este fenómeno es la dirección de la OCI, los mismos camaradas que defendieron a nuestra Internacional de la liquidación pablista.
Que unos camaradas con semejante trayectoria hayan capitulado al frentepopulismo, como ha ocurrido con otros revolucionarios en la historia, requiere una explicación marxista, es decir, de clase.
Al llegar al poder un gobierno frentepopulista, se suscitan entre las masas, principalmente sus sectores más atrasados, ilusiones de que dicho gobierno puede resolver sus problemas (desocupación, carestía de la vida, etc.). Esas falsas esperanzas ejercen una tremenda presión sobre los partidos que militan en el movimiento obrero. Es así como en las fábricas, ofi cinas, universidades, el servicio militar, etc., los militantes están rodeados por compañeros que confían en el gobierno. Esos militantes empiezan a plantearse: «Después de todo, ¡no será verdad? El gobierno frentepopulista, ¡no será mejor de lo que creíamos, o de lo que nos enseñó Trotsky? En todo caso, démosle un plazo al gobierno para ver qué hace.»
Sobre la dirección del partido revolucionario se ejerce otra presión, todavía más fuerte y peligrosa. Más fuerte, porque no proviene de las masas atrasadas, que se desengañarán rápidamente ante las inevitables traiciones del gobierno burgués, sino de los cuadros de dirección de los partidos obreros contrarrevolucionarios, los más interesados en mantener el gobierno frentepopulista en el poder, ya que forman parte del mismo.
Nuestros cuadros y dirigentes tienen estrechas relaciones (que pueden ser confl ictivas, pero no por ello menos estrechas) con los cuadros y dirigentes de los partidos oportunistas, porque están en las mismas organizaciones y sindicatos obreros. Cuando llega un gobierno frentepopulista al poder, los dirigentes traidores se vuelven funcionarios estatales o adquieren gran infl uencia en el aparato estatal. Aprovechan esa situación para «ofrecer sus buenos servicios» a nuestros dirigentes, hacerles creer que, con una política paciente y astuta, se pueden satisfacer gradualmente todas las reivindicaciones bajo el nuevo gobierno. El nuevo gobierno, dicen, es comprensivo hacia la izquierda revolucionaria, ea casi amistoso con ella. Si la izquierda revolucionada no lo cree así, que pida una entrevista con el ministro tal, el secretario de estado cual o con el propio presidente, y ya van a ver cómo los reciben y responden a sus pedidos.
Por eso, el verdadero enemigo no es el gobierno sino los burgueses y sobre todo los grandes monopolios.
Ningún verdadero partido revolucionario es inmune a estas presiones. Un partido «trotskista» que en un período de gobierno frentepopulista no sufra grandes luchas internas, no es un partido sino, en el mejor de los casos, una secta cristalizada, aislada de las masas y sus organizaciones. Si es un partido inserto en el movimiento de masas -aunque sea muy minoritario- un sector de su dirección cederá ante las presiones de sus «amigos reformistas», con argumentos del tipo, «no debemos aislarnos de las masas» o «es necesario combatir las ilusiones en el terreno de las ilusiones», y terminará capitulando al frentepopulismo.
Esto es prácticamente lo mismo que decía Trotsky, en su carta ya citada, para explicar las razones de la capitulación de Molinier y Frank. La OCI está sufriendo ahora las mismas presiones, y está recorriendo el mismo camino que los fundadores de La Commune.
del proletariado con las masas pequeñoburguesas, en oposición a los acuerdos parlamentarios con los explotadores radicales de la pequeño burguesía, sobre la base de un programa revolucionario, es decir, la conquista del poder por el proletariado y una revolución en las relaciones de propiedad en bien de los intereses de todos los trabajadores. El ‹Frente Popular› como coalición con la burguesía, es un freno para la revolución y una válvula de seguridad para el imperialismo».
Y la tesis 10 insiste: «El primer paso hacia una alianza con la pequeña burguesía es la ruptura del bloque con los radicales burgueses en Francia y España, el bloque con los católicos y liberales en Bélgica etc. Es necesario explicar esta verdad, sobre la base de la experiencia a todo obrero socialista y comunista. Esta es la tarea central del momento. En la etapa actual, la lucha contra el reformismo y el stalinismo es principalmente una lucha contra el bloque con la burguesía. ¡Por la unidad honesta de los trabajadores, contra la unidad deshonesta con los explotadores! ¡Fuere la burguesía del Frente Popular! ¡Abajo los ministros capitalistas!» (Documents of the Fourth International, pp. 87).
Tanto en Francia como en España, donde existían gobiernos de Frente Popular, la «tarea central del momento» para Trotsky era la revolución proletaria y la conquista del poder. Esto es lógico, si tenemos en cuenta que la etapa del gobierno frentepopulista corresponde a un debilitamiento del poder burgués y al mismo tiempo a un momento en que el proletariado tiene aspiraciones anticapitalistas y socialistas. Es la etapa en que la crisis revolucionaria está a la orden del día, y por ello es necesario desarrollar las aspiraciones y necesidades del proletariado y las masas hacia un objetivo único: el derrocamiento del gobierno y la conquista del poder. Cuando la OCI afi rma que el objetivo de derrocar al gobierno frentepopulista es «absurdo» nos da, en medio de la maraña de razones falsas, la verdadera razón para no levantar consignas de gobierno: la OCI apoya al gobierno burgués Y en esto coinciden plenamente Lambert y Pablo.
1. Cómo se expresa el apoyo al gobierno
Aclaramos en primer término que no estamos comparando las respectivas trayectorias de Lambert y Pablo, que son antinómicas. Afi rmamos que, en este punto preciso de apoyo al gobierno burgués de Mitterrand, existe una identidad esencial entre ellos.
Ya hemos citado los pasajes esenciales de los documentos de uno y otro donde expresan su apoyo a las medidas (o pasos) progresivos del gobierno. La OCI afi rma que «apoyará todo paso que dé el gobierno en este sentido» (Se refi ere a las nacionalizaciones anunciadas por Mauroy) y agrega que «será siempre desde el mismo ángulo que deberemos abordar» prácticamente todos los problemas más sentidos del proletariado
La Traición de la OCI Nahuel Moreno
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decir, confían en él.
Las anteriores razones, todas de índole táctica, podrían hacernos pensar que al cambiar las circunstancias (por ejemplo, que las masas dejen de confi ar en el gobierno) la OCI empezará a levantar consignas de gobierno. Pero el Proyecto de informe político esgrime una razón adicional, de tipo teórico, donde nos dice de hecho que jamás levantara una consigna de gobierno mientras el frente popular siga allí.
«Sería absurdo asignarles a los trabajadores el objetivo de derrocar al gobierno. La línea que debemos desarrollar es la de ruptura con la burguesía» (op. cit., p. 7).
En primer lugar, no entendemos cómo se puede romper con la burguesía sin romper con el gobierno burgués. Pero lo más grave es que aquí se abandona por completo el eje del Programa de Transición:
«Es preciso ayudar a las masas, en el proceso de la lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus actuales reivindicaciones y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, que partiendo de las condiciones actuales y de la actual conciencia de las amplias capas obreras, conduzcan a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado» (pág. 10).
Trotsky Insiste en lo mismo a !o largo del documento: «El viejo ‹programa mínimo› es constantemente superado por el programa de transición, cuya tarea consiste en la movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria» (op. cit., pp. 11-12).
«Sobre la base de esta lucha por los salarios y contra la desocupación] (....) los obreros comprenderán mejor la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista» (op. cit., p. 13).
«La estatización de los bancos sólo dará resultados favorables si el poder estatal mismo pasa de manos de los explotadores a manos de los trabajadores» (op. cit., p. 21).
Y en síntesis: «Cada una de las demandas transitorias debe conducir, por consiguiente, a una única conclusión política: los trabajadores necesitan romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer, junto con los campesinos, su propio poder» (op. cit., pp. 35). Entonces, el objetivo de derrocar al gobierno hurgues no sólo no es «absurdo», sino que debe ser la «única conclusión política» de cada consigna que levantamos.
Este es el programa más general del trotskismo, pero ¿que sucede bajo el gobierno del frente popular? En julio de 1936, la Preconferencia Internacional de la Cuarta Internacional aprobó el documento «El nuevo
ascenso revolucionario y las tareas de la IV Internacional», referido
a la situación de Bélgica, Francia y España, países estos últimos donde gobernaban frentes populares.
La tesis 9 afi rma: «Sólo puede haber una unión seria, profunda y duradera
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