ZARRO
A fines de 1524, partió Pizarro en un navío del puerto de Panamá con cien soldados y algunos perros de guerra. El barco se internó en el Mar del Sur, llegando hasta el
Puerto de Piñas, donde todos desembarcaron, solo
encontraron montañas y árboles.
Días después, siempre siguiendo la costa, se descubrió el primer pueblo de indios. Volvió a desembarcar Pizarro con sus hombres, pero los naturales habían abandonado la aldea, huyendo presurosamente al monte con sus mujeres e hijos. En su fuga dejaron una olla con restos humanos, lo que hizo ver que estaban en un poblado de antropófagos. Lo llamaron Puerto del Hambre.
El último punto en el que desembarcó Pizarro fue el
Fortín del Cacique de las Piedras. Hallaron el lugar
abandonado y sin nada de comer. Pero esa misma noche estando dormidos los soldados los indios atacaron y cayeron por sorpresa sobre los españoles. Pizarro dirigió personalmente la defensa, pero no logró frenar la furia de los indios. Resultaron siete heridos de sangre y algunos soldados lo arrastraron para evitar que cayera prisionero. Cerca de veinte soldados fueron heridos con lanzadas en
la cabeza y flechazos en el cuello. Los españoles tuvieron que retirarse a su navío, el que se alejó presuroso de la costa.
Francisco Pizarro retrocedió a la playa de Chochama cerca de Panamá, dispuesto a esperar a Almagro. Este llegó con otro barco algún tiempo después. Había navegado con soldados de refresco hacia el sur, buscando a su compañero, pero no lo había podido encontrar. Sin embargo encontró al belicoso Cacique de las Piedras y sus indios, con experiencia en la lucha con hombres blancos, les salieron al encuentro los derrotaron y le quebraron a Almagro un ojo de un flechazo. Iracundo incendió el Fortín, por lo que tomó el nombre de Pueblo Quemado. Posteriormente con sus heridas abiertas, los dos amigos se abrazaron en la playa de Chochama, punto donde terminó el primer viaje.
II. SEGUNDO VIAJE DE FRNCISCO PIZA-
RRO (1526–1527)
Pizarro y sus hombres partieron de Chochama y llegaron al río San Juan, donde desembarcaron dispuestos a explorar el interior. Mientras tanto el piloto Bartolomé Ruiz por orden de Pizarro, pasó a reconocer las costas. En su camino hizo un importante hallazgo: una balsa
con comerciantes de origen tallán procedentes de una ciudad a la que llamaban Tumbes. Tres de ellos
se unieron a la expedición: eran Fernandillo, Felipillo y Francisquillo. Así mismo, durante su recorrido Ruiz había cruzado de norte a sur, por el Pacífico, la línea ecuatorial.
Partieron nuevamente hacia el sur y bajaron a tierra en la bahía de San Mateo desde donde continuaron a pie, atravesando las tierras de los Barbacoas y Atacames. Cansados de las duras jornadas, de los encuentros con los indios, los hombres de la expedición exigieron a Pizarro retornar a Panamá. Avanzaron todavía hasta el río Tempula, bautizado por los españoles como Santiago y reembarcaron. El nuevo destino fue una isla a la que se ha dado el nombre de isla del Gallo. Una vez allí y casi en secreto, Almagro abandonó la isla para regresar a Panamá y traer nuevos hombres de refuerzo. Maña se dieron algunos descontentos para remitir una nota al gobernador de la capital del Darién. La nota fue envuelta en un ovillo de algodón. Ella decía:
Pues señor gobernador, Miradlo bien por entero, Que allá va el recogedor Y aquí queda el carnicero
Gobernaba Panamá por entonces Pedro de los Ríos, en reemplazo de Pedrarias Dávila. Preocupado por la suerte de estos hombres de los Ríos remitió a Juan Tafur, quien, una vez en la isla, conminó a Pizarro a retornar a Panamá. Como no estaba dispuesto a ver el fracaso de su empresa, Pizarro instó a sus hombres a no echarse atrás y trazando con su espada una raya en la arena les dio a elegir: regresar a Panamá, a la vergüenza y la pobreza o cruzar la raya y continuar con él hacia el sur donde les esperaba la honra y la riqueza. Trece hombres decidieron acompañarlo. Son conocidos como los Trece del Gallo.
Tafur trasladó a los trece a la isla de la Gorgona, donde había más alimentos. Allí esperaron muchos meses hasta que un día avistaron la nave del buen Ruiz que retornaba en su búsqueda. Pizarro ordenó continuar la marcha hacia el sur. Tiempo después avistaron una ciudad, la que supieron era Tumbes. Aparecía amurallada y les traía un vago recuerdo de Valencia, por eso la bautizaron como Nueva Valencia de la Mar del Sur. Los amistosos nativos los invitaron a bajar. Se ofreció Antonio de Molina, quien regresó entusiasmado. Lo siguió Pedro de Candia, el griego. Pero había que continuar. Así, siguieron navegando hasta que avistaron la desembocadura de un río, al que, después sabrían, los nativos llamaban Saucha y los españoles llamarían Santa. Al fondo se podía apreciar una cordillera a la que nombraron Sierra Morena. Hoy se le conoce como Cordillera Negra. Llegados a este punto decidieron retornar a Panamá.
III. CAPITULACIÓN DE TOLEDO (1529)
Pizarro, desde Panamá, partió rumbo a España llevando, como era costumbre, pruebas de su hallazgo a fin de interesar al rey Carlos I de España (o Carlos V, emperador de Alemania) con tres indígenas, algunos camélidos, oro, cerámica, etc.Luego de varios inconvenientes que fue arreglando a través de una compleja red de influencias, pudo por fin entrevistarse con los miembros del Real Consejo de Indias en la ciudad de Toledo. Después de escuchar los argumentos del conquistador y de examinar por lo que había llevado, los consejeros recomendaron la firma de los acuerdos acostumbrados en varias capitulaciones; la más importante se suscribió el 26 de julio de 1529. Todas ellas las firmó la emperatriz Isabel, esposa de Carlos V. Las condiciones que se establecieron en la capitulación de Toledo, fueron las siguientes:
1. Da a Pizarro el privilegio del descubrimiento y conquista de toda la región comprendida entre el Río
TEMPULA o SANTIAGO (Ecuador) y las 200 leguas
al sur de este punto.
2. Le da los títulos de GOBERNADOR de NUEVA
CASTILLA (Perú), Capitán General, Alguacil Mayor y
Adelantado, y derecho a percibir un elevado sueldo. 3. Concede a Almagro la Gobernación de la Fortaleza
de Tumbes, se le asciende a la categoría de hidalgo
y se le da el derecho a cobrar un sueldo menor al de Pizarro.
4. Hernando de Luque recibe el Obispado de Tumbes
y el título de Protector de los indios.
5. A los hidalgos de la hueste de la isla del Gallo se les nombra Caballeros de la Espuela Dorada. 6. A los no hidalgos se les concede dicho grado. 7. A Bartolomé Ruíz se le nombró Piloto Mayor de la
Mar del Sur.
Luego de firmada la capitulación, Pizarro invita a participar en la conquista a sus tres hermanos: Hernando, Gonzalo, Juan Pizarro y a Martín de Alcántara y con ellos retorna a América.
IV. EL TERCER VIAJE DE FRANCISCO PI-
ZARRO (1531–1532)
Conseguidas las capitulaciones que le aseguraban a Pizarro privilegios para explorar y conquistar la tierra, partieron de
Panamá en los primeros meses de 1531. Conducidos por
el piloto Ruiz llegaron a la Bahía de San Mateo, de donde siguieron a pie atravesando los poblados de Atacames y Cancebí hasta llegar a la península de Coaque. Allí muchos hombres fueron atacados por la enfermedad de la verruga que los desfiguró terriblemente. En esas circunstancias arribó, procedente de Nicaragua, el capitán Sebastián de Benalcazar quien se incorporó a la hueste. Llegados a Puerto Viejo, el curaca de la Puná los invitó a visitar su isla. Poco duró la amistad, pues terminaron levantándose contra los españoles. La llegada providencial del capitán Hernando de Soto, futuro descubridor del Mississipi, les permitió liquidar el movimiento. Continuaron hacia Tumbes a la que encontraron destruida. Allí los nativos atacaron a los expedicionarios matando cruelmente a tres de los hombres. Pero había que continuar. Tiempo después encontraron la amistad del curaca de Poechos, llamada Maizavilca, quien los acogió. Pero sin saberlo los españoles, durante su estadía un orejón, espía de Atahualpa, seguía todos sus movimientos y pudo informar al Inca que eran simples mortales, pero contaban con armas poderosas, unos extraños animales (los caballos) y perros de guerra. Para Pizarro era tiempo de establecer una población española en el territorio y tras visitar los valles aledaños, optó por fundar la ciudad de San Miguel en el sitio de Tangarará, actualmente la ciudad de Piura. Era el 15 de julio de 1532 y ésta sería la primera ciudad fundada por los españoles en el Perú. Poco después Pizarro partía para el gran encuentro con el Inca en Cajamarca.
V. LA CAPTURA DE CAJAMARCA
Los conquistadores iniciaron su ascenso a la sierra hasta Cajamarca, adonde llegaron el 15 de noviembre. Pizarro ordenó que la hueste se instalara en la ciudad y envió a Hernando de Soto y luego a Hernando Pizarro a visitar al Inca a su campamento de Pultumarca, donde existían unas fuentes termales, e invitarlo a una entrevista. El Inca ofreció chicha a los recién llegados y los amonestó por haber tomado cosas que no les pertenecían. Ante las promesas de amistad que le hicieron los españoles, se dice que Atahualpa les sugirió que fueran a combatir contra un grupo de sus enemigos y, posteriormente, aceptó entrevistarse con Pizarro.
Atahualpa venía en medio de un gran desfile ritual, que incluía gente que iba limpiando el camino, bailarines y músicos que diseñaban un entorno ritual, y otros cerraban el cortejo reordenando el camino. En medio estaban los cargadores de las andas del Inca. Este Inca venía en una litera de oro y llegó al centro de la plaza, donde debió sorprenderse al no ver a nadie que saliera a su encuentro. Al cabo de un momento, se le acercó fray Vicente Valverde, quien había sido encargado de leer al
Inca un documento que los conquistadores llamaban el «requerimiento».
Según lo había dispuesto al rey de España, los conquistadores debían «pedir» o «requerir» a las autoridades nativas que se sometieran voluntaria y pacíficamente a la autoridad del rey y aceptaran que se les enseñara la religión católica. Debían advertirles que, en caso de rechazar esta propuesta, los españoles los someterían por la fuerza. Así, pues, se afirma que el requerimiento que leyó Valverde decía todo eso, además de un resumen de la historia de España y de su monarquía.
Naturalmente, el Inca no había comprendido nada (los traductores no tenían capacidad suficiente) y, en aquella situación de incomunicación radical entre indígenas y españoles, arrojó al suelo la Biblia o el breviario que le alcanzó el sacerdote. Acto seguido, se inició la arremetida de una aguerrida aunque atemorizada hueste contra una numerosísima cantidad de no menos asustados nativos. Victoriosos los primeros, el Inca cayó preso luego de ser derribado de su litera, mientras los cadáveres de los segundos quedaban dando cuenta del sangriento suceso. Los cronistas españoles relatan que Atahualpa insistió en llegar a una alianza con los españoles y que ofreció entregarles oro y plata en cantidad. En aquel juego de equivocaciones, los hispanos entendieron la entrega como un rescate al modo occidental.
Los conquistadores determinaron la muerte del Inca llevados por numerosos motivos entre los que podemos mencionar la situación de inseguridad en la que se sentían, el afán por consolidar su dominio tan rápidamente ganado, el etnocentrismo y la arrogancia.
En efecto, Atahualpa fue ejecutado en Cajamarca el 26 de julio de 1533, acusado formalmente, entre otras cosas, de polígamo, heliólatra, fratricida, hereje de preparar un ataque contra los españoles y de haber ordenado el asesinato de Huáscar.
Inicialmente se condenó a la hoguera pero tras su bautizo, fue sentenciado al garrote.
Tras la muerte de Atahualpa, Pizarro eligió inca a Túpac Huallpa (Toparpa), llamado «inca títere». Luego se dirigieron al Cusco, la capital de Tahuantinsuyo.
Se llama "La resistencia de Vilcabamba" a la presencia de una parte de la élite incaica en esta región del Cuzco que se afincó buscando restablecer la organización incaica. Duró aproximadamente unos 40 años, desde la llegada de los españoles al Perú en 1532 hasta los primeros años de gobierno del virrey Toledo. Esta resistencia guarda relación con la desestructuración del mundo andino y la consolidación del virreinato en territorio peruano. También se debe entender que esta rebelión fue la respuesta de las élites incaicas por recomponer y alcanzar de nuevo su poder valiéndose para ello, no solo de violentos enfrentamientos con los peninsulares, sino que también se valieron de la negociación, el establecimiento de alianzas o la resistencia pacífica, adecuándose al nuevo orden, que tras la conquista española, les tocaba ocupar.
I. MANCO INCA DE ALIADO A REBELDE
Manco Inca (hijo del Inca Huayna Cápac y Mama Runtu),fue quien recibió a Francisco Pizarro cuando arribó al Cuzco en 1533. Al parecer Manco Inca conversó con la hueste española y tras intercambiar algunas palabras convino en acompañarlos en el ingreso al Cuzco. Esta acción se entiende primero, por la necesidad que tenía Manco Inca de tener el control del Cuzco y restablecer el orden quebrantado por la guerra entre Huáscar y Atahualpa, así como eliminar a la fuerza quiteña y por otro lado porque el inca no sospechaba de las verdaderas intenciones políticas de Pizarro.
Manco Inca logró en primera instancia contar con el respaldo de los peninsulares. Apenas ingreso al Cuzco se colocó la Mascaypacha, y con la presencia de la elite incaica y curacas importantes se convirtió en Inca. Sin embargo rápidamente se desilusionaría de sus aliados, pues el nuevo inca paso a ser tratado como una figura decorativa que ya no servía para los intereses peninsulares. Trató de salir dos veces del Cuzco y fue apresado, siendo inclusive encadenado por incumplir su promesa de alianza. Hacia 1535 Manco Inca tomó acciones para la reconquista del Cuzco.
Tras engañar a sus opresores (diciendo que iba a traer las estatuas de los gobernantes cuzqueños), Manco Inca logró salir del Cuzco y organizar el ataque a la ciudad imperial. El Huillac Umu, el miembro más importante del sector religioso del Tahuantinsuyo, estuvo al lado del inca en esta difícil empresa. Los curacas de las poblaciones aledañas y del valle sagrado acudieron al llamado y Manco Inca logró formar un ejército numeroso de aproximadamente 10,000 hombres. Aprovechando la ausencia de Diego de Almagro (que fue junto al Huillac Umu y Paullu, hermano de Manco Inca a Chile) Manco Inca sitió el Cuzco durante nueve meses, asediando constantemente a las fuerzas españolas acantonadas en la ciudad sagrada. Sacsayhuamán fue escenario importante en las batallas del Cuzco y precisamente en uno de estos enfrentamientos murió Juan Pizarro, hermano del conquistador.
Manco Inca trató de impedir que desde Lima Francisco Pizarro enviara refuerzos al Cuzco. Para ello coordino un ataque a Lima y le encargó la misión a Quizo Yupanqui, quien hacia septiembre de 1536 se encontraba en Lunahuaná, a tan solo 150 Km de la ciudad de los Reyes. En Ate y Huarco se libraron batallas entre incas y españoles, llegando los primeros a instalarse en los cerros aledaños a la capital. Alonso de Alvarado logró detener el avance incaico en Pachacamac y Lima. Fueron muchos los indígenas que pelearon al costado de la hueste española. Se sabe que fueron los curacas de Huaylas los que colaboraron con los españoles. Sin embargo es posible explicar esta conducta si es que se tiene en cuenta los vínculos de reciprocidad establecidos entre Francisco Pizarro y los Huaylas, debido a que el conquistador había tenido dos hijos con Ines Huaylas, hija de Huayna Cápac. Finalmente, derrotadas las tropas de Quizo Yupanqui, Manco Inca no pudo evitar que Pizarro enviara contingentes al Cuzco. Junto a ellos Diego de Almagro y su comitiva regresaron a la ciudad imperial y evitaron la caída de las tropas españolas en el Cuzco. Los españoles no dudaron en afirmar que su suerte se la debían a la intervención divina de la Virgen María y de Santiago Apóstol, conocido en España durante las guerras de reconquista como Santiago Matamoros. Aquí se le llamó Santiago Mata indios por la cantidad de indígenas que lograron vencer ya que las tropas españolas en el Cuzco no llegaban ni a doscientos individuos.
Tras estos sucesos Manco Inca y la élite incaica se refugió en Vilcabamba, ciudad incaica a 30 leguas del Cuzco, en la vertiente oriental de los Andes.
A pesar de haber perdido el poder político, su señorío continuó solo en algunas poblaciones aledañas a Vilcabamba.
II. LOS INCAS DE VILCABAMBA
Manco Inca se estableció en Vilcabamba y a pesar de que los españoles conocían su paradero no fueron tras él debido a que se encontraban en guerras intestinas por el control político del territorio y posteriormente por la guerra entre los encomenderos y los representantes de la corona española. Los españoles no le dieron mucha importancia a la presencia de Manco Inca y su hueste pues sabían que su accionar era limitado y su poder de convocatoria había disminuido.
Así pasaron casi 30 años que en este reducto incaico pervivió una parte de la élite incaica. No es posible afirmar que Manco Inca quisiera establecer un nuevo estado a partir de esta ciudad ya que en primer lugar, la elite se encontraba dividida (unos estaban en Cuzco buscando legitimación y otros en Vilcabamba) y segundo, tenía la capacidad de organizar o estructurar las relaciones con los distintos curacazgos, ni siquiera en el ámbito local. Sin embargo prosiguió con su hostigamiento por los