alrededores de la zona de Vilcabamba. Por esta razón Francisco Pizarro mandó fundar San Juan de la Frontera de Huamanga para frenar el ataque de Manco Inca, que por los años 1540 y 1541 acecho los pueblos cercanos. Pizarro buscó un entendimiento con el inca, pero su repentina muerte impidió establecer las buenas relaciones con el hijo de Huayna Cápac.
Vilcabamba no logró volver a tener un control organizado de su hostigamiento o de su resistencia frente a los españoles. Tras la muerte de Manco Inca a manos de un grupo de almagristas a fines de 1544, sus hijos continuaron al frente del reducto de resistencia incaica pero su accionar ya no tuvo la radicalización, ni la fuerza del movimiento que encabezó su padre. Desde los primeros años en que Sayri Túpac tuvo a cargo la resistencia, buscó establecer relaciones con Pedro de la Gasca. Sin embargo el pacificador solo le ofreció unos cuantos terrenos para aquietar sus necesidades. Sayri Túpac prefirió quedarse en su reducto hasta poder lograr un mejor acuerdo. También tuvo contacto con el virrey Andrés Hurtado de Mendoza en 1550 y 1556. Sayri Túpac logró un acuerdo beneficioso en 1558 y salió de Vilcabamba con un repartimiento en el valle de Yucay. Sayri Túpac entendió que debía adecuarse a las nuevas reglas establecidas por los españoles. La elite incaica era reconocida de alguna manera y por ello recibían ventajosos beneficios.
Sayri Túpac murió en 1561 y es su hermano Titu Cusi Yupanqui quien tomó el control de la resistencia incaica. Este nuevo "inca" se declaró enemigo de los intereses españoles, organizando en un primer momento expediciones de hostilización a las poblaciones cercanas a Vilcabamba. Al mismo tiempo se contactó con el gobernador Lope García de Castro, tratando de llegar a algún acuerdo beneficioso para los rebeldes. Firmó la Paz de Acobamba en 1566 y en dicho tratado se ponía fin a las hostilidades y se perdonaban los actos cometidos por los rebeldes. Una de las medidas del la Paz fue el bautizó de Titu Cusi Yupanqui y su familia en 1568, hecho que no fue bien visto por los curacas más radicales. El inca murió repentinamente de una extraña enfermedad. Los misioneros agustinos que lograron entrar tras la capitulación fueron vistos como responsables de la muerte, ya que en su afán de ayudar le dieron brebajes que los andinos pensaron era veneno. El misionero Diego Ortiz fue encontrado culpable siendo torturado y ajusticiado posteriormente. Los españoles y mestizos que se encontraban en Vilcabamba también fueron ajusticiados. La élite buscó un sucesor y fue así que su hermano Túpac Amaru empuñó el cetro y se ciñó la Mascaypacha a comienzos de 1571.
III. MUERTE DE TÚPAC AMARU I Y FIN DE
LA RESISTENCIA
Cuando el virrey Francisco de Toledo asumió el virreinato una de sus primeras acciones es acabar con el reducto de
Vilcabamba. Por su parte, Túpac Amaru cerró las fronteras de Vilcabamba y destruyó el puente de Chuquichaca preparando a su pequeño ejército por si atacan la guarnición. El virrey envió un negociador diplomático justo poco tiempo después de la muerte de Titu Cusi Yupanqui. Atiliano de Anaya, el enviado del virrey, fue visto como espía y muerto a manos de los indígenas rebeldes. Ante esta respuesta el virrey Toledo le declaró la guerra al Inca de Vilcabamba en la semana santa de 1572. El capitán Martín Hurtado de Arbieto y Juan Álvarez Maldonado estuvieron al frente de la expedición, pero fue el capitán García de Loyola quien lo capturó junto a otros miembros de la élite incaica, no sin antes entablar una feroz lucha con los naturales.
Una vez capturado el inca fue enviado al Cuzco, donde ingresó en calidad de preso, pero en medio de una algarabía general en la que incluso participó el mismo virrey.
Sin perder tiempo se le abrió un juicio por la muerte de los sacerdotes agustinos y el negociador Anaya, y el escribano Martín de pando. Túpac Amaru I fue conde- nado a la pena capital junto con otros 5 miembros de la resistencia quechua. Autoridades, miembros del clero y de las órdenes religiosas y los principales vecinos del Cuzco exhortaron al virrey para que se retracte y no ajusticie al inca. El virrey irresoluto no cambió de parecer y ordenó la muerte definitiva del inca. El 22 de junio de 1572 Túpac Amaru fue decapitado en medio del clamor de casi toda la población cuzqueña. Las pompas fúnebres fueron sentidas, inclusive a la misa de honras acudió en riguroso luto el virrey Toledo. Los indígenas y miembros de la élite cuzqueña también se mocharon ante el cuerpo del inca muerto, arrancándose cejas y pestañas siguiendo la usanza andina.
Al inca se le enterró en la catedral del Cuzco pero al ver las autoridades que esto podría causar inconvenientes (pues el cuerpo o momia del inca era considerado Huaca) se retiró silenciosamente su cuerpo y enterrado en otro lugar no conocido.
Tras la muerte de Túpac Amaru nació el mito de Inkarri, que establecía que a partir de la cabeza enterrada del inca
crecería nuevamente el cuerpo del inca que restauraría el imperio y le daría a las cosas su ordenamiento natural anterior a la llegada de los españoles.
IV. FUNDACIÓN DE CIUDADES
Las ciudades tuvieron un rol capital en la colonización española de América, pues además de organizar la ocupación humana, constituían puestos de avanzada para nuevas expediciones de conquista. Por ley, eran condiciones para fundar una ciudad las siguientes: • La ubicación estratégica del sitio, es decir, contar
con buen clima, buen suelo, disponer de agua fresca y renovable y tener cerca comunidades nativas amistosas.
• Considerar la dirección del sol y de los vientos. • Contar con buenas comunicaciones.
• Contar con un puerto cercano. Esto no siempre podía darse, pero fue decisivo para la fundación de Lima.