TRENDS OVER TIME
V. ANALYSIS OF FOUR DIFFERENT GROUPS USING DERAILMENT AND TRACK ATTACKS
La Institución Educativa de Minas, quizá por ser la única institución que ofrece un ciclo de educación básica completa en la zona, es también el lugar y la institución que mayor cantidad de personas concentra, aunque estos, los estudiantes son un grupo que responde a unas mimas edades y vecinos del corregimiento, no son para nada criterios homogeneizadores ni estándares, de lo que podría describirse o definirse para un estudiante de la I.E de Minas.
Gráfico 12: I.E Minas
La institución y todas sus implicaciones simbólicas tanto como materiales es el reflejo de diversas situaciones que suceden a diario en el corregimiento, se encuentran allí, desde el más boyante hasta el más paupérrimo, desde el niño que vive y conoce a sus padres como el que desconoce por completo sus orígenes, desde el habitante de Fredonia, como el habitante de Venencia, incluso se
encuentra el habitante de calle, la mujer y el niño que ha sido abandonado por su esposo y padre, se encuentra igualmente niños de cinco años y más que no conocen un territorio diferente porque no han sido sacados nunca al pueblo, ni bautizados, ni vacunados, es decir, se dan cita en la I.E de Minas todos y todo cuanto existe en el corregimiento.
A diferencia de los demás lugares citados con anterioridad la I.E de Minas guarda entre sus paredes, la síntesis de la historia del corregimiento y de los procesos territoriales que lo constituyen y rebasan en razón de los actores que en ella confluyen.
Como puede verse estos lugares son el resultado del encuentro que se produce entre la materialidad y el espíritu, propio de la construcción de una topofilia, de un afecto particular por el espacio que se habita y que termina constituyendo un territorio, pasan en el corregimiento por una territorialidad dada, si pensamos en el concepto de (Bozzano, 2009), que habla de la presencia y prevalencia de procesos de orden urbano, natural o rural en la cotidianidad del corregimiento como marco de acción sobre el que los habitantes tejen sus ilusiones, proyectos y acciones diarias.
En esta perspectiva, las formas del existir, el pensar y el sentir pasan también en el corregimiento por un tipo de territorialidad comprensiva que vincula y pone en el plano de los afectos, entiendo estos como la síntesis de lo material, lo simbólico y lo proyectivo que emerge del contacto entre historia y geografía eso que es único y particular del corregimiento y sus habitantes. Es decir, cada lugar, cada acción, cada pensamiento de los habitantes del corregimiento es la expresión no solo de su lugar como actores sino como parte de un proceso que se mueve y configura a diferentes
escalas en tanto responde a formas y objetos que pasan por acciones e intenciones de orden territorial.
De ello se deriva entonces que, existan territorialidades urbanas, rurales, periurbanas que tienen sentido de acuerdo al punto de referencia al que acuda el habitante del corregimiento, en tanto requiera pensar y actuar frente a una situación que esté en la escala de su intimidad o la rebase, pero siempre cruzada por lo que él siente, ve y expresa de su experiencia espacial, que no es otra que la del Territorio. Asimismo, esa experiencia que no es otra que una experiencia territorial que combina condiciones materiales e inmateriales mediante formas simbólicas que solo pueden pasar por la intelección y los sentimientos, consustanciales a la Topofilia. La cual puede expresarse como un tipo de vocación territorial de orden residencial, recreativa, productiva, que es evidente en las formas y usos de ciertos edificios públicos, lugares de encuentro, espacios públicos y privados que existen en el corregimiento por y en razón de cada habitante y sus experiencias.
Teniendo en cuenta lo anterior, el lugar del territorio en las topofilias de los habitantes del Corregimiento de Minas, al igual que el lugar que ocupa lo territorial en las configuraciones de los elementos topofílicos en la Institución Educativa de Minas, se expresa en las formas de la racionalidad espacial que hace prevalecer ciertos usos ambientales, económicos o sociales, tales como la depredación de los bosques en razón de la explotación minera que determina fuertemente los modos y transacciones sociales que a diario se llevan y que son nodales en la dotación de sentido que se hace del territorio y los sentimientos que por él se generen. Ello tiene como consecuencia que existan tendencias a la valoración de prácticas como la explotación minera,
sexual, laboral como característica de identidad de los habitantes y sus prácticas; también existe una tendencia a la vulnerabilidad como expresión sintomática de la relación con lo territorial en tanto es ella una expresión de las formas interiores de leerse y las formas exteriores en que los habitantes y el corregimiento mismo es percibido y representado.
Las topofilias entonces hacen que los actores asuman roles particulares en lo público, en lo privado o como simples ciudadanos al poner ciertos sentidos y usos espaciales al servicio de ciertas situaciones en las que lo que se siente y se expresa emergen para apropiar o significar algo que se ve, se piensa o se quiere. De ahí que, las espacialidades que de ello emergen hagan transitar a un punto concreto del territorio, caso de un parque, de lo absoluto, a lo relativo o a lo relacional según sea la hora del día, la actividad realizada, o el fenómeno expresado. Es decir, los sentimientos varían en cada espacio y hacen que en un mismo espacio se sienta un particular afecto que luego se puede transformar en su contrario.