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Chapter 3 Study area and methodological overview

3.3 Roadmap of the study

3.3.3 Analysis

.

El ametrallamiento, por parte de milicianos falangistas, del autobús de palestinos

del campo Tall az-Zaatar, en el barrio cristiano de Ain ar-Rummaneh, es el

acontecimiento que ha sido considerado el punto inicial de la guerra del Líbano. Esa

asistía a un oficio religioso. Estos son los hechos concretos ocurridos ese 13 de abril de

1975. Pero observados en perspectiva, no son más que otros de los ya numerosos

acontecimientos en los que se ha hecho patente no sólo la presencia palestina en territorio

libanés, sino sobre todo la inestabilidad de la sociedad libanesa, ya que las repercusiones

del incidente toman rápidamente un cariz libanés, mas que palestino-libanés. Pero la

inestabilidad ha sido ya puesta a prueba apenas dos meses antes, cuando el movimiento

reivindicativo de los pescadores de la ciudad de Sidón acaba convirtiéndose en un

enfrentamiento sangriento con el ejército, y el preludio de una guerra civil inminente.

Cada una de las partes implicadas habían, en un corto periodo de tiempo, conseguido

llevar al máximo la tensión acumulada.

En respuesta a los incidentes del Ain ar-Rummaneh se produce, el día 14, un

ataque a los establecimientos propiedad de falangistas, la situación obliga al Primer

Ministro, Riad as-Solh, a decretar, el día 19, un cese el fuego; el propio Jefe de Gobierno

y otros líderes como el Imam Musa al-Sadr, se ven en la necesidad de llamar a la calma y

a la concordia con el fin de encontrar una solución nacional a los problemas. La guerra

libanesa ya ha comenzado.

El conflicto local desemboca en el enfrentamiento armado, mejor dicho en los

múltiples enfrentamientos armados. El 26 de abril, Kamal Yumblat pide el boicot político

a las Falanges; los dos ministros pertenecientes a las Kataib dimiten y con ellos otros

políticos contrarios al Movimiento Nacional.

En mayo se desencadenan los combates a gran escala, Riad as-Solh dimite el día

15 después de haber responsabilizado al Partido falangista del incidente de Ain ar-

Rummaneh y de haber enumerado las reivindicaciones de la comunidad musulmana, éstas

serán, a partir de ahora, parte importante del programa de la izquierda. El día 19 el Frente

recuerdo a las víctimas del 13 de abril. A estas alturas la calle está tomada por duros

combates. El Presidente Frangieh nombra un gabinete militar en contra de la costumbre

política libanesa, los sunníes y el Movimiento Nacional lo entienden como una

provocación, dado el papel represivo jugado por el ejército en varias ocasiones. El

gabinete dimite a las cuarenta y ocho horas; se produce entonces la primera mediación

siria que lleva a un cese el fuego, tras el cual, Richard Karamé puede formar un nuevo

gobierno, sin falangistas ni miembros de la izquierda; el ejército ha quedado paralizado.

Por su parte Yaser Arafat hace pública, el 25 de mayo, su declaración de respeto a

la soberanía libanesa, pero en ella también apela al reconocimiento de los derechos de la

Resistencia palestina. El Imam Sadr inicia en esos días una huelga de hambre para

denunciar los combates y pedir la formación de un gobierno no partidista; mientras tanto

el Presidente de la República se reúne con los representantes de las ordenes religiosas y

algunas personalidades cristianas en el convento de Saint Antoine, sin llegar a ningún

acuerdo.

El 30 de junio parece que la crisis ha sido superada, el Ministro de Asuntos

Exteriores sirio media en un cese el fuego. Pero en el interior de los bloques de poder se

van acrecentando las oposiciones. En el caso de los musulmanes crecen las diferencias

entre la vieja derecha y los miembros del Movimiento Nacional, ambos quieren más poder

para la comunidad musulmana, pero mientras los primeros no ponen en cuestión las bases

del sistema, sí lo hacen las propuestas de reforma de la izquierda, sobre todo, en su

oposición al ejército.

Los palestinos no muestran todavía predilección por unos u otros, saben que en

ambos casos los musulmanes les apoyarán; aunque entre los propios palestinos hay

posturas encontradas en lo que concierne a la participación directa en el conflicto libanés.

deteriorarse, definitivamente, a partir de enero del 75 cuando los ataques israelíes

ocasionaron grandes destrucciones que obligaron a que, el 20 de enero, el Líbano pidiera

una reunión del Consejo Arabe de Defensa para solicitar la ayuda pan-árabe.

En el verano de 1975, y a pesar de que el cese del fuego es respetado, el territorio

libanés se ha convertido ya en un inmenso campo militar y en un gran mercado

internacional de armas. Los choques entre milicias y grupos rivales en las principales

ciudades libanesas toman la forma de choques confesionales, pero detrás se encuentran los

intereses de prácticamente todos los países de la región. Mientras en el sur, a mediados de

junio, los bombardeos israelíes aumentan la inestabilidad del país; un mes después las

fuerzas israelíes lanzan ataques combinados -tierra, mar y aire-contra los campos de

fedayines de la región de Tiro, e13 de julio, la aviación ataca el campo palestino de Ain

el-Helué, cerca de Sidón. El Líbano levanta una protesta oficial ante el Consejo de

Seguridad de las Naciones Unidas. Este tipo de protestas se seguirán reproduciendo como

respuesta a las continuas agresiones israelíes.

Entre el 16 y el 19 de agosto es bombardeada la región de Tiro y de Baalbek. El 5

de septiembre se firma una tregua, la cuarta en dos días, por una asamblea que reúne a

notables musulmanes y cristianos junto a los líderes de los partidos políticos. Cinco días

después el gobierno decide la intervención del ejército para intentar restablecer el orden

en ciudades como Trípoli e interviene para separar a los combatientes. En el norte, sin

embargo, se producen nuevas masacres, como la del pueblo cristiano de Beit Mella.

La situación en al capital se ha empezado a degradar a partir del mes de julio y

hacia mediados del mes de septiembre Beirut se inflama, la irrupción de las milicias de

izquierdas en la ciudad provoca una violenta respuesta falangista, a los pillajes de las

viejos zocos y los hoteles que bordean la Plaza de los Cañones. El ejército no interviene,

pero el 26 de septiembre dos mil militares rodean la ciudad. Las milicias de izquierda,

apoyadas por los palestinos, retoman la ofensiva en el barrio residencial de Kantari.

Apenas un mes más tarde el 24 de octubre el barrio de los grandes hoteles

internacionales, hasta ahora respetado, se convierte en un nuevo frente en la llamada

batalla de los hoteles, y dos unidades del ejército toman posiciones frente a los edificios

oficiales. Al día siguiente se produce una gran manifestación por la paz en Beirut, Zahle y

Damur. Ya antes, los jefes religiosos se habían reunido en Dar al-Fatua para condenar

todo intento de partición del Líbano, y dos días después Pierre Gemayel pide la

intervención de la Liga Arabe; mediación que tardará en producirse hasta primeros de

1976.

A finales de octubre los extranjeros empiezan a abandonar el país. Las misiones de

paz del Vaticano y del ministro francés de Asuntos Exteriores han fracasado por la

obstrucción de los cristianos. El 29 de noviembre el Presidente Frangieh y el primer

Ministro Karamé intervienen en la televisión para pedir la reconciliación y proponer un

plan de reformas. Beirut ha quedado dividida por una simbólica línea verde que se desliza

por la calle de Damasco, desde ahora se hablará de Beirut Este y Beirut Oeste, las dos

mitades se enfrentan entre sí a partir del centro de la ciudad que ha sido destruido y

ocupado por las milicias cristianas.

Una mediación siria permite establecer un Comité de Diálogo Nacional, donde hay

una representación del conjunto de los partidos pero donde las posiciones de Yumblat y de

Gemayel ponen de manifiesto la imposibilidad de ese diálogo. Cada paso a favor de la

reconciliación es contrarrestado con nuevos actos de violencia callejera así cuando el 6 de

diciembre Pierre Gemayel se halla en Damasco tratando de llegar a un acuerdo que

cuerpos mutilados de cuatro milicianos falangistas, el hecho da lugar a una respuesta

desmesurada y confesional (aunque no la primera), que cuesta la vida a unos doscientos

musulmanes, asesinados después de comprobar su religión en sus carnets de identidad.

Este sábado negro marca uno de los desgarros más importantes en el tejido social libanés.

A partir de enero de 1976, las posiciones se radicalizan sin remisión. La izquierda

lanza su ofensiva sobre el corazón cristiano y sitia Zahlé; la derecha maronita intenta

reducir uno a uno los enclaves palestinos y musulmanes situados a las afueras de Beirut,

en campos como el de Quarantaine, el de Maslaj, en donde habitan unas veinte mil

personas, y el campo de Tell Zaatar al este de Beirut sobre una de las principales rutas de

acceso a la ciudad, y que es el bastión del Frente de Rechazo. El sitio de Tell Zaatar

empieza el 8 de enero y durará un mes a manos de los milicianos falangistas apoyados por

Siria. El 14 sucumbe el campo palestino cristiano de Dbayyé, el 18 lo hace el de

Quarantaine, cuya masacre generará, a su vez, el asalto de Dammur y Jiyeh, feudos de la

derecha cristiana sobre la ruta que une Beirut y el sur libanés, es entonces cuando seis mil

personas se refugian en la propiedad de Camille Chamum, Saadiyat, que será también

destruida. Y es ahora cuando la OLP interviene con toda su fuerza en el conflicto, dando

lugar a la coalición bautizada por los periodistas como palestino-progresista.

En ese mismo mes de enero, dos mil soldados del Ejército de Liberación de

Palestina atraviesan la frontera siria. Las fuerzas de la derecha: las Falanges, el Partido

Nacional Liberal de Camille Chamum, el Ejército de Liberación zgortiano de Soleiman

Frangieh, los Guardianes del Cedro, la Orden de los Monjes Libaneses, el Tanzim de Fuad

Chemali, se reúnen en el llamado Frente Libanés, son unos treinta mil hombres, de los

cuales doce mil son falangistas. Los dos bandos han sido ya claramente delimitados, el

poblaciones que tiende a una homogeneización de las comunidades, haciendo desaparecer

las zonas de poblamiento mixto, que habían subsistido hasta entonces.

La posibilidad de esta partición territorial, según criterios confesionales, provocan

la división en el frente cristiano, los líderes moderados se oponen a la tentación del gueto,

mientras que los grupos más radicales pretenden llegar hasta un límite que provocaría,

finalmente, la intervención de Siria y de Israel.

La tensión acaba por penetrar en el propio ejército, donde entre los días 25 y 29 de

enero se produce el levantamiento de un oficial sunní, Ahmad al-Jatib, en protesta por los

bombardeos que el ejército realiza sobre los palestino-progresistas en Damur. Este

movimiento se extiende rápidamente por el sur.

A partir de estos momentos la solución militar se hace más presente que nunca, el

Movimiento Nacional, que agrupa a la izquierda musulmana se convence de que ésta es

la única vía para conseguir las reformas del sistema confesional1. La OLP apoyo de la

izquierda musulmana y apoyada por ella, se encuentra ahora en una difícil tesitura, ya que

el enfrentamiento entre sus aliados y la derecha cristiana puede afectar a su relación con

Siria; esto explica que el 16 de abril Yaser Arafat, declare su adhesión a la mediación siria

en el país y el rechazo a una “arabización” del conflicto. En enero la organización

palestina ya había anunciado públicamente su respeto a la soberanía del Estado libanés en

el conjunto de su territorio, al mismo tiempo que el ministro de Asuntos Exteriores sirio

afirmaba, a la salida de una reunión con los dirigentes del Movimiento Nacional y de la

Resistencia palestina, que su país garantizaría el cumplimiento de los Acuerdos de El

Cairo del 69.

1

Después de un corto periodo de calma, apenas un mes y medio, la situación se

precipita, y la rebelión del teniente Ahmad al-Jatib se generaliza en el seno del ejército.

Mientras que en Beirut el general sunní Abdel Aziz Ahdab, el 11 de marzo, da un golpe

de Estado proclamándose gobernador militar del país y pidiendo la inmediata dimisión del

Presidente, el día 13 los dos tercios de los diputados piden también su dimisión. Frangieh

supera esta crisis, pero el 18 de marzo la Resistencia palestina y la izquierda libanesa

lanzan una ofensiva sobre Beirut y sobre la montaña, amenazando el núcleo mismo del

“país” cristiano. El conflicto da un giro espectacular y las victorias palestino-progresistas

obligarán a Siria a apoyar a la derecha cristiana.

A partir de marzo se producen distintos intentos de mediación, el americano o el

francés. En ese mismo mes se produce un acuerdo sirio-palestino, alcanzado después de

una visita de Arafat a Damasco, con la que se trataba de evitar una ruptura definitiva. En

dicho acuerdo se establecía un cese del fuego en el Líbano y la reactivación del Comité

palestino-sirio-libanés; se reafirmaba así el protagonismo sirio y la oposición a toda

partición del Líbano, así como la negativa a la arabización del conflicto, lo que significaba

la intervención de la Liga Árabe.

El peso de Siria se deja sentir en la elección de su candidato, Elías Sarkis, para la

presidencia de la República, cargo que ocupará hasta 1982. Unos días después de esta

elección, el 12 de mayo, Pierre Gemayel pide la intervención siria en el país. Los

combates se recrudecen, los bombardeos sobre la capital libanesa han causado más de

ochocientos muertos y mas de un millar de heridos. Los choques armados enfrentan por

un lado a cristianos moderados, partidarios de Raymond Eddé, junto a cristianos

conservadores y miembros de las Falanges contra los miembros de la saiqa, palestinos

bajo dirección siria, y el Frente de Rechazo, la tendencia más dura de la Resistencia

El 20 de mayo Giscard D’ Estaing se ofrece para enviar un contingente militar

francés, pero la propuesta es rechazada por el presidente Karamé y por otros países árabes

como Argelia. El 1 de junio, en respuesta a la petición del líder falangista, unos diez mil

hombres y doscientos cincuenta blindados sirios franquean la frontera libanesa y atacan

las posiciones palestino-progresistas.

El cambio, aparentemente radical, de la política siria, responde sin embargo a un

interés que ha definido siempre la actuación de Damasco: su seguridad nacional. Sobre el

contexto ideológico de la unidad árabe, la retirada de Egipto de un frente unido contra

Israel, deja a Siria sola frente al potencial desestabilizador de la Resistencia palestina; el

mantenimiento y control de la Resistencia en el Líbano le asegura que no tendrá que

enfrentarse directamente a la fuerza israelí. El interés de Damasco es que el equilibrio

libanés no sea roto, porque el triunfo de las fuerzas palestino-progesistas provocarían un

conflicto abierto con Israel. Por otro lado, sabe que la posibilidad de una partición del país

vecino según un modelo comunitario sólo beneficiaría al Estado israelí, que vería

realizarse uno de sus proyectos, la conformación en Oriente Medio de pequeñas entidades

confesionales, que a la vez que legitimarían su presencia dividirían las diversas naciones

árabes conformadas a partir de la heterogeneidad comunitaria. El Presidente sirio justifica

su apoyo a los enemigos de la izquierda libanesa, refiriéndose al origen árabe de la

comunidad cristiana.

La intervención siria consigue un consenso regional e internacional, todas las

partes implicadas en el conflicto, fuera de los bandos enfrentados parecen sacar provecho

del control sirio. Así los Estados Unidos, que no quieren que el problema libanés alcance

un grado mayor; la Unión Soviética, a la que se abren nuevas oportunidades aunque en

principio se oponga a la intervención siria; Israel que ve como su enemigo principal, la

una línea roja en el sur del país, a partir de la cual no permitirá la presencia de tropas

sirias. Todas estas consideraciones son las que hacen posible que el mismo día 1 de junio

de 1976 las tropas sirias, que han atravesado la frontera, se encuentren en Zhalé, que el 28

ataquen Sidón y el 16 de julio Trípoli.

Los palestinos-progresistas responden a este cambio de planes, formando el 4 de

junio, la Comandancia Militar Unificada a la que se ha unido el Ejército de Liberación de

Palestina y algunos refuerzos iraquíes. Estos son los preparativos de lo que se ha llamado

la segunda batalla de la montaña.

Los días 8 y 9 de junio los Ministros de Exteriores de la Liga Árabe se reúnen en

El Cairo para pedir el cese del fuego; se decide entonces mandar al Líbano una “fuerza

árabe de paz”, compuesta por militares argelinos, saudíes, libios, contingentes sirios y de

la OLP. El presidente Frangieh dirige a la Liga un mensaje aprobando la intervención siria

y rechazando las decisiones tomadas en la ciudad egipcia. El 16, después de una entrevista

entre el secretario de la Liga y el Presidente libanés, se da luz verde a la decisión de

mandar cascos verdes (fuerzas árabes de seguridad). El 21 de junio, una avanzadilla de

esas fuerzas toman posiciones en los alrededores del aeropuerto de Beirut, cerrado desde

el día 7. Se firma un nuevo cese el fuego, que hace ya el número treinta y nueve desde el

comienzo de la crisis.

Pero poco después, las fuerzas cristianas deciden el ataque a los campos palestinos

del este, asediados desde enero, el 29 de junio cae Yisr al-Bacha, el 4 de agosto cae el

barrio popular chií de Nabaa, y finalmente, el 14 de agosto Tall az-Zaatar, que había sido

atacado por los “Tigres” del PNL y los Guardianes del Cedro, violentamente

antipalestinos. Los falangistas intervendrán a última hora, mientras los sirios permanecen

quince mil personas, sobre todo mujeres y niños, serán evacuados hacia Beirut Oeste o

hacia las ruinas de Dammur.

Los combates continúan, a manos de los múltiples grupos milicianos y de las

fuerzas presentes en el país, los esfuerzos políticos y las alianzas siguen constituyendo un

segundo frente, así el 20 de julio el Mando Central palestino-progresista inicia contactos

con Siria, y el 29 se concluye en Damasco un acuerdo sirio-palestino de cese el fuego. A

principios de agosto otro nuevo cese el fuego es firmado por todas las partes, pero éste

tampoco será respetado, los ataques a los campos palestinos son la evidencia más clara de

lo irremediable del proceso. El 31 de julio el Movimiento Nacional crea un Consejo

Político Central y pone en plaza los comités de barrio en aquellas zonas que están bajo su

control.

El mes de septiembre estará marcado por los ataques cristianos a Maryayun y el

centro de Beirut. El día 28 de ese mes las tropas sirias lanzan su ofensiva para desalojar a