• No results found

Chapter 3 Study area and methodological overview

3.3 Roadmap of the study

3.3.1 Methodology

La lucha hegemónica en la región no es un asunto exclusivo de los países del área,

sino que implica muchos intereses variados, distantes y cruzados.

Con el transfondo siempre presente de la lucha palestina, los países árabes más

radicales, partidarios del Frente de Rechazo, asumen la situación del Líbano -proyecto

cristiano de un país aislado del resto del mundo y reconciliado con Israel- como una

traición a los intereses palestinos y árabes, de modo que Iraq, Libia y Argelia

aprovisionarán de armas a los palestinos y a los libaneses progresistas. Al mismo tiempo,

no se desiste de la vía diplomática para una posible reconciliación (que salvaguarde la

débil posición palestina y que impida el claro dominio sirio sobre el espacio libanés). En

un momento en el que Egipto apoya la llamada "paz americana", para contrarrestar la

fuerza siria, Trípoli envía a Beirut en junio de 1976 unos 500 hombres que participarán en

la misión de interposición.

Sin embargo, el Frente de Rechazo apenas tiene medios de presión ni sobre los

"conservadores cristianos" ni sobre Damasco, este último convertido en la punta de lanza

de la lucha árabe contra Israel, e intentando monopolizar el protagonismo de la lucha

palestina a través de los grupos palestinos que están bajo su protección y control. La OLP

167

y el Movimiento Nacional de Yumblat, su gran aliado libanés, cuentan con el apoyo de los

países progresistas árabes, pero éstos, en una posición ambigua, no critican tampoco

abiertamente a Siria.

Los estados conservadores de la península arábiga adquieren ahora un

protagonismo propio. Arabia Saudí y Kuwait, en el verano de 1976, aceptan el juego de

los intereses sirios en la región, porque la presencia hegemónica de Siria restará fuerza a

las ambiciones crecientes de Saddam Husein en Iraq y al avance de la influencia soviética,

permitiendo neutralizar en gran medida la fuerza revolucionaria de la OLP. Arabia Saudí

aparece así, ante el resto de los países árabes, como un estado solidario, mientras la

hostilidad formal frente a Israel permanece como un elemento simbólico e incontestado.

Las relaciones sirio-saudíes constituyen un intento recíproco de control, y el eje

sobre el que gira la política de la región durante estos años. La retórica oficial consigue

que la solución siria al conflicto libanés sea aprobada y puesta en marcha, bajo la

pretensión de que se siguen salvaguardando la legitimidad de la OLP y se reconfirman los

derechos adquiridos con los Acuerdos de El Cairo169.

Para legalizar el control sirio sobre el Líbano se crea una Fuerza Arabe de

Disuasión que, formada por tropas saudíes, sudanesas, yemenitas, libias y de los Emiratos

Arabes Unidos, respeta el predominio sirio (las 3/4 partes de la FAD proceden del ejército

sirio que estaba desplegado en el suelo libanés, y tres años después los sirios serán los

únicos que permanezcan allí). Su misión es desplegarse por todo el territorio del país salvo

en el sur. Y sobre ella tiene autoridad teórica el presidente recién nombrado, Elias

Sarkis170. 168 CHAMUSSY, R., 1978, pp. 77-79. 169 PICARD, E,. 1988, p. 183. 170 PICARD, E,. 1988, p. 183.

En lo que se refiere a las potencias extranjeras, éstas parecen haber tomado una

posición de cautela. La Unión Soviética, a pesar de realizar duras críticas contra la

actuación siria, siguió apoyando a Asad por razones estratégicas171, ya que en sus

Repúblicas asiáticas habitaban más de cincuenta millones de musulmanes. Por otro lado,

contaba con sus propios apoyos en la zona, entre los cuales surgieron intereses cruzados;

la OLP, la izquierda libanesa, y Siria. Esta última, desde 1973, se convirtió en la primera

potencia militar del Machreq.

Aunque oficialmente la política soviética no podía estar de acuerdo con la entrada

de las fuerzas sirias en el país vecino (para los dirigentes soviéticos el problema libanés

era una cuestión interna, y defendían la autonomía del Movimiento Nacional Palestino).

Por ello se produce una inicial suspensión de la colaboración entre la URSS y Siria,

puesto que la política soviética era partidaria de mantener el statu quo de la zona, en el

que el Líbano aparece como parte del área de influencia americana, siendo regido por el

Pacto Nacional172.

A los Estados Unidos la intervención siria les proporciona cierta tranquilidad. Los

americanos no podían entonces intervenir en el país, como hicieron en 1958, ya que

apadrinaban las conversaciones árabes-israelíes en Ginebra; pero los sirios han evitado un

posible triunfo de la OLP, y han reequilibrado las fuerzas a favor de los conservadores

cristianos en contra de las ambiciones revolucionarias del Movimiento Nacional y de los

palestinos. Este cambio en el balance de fuerzas hace posible -y ésta es una de las claves-

que los interlocutores de Israel, en la búsqueda de una solución al conflicto árabe-israelí,

se acerquen más a una identidad estatal "razonable" que a un movimiento de liberación

171

MARIN GUZMAN, R., La guerra civil en el Líbano, 1985, San José de Costa Rica, Ed.Texto.p. 288.

172

PICARD, E,. 1988, p. 184. GALIA, G., “The Soviet Union and the Israeli action in Lebanon" en

revolucionario. Para el Secretario de Estado, Kissinger, Siria es un partenaire pragmático,

fiable y eficaz; califica su papel en el Líbano de moderado, y piensa que la arabización de

la crisis libanesa, mediante la integración en el conflicto de la FAD, puede ser considerada

como una solución conveniente, siempre y cuando la seguridad de Israel (su principal

preocupación en el Oriente Medio) no sea puesta en peligro.

El papel representativo que jugarán, a partir de ahora, los Estados Unidos será el

de mediador entre Siria e Israel, con el fin de fijar el límite meridional para el avance de la

Fuerza de Disuasión, una línea roja que no debe franquear el ejército sirio y que, sin

embargo, no tiene una concepción rígida173.

La presencia siria y las presiones árabes e internacionales hacen que, entre 1977 y

1981, El Líbano adquiera una calma relativa que ofrece un aspecto de normalidad que, sin

embargo, esconde las graves pérdidas económicas o en infraestructuras que el conflicto ha

generado, así como una precaria tregua política que enmascara (tras cierta actividad

gubernamental y algunas tomas de decisiones) la profunda desintegración de un Estado

que es incapaz de hacer respetar sus propias decisiones, sometido a la censura de

Damasco, y que sobre todo se ve fragmentado territorialmente por el peso de las armas,

que han reforzado las identidades comunitarias de su población y han dividido la legalidad

del poder en múltiples poderes locales174. En 1982, una nueva invasión israelí pone de

manifiesto todas estas deficiencias internas y la dependencia de los, a veces cambiantes,

intereses extranjeros.

Con la presencia israelí se reavivan los enfrentamientos intercomunitarios e

intracomunitarios, pruebas de una nueva llamarada de guerra civil, porque Israel tiene

también su propio planteamiento sobre el conflicto del Líbano, su propia estrategia que

había sido perfilada, desde 1968 hasta 1976, como una guerra cotidiana contra la OLP en

173

el sur del país. Después, este planteamiento cambiará de forma y dimensión, concluyendo

en al asalto final de 1982 sobre Beirut.

Desde su creación, Israel debe buscar, para su supervivencia, aliados en la región,

y El Líbano puede ser uno de ellos. En sus contactos con los dirigentes y patrones

maronitas (Emile Eddé en 1937 y Camille Chamun en 1955), el Estado israelí recrea dos

tesis que justifiquen la alianza. La primera se basa en la idea de que, en la construcción

nacional del Medio Oriente, Israel y el Líbano comparten elementos de semejanza y se

mueven como excepciones en un espacio mayoritariamente musulmán y políticamente

dominado por una dinámica de golpes militares, situación a la que ellos se oponen en su

naturaleza judía y maronita, y en la defensa de unos teóricos valores democráticos.

Comparten, además, una vinculación histórica con Occidente. Israel esta interesado en

entenderse con el Líbano como estado aliado y reforzar así su potencia militar y su

capacidad de resistir cualquier intento hegemónico regional, sobre todo sirio. Y

finalmente, la unión es un intento de controlar toda posibilidad de subversión interna

nacida de los ideales panarabistas o de los palestinos175.

El segundo planteamiento reafirma el carácter artificial del estado

pluriconfesional, que en el caso libanés y en función de las dinámicas demográficas, ha

mostrado el peligro de un retroceso y de una pérdida del protagonismo maronita. Un

estado destinado, en razón de su multiplicidad, a la fragmentación en entidades menores,

más débiles y fácilmente manipulables176. Las continuaciones violaciones del territorio

libanés por parte del ejército israelí, las constantes operaciones de represalia contra las

bases de fedayines palestinos, que implicaron masivamente a la población civil,

reafirmaron una y otra vez, la debilidad del Estado.

174 PICARD, E,. 1988, p. 188. 175 PICARD, E,. 1988, pp.192-193. 176 PICARD, E,. 1988, p.193.

Finalmente El Líbano pagó un terrible precio en la operación Paz para Galilea,

por la cual Beirut fue sitiada y ocupada por las tropas israelíes en 1982, desplegándose tal

grado de violencia (cuyo ejemplo paradigmático fueron las masacres de los campos de

refugiados de Sabra y Chatila), que ni siquiera la propia sociedad israelí y numerosas

voces judías pudieron permanecer ajenas, de modo que acabaron por cuestionar, a la vista

de los resultados, la estrategia y los medios empleados por su propio ejército177.

177

PICARD, E,. 1988, pp. 194-196.

Fueron varios los intelectuales judíos e israelíes que denunciaron la política del gobierno israelí en el país vecino y su responsabilidad ante los hechos de 1982 en los campos de refugiados de Sabra y Chatila : “Es la

consecuencia inevitable y lógica de la línea política que seguimos desde hace 15 años. Al continuar queriendo imponer nuestro dominio sobre otro pueblo, no podemos evitar recurrir a los métodos nazis.”

LEIBOVITZ, YESHAIAHA; en Haolam Naze, Jerusalen ? el 22 del 9 de 1982 ; cit por Encuentro islamo-

I.4.- Los años de la guerra. Los hechos y la teoría.

El Líbano fue durante los años precedentes a la guerra, y sobre todo durante el

periodo bélico, un punto de fractura de la realidad y del espacio medio-oriental; sus

contradicciones permitieron manipular su realidad interior fomentando el separatismo de

sus minorías. En su territorio se debatieron los intereses de los países de la región, y sobre

él recayó el precio de la política de seguridad israelí, pero también el peso de la estrategia

para desacreditar (y en lo posible eliminar) a una OLP que no ha sido tenida en cuenta en

el reglamento negociado entre Israel y los Estados árabes y que después de su

reconocimiento como el legítimo representante de los palestinos en la Cumbre de Argel de

1973, se convirtió en un serio obstáculo para la paz.

Entre analistas e historiadores parece haber una coincidencia a la hora de definir al

menos dos grandes etapas en este proceso; la primera corresponde al periodo de 1975 a

1982, en el cual la presencia de la Resistencia palestina es el motor principal de los

acontecimientos, y sobre todo, el catalizador de las tensiones internas de la propia

sociedad libanesa. Los palestinos actúan directamente sobre el reforzamiento de los

grupos o facciones que protagonizarán a partir de 1982, y durante diez años, la guerra civil

propiamente dicha. Un enfrentamiento que pivota, a nivel ideológico, sobre el eje

I.4.1.- Los hechos. La guerra del Líbano.

La guerra libanesa se desarrollará entre 1975 y 1989, año en el que los Acuerdos

de Taif ponen el fin formal a la misma. Un periodo de quince años, en los que la guerra

evoluciona y con ella la sociedad que la alberga, la alimenta y la padece.

La descripción de los hechos y de los actores que dieron forma al conflicto libanés

parece hacerse a veces interminable, a pesar de ello hemos tratado de recoger gran parte

de esa información con el fin de definir lo mejor posible el entramado por el que

transcurrió el proceso histórico. Para reconstruir dicho escenario hemos recurrido a

distintas recopilaciones documentales como la realizada por el Institut français de

polémologie: Les crises du Liban 1958-1982, o a los distintos análisis que sobre la guerra

han sido recogidos en la bibliografía, asi como a la información que conforma los

dossieres de prensa pertenecientes al Centre d´information et de documentaction

international contemporaine “La documentation française” ( los cuales han sido a su vez

referidos en la sección de Documentación archivística) y por último las cronologías

aparecidas en diversas revistas especializadas como por ejemplo Middle East Journal.