II Methodology
1. Analytical framework and starting assumptions
En 1960, el proceso de masificación de la educación en México, trajo consigo la expansión de la educación superior y la creciente feminización de la matrícula, pero es entre los años de 1970 a 1982 el de mayor crecimiento en el sistema medio superior y superior (Sánchez & Bartolucci, 2016). Sánchez (2016) señala que tan solo en la década de los setentas, por cada ocho hombres inscritos en las universidades mexicanas había dos mujeres, pero la relación de género en educación superior alcanzó su paridad a finales de la década de los noventa y actualmente en algunos países de América Latina y El Caribe la relación por sexo se encuentra cinco a cuatro, es decir, se observa que las instituciones de educación superior albergan una matrícula mayoritariamente femenina y, para el caso mexicano se reporta una matrícula semejante entre hombres —49.98%— y mujeres —50.02%—.
Tabla 2. Género de los jóvenes estudiantes
Disciplina N Mujeres Hombres
Sociología 29 100% 19 65.5% 10 34.5% Letras 41 100% 29 70.7% 12 29.3% I. Alimentos 28 100% 14 50% 14 50% Física 28 100% 8 28.6% 20 71.4% Odontología 95 100% 65 68.4% 30 31.6% Nutrición 97 100% 66 68% 31 32% Total 318 100% 201 63.2% 117 36.8%
A nivel nacional, a nivel local —Universidad Veracruzana— y a nivel del trabajo de investigación, los porcentajes en cuanto a la matrícula inscrita en nivel licenciatura muestran una similitud; según datos del INEGI (2017) la matrícula femenina tiene su mayor representación en las áreas de educación y de salud, mientras que las áreas de ingeniería, manufactura y construcción albergan una matrícula mayoritariamente masculina, en tanto que la UV (2017), reporta para el periodo 2017-2018 una matrícula por género en licenciatura escolarizada de 47.9% de hombres contra 52.1% de mujeres, y la población que conforma esta investigación muestra que por cada dos mujeres hay un hombre. Lo anterior indica que el proceso de masificación de la educación, en cuanto a la relación de hombres y mujeres en nivel superior, ha impactado en los ámbitos micro y macro escolar en la medida en que se muestra una fuerte presencia del género femenino en las instituciones de educación superior. En este este sentido, se observa que en la tabla 2, más de la mitad de la población estudiada son del sexo femenino, lo que indica el predominio de las mujeres en áreas como humanidades y ciencias de la salud. Las disciplinas ubicadas en estas áreas muestran una tendencia de 2 a 1, es decir, por cada dos mujeres matriculadas en estas carreras hay un varón. En una configuración social, podría decirse que tal como lo ha demostrado la literatura al respecto (Aguiar & Gutiérrez, 2015; Bartolucci & Sánchez, 2016; Córdova, 2005) sigue
existiendo una relación entre el género y la profesión. La expectativa profesional está asociada al hecho de ser hombre o mujer en algunas carreras. En los casos de ciencias de la salud y humanidades hay un predominio histórico de mujeres. Lo anterior se comprueba cuando se observa el porcentaje de jóvenes matriculados en la carrera de Física, quienes representan más de la mitad de alumnos que cursan el tercer semestre; aquí la relación es que por cada siete varones hay tres mujeres.
Desde la perspectiva de las disciplinas, destaca que las carreras que tienen relación con el cuidado y con la educación son las que se encuentran en el área de ciencias de la salud y de humanidades respectivamente, mientras que las carreras ubicadas en el área técnica, son las que tradicionalmente han sido espacios ocupados mayoritariamente por hombres.
Sin embargo, resulta interesante el comportamiento de la matrícula en la carrera de Ingeniería en Alimentos. Esta disciplina se encuentra conformada por el mismo porcentaje de mujeres y hombres. En principio, esta distribución es interesante porque no tiene un predominio de género con mayor presencia de alguno de ellos, esto indica que por ser una carrera emergente todavía no esta asociada al género. Es decir, su proceso de ingreso ha sido más equitativo con respecto a las otras carreras, además, de que esta disciplina está ubicada en el área de ciencias químicas en la UV, donde tradicionalmente predomina la matrícula masculina.
El dato antes señalado podría tener una doble interpretación: la primera, asociada con el nombre de la carrera, la cual está conformada por dos palabras que se vinculan con el género: por un lado, se encuentra la palabra “Ingeniería” ligada a lo masculino y, por el otro, la palabra “Alimentos”, generalmente asociada con el rol de la mujer; y la segunda, relacionada con el hecho de ser es una licenciatura de reciente creación —apenas 10 años desde la primera vez que se ofertó—. Su reciente incorporación a la UV hace pensar que se trata de una carrera emergente definida así por la respuesta de estas opciones profesionales a un conjunto de demandas sociales y profesionales relacionadas con la formación en nuevas áreas del conocimiento. Generalmente, la tendencia en su matrícula en términos de género es muy indefinida en comparación con las disciplinas tradicionales como Física, Letras, Sociología, Odontología y Nutrición.
Si bien la masificación de la matrícula abrió mayores espacios para que las mujeres continuaran sus estudios profesionales, aún se observa que, en su distribución en términos de género, sigue en predominio el hecho de que unas carreras albergan un porcentaje mayoritario de hombres o de mujeres por el hecho de estar asociadas al cumplimiento de un rol de género, en otras palabras, la elección de la carrera está asociada a las condiciones sociales que implican la pertenencia a un sexo o a otro. Aunque la feminización de la matrícula en la educación superior está consolidada (Suárez, 2017) sigue habiendo una tipificación en la elección de una carrera, es decir, hay una fuerte asociación entre el género y la disciplina y, en un sentido más amplio podría decirse que las áreas del conocimiento han sido campos hegemónicos que dan mayor cobijo a mujeres o a hombres.