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Chapter 6. Compostion Dependence of the Ionic Conductivity of

6.5.2 The Anderson-Stuart Model

mariones empresariales en la economía (recordemos, es donde el taylorismo de hecKd triunfó en muchos sentidos), y dado que el Estado no puede escapar a su propia crisis actual de legitimidad y a la crisis económica más extendida, los frutos de este conocimiento técnico-administrativo que se ha transformado en oficinas, fábricas y negocios que rodean a la educación, volverán a las es­ cuelas como parte del modo en que el Estado percibe que débehácer frente a estos difíciles problemas. La producción del conocimiento citado, en parte debido al influjo del sistema educativo creciente, ha conducido finalmente a su reintroducción posterior a todos los niveles en la enseñanza.

Como veremos, al tiempo que el Estado intenta echar fuera algunos de sus problemas, pretende enfrentarse con ellos de otra manera, combinando mode­ los técnicos e industriales con el discurso liberal en sus acciones cotidianas. La combinación diel lenguaje y los procedimientos del capital con el discurso libe­ ral de los derechos de la persona es incluso más importante para la educación, ya que las presiones de la economía, de otros sectores del gobierno y de cual­ quier otra institución serán muy fuertes. Los cambios de poder en el aparato del Estado se harán evidentes. Aquellos grupos' que en educación favorecen una mayor colaboración entre escuela y necesidades de la industria del capital económico y cultural se harán progresivamente más poderosos. Al mismo tiem­ po, los capitalistas serán más daros en sus movimientos para utilizar las es­ cuelas eñ la legitimación y acumulación en el terreno económico. Estos cam­ bios están sucediendo en la actualidad, y las escuelas no pueden ignorarlos. De todas formas, y esto es muy importante, una vez más estas presiones reales abrirán espacios para la acción.

Ideologías empresariales: acercarse al profesor

No hace falta mucha intuición para darse cuenta de los actuales intentos del Estado y de la industria de poner a las escuelas en línea con las «necesida- dés económicas». Ningún lado del Adántico ha sido inmune a estas presiones. En el Reino Unido, el Great Debate y el Green Paper continúan siendo es­ tamentos privilegiados por la posibilidad del capital de ordenar sus fuerzas en momentos de crisis económica. Como el Green Paper dice: «Hay un grave vacío entre el mundo de la educación y el mundo del trabajo. Los chicos y las chicas no son suficientemente conscientes de la importancia de la industria para nuestra sociedad y no se les enseña mucho sobre ello

.»1

Prosigue haciendo del criterio de eficacia funcional el primer elemento de la política educativa;

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1. James Donald, «Green Paper: Noise of a Crisis», Screen Education X X X (prima­ vera 1979), pág. 44.

Ideologías em presariales | 149 Los recursos totales que se utilicen para la educación y los servicios sociales en el futuro, dependerán en gran medida del éxito de la estrategia industrial. E s fundamental para la recuperación de la economía británica, así como para v la normalización de la vida, que mejore el funcionamiento de la industria ma- \ nufacturera y que el conjunto de políticas gubernamentales, incluida la edu- f- i cación, contribuya tanto como sea posible a mejorar el funcionamiento in-

j dustrial, para de ese modo aumentar la riqueza nacional.2

En los Estados Unidos, donde las políticas gubernamentales están mucho más mediatizadas por una distinta articulación entre Estado, economía y es­ cuela, este tipo de presión tiene una mayor fuerza. A menudo, los trabajos de la industria son aún más visibles. Los directivos de Free Enterprise dedicados a la educación económica, están presentándose en las universidades de todo el país. La enseñanza del mensaje de la industria se ha convertido en una autén­ tica fuerza. Voy a poner un ejemplo desde lo que se conoce como Plan Ryerson, un plan empresarial por el que los profesores pasan los veranos trabajando en su mayor parte con los directivos de la industria para que puedan enseñar a sus alumnos «conocimiento real» sobre las necesidades y los beneficios empre­ sariales.

La predisposición antiempresarial, anti-libre iniciativa, predominante en mu­ chos lugares de nuestra sociedad americana en la actualidad, es real y va en aumento. A menos que no hablemos únicamente de ello — y hagamos algo— crecerá y se desarrollará en las mentes tiernas de nuestra juventud. Será ali­ mentado y nutrido por muchos profesores bienintencionados, pero sin cono­ cimiento real de cómo funciona un mercado libre en una sociedad libre.

La empresa americana tiene una historia positiva que contar, y uno de los mejores sitios para empezar es la juventud del país. Los 4000 años de his­ toria prueban la interdependencia de la libertad económica y las libertades personales de todas las civilizaciones, países y sociedades. Tenemos un ejem­ plo en el andén del metro un día cualquiera. Echa una ojeada al declive de Gran Bretaña en los 30 últimos años.

Nuestra respuesta es sencilla y eficaz. Lleva a los profesores de nivel supe­ rior la verdadera historia de los negocios en América y ellos llevarán el men­ saje a sus alumnos y a sus colegas. El mensaje, llegado directamente del ,■ profesor, en lugar de los libros, tendrá un efecto más fuerte y duradero. > Convence a un profesor de la importancia vital de nuestro sistema de libre

iniciativa y estarás en el camino de convencer a cientos de estudiantes por

muchos años. E s el efecto onda que los sectores antiempresariales han capi- \

talizado durante años.3 1

2. Ibíd., págs. 36-37.

3- J. Ryerson and Son, Inc., «The Ryerson Plan: A Teacher Work-Learn Program» (Chicago, Ryerson and Son Inc., anuncio inédito, sin fecha). Quiero dar las gracias a Linda McNeil por llamar mi atención sobre este material.

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Es una importante declaración, por no decir más, que está siendo aplaudida por todas las economías industriales avanzadas. Aunque parezca descarado no decir nada de lo históricamente inexacto que es, deberíamos tener cuidado dé obviar este tipo de programa como propaganda explícita fácilmente eludible por parte de los profesores. Como dijo una profesora después de terminarlo,

Mi experiencia en la industria del acero este verano me ha proporcionado una introducción práctica y positiva al mundo empresarial, que nunca hubie­ ra tenido de no ser por la iniciativa de la dirección de Ryerson. Ahora puedo comunicar una valoración más positiva de la industria a mis alumnos, alum­ nos que normalmente son muy críticos, muy recelosos y básicamente ignoran­ tes de la realidad de la gran industria actual.4

Esto es, desde luego, uno de los muchos planes para lograr la transmisión del mensaje ideológico. De hecho, aunque haya una seria resistencia a este tipo de intervención por parte de las fuerzas progresistas en Estados Unidos, el movimiento de «enseñanza de las necesidades de la industria» crece lo sufi­ cientemente rápido como para que una fundación, apropiadamente llamada The Institute for Construotive Capitalista, se haya establecido en la Universidad de Texas para hacer más'fácil la intervención

.5

Ahora no quiero restar importancia a los intentos manifiestos de influir a profesores y alumnos. Hacerlo debería considerarse de locos. De cualquier for­ ma, manteniendo nuestra atención fija sobre los intentos de poner la política es­ colar y el currículum en contacto directo con las necesidades industriales, pode­ mos olvidar que está sucediendo lo que puede ser igualmente importante en el nivel de la práctica escolar cotidiana. Se podrían librar batallas contra las mani­ fiestas invasiones del capital (y quizá ganar, alguna de ellas), y perder todavía dentro de la escuela. Porque como luego diré, para los profesores y los estu­ diantes, algunas de las influencias ideológicas y prácticas de nuestra estructura social no están muy sólidamente conformadas a nivel de estos planes y docu­ mentos, sino a nivel de la práctica social en las actividades cotidianas de la

escuela

.6

'

En resumen, como señalé anteriormente, quiero afirmar que las ideologías no sólo son conjuntos globales de intereses, cosas, impuestas por un grupo, a otro. Están formadas por nuestros métodos y acciones cotidianas

.5

Por consi-

4. Ibíd.

5. Diane Downing, «Soft Choices: Teaching Materials for Teaching Free Enterprise» (Austin, Texas, Universidad de Texas, Institute for Constructive Capitalista, 1979, ciclosti- lado).

6. Esto no quita importancia al análisis de documentos oficiales procedentes del Es­ tado. El ensayo de James Donald sobre Green Paper señalado anteriormente aporta un magnífico ejemplo del poder del discurso análisis, por ejemplo para desentrañar lo que significan tales documentos y cuál es su función.

7. Raymond Williams, Marxism and literature (Nueva York, Oxford University Press, 1977).

Ideologías empresariales | 151 guíente, si se quiere entender la ideología del trabajo en la escuela, hay que fijarse tanto en la vida pedagógica y curricular cotidianas como se hizo con las declaraciones hechas por los portavoces del Estado o la industria. Por citar a Finn, Gránt y Johnson, necesitamos fijarnos no sólo en las ideologías «sobre» educación, sino también en las ideologías «de».8

No estoy deduciendo que el nivel de la práctica escolar esté controlado en su mayor parte de modo mecanicista por la iniciativa privada. Como un as­ pecto del Estado, la escuela hace de intermediaria y transforma una serie de presiones económicas, políticas y culturales de las clases y segmentos de clase. Tendemos a olvidar,'sin embargo, que eso nó significa qué las lógicas, los dis­ cursos o las formas de control del capital vayan a tener un impacto creciente en la vida cotidiana de nuestras instituciones educativas, sobre todo en mo­ mentos de «crisis económica del Estado».9 Este impacto, claramente visible en Estados Unidos (aunque se esté haciendo muy corriente en Europa y América Latina) es evidente sobre todo en el currículum, es decir, en algunos aspectos muy importantes de la materia con la que profesores y, alumnos se relacionan.

En este capítulo me interesaré sobre todo en la (estructura curricular, no en el contenido. Es decir, mi interés no será lo.que íe enseña^ siho la manera en que se organiza. Cómo unos cuantos analistas marxistas sobre la cultura han expue7to71<5s'eféctgs de-la.ideología se pueden ver de modo más impresionante a nivel de la forma que en lo que la forma contiene10 Como explicaré, es clave para desenmascarar el papel dé la ideología en la educación.

Para entender parte de lo que ocurre en la escuela y las presiones ideoló­ gicas y económicas que sufre, y que hacen su labor a través de ella, como dijimos en los capítulos 2, 3 y 4, debemos situarla en tendencias a largo plazo en el proceso de acumulación de capital y ver su relación con los cambios en el proceso laboral. Recientemente, estas tendencias ..se han intensificado v han tenido mavot impacto -sobte vatias_ áreas de la vida social. Entre estas tenden­ cias podemos identificar algunas, como

~ la concentración y centralización de capital; la expansión de los procesos la­ borales basados en tecnologías de producción en cadena y formas de control; el declive constante de la «industria pesada» y el movimiento de capital me- v ¡ diante formas de producción «m ás ligeras»; sobre todo producción de con-

I sumidores duraderos; y grandes cambios en la composición del poder laboral:

l

8. Dan Finn, Neil Grant, Richard Johnson y el C.C.C.S. Education Group, «Social Democracy, Education and the Crisis», Birmingham, Inglaterra, University o£ Birmingham Centre for Contemporary Cultural Studies, 1978, ciclostilado, págs. 3-4.

9. James O’Connor, The Fiscal Crisis of the State (Nueva York, St Martin’s Press,

1973). -

10. Véase, por ejemplo,.f-Fredric Jameson, Marxism and Form (Princeton, Princeton University Press, 1971), Williams, M'arxistfi and Uterature, y Michael W. Apple, «Ideology and Form in Curriculum Evalúation», en Qualitative Evaluation, George Willis, ed. (Ber- keley, McCutchan, 1978), págs. 495-521.

152 | Los resultados de la readaptación

la tendencia secular a la “ descualificación” , la separación entre “ concepción” y "ejecución" y la creación de nuevas destrezas técnicas y de control, el cambió del trabajo de la producción directa a la circulación y distribución, y la expansión d d trabajo en la administración pública.11

Como veremos, el desarrollo de nuevas formas de control, el proceso de descualificación, la separación entre concepción y ejecución, no se limitan a las oficinas y fábricas. Estas tendencias se manifiestan cada vez más en insti­ tuciones como la e s te la . Para desentrañar esto tendremos que ir incluso más allá de lo que hicimos en los capítulos anteriores en nuestro análisis de la natu­ raleza real de la lógica, tanto del control como de la descualificación indus­ trial.

Descualificación y recualificacíón

En primer lugar, voy a hablar en general sobre la naturaleza de este tipo de control. En la producción industrial, las empresas adquieren el poder del trabajo. Es decir, compran la capacidad individual de trabajo y, evidentemen­ te, a menudo intentarán el uso del trabajo para hacerlo más productivo. Hay otra cara de esto. Con la apropiación del poder del trabajo, «la dergcha» esta­ blece (con ciertos límites) cómo se va a utilizar, sin demasiada interferencia o participación de los trabajadores, en la concepción y planificación del traba­ jo

.12

El modo en que esto se ha consumado no ha sido invariable, desde luego. Empíricamente, ha habido un cambio en Ja lógica del control que ha pretendido cumplir estos fines. ~

Dados estos antecedentes, es útil diferenciar los tipos dé control que se han utilizado. Los simplificaré en torno a unos cuantos'modelos ideales, para facilitar la comprensión.

Podemos distinguir tres tipos de control que se pueden utilizar para lo­ grar más trabajo: simple, técnico y burocrático. El primero es justamente eso, decirle a alguien que han''decididcTqüé hay que hacer y que él debe hacer tal o cual cosa. Los controles técnicos son menos obvios. Son controles incrustados en la estructura física de tü trabajo. Un buen ejemplo es el uso de la tecnología de la informática en la industria' mecanizada donde un trabajador inserta un programa en una máquina y dirige el ritmo y el grado de habilidad de la opera­ ción. Además, el trabajador pasa a ser simplemente un acompañante de la ma­ lí. John Clarke, «Capital and Culture: The Post War Working Class Revisited», en

Working Class Culture, John Clarke, Chas Critcher y Richard Johnson, eds. (Londres,

Hutchinson, 1979). Véanse también las discusiones de Harry Braverman, Labor and Mono-

poly Capital (Nueva York, Monthly Review Press, 1974), y Michael Burá-woy, «Toward a Marxist Theory of the Labor Process: Braverman and Beyond», Politics and Society VIII (n. 3/4, 1979).

12. Richard Edwards, Contested Terrain: The Transformation of the Workplace in

Descualiflcación y recualifícación [ 153 quina. Y por último, el control burocrático,implica una estructura social donde el control es menos visible desde el momento en que los principios de control se incorporan a las relaciones sociales jeiárqukasj á ú czntto de. trabajo. Las órdenes impersonales y burocráticas en cuánto a la dirección del propio tra­ bajo, los procesos de evaluación de la ejecución, y las sanciones y recompensas se determinan mediante una política oficial

.13

Cada uno de estos tipos dé con­ trol ha crecido en compléjidad én los últimos años, aunque el control simple se ha hecho menos importante cuando el volumen y la complejidad de la pro­ ducción han crecido.

E l largo período de experimentación por parte de la industria de las for­ mas de control de la producción más satisfactorias, desembocó en unas cuantas conclusiones. Más que control simple, donde el control lo ejercen superviso­ res o personas con autoridad (y por tanto podría ser subvertido por trabajado­ res de cuello blanco y mono azul), el poder jaodría «hacerse invisible» al in­ corporarlo en la auténtica estructura del trabajo. Esa concepción im plícalas siguientes corisécuéñciás. El control debe derivar de una estructura global que aparezca con una legitimidad propia. Debe estar relacionado con el trabajo diario, no basado en rasgos extraños a él (como favoritismo, etc.). Quizá lo más importante, el trabajo, el p ro ce so ^ el producto, deben definirse con la mayor-precisión posible sobre la base de que esTa dirección, y no el trabajador, quien controla los conocimientos espéciálizádós que se precisan para llevarlo a cabo

.14

Esto a menudo supuso el desarrollo del control técnico.

El control técnico y la descualiflcación tienden a ir unidos. Como vimos en el capítulo 3, la descualiflcación forma parte de un largo proceso en la di­ visión y posterior clasificación del trabajo para incrementar la productividad, para reducir la «ineptitud», y para controlar el coste y el impacto del trabajo. Normalmente ha incluido tomar trabajos relativamente complejos (la mayoría de los trabajos son mucho más complejós y requieren más tomas de decisiones de lo que la gente cree), trabajos que requieren mucha destreza y descompo­ nerlos en acciones específicas con resultados concretos para poder utilizar per­ sonal menos cualificado y más barato, o para que el control del ritmo y los resultados del trabajo se eleven. La cadena de montaje es, desde luego, un ejemplo arquetípico de este proceso. En los comienzos, la descualiflcación im­ plicaba técnicas como el taylorismo y estudios diversos sobre el tiempo y el movimiento. Aunque estas estrategias de división y control del trabajo no fue­ ran totalmente satisfactorias (y de hecho solían generar resistencia y conflic­ to

),15

tuvieron éxito en su apoyo de la legitimación del tipo de control basado en gran medida en la descualiflcación.

13. Ibíd., págs. 19-21. 14. Ibíd., pág. 110.

15. Véase David Noble, America By Design: Science, Technology and the Rise of

Corporate Capitalism (Nueva York, Alfred A. Knopf, 1977), y Burawoy, «Toward a Mar-

154 j Los resultados de la readaptación

Una de las estrategias más eficaces ha sido la incorporación del control al actual proceso productivo. Por consiguiente, la maquinaria de las fábricas a menudo se diseña para que quien maneje la máquina"~sólo tengá que cargarla v y descargarlá’.TEn las óficinas/lá tecnblogíá dél proceso de datos se utiliza para reducir los costes laborales y descualificar a las trabajadoras. Por lo tanto, el patrono intenta controlar el ritmo de trabajo y las destrezas exigidas, para au- meritaFeficazmente sus márgéñes de beneficio ó productividad. Dé nuevo, como pone de máííifiéstó La Hstoria de la resistencia obrera formal e informal, este tipo de estrategia — la creación de controles en el verdadero tejido del proceso productivo— ha sido rechazada

.16

De todas maneras, la creciente complejidad en el uso de procedimientos de control técnico por parte de la patronal y los burócratas del Estado es clara

.17

He mencionado que la descualificación es un proceso complejo que se lleva a cabo en muchas instituciones culturales y económicas. Aunque no es difícil comprender uno de sus aspectos importantes. Cuando se descualifican empleos, el conocimiento que una vez los acompañó, que controlaban y utilizaban los trabajadores llevándolo a cabo en sus trabajos día a día, se pierde. Como de­ mostré en el capítulo 3, la patronal intenta (con diversos grados de éxito) acumular y controlar este conjüntodé destrezas y conocimientos. Trata, en otras palabras, de separar la concepción de la ejecución. El control del conocimiento capacita al empresario para planificar; idealmente, el trabajador únicamente se encargaría de los planes en los detalles y en el ritmo que ha logrado imponer el personal.

Pero la descualificación va acompañada de algo más, lo que debería llamar­ se recualificacióñ; Se precisan nuevas técnicas para hacer funcionar las nuevas máquinas; sé crean nuevas ocupaciones mientras prosigue la redivisión del tra­ bajo. Se necesitan pocos artesanos, y su extensa presencia anterior es cubierta por un pequeño número de técnicos con distintas destrezas, que supervisan la maquinaria

.18

Este proceso de descualificación y recualificacióñ se difunde en el panorama de una economía para la que es muy difícil descubrir el origen