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Chapter 4. Structural Studies of 0.5Na 2 S + 0.5[xGeS 2 + (1−x)PS 5/2 ] Mixed

4.3 Experimental Methods

Los grupos de estudiantes con los que he trabajado hasta ahora, proceden de diversos sectores de la dase obrera, pero todos son blancos. Modelos seme­ jantes (^penetración y discriminación cultural tienen lugar por iguil en gru­ pos de mestizos y negros de la clase obrera y pobres. Entre los modelos que cohesivos destruidos en la cultura de los antepasados, y combinarlos con elementos de otros sectores de clase que simbolicen una de las dos opciones enfrentándolas», pág. 67.

48. Women’s Studies Group, ed., Women Take Issue (Londres, Hutchinson, 1978), Pág. 10.

49. Lucy Bland, Charlotte Brunsdon, Dorothy Hobson y Janice Winship, «Women "Inside" and "Outside’’ the Relations of Production», en Women Take Issue, Women’s Studies Group, ed., pág. 61. Véase también Apple, ed., Cultural and Economic Reproduc­

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predominan en la clase obrera, especialmente masculina, la juventud es una celebración de la masculinidad, del juego de los «hombres rudos». Esto está muy claro en los modelos de resistencia cultural de los «trastos», y se refleja parcialmente en la creación y recreación de una cultura de la feminidad entre las chicas. Otra forma, que se puede ver claramente en las escuelas, en áreas ur­ banas a ambos lados del Atlántico, es la práctica de «ser frío». Esto implica evitar adscribirse a una posición socialme&afóe uñ proceso de (üstanciamiento en cuanto a la ropa, la forma de andar, la postura, y cada vez más el lengua­ je

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Este proceso cultural creativo aporta importantes razones para una oposi­ ción a los modelos de dominación y explotación racial, sexual y de clase.

Por ejemplo, entre la juventud-negra de Inglaterra, los modelos de oposi­ ción y de lucha se fundamentan en el desarrollo de una cultura de resistencia afrocaribeña, que es similar en muchos aspectos a las que se pueden encontrar en los ghettos de las ciudades industriales de América. La cultura que viven estos jóvenes habla de una «conciencia» sutil de que la cultura escolar y el conocimiento formal del sistema de estudios no corresponde a la historia o experiencia negras. Debido a esto, muchos estudiantes han_vuelto_a.adoptar la lengua criolla como forma de exclusión y como mecanismo de.solidaridad, teniendo en cuenta que el tipo de educación que reciben estos estudiantes no blancos «conduce a una disminución de las oportunidades generales de empleo y de avánce educativo» — una educación que reproduce al «trabajador joven no blanco en el nivel más bajo de la educación y la cualificación»— , el criollo se habla como parte de un complejo proceso de oposición y afirmación cultu­ ral. La cultura más individualista de la escuela, ahora rechazada, actúa como fondo cultural contra el que se ha desarrollado la resistencia lingüística

.51

De todas formas, surge de nuevo una situación paradójica, parecida a la de los «trastos» y las chicas. El criollo actúa como «índice vital» del alejamiento negro de las normas, valores y objetivos de aquellos grupos de personas que ocupan las posiciones privilegiadas en la sociedad. Aunque al mismo tiempo que es un «reconocimiento» claro de lo que el futuro les depara a estos jóvenes negros y mestizos, y de hecho plantará la semilla de la solidaridad en el tra­ bajo, les condena a un salario bajo y a situaciones de explotación similares a las de aquellos que hubieran llegado a ellas a través de la enseñanza. Dada esta situación, muchos de estos jóvenes simplemente rechazan estos tipos de posi­ ciones económicas por sí mismos. De todas formas, independientemente del análisis de la derecha política, esto no es un rechazo del trabajo, sino resisten­ cia a aceptar los tipos de trabajo que se ofrecen y las condiciones laborales que lo acompañan. En su conocimiento práctico de lo que pueden ofrecer las escue­ las como grupo bajo una opresión doble — negros o mestizos (o rojos en Esta­ 50. Véase la discusión de,' Brake'sobre estos modelos culturales en The Sociology of Youth Culture and Youth Subcultures.

Introducción | 129 dos Unidos) y pobres— su resistencia a la escuela y al desarrollo de sus acti­ tudes culturales propias muestra asimismo conocimiento de cómo la escuela y los trabajos ayudan a definir la identidad dé una persona. Debido a esto, los jóvenes negros y mestizos como éstos, a menudo persiguen una «identidad dig­ na en un mundo que ha manifestado la opresión, el rechazo y la humillación

».52

De este modo, la fuerza y la debilidad son vividas cada día.

Aunque no entraré en detalles, entre las chicas negras y mestizas de la clase obrera las condiciones de vida objetivas ayudan a la creación de ideolo­ gías contradictorias, similares a aquellas de las chicas de las que he hablado. Los elementos de cultura obrera, de culturas específicas de género y de tradi­ ciones étnicas se combinarán en un complejo proceso de creación y determi­ nación cultural, de lo cual muy poco puede relacionarse directamente con estas fuerzas económicas en abstracto

.53

Las tres — sexo, clase y raza— constitu­ yen la cultura de las chicas. Aquí también, la cultura de la feminidad, tina cultura que tiene sus raíces en la experiencia de las relaciones patriarcales sobre las que la lógica y las relaciones sociales del capital han actuado y transfor­ mado en parte, tendrá un papel muy importante que desempeñar.

Brake muestra la extensión del impacto sobre las chicas de los aspectos económicos de la actual crisis estructural, y especialmente sobre las chicas «m i­ noritarias». Hablando sustancialmente de Inglaterra, aunque los datos no va­ ríen mucho de los de Estados Unidos, Canadá o cualquier otro lugar, él señala lo siguiente:

[E s importante recordar] la relación de las mujeres con la producción... Para la juventud de clase obrera es difícil encontrar trabajo. E n concreto las minorías han tenido dificultades para obtener un empleo, y sobre todo las chicas. La Comisión de Servicios de Mano de Obra, señala un aumento de desempleo del 120 % entre los(as) jóvenes en los cinco años siguientes a 1977, en contraste con el 45 % entre la población global, y sobre todo con el de los jóvenes negros (350 % ). E l desempleo femenino creció rápidamente en el grupo de edades comprendidas entre 18 y 24 años, para negras y blan­ cas, pero tuvo un aumento del 30 % para-las mujeres negras en oposición al 22 % para todas las mujeres. Dadas estas cifras, uno comienza a ver la importancia que el culto a la femenidad (que es la identidad de las domina­ das que no trabajan) tiene para [muchas] chicas.54

La actividad de las chicas en relación con todo esto, y con lo que yo he analizado aquí sobre los «trastos» y los chicos, habla con elocuencia de la com­ plejidad absoluta de la esfera cultural. Lo negativo y lo positivo coexisten. La hegemonía ideológica es parte de un terreno contestado, en el mismo nivel

52. Ibíd., págs. 135-136.

53. Goran Therborn, «The Ideology of Power and the Power of Ideology», confe­ rencia pronunciada en la Universidad de Wisconsin, Madison, 17 octubre, 1980.

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cultural. Sí, las escuelas pueden ser lugares donde la diferencia entre trabajo intelectual y manual se perpetúe, donde las divisiones por raza, sexo y clase social se reproduzcan, pero evidentemente suceden más cosas. Aunque las es­ cuelas hagan esto como parte de su labor «en la producción de estudiantes» de acuerdo con las categorías dé discriminación que se generan en parte a tra­ vés dé sus funciones en la producción del capital cultural técnico y en la repro- I ducción de la división del trabajo, perder de vista el papel de los estudiantes I es obviar por completo el poder y las limitaciones que existen en la esfera

i cultural.