Fuente:Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de W. Hutton, The Writing on the Wall. China and the West in the 21st Century,
Asia domina cada vez más los flujos financieros internacionales y es una fuente esencial del financiamiento del déficit de Estados Unidos. Los países en desarrollo de Asia absorbieron en el período 2005–2006 alrededor del 70% de los flujos mundiales brutos de inversión en acciones dirigidos a países en desarrollo (Naciones Unidas, 2007). China fue el exportador neto de capital más importante del mundo en 2006 (FMI, 2007b), lo que se debe, en parte, a que posee la mayor cantidad de reservas a nivel mundial; el país acumuló más de 1.000 millones de dólares en reservas en el año 2006, lo que refleja un superávit de la cuenta corriente del 9% del PIB en ese año. China posee el 21% de las reservas mundiales (poseía solo un 9% en 2000), mientras que Japón posee un 17% y Asia en su conjunto un 45%. Los cambios en la forma en que Asia (China en particular) invierte sus reservas podrían tener marcados efectos sobre la estabilidad financiera y macroeconómica mundial.
Aunque los superávit comerciales y los montos crecientes de reservas volvieron a los países asiáticos menos vulnerables a turbulencias externas, estas podrían producir ciertos efectos no deseados. Sería más difícil esterilizar las reservas cada vez mayores y si aumenta la masa monetaria por causa de una esterilización incompleta, podrían producirse burbujas en las bolsas y los mercados inmobiliarios, una aceleración de la inflación y una disminución de la tasa de interés por debajo de su nivel de equilibrio –lo que causaría una sobreinversión– y podrían surgir presiones sobre el tipo de cambio. Además, los países están acumulando principalmente activos (estadounidenses) con una baja remuneración y se ven expuestos a pérdidas importantes en el futuro. En resumen, cabe preguntarse si esas tendencias serán sostenibles.
De los países en desarrollo, los de Asia y Oceanía son los que recibieron más IED (57% y 60% del
acervo de IED en 2005 y flujos entre 2003 y 2006, respectivamente, en comparación con el 34% y el 32% que recibieron las subregiones de América Latina y el Caribe, respectivamente); China fue el país en desarrollo receptor más importante en los últimos años (UNCTAD, 2006). Los flujos de IED relativamente estables hacia América Latina y el Caribe contrastan con el crecimiento de estos en otras regiones, lo que conduce a la pérdida de participación de la región en los ingresos de IED dirigida a los países en desarrollo y en los ingresos mundiales. Sin embargo, el coeficiente entre la IED –sin incluir los principales centros financieros– y el PIB de América Latina y el Caribe sigue siendo superior al de Asia y Oceanía, aunque disminuyó en los últimos dos años (CEPAL, 2007a). Además, más de dos tercios de la IED en el exterior de los países en desarrollo en los últimos años proviene de empresas de países emergentes de Asia y Oceanía.
Por su importancia económica, comercial y financiera y por el elevado crecimiento pronosticado para esa región, Asia ofrece a América Latina y el Caribe un mercado de gran potencial para su comercio y sus inversiones. La región de América Latina y el Caribe podría aprovechar de una manera más eficiente y coordinada sus ventajas comparativas basadas en los recursos naturales e intensificar los esfuerzos para impulsar el comercio industrial mediante el perfeccionamiento de la competitividad internacional. Además, la región podría considerar a Asia y el Pacífico como fuente de inversiones, particularmente en infraestructura y energía. Un desafío interesante consiste en identificar las iniciativas más necesarias y rentables para acelerar sus plazos de puesta en práctica, lo que no solo permitiría reforzar el vínculo de facilitación del comercio y de las inversiones con Asia y el Pacífico, sino también generar externalidades para el proceso de integración regional latinoamericano (véase el capítulo IV).
En 2006, el déficit externo de Estados Unidos se deterioró nuevamente, aunque en escasa medida, y llegó a representar un 6,5% del PIB, comparado con
el 6,4% de 2005.7 En 2007, el déficit se reduciría
levemente (Naciones Unidas, 2007). La estabilización del déficit mundial refleja, en gran parte, la tenue
4.
Creciente desequilibrio entre Estados Unidos y Asia
inversión de la tendencia negativa del déficit comercial gracias a las importaciones de petróleo a un precio algo menor a partir de la segunda mitad de 2006. Sin embargo, el saldo comercial con China y, en menor medida, con el resto de Asia se deterioró nuevamente en 2006. A fines de 2006 el deterioro comercial con Asia representó la mitad del déficit externo total de Estados Unidos y dos tercios del deterioro entre 2005 y 2006 (véase el gráfico I.7).
Una tendencia preocupante es que, por primera vez en 2006, el saldo de los ingresos de las inversiones internacionales de Estados Unidos fue negativo a causa de los mayores costos de la deuda externa vinculados a tasas de interés más elevadas. En consecuencia, la posición neta de inversión internacional también siguió deteriorándose.8
Se prevé que el déficit externo estadounidense no disminuya mucho durante el próximo quinquenio a causa de dos tendencias contradictorias en la cuenta corriente (FMI, 2007a). Por una parte, algunos ajustes podrían reducir en cierta medida el déficit comercial. Estos incluyen un menor crecimiento económico del PIB estadounidense, la depreciación efectiva real del dólar respecto del euro, la libra esterlina y, en menor medida, el yuan, pero no necesariamente respecto del yen en el corto plazo, un poco más de flexibilidad de las monedas de las economías asiáticas con superávit (véase el recuadro I.2) y un precio más bajo del petróleo. Por otra parte, se prevén también mayores costos de los pasivos externos y, por ende, un deterioro acelerado del saldo del ingreso neto de inversiones internacionales. Esto último neutralizaría la evolución positiva de la balanza comercial.
Asia no solo es la mayor contraparte del déficit comercial de Estados Unidos, país al que exporta gran cantidad de productos de bajo precio que ayudan a mantener el dinamismo del consumo y contener la inflación, sino que también es una de las fuentes principales de financiamiento de ese desequilibrio. Asia proporciona crédito a bajo costo a ese país, lo que contribuye a mantener las tasas de interés relativamente bajas. China y Japón tienen en su poder casi la mitad de los títulos del tesoro estadounidense y Asia en su conjunto tenía más del 60% de estos en junio de 2007.
Sin embargo, los tipos de financiamiento del déficit estadounidense y la voluntad asiática de financiarlo están cambiando, lo que podría provocar en algún momento un ajuste desordenado del dólar. Los títulos de renta fija han desplazado a los de renta variable (FMI, 2007a); entre los instrumentos de renta fija, los títulos del tesoro han perdido importancia frente a instrumentos más riesgosos. Estas modificaciones aumentan la vulnerabilidad a los cambios en los
mercados, sobre todo si los instrumentos
estadounidenses rinden menos que los de otros países. Durante varios años, los bancos centrales y otros Gráfico I.7
ESTADOS UNIDOS: DÉFICIT DE LA CUENTA CORRIENTE