La pedagogía divina a la base de la noción de la revelación del Vaticano I, acentúa los contenidos transmitidos como normas de conducta, y las verdades a las que sin condición o excepción, hay que adherirse, mediante la obediencia a la autoridad eclesial y la fe prestada a la autoridad divina:
El grado de renuncia que el individuo tiene que hacer de sí mismo es alto, el sacrificio de la razón, al menos en los aspectos que atañen al “ámbito de la fe”, es grande. Al final, el objetivo, es que el creyente sepa lo que Dios ha revelado, actúe según lo que ha mandado y obedezca a la Iglesia que se le presenta como garante de la verdad. La pedagogía de la fe será una pedagogía centrada en la transmisión de contenidos, su acción gravitará sobre la memoria y sobre una práctica que convertirá en hábito lo que está mandado.487
Desde otra perspectiva, no se trata de hacer de la pedagogía divina, un asunto inmanente, de corte introspectivo, en el que la revelación depende del dinamismo humano yde la “[…] percepción
subjetiva por la cual ‘se cae en la cuenta’ del Dios que nos habita y trata de manifestársenos”488;
con ello, se oscurece la radical novedad y gratuidad de revelación, perdiendo de vista que el Hijo encarnado es intervención definitiva de Dios en la historia. Entonces, no es el hombre la medida de Dios, sino Cristo humanado, la medida del hombre.
La pedagogía divina, derivada de la noción de revelación de la Constitución Dogmática Dei Verbum, consiste en el dinamismo personal y relacional de diálogo, amistad y encuentro entre Dios y el
486 Sung, Sujeto y sociedades complejas: para repensar los horizontes utópicos, 50. 487 Carvajal, “La pedagogía de la fe, servidora de la revelación”, 5.
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hombre. Dios mediante obras y palabras históricas, desvela su misterio y manifiesta lo necesario para que la persona conozca y comprenda su economía salvífica y responda a ella.
Entonces, la pedagogía divina que subyace a la acción reveladora en Jesús el Cristo, implica que la
pedagogía de la fe, que se actualiza en cada cristiano por la acción del Espíritu Santo, “[…] es una pedagogía para el encuentro y para la relación personal”. 489Dios busca a la persona, le asume tal
y como esté, con sus vicisitudes y circunstancias le atrae hacia sí, y le capacita para que dé una respuesta personal y se comprenda progresivamente como su hijo.
Esta pedagogía personal y personalizadora, es perfeccionada en la encarnación del Hijo, por sus palabras, silencios y opciones; por Él mismo, en su vida, muerte y resurrección. Entonces, sólo
entrando en relación con Jesús se accede a la acción de Dios; a Jesús, “El Padre lo ha convertido, bajo la acción de su Espíritu, en su pedagogo y en su pedagogía; quien se acerca a Él, lo recibe como maestro, camino y destino”.490 Por tanto, Jesús es verdadero Maestro491 que enseña a sus seguidores la pedagogía de la fe, siempre y cuando compartan su misión y su destino; hoy, esta pedagogía de Dios se realiza, por la actualización que el Espíritu hace de la presencia de Jesús el Cristo, en cada uno.
La pedagogía de la fe, signo de la pedagogía divina, debe conectar la carne de la persona con la comunicación de la Revelación divina, es decir, con la carne de la persona de Jesús, el Cristo -su opción por el desvalido y el humillado, su lucha por la justicia y la igualdad, su continuo hacer presente en sus obras, la lógica del Reino de los Cielos-, en un encuentro dialógico, íntimo y salvador. Entones, es fundamental la correspondencia entre la encarnación del Hijo de Dios y la encarnación que hace la persona de sí; a saber, Jesús el Cristo, verdadero Dios, verdadero hombre y amante fiel de Dios y del hombre; y la persona en su realidad, aquello que más auténticamente es, posibilidad, muerte, tiempo, sinsabor, pesimismo, alteridad y pasión.
489 Ibíd., 6. 490 Ibíd.
491 Jesús escoge como metodología el diálogoconstante; lleva a sus interlocutores a sus propias conclusiones, sin
explicitar la totalidad del mensaje. Es más, Jesús habita su mensaje y su enseñanza, “Jesús es un maestro cuya enseñanza parte de lo concreto y vuelve a lo concreto... es allí, en la vida cotidiana de su auditorio donde él quiere interactuar” Cfr Navia, Jesús de Nazaret, 28.
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Entonces, la pedagogía encarnatoria de Dios en su Hijo, Jesús, el Cristo, es la norma a seguir para, abrirse a un auténtico proceso ontológico de apertura a la revelación, para llegar a la fe. Sin embargo,
“[…] la pedagogía de Dios queda siempre circunscrita al ámbito del Misterio de Dios y su significado salvífico para el hombre”.492 Por ello, la fe no es objetivo, procedimiento o técnica,
susceptible de ser transmitida –instrucción de ideas, normas y ritos-; la fe debe afectar la libertad del hombre y moverlo al encuentro en la carne consigo, con la Trinidad y con los otros.
Dios Trinidad, “[…] se ha de hacer presente por medio de su Hijo Jesucristo y ha de generar una crisis en el sujeto que le lleve a tomar una decisión libre que afecte a su persona y a su vida”493; a ello coadyuva la pedagogía del don, por la cual Dios toma la iniciativa y ofrece a su Hijo Jesús, como
proyecto personal y camino de filiación; entonces, Dios “[…] establece un diálogo salvífico que restablece por su misericordia”.494 Así mismo, la pedagogía de los signos transparenta, la presencia de Dios en Cristo, y la acción de Jesús el Cristo en obras y hechos concretos, produciendo un avance gradual en el conocimiento de la revelación y del sí mismo revelándose.
La pedagogía espiritual, por la cual el Espíritu, hace contemporánea en tiempo y lugar la revelación, educando testigos de Cristo y oyentes que acogen las acciones y palabras de Dios; el Espíritu, “[…]
es el que posibilita que cada uno lo encarne hasta alcanzar la talla del hombre perfecto, hasta la medida de Cristo Jesús (cf. Ef 4,13)”.495
Así mismo, la pedagogía de la fe se determina como pedagogía de la encarnación; a saber, Palabra de Dios pronunciada definitivamente en la carne de Jesús el Cristo y revelación que ocurre en la vida y tiene como objeto la vida de la persona. Por tanto, a la persona le corresponde, empeñarse en el conocimiento propio mediante la interioridad y la vida espiritual, en la configuración de la propia vida, del sentir y del pensar, con la vida, el pensamiento y el sentir de Cristo. Entonces, es indispensable la correlación entre las experiencias humanas y el mensaje revelado, “[…] la apertura
492 Carvajal, “La pedagogía de la fe, servidora de la revelación”, 8. 493 Ibíd., 9.
494 Ibíd. 495 Ibíd. 11.
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del hombre a Dios no se da en abstracto, siempre se manifiesta en lo concreto, en el discurrir histórico de la existencia”.496