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Appendix B: Glossary

Como antecedentes respecto a las drogas ilícitas, el consumo de la marihuana desde la década de los setenta aumentó en los Estados Unidos, siendo Jamaica y México los principales productores de la época y cubriendo alrededor del 95% de la demanda

200Ibid. Pág. 197.

201

Ibid. Pág. 203; Illera y Ruiz, Op. cit. Pág. 109.

202Illera y Ruiz, Op. cit. Págs. 110-111.

203Ramírez y Cárdenas, Op. cit. Pág. 198.

norteamericana, motivo por el cual el presidente Richard Nixon* emprendió la primera guerra contra las drogas ilegales en estos dos países con operaciones para la erradicación de los cultivos marihuana, situación que propició el traslado de algunos productores a Colombia205, específicamente a la Sierra Nevada de Santa Marta ya que sus condiciones climáticas, falta de presencia estatal y cercanía al mar facilitaban la producción y el comercio; de ahí que Colombia para el año de 1985 ya cubría el 70% de la demanda estadounidense de marihuana206. Para evitar que se dieran operaciones norteamericanas en Colombia, similares a las adelantas en Jamaica y México, el presidente Alfonso López Michelsen (1974-1978) manifestó que el problema de las drogas ilícitas era de carácter multilateral y un determinante de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos, ya que este último debía controlar el consumo de drogas de sus ciudadanos y combatir conjuntamente a las mafias; pero en ese momento el problema de las drogas ilícitas para EEUU no ocupaba un lugar prioritario en su agenda internacional que se encontraba inmersa en la Guerra Fría207.

Hacia finales de la década de los setenta la demanda norteamericana de marihuana se redujo debido a dos factores, según Castillo:

Para entonces, la especie de marihuana más codiciada en el mercado norteamericano, la ―punto rojo‖ o ―Santa Marta gold‖, empezó a decaer por dos factores: la pérdida de calidad, y la aparición de un nuevo producto, más cómodo de transportar y con un índice de utilidad superior: un kilo de cocaína llegó a costar casi lo mismo que un buque cargado de marihuana. Se sumó un nuevo elemento. En California empezó a proliferar una variedad de marihuana conocida como ―la sin semilla‖, que se podía cultivar incluso en la terraza de un apartamento. 208

Es de resaltar, que la cocaína luego de la Segunda Guerra Mundial ya entraba a los Estados Unidos desde Suramérica, incluida Colombia, siendo Cuba un importante lugar de tránsito

* La prohibición, criminalización y la política contra las drogas ilegales durante la presidencia de Nixon fueron

usados como instrumentos para combatir tanto a políticos y grupos izquierdistas, como a la cultura hippie y su

oposición en contra de la guerra de Vietnam; véase Baum, Dan. Smoke and Mirrors, 1995, pág. 15. Citado en:

Borda, Sandra. (2002). Una aproximación constructivista a la guerra estadounidense en contra de las drogas. En

Revista Colombia Internacional No. 54, enero-abril. Universidad de los Andes. Pág. 77. Disponible en: http://colombiainternacional.uniandes.edu.co/view.php/395/1.php. Consultado: 23-09-09.

205

Bagley (1988). Op. cit. Pág. 73.

206

Pardo, Camila. (2005). El problema mundial de las drogas ilícitas: su efecto positivo en el crecimiento

colombiano. En: Papel Político No.18, diciembre. PUJ. Pág. 427. Disponible:

http://www.javeriana.edu.co/politicas/publicaciones/documents/elproblema.pdf. Consultado: 07-10-09.

207 Ibid. Pág. 428.

208 Castillo, Fabio. (1987).

de drogas hacia EEUU; para 1965 los colombianos ya procesaban y suministraban el 100% de la cocaína comercializada por los cubanos en Estados Unidos209.

Al inicio de los años ochenta el consumo interno de drogas ilícitas se incrementó en EEUU, principalmente el de cocaína, y por lo tanto aumentó su demanda. Ante esta situación, la presidencia de Ronald Reagan (1980-1988) le dio un giro al problema convirtiéndolo en asunto de seguridad nacional para EEUU. De hecho, en abril de 1986 se promulgó la National Security Decisión Directive (NSDD) No. 221, a través de la cual el consumo y tráfico de drogas ilícitas se definieron como una amenaza a la seguridad nacional norteamericana y por lo tanto, el rol de la fuerza militar y de las agencias de seguridad se acrecentó como consecuencia de la ‗guerra contra las drogas‘210.

Borda, explica cómo la definición de políticas se relaciona con la forma en que un problema es percibido; Reagan definió la guerra contra las drogas a través de políticas prohibicionistas en términos morales (existencia de valores, creencias y reglas), es decir como una amenaza a la identidad norteamericana y también en términos de seguridad211. En el mismo sentido, Pardo expone:

Reagan planteó el tema de tal forma que los estadounidenses empezaron a ver a las drogas como un enemigo que amenazaba sus valores y su seguridad, tal y como antes los había amenazado el comunismo. La definición y el enfrentamiento del problema se hizo desde una lógica interméstica: internamente a través de la campaña ‗JustSay No‘ promovida por Nancy Reagan y de la declaración del consumo como un delito y en el frente externo, mediante el fortalecimiento de las respuestas policivas en los países productores.212

El problema de las drogas ahora visto bajo el principio de la seguridad nacional de EEUU y percibido como una amenaza externa (enemigo externo) a la seguridad nacional, hace que

209 Sáenz, Eduardo.

La prehistoria del narcotráfico en Colombia. Temores norteamericanos y realidades colombianas durante la primera mitad del siglo XX. En: Arango, Luz Gabriela. (1997) (compiladora). La crisis sociopolítica colombiana. Un análisis no coyuntural de la coyuntura. Primera edición. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Págs. 215-216. Disponible: http://www.utopica.com/SimposioCrisis/pdf/crisis_colombiana.pdf. Consultado: 22-08-09.

Esta se puede entender como una amenaza no tradicional a la seguridad. Según Buzan, Waeber, y De Wilde

(1998) otro referente de seguridad para un Estado es la ‗seguridad societal‘ ante las amenazas que afectan los

valores morales, tradiciones y la cultura dentro de una sociedad; este argumento indica que la seguridad nacional también puede abordar aspectos internos del Estado, en vez de estar limitada a su existencia física.

210 Tickner (2001b). Op. cit. Pág.52.; Borda (2002).Op. cit. Pág.78.

211 Borda (2002).Op. cit. Pág.86.

las políticas antinarcóticos norteamericanas y las estrategias adelantadas para el control de la producción y tráfico de drogas se enmarquen dentro de la teoría realista213.

A la luz de lo anterior, se vuelven más comprensibles las políticas que Estados Unidos ha empleado tradicionalmente para atacar el problema de las drogas, las cuales se han basado en estrategias represivas, prohibicionistas y de ―mano dura‖. Además de la necesidad de enfrentar este ―enemigo por dentro‖ con determinación, otro de los supuestos fundamentales de la política antidrogas inspirado en la ideología realista es que la presión externa ejercida por Estados Unidos, en especial a través de la diplomacia coercitiva, conducirá a la cooperación plena por parte de los países productores, con lo cual la ―amenaza a la seguridad‖ será confrontada efectivamente. 214

Por esta razón, las relaciones entre EEUU y Colombia cambiaron ya que este último país fue visto como un problema y una amenaza a los intereses norteamericanos debido al marcado crecimiento de la producción y tráfico de drogas ilícitas en Colombia, hasta ocupar el primer lugar mundial en 1997 del cultivo de hoja de coca215.

En esta decidida lucha, el gobierno norteamericano ha encontrado en Colombia a diversos gobiernos identificados con las mismas metas y un buen pretexto para interferir en la región. Dado que el narcotráfico ha convertido a Colombia en un protagonista internacional, las medidas para luchar en contra de él, involucran al país.216

Así, desde la presidencia de Reagan, la guerra contra las drogas adelantada por Washington y las políticas implementadas para la lucha antinarcóticos han impactado las relaciones bilaterales e incidido en los asuntos domésticos de Colombia, como se explicó en el capítulo 2.

Por su parte, Laserna identifica tres factores estructurales que facilitan el desarrollo del narcotráfico. El primer factor, obedece a los incentivos económicos que representa el involucrarse en esta economía informal y más aún si se considera la desigualdad y pobreza vista en América Latina, donde las expectativas de vida y de consumo no son satisfechas

213 Bagley y Tokatlian (1992). Pág.16. Citado en: Op. Cit. Tickner (2001b). Pág.53.

214 Friman, H. Richard. (1993).

Neither Compromise nor Compliance. International Pressures, Societal Influence and the Politics of Deception in the International Drug Trade. Pág. 104. Citado en: Ibid. Pág. 53.

215 Laserna, Roberto.

La conexión perversa: drogas y globalización. En: Calderón, Fernando.(2003)

(Compilador). ¿Es sostenible la globalización en América Latina? Debates con Manuel Castells, Vol. I. PNUD, Bolivia. Pág. 129.

216 González, Roberto. (2008).

Colombia: Conflicto y postconflicto en el ámbito internacional. En: Ponencia presentada al I Congreso Nacional de Ciencia Política, Universidad de los Andes, Bogotá. Pág. 5. Disponible: http://congresocienciapolitica.uniandes.edu.co/pdf. Consultado: 04-11-09.

para gran parte de la población; esta realidad implica que en la sociedad latinoamericana existe una abundancia de actores dispuestos a emprender actividades de alto riesgo. El

segundo factor, es la existencia de afinidades culturales favoreciendo una cohesión social lo cual se presta a legitimar la trasgresión de normas, especialmente cuando se trata de drogas basadas en cultivos agrícolas tradicionales como es la hoja de coca en la Región Andina. Este factor enfatiza en las redes y cómo se auto gobiernan para extender o proteger la actividad ilícita. Finalmente el tercer factor, tiene que ver con el sistema político, pues un sistema débil se presta al desarrollo del narcotráfico y a la suplantación de normas217. Para Laserna, esta debilidad puede ser el resultado de guerras o insurgencia, como se observó en Perú con el Sendero Luminoso, y actualmente en Colombia con los grupos guerrilleros y paramilitares218, e incrementándose en Venezuela, particularmente en los estados fronterizos (guerrilla y paramilitares).

Respecto a los cultivos ilegales, Jimeno explica cómo ante la crisis agraria y el desempleo, esta actividad es una opción de supervivencia y posible prosperidad para campesinos en Colombia (grupos deprimidos socialmente), ya que dichos cultivos también ofrecen una mayor rentabilidad que los legales219. De igual manera, Jimeno señala la relación existente entre el aumento de la demanda de las drogas ilegales y la concentración de los cultivos220. Por esta razón, si en 1981 se cultivaban en Colombia unas 4.000 hectáreas de coca, diez

años después eran 40.000 hectáreas221, para 1997 ya contaban con 150.000 hectáreas222 y

para el año 2000 con 163.000 hectáreas223. Sin embargo, la expansión de los cultivos de

coca se dio a pesar de las fumigaciones realizadas; por ejemplo, tan solo en 1998 se fumigaron 65.000 hectáreas224.

Finalmente, nuevas tendencias de consumo de drogas en EEUU propiciaron la irrupción en 1990 de otro tipo de cultivo ilegal en Colombia, el de amapola, y en consecuencia el

217 Laserna, Op. cit. Págs.133-134.

218

Ibid. Págs. 146-147.

219

Jimeno, Myriam. Movimientos campesinos y cultivos ilícitos. De plantas de los dioses a hierbas malditas. En:

Arango, Luz Gabriela. (1997) (compiladora). La crisis sociopolítica colombiana. Un análisis no coyuntural de la coyuntura. Primera edición. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Págs. 368-372. Disponible:

http://www.utopica.com/SimposioCrisis/pdf/crisis_colombiana.pdf. Consultado: 24-08-09.

220 Ibid. 221

Pardo, C., Op. cit. Pág. 431.

222 Laserna, Op. cit. Pág. 129.

223 Crisis Group, Op. cit. Pág.4.

creciente tráfico de heroína colombiana hacia el mercado norteamericano, lo que fue

percibido como una nueva amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos225.

Paralelamente al crecimiento de la demanda norteamericana de drogas, surgieron dos grandes organizaciones de narcotraficantes colombianos que controlaban el negocio; el cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, y el cartel de Cali, liderado por Francisco Herrera. Posteriormente, emergió el cartel del Norte del Valle. El dominio del negocio del narcotráfico, por parte de los colombianos en Estados Unidos, se consolidó luego de las guerras de la cocaína dadas en el sur de la Florida (1978-1979) en las que los colombianos asesinaron a los narcotraficantes cubanos226.

Aunque se afirma que el cartel de Medellín se formó en 1982, la DEA en 1977 ya hacía referencia al ―sindicato de tráfico de Medellín‖; este cartel se caracterizó por su violenta actuación (atentados, bombas, intimidaciones) y por el control de más del 60% del tráfico de cocaína en Colombia, motivo por el cual fue el principal objetivo de la guerra antidrogas norteamericana y el centro de atención de las autoridades colombianas227. Con el objetivo de ejercer control político y también en búsqueda de ‗legitimidad‘, Pablo Escobar era dueño del periódico ‗Medellín cívico‘, construyó viviendas sociales en Medellín, y consiguió su

elección como delegado alternativo para la Cámara de Representantes228.

De acuerdo con Bagley, el cartel de Medellín durante gran parte de los años ochenta también controló las principales rutas del Caribe hacia la costa Atlántica norteamericana, pero debido a las presiones ejercidas por el gobierno norteamericano durante la segunda mitad de esa década (interdicción, Ley Antidrogas y la creciente intervención de su Ejército), los narcotraficantes se vieron obligados a cambiar paulatinamente las rutas de tráfico a través de Centroamérica y México229.

225

Vargas, R. (1999).Op. cit. Pág.44.

226

Filippone, Robert. El Cartel de Cali y el Futuro de la Lucha Antidrogas. En: Mac Lachlan, Colin M. (1995)

(editor). El narcotráfico. El estado de la industria ilegal de drogas hoy y las implicaciones para el futuro. Instituto de Investigaciones Culturales Latinoamericanas-IICLA. Tijuana. Pág.27.

227

Ibid. Págs. 26-27.

228

Riley, Kevin Jack. Relación entre la Industria Colombiana de la Droga y Violencia Política de los Escuadrones

de la Muerte. En: Mac Lachlan, Colin M. (1995) (editor). El narcotráfico. El estado de la industria ilegal de drogas hoy y las implicaciones para el futuro. Instituto de Investigaciones Culturales Latinoamericanas-IICLA. Tijuana. Pág. 191.

El cartel de Medellín durante 1989 y 1990, y con el propósito de impedir la extradición de sus miembros a Estados Unidos, realizó numerosos ataques en contra del gobierno colombiano asesinando a funcionarios públicos y a población civil; ante esta ‗campaña de terror‘, finalmente el gobierno colombiano en septiembre de 1990 le propuso a los miembros de cartel se entregasen a la justicia a cambio de no ser extraditados230. Algunos de los narcotraficantes que se entregaron, entre estos Pablo Escobar, continuaron efectuando sus negocios ilegales desde la cárcel, y los que dejaron el negocio fueron sustituidos por narcotraficantes ubicados en el extranjero231. Como resultado de la lucha antinarcóticos concentrada en el cartel de Medellín y la eliminación de Pablo Escobar en 1993, se logró finalmente la desarticulación de este cartel, pero dejando prácticamente ileso al cartel de Cali232.

A comienzos de esa década, después del asesinato del candidato presidencial por el Partido Liberal, Luis Carlos Galán, cometido por sicarios pertenecientes a la nómina del jefe del cartel de Medellín, Pablo Escobar, el gobierno del presidente Virgilio Barco Vargas (1986- 1990) y luego el de César Gaviria Trujillo (1990-1994) incrementaron ataques concertados contra el cartel de Medellín. Hacia 1994, después de la muerte de Pablo Escobar en un tejado durante un tiroteo en Medellín en 1993, el cartel de Medellín había sido desmantelado en su mayoría.233

Según el ‗Observatorio Geopolítico de las Drogas‘ durante los años ochenta se extendió la influencia de los carteles de la droga colombianos hacia los países vecinos, debido al lavado de dinero y a la importación de precursores químicos; pero luego de la guerra contra el cartel de Medellín, los cabecillas colombianos de la droga ampliaron rápidamente sus actividades por todo el continente234.

Por su parte, los líderes del cartel de Cali (Francisco Herrera, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y José Santacruz) a inicios de 1970 se asociaron con el propósito de llevar cocaína a Estados Unidos desde Perú235. A medida que los líderes de este cartel incrementaron su

230

Riley, Op. cit. Pág. 190.

231 Ibid. Pág. 213.

232

Reyes, Op. cit. Pág. 86.

233 Bagley (2001). Op. cit. Págs. 10-11.

234 Levitt, Steven y Rubio, Mauricio. (2000).

Understanding Crime in Colombia and What Can Be Done About It.

En: Working Papers Series. Documentos de Trabajo Fedesarrollo No. 20. Pág. 21. Disponible: ftp://ftp.fedesarrollo.org.co/pub/wp/WP20.pdf. Consultado: 06-11-09.

riqueza y poder, fueron penetrando en la política, en las Fuerzas Armadas, en los medios de comunicación, en la banca y en los bienes raíces, entre otros. De igual forma, desarrollaron una ‗ideología‘ para legitimar sus acciones ilegales declarándose, primero, defensores de los valores nacionales y además, promotores de desarrollo y empleo gracias a los beneficios económicos del narcotráfico; segundo, seguidores del ―sistema capitalista de libre empresa‖, de la democracia, y opositores de los movimientos guerrilleros; y tercero, anti- estadounidenses, debido a la intromisión de EEUU en los asuntos internos de otros países, y a la extradición, la cual calificaban de ―anti latinoamericana‖236. Este cartel fue perseguido y

desmantelado entre 1995 y 1996, durante la presidencia de Ernesto Samper237.

Bagley expone, que después del desmantelamiento de los carteles de Medellín y Cali algunos de sus miembros continuaron en el negocio del narcotráfico pero ―operando en niveles más bajos‖238 :

De hecho, el vacío que dejó el aniquilamiento parcial de los carteles de Cali y Medellín fue rápidamente llenado por el surgimiento y proliferación de montones de organizaciones de narcotráfico o ―cartelitos‖ por toda Colombia, más pequeñas y menos notorias (aunque igualmente violentas), las cuales se involucraron tanto en el tráfico de cocaína como en el comercio más lucrativo y de veloz expansión de la heroína. 239

Por otra parte, el desmantelamiento de los carteles también le brindó la oportunidad a los grupos armados ilegales de tomar una mayor proporción de las utilidades provenientes de la producción y procesamiento de las drogas, lo cual pudo haber alimentado aún más el conflicto240. De acuerdo con Reyes, la destrucción de estos carteles hizo que los grupos guerrilleros, principalmente las FARC, y los paramilitares aumentaran su control sobre los cultivos ilícitos, etapas de procesamiento, y se aliaran con organizaciones de narcotraficantes de Brasil y México para la exportación241.

El cartel de Cali tuvo influencia en los altos niveles del gobierno colombiano: ministros, congresistas,

autoridades judiciales. En las Fuerzas Armadas el cartel sobornó a policías y su poder corruptivo también se evidenció en la ayuda que miembros del ejército dieron al cartel, por ejemplo, en los crímenes contra

guerrilleros. Finalmente, la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper por parte de este cartel; véase, Ibid. Págs. 40-41.

236

Ibid. Págs. 29-30.

237 Bagley (2001). Op. cit. Pág. 11.

238

Ibid. Pág. 11.

239 Ibid. Págs. 11-12.

240 Restrepo, Spagat, y Vargas, Op. cit. Pág.15.

También el cartel del Norte del Valle (CNDV) se fortaleció al retomar los negocios de los carteles de Medellín y Cali, y por lo tanto, se expandió y controló la mayor parte del negocio del narcotráfico242, permaneciendo aún activo:

Las facciones más fuertes del CNDV, lideradas por Wilber Varela (―Jabón‖), asesinado en Mérida (Venezuela) el 1° de febrero de 2008, y, hasta su arresto en septiembre de 2007, Diego Montoya (―Don Diego‖), siguen activas en toda la cadena de producción, transporte y distribución de cocaína, y también en lavado de dinero.243

Finalmente, en lo que respecta al fenómeno del narcotráfico en Venezuela, aparte de la presencia de nuevos cultivos ilegales en territorios fronterizos con Colombia, debido a las presiones ejercidas contra el narcotráfico en este último país, la frontera también ha sido utilizada para establecer rutas terrestres y fluviales para la exportación de drogas e importación de insumos derivados de la industria petroquímica del vecino país244. Según el informe de Crisis Group, la presencia de cultivos ilegales en Venezuela es marginal, pero se destaca el rol que juega este país como un importante lugar de tránsito de drogas ilegales debido a: la extensión de la frontera y difícil vigilancia, la presencia de comunidades fronterizas con tradición de contrabando, la corrupción de integrantes de la Guardia Nacional venezolana y de las Fuerzas Armadas, y las precarias relaciones con EEUU y Colombia afectándose la cooperación en la lucha antinarcóticos245.

Otro aspecto que contribuyó a la conversión de Venezuela como un importante país

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