CHAPTER IV DATA ORGANIZATION
APPENDIX B STATA CODE
conmigo; pero si empiezas a pensar acerca de mí, te embarcas en un viaje sin
fin, y cuanto más piensas más te alejas.
Pensar es una form a de huir de la realidad; te da una dirección interior, te proporciona un cam ino en tu m ente, y tú lo sigues. Un pensador nunca está aquí y ahora, nunca está en el presente, está siem pre en algún otro lugar. Un m editador está siem pre aquí y ahora, y en ningún otro lugar. Por eso es que el pensar es el único obstáculo en la m editación. Tienes que hacerte consciente, y poco a poco, cuanto m ás consciente te vay as volviendo, m ás dej arás de cooperar con el pensar.
Yo te traigo una rosa y tú em piezas a pensar. En seguida la m ente dice: « ¿Qué herm osa es? ¡Nunca había visto una rosa com o esta!» o « ¡Yo y a había visto otras rosas tan herm osas com o esa!» , y así sigue y sigue. A tu m ente hasta se le puede ocurrir preguntar: « ¿Qué es la belleza?» .
Nadie lo sabe, nadie ha llegado a ninguna conclusión.
Uno de los filósofos ingleses m ás grandes de esta era, G. E. Moore, escribió un libro, Principia ethica, uno de los m ej ores tratados lógicos para definir qué es el bien. Y después de unas dos cientas o trescientas páginas de un com pacto razonam iento lógico, dice que es difícil definir lo que es el bien. Y al final acaba diciendo que es indefinible; pero todo eso después de doscientas o trescientas páginas de argum entos. Una de las m entes m ás agudas, a pesar de intentarlo una y otra vez, de una y otra form a, llam ando a una puerta y otra, llega a la conclusión de que el bien es indefinible; ¿por qué? Dice que el bien es sim plem ente una cualidad, com o el color am arillo. ¿Cóm o defines el color am arillo? ¿Qué dirías si alguien te preguntara?: « ¿Qué es el am arillo?» . Dirías: « El am arillo es el am arillo» . ¿Cóm o lo vas a definir?
Una rosa es una rosa, es una rosa. ¿Cóm o la vas a definir? Si dices que es herm osa, ¿acaso sabes qué es la belleza? ¿La ha definido alguien? No. Dicen que la belleza es indefinible. Si la com paras con otras rosas... ¿sabes que todo es incom parable? ¿Cóm o puedes com pararla con otras rosas? Esta rosa es esta rosa; no es otra rosa. ¿A qué viene traer aquí otras rosas?
Y cuando traes otras rosas, tu m ente se abarrota; entonces tienes m uchas cosas en la m ente y estas se convertirán en un obstáculo, y la rosa no podrá llegar hasta ti. Y era algo real; podría haberte penetrado. La rosa estaba lista para llam ar a tu corazón, pero em pezaste a pensar acerca de ella. Y para cuando estés de vuelta, la rosa y a no estará aquí, porque la rosa no esperará; se m architará.
Ella tenía un m ensaj e que entregar, traía algo de lo desconocido. Pero este algo es m uy delicado, no puede continuar estando ahí para siem pre. Traj o algo del m ás allá; cada rosa lo trae. Cada m añana llega, y llam a a vuestra puerta, pero a vosotros os encuentra siem pre pensando. A través de la rosa, algo de lo desconocido, de lo Divino, algo de m ás allá del tiem po, penetra en el tiem po. Pero si piensas, te lo pierdes, porque al pensar te alej as, en cuanto te has puesto a pensar y a te has ido.
El filósofo piensa acerca de la rosa. El poeta siente acerca de la rosa. Y si tuvieras que decidirte, decídete siem pre por el poeta; esta m ás cerca de la realidad que el filósofo. Y un m ístico, ni piensa ni siente; sim plem ente está en presencia de la rosa. Porque sentir tam bién es alej arse; no tanto com o pensar, pero sentir tam bién es irse, porque sentir es tam bién una clase de actividad.
Un m ístico sim plem ente está en presencia de la rosa. Sin actividad, sin pensar, sin sentir; sin corazón ni cabeza. Sim plem ente está ahí con la rosa. Los hindúes lo llam an satsang. Siem pre que estés en presencia de un hom bre que hay a florecido (un buda, un Maestro), sim plem ente estate con él. No pienses, no sientas. Sim plem ente estate con él; sim plem ente con él, existe con él. Los hindúes lo llam an satsang: estar con la verdad. La palabra satsang quiere decir: estar en presencia de la verdad.
Una rosa está ahí; estate con ella. No crees ninguna actividad, sea burda o sutil. Pensar es una actividad m ás burda y sentir es una actividad m ás sutil. Pero sabes que el sentir puede desem bocar en el pensar y el pensar puede convertirse en el sentir. Son convertibles, no están
m uy lej os lo uno de lo otro. El sentir es el pensar que está en cam ino, quizá la sem illa, o m ás exactam ente el germ en; y el pensar es el árbol, pero el proceso no es diferente. El corazón y la cabeza no están m uy alej ados entre sí. Las cosas com ienzan en el corazón e, inm ediatam ente, antes de que te hay as dado cuenta, han alcanzado la cabeza.
Solam ente estando con..., y entonces todo se revela, entonces se abren todas las puertas. No hay preguntas ni respuestas. Sim plem ente te has hecho uno con la realidad. Piensas, y te separas. Sientes, y no te separas tanto pero te separas: j untos pero todavía separados. Ni pensando ni sintiendo, sólo siendo, y de pronto tú y a no estás ahí y el m undo y a no está ahí. El Uno, Brahm a, se revela. Tú y el m undo, am bos os habéis hecho uno. Lo infinito está ahí, lo que no tiene form a está ahí; y esa es la verdad.
La verdad no es una conclusión filosófica, es una experiencia existencial. No es ni pensam iento ni sentim iento, es existencial; estás con ella con todo tu ser. Cuando una gota de agua cae al océano, caiga con la cabeza, caiga con el corazón o caiga totalm ente, caerá totalm ente; corazón, cabeza, todo; bueno, m alo, todo; santo, pecador, todo. ¡Cae com pletam ente!
Ni los santos pueden conocer lo Divino, porque son dem asiado buenos y su bondad se convierte en un obstáculo; ni los pecadores, porque ellos piensan que son m uy m alos y su m aldad se convierte en un obstáculo. El que no es ni santo ni pecador, ni esto ni aquello, el que no elige, el que no proclam a que « soy esto o soy aquello» , el que sim plem ente está en la presencia, sólo ese puede conocer lo Divino.
Y no tienes que irte a los Him alay as, te puedes quedar j unto a una piedra y ocurrirá: ¡no necesitas ir a ningún tem plo! Te puedes quedar j unto a un árbol y ocurrirá. Ni siquiera necesitas acercarte al árbol: te puedes quedar sim plem ente contigo m ism o y ocurrirá; porque lo Divino está en todos los sitios. Cada átom o vibra con ello, cada átom o lo celebra. Está en todas las cosas.