Una de las preocupaciones nodales en la historia ambiental contempo- ránea ha sido, ya desde Estocolmo-Roma, el problema del crecimiento poblacional: “Estamos convencidos de que la presión demográficaen el mundo ha alcanzado un nivel tan elevado y una distribución tan desi- gual, que tan sólo este problema debe obligar a la Humanidad a buscar el estado de equilibrio del planeta” (FD64: King et al., 1972b: 239, én- fasis agregado)2.
El miedo a arribar a un límite planetario en el cual los recursos exis- tentes sean ya incapaces de absorber las necesidades de una población global creciente también se ve reflejado en el informe Brundtland:
Cada año aumenta el número de seres humanos, pero la cantidad de los recursos naturales con los que mantener a esta población, para me- jorar la calidad de la vida humana y para eliminar la pobreza genera- lizada sigue siendo finito (...) Las tasas actuales de crecimiento de la
población no pueden continuar (FD80: N.U., 1987: 81, énfasis
agregado).
E incluso en la mismísima Declaración de Río 92 esta preocupación está presente (FD34: CNUMAD, 1992a). Pero, como de algún modo ya lo advertía en 1971 el Reporte Founex, el crecimiento poblacional constituye un grave problema cuando no existen mecanismos políticos adecuados para incluir a la población obrera excedente en el mercado de trabajo (FD49: Founex, 1971).
Es que la cuestión del crecimiento poblacional solo puede ser vista como una de las amenazas principales al equilibrio ambiental global en tanto y en cuanto sea desvinculada de los modos de producción, acumu-
lación y, por sobre todo, de distribución del excedente. Es decir, única- mente si pensamos en (al menos) el sostenimiento de los actuales niveles de desigualdad en la distribución mundial del excedente, la “presión po- blacional” podrá ser vista como una amenaza a la biósfera capitalista.
Pero esta inquietud por esta supuesta amenaza poblacional no debe ser simplemente banalizada. En este caso se revela, a decir de Marx, “el punto de vista burgués, dentro de los horizontes de la inteligencia capi- talista” el cual alcanza a visualizar los límites mismos del capitalismo o, para ser más precisos, su carácter no absoluto sino esencialmente histó- rico como régimen de producción (2009: 256). Marx señala estas par- ticularidades de la mirada desde la producción capitalista al tratar de comprender la inquietud de Ricardo y la angustia de los economistas ingleses frente a la constatación de la tendencia al descenso de la tasa de ganancia. El riesgo de la finitud del capitalismo no debe, por tanto, ser desdeñado por el investigador, ni mucho menos las respuestas institu- cionales y de mercado que se generen para conjurarlo.
La tendencia al aumento del componente técnico del capital por sobre el componente humano o “vivo”, de la que hablamos en el capí- tulo anterior, conlleva a la paulatina baja en la tasa de ganancia. Pero además implica el desplazamiento de parte de la población obrera al “ejército de reserva” de desocupados que, a su vez y según su importan- cia, incidirá en los movimientos generales del salario. Ahora bien, si para Malthus la sobrepoblación era causada por el crecimiento absoluto en demasía de la población trabajadora, para Marx la cuestión pasa por la conversión de esta en “relativamente supernumeraria”, es decir “excesiva para las necesidades medias de valorización del capital y por tanto su- perflua” (Marx, 2008a: 784). Vemos así de qué manera dos miradas di- símiles, una anclada en el modo de producción capitalista y la otra situada en sus límites, valoran de manera diametralmente diferente a la cuestión del crecimiento poblacional.
Ahora bien, si desde Estocolmo-Roma este es un tema nodal para la historia ambiental contemporánea no lo es porque sencillamente exista cierta pretendida certeza científica acerca de los límites de la Tierra para albergar la creciente población mundial sino en razón de las específicas y mundanas preocupaciones de los hombres y las instituciones de poder que le dieron origen. Por lo tanto, tal sobrepoblación, desde nuestro punto de vista, no necesariamente asume de por sí el carácter de amenaza ambiental global y causa de la crisis ambiental global, sino que involucra
al tendencial crecimiento de una población obrera solo relativamente ex- cedentaria susceptible de profundizar el carácter antagónicodel proceso de acumulación capitalista por el cual: “a medida que se acumula el ca- pital, empeora la situación del obrero, sea cual fuere su remuneración” (Marx, 2008a: 805). De tal modo, el crecimiento poblacional puede ser intuido desde la mirada capitalista como un problema global acuciante en tanto y en cuanto la población obrera desplazada por la creciente tec- nificación del capital sea vista como una amenaza para el sostenimiento de los actuales índices de concentración y distribución del excedente. Y esta amenaza crecerá a medida que la centralización del capital se pro- fundice y con ella se acelere y refuerce la acumulación capitalista con al- gunos de sus efectos más destacados: el aumento en la composición técnica del capital y la reducción de la demanda de trabajo.
La preocupación por los límites del crecimiento, por lo tanto, no será visualizada por nosotros como una cuestión ajena a los resortes eco- nómico-políticos del punto de vista capitalista, y en la mayoría de los casos etnocéntrico, de los reportes tecno-científicos y las declaraciones institucionales marcadas a fuego por la impronta y la mirada de los países del Norte. Asimismo, nos será inevitable sostener un profundo escepticismo cuando de hablar de crisis emergentes de supuestas pruebas tecno-científicas indisputables se trate. Para nosotros, las crisis no son situaciones devengadas de tal o cual certeza contemporánea acerca de las condiciones de vida y supervivencia en el planeta. Recordemos el lugar que ocupa la crisis en el edificio conceptual marxiano:
El límite con que tropieza el régimen capitalista de producción se mani- fiesta (…) en que el desarrollo de la capacidad productiva del trabajo en- gendre, con la baja de la cuota de ganancia, una ley que, al llegar a un cierto punto se opone del modo más hostil a su propio desarrollo y que, por tanto, tiene que ser constantemente superada por medio de crisis (Marx, 2009: 2555).
El relato de la crisis ambiental global ha coadyuvado a desplazar el carácter antagónico de la acumulación capitalista hacia el conflicto hom- bre/naturaleza. Desde el momento en que está en riesgo el futuro de la humanidad en su conjunto, presenciamos la instauración de una imagen de crisis total que exigirá sacrificios, ajustes y correcciones en todos los ámbitos: jurídicos, institucionales, de mercado e incluso en el comporta- miento individual. El imperativo moral de la pureza aparece aquí reno-
vado en forma de mandato “verde” que culpabiliza al consumidor por su negligencia e imprudencia. Pero la expiación va de la culpa del consumi- dor a la “satisfacción verde” de la conciencia ambiental y el consumidor responsable. La imagen de un antagonismo hombre-naturaleza que está presto a arribar a un punto cúlmine si no hacemos lo suficiente para evi- tarlo, tiende a promover un rol central para la ciencia y, más precisamente, para la técnica ambiental. En tanto y en cuanto la autoridad del saber tecno-científico no sea controvertida será el autorizado para proveer los modos adecuados para la simbolización-solución de la crisis. A partir de allí, aquello que haga signo del avance y desarrollo de las políticas del modo de producción, es decir todo lo que pudiese construirse como an- tagonismo social, deberá ser abordado técnicamente ofreciéndose solu- ciones técnicas orientadas a armonizar la relación hombre-naturaleza.
El “nuevo imperativo ético”, en palabras de Speth (2004), basado en la “evidencia científica” de la profundización del daño y la crisis am-
biental, abre paso al Desarrollo Sustentablecomo deber general para
todos los países del globo. Y este desde su misma formulación originaria llevará ínsita la idea de la necesidad de limitar el crecimiento: “desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer las posibili- dades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” (FD80: N.U., 1987: 41).
Las necesidades de las generaciones presentes si bien deberán ser sa- tisfechas podrán ser debidamente limitadas en tanto y en cuanto pongan en riesgo a las posibilidades de las futuras. Pero más allá de esto, la im- portancia del proceso de Brundtland-Río reside en la postulación, a par- tir del acuerdo y el consenso internacional, del desarrollo sustentable
como significante nodal alrededor del cual se articularán una serie de elementos que disputarán por proveerle, siempre de manera contin- gente, una particular significación. Desde nuestro punto de vista no hay significante capaz de alcanzar una relación plena con su significado, sino lazos contingentes susceptibles de ser disputados y transformados. En tal marco nos es posible identificar entre esos lazos de sentido surgidos del proceso Brundtland-Río a los siguientes:
• Del mismo modo que en los cincuenta y los sesenta se supuso la existencia actual de países poseedores de niveles ideales (o cuasi ideales) de desarrollo, en este caso, sustentable. Es decir, aquí se replicó la idea de países dotados de los modos de producción ya avanzados a los cuales el resto deberá intentar alcanzar. Sobre este concepto se basa la promo-
ción a la cooperación internacional y al financiamiento para el desarrollo sustentable (FD35: CNUMAD, 1992b).
• La concepción del desarrollo sustentable como deber general glo- bal coloca en pie de igualdad a los PD y los PED frente al nuevo ideal “verde” del progreso. Nuevamente aquí, las relaciones y condiciones es- tructuralesde dependencia entre los países periféricos y los países cen- trales son escenificadas como diferencias meramente coyunturales. Lo cual habilita, como señalamos en el capítulo anterior, a la creencia en el posible acceso conjunto de todos los países del globo al mismo ideal de progreso.
• La necesidad de limitar el crecimiento poblacional y/o económico como medio para alcanzar el ideal del desarrollo sustentable.
• Si bien se señala la necesidad de tener en cuenta la particular si- tuación de los PED3 aquí nuevamente (al igual que en Estocolmo- Roma) los países más altamente industrializados son los llamados a comandar los procesos económico-políticos orientados al ideal del de- sarrollo sustentable. Es decir serán los, en palabras de Jonathan Barton, “países pioneros” en el desarrollo de su propia industria del ambiente los llamados a dirigir el proceso de ecologización de los mercados en desarrollo:
Ser un “first mover” es beneficiarse de ventajas competitivas en el mer- cado y se considera que es una razón fundamental detrás del proceso de desarrollo. (…) las ventajas de los “first movers” han sido acumuladas por empresas con sede en los países que tenían regulaciones estrictas desde el principio, como los EE.UU., Alemania y Japón. Estas empresas, al haber arriesgado capital en I+D en las etapas de la innovación, están ahora en condiciones de beneficiarse de la creciente demanda como de las regulaciones similares en otras partes del mundo que han llevado a la adopción de sus productos y servicios (Barton, 1997: 3).
• A nivel nacional, el deber general de protección ambiental suele pasar por alto las asimetrías estructurales entre propietarios de medios de producción y quienes solo poseen su fuerza de trabajo (Foa Torres, 2012b). Pero a nivel internacional, la sanción de un deber general de tal magnitud como el del desarrollo sustentable se dirige centralmente hacia los gobiernos del mundo, como señala la Agenda 21 (FD35: CNUMAD, 1992b). Y esto tiende a soslayar el lugar estructural que ya, hacia princi- pios de los noventa, poseen de manera obscena las CTN en el mercado
mundial. De tal modo, desde nuestro enfoque, la diferencia estructural ya no reside solamente en la propiedad de los medios de producción como en cada capitalismo nacional, sino en la propiedad o control de las redes de poder de factoorientadas a la centralización y concentración del capital transnacional. Es decir, la distinción entre PD y PED (para tener en cuenta medidas y situaciones especiales de estos últimos) tiende a obviar o subvalorar la posición dominante de las CTN en la economía-política internacional.
• El desarrollo sustentable cristalizó la esperanza capitalista por re- conciliar al comercio internacional con la protección ambiental. Como señalaba el por entonces (1995) embajador chileno en Brasil, Heraldo Muñoz:
La dicotomía libre comercio vs. medio ambiente, en definitiva, es falsa, ya que la esencia del desarrollo sostenible es, precisamente, que es posible y necesario armonizar y conciliar ambos propósitos (…) hoy en día muchos países en vías de desarrollo están aprendiendo una recomendación esencial: la política ambiental no es una fuente de pro- blemas sino, por el contrario, una fuerza impulsora de carácter inno- vador que fomenta el crecimiento económico y la competitividad. Al fin y al cabo, esta es la verdadera esencia del desarrollo sostenible (FD74: Muñoz, 1995: 379).
En definitiva, la instauración del patrón del desarrollo sustentable como respuesta urgente a la crisis ambiental global en ciernes preparó nuevas y también repetidas condiciones para la generación y transferen- cia del excedente desde la periferia hacia el centro global. Particular- mente nos referimos a la periferia latinoamericana y al peculiar modo en que adoptó e hizo suyo al desarrollo sustentable. Pero para ello será necesario el desarrollo de una serie de lógicas sociales y dispositivos tales como las políticas de flexibilización verde implementadas a través del establecimiento de instrumentos jurídico-institucionales homogéneos para la región, tal cual veremos con detenimiento más adelante.