Tras la Gran Depresión, las políticas de mayor intervención por parte del go- bierno fueron vistas con beneplácito por la magnitud del problema econó- mico. El New Deal, que refleja la aceptación de un cierto grado de injerencia del gobierno en la economía a través de la política fiscal, redes de seguri- dad social, negociación colectiva y regulación del mercado de valores, había atemperado la influencia de las corporaciones en la sociedad. Dado el fracaso rotundo de la no intervención, la interferencia del gobierno fue aceptada pese a la clara concepción capitalista del sistema en la sociedad.143
La fuerza ejercida por el movimiento laboral creciente llevó a la federali- zación de las protecciones para los trabajadores.144 Gracias al marco de legi-
timación creado por el New Deal,145 los sindicatos presionaron por reformas
que llevaran la seguridad social a todos los ciudadanos, y en particular me- joras en salud y pensión para los trabajadores con la esperanza de estar dan- do los primeros pasos hacia una legislación federal.146 Para adelantarse a las
posibles reformas que los dejarían sin el control sobre los beneficios para los trabajadores, los empresarios empezaron a implementar ellos mismos los cambios.147
Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno intervino para facilitar este régimen emergente de capitalismo de bienestar, mediando en las dispu- tas frente a los acuerdos que se habían pactado entre los trabajadores y la in- dustria. En los años posteriores, cuando Estados Unidos se fue consolidando como la gran potencia económica, el gobierno retiró su papel como simple mediador y, como consecuencia, la mayor parte del programa de seguridad social de los estadounidenses quedó en manos de las corporaciones.148
Con el control sobre la seguridad social las corporaciones determinaban en gran medida el papel que el Estado desempeñaba en la política de las re-
142 Klein, 2004, pp. 34 y ss. 143 Ibid., p. 35.
144 Ibid.
145 Mizruchi y Hirshman, 2010, p. 1087.
146 Estlund, 2008, p. 677. A este respecto se puede ver también Klein, 2004, p. 39. 147 Mizruchi y Hirshman, 2010, pp. 1088; Klein, 2004, pp. 50-51.
laciones laborales. De hecho, sobre las bases de esta política el sistema de seguridad social se fundaba principalmente en la empresa privada.149 Estos
acontecimientos de la década de 1950 reflejaban en alguna medida el plantea- miento de Berle y Means de la década de 1930, que proponía la autorrespon- sabilidad de la corporación moderna frente a sus grupos de interés.150
Los legisladores, posiblemente por no alterar los equilibrios de poder, dejaron en manos de los sindicatos la protección de los derechos de los tra- bajadores151 y, al mismo tiempo, pusieron en manos de los accionistas la res-
ponsabilidad de evitar los excesos en el manejo corporativo. De alguna manera el Estado ponía en manos de dos de los stakeholders el debate por el balance del poder y los beneficios en las corporaciones.152 Los sindicatos, por una par-
te, que se ocupaban de la protección de los trabajadores; y los accionistas, por otra, que se enfrentaban a la responsabilidad de poner freno a los abusos de poder ejercidos por el management.153 Esta visión de la sociedad (sin lucha de
clases), y de la política de los stakeholders autorregulados,154 posiblemente faci-
litó una visión de gobierno corporativo centrada exclusivamente en la gestión y los inversores, mientras que el tema de los trabajadores y otros grupos de in- terés quedó relegado a otras áreas de la política y de la academia.155
Esta visión del rol protagonista de los sindicatos y los accionistas en el control del poder corporativo y en los derechos de los trabajadores puso de manifiesto la preocupación del mercado financiero concentrado. Pero la solu-
149 Klein, 2004, pp. 39-40.
150 Mizruchi y Hirshman, 2010, p. 1080.
151 Poniendo de manifiesto que la ideología individualista y pluralista en Estados Unidos, con el propósito de no reconocer ningún tipo de lucha de clases, con- cedió a los sindicatos un estatus como grupo dialogante para la construcción de mejores condiciones para los trabajadores, y terminó entregando en manos de los primeros la protección de los derechos de los segundos y en manos de los ac- cionistas la responsabilidad de domar el poder corporativo. Dice Tsuk que “Vien- do los intereses de los trabajadores protegidos por sus sindicatos, los académicos confiaron en otros, con intereses menos inmutables, llamados accionistas y direc- tivos, la moderación del poder corporativo”. Tsuk, 2003, p. 1868.
152 Tsuk, 2003, p. 1887.
153 Tsuk, 2003, p. 1868, p.1878. Al respecto manifiesta Tsuk: “En lugar de centrarse en los trabajadores para limitar el poder de las corporaciones, los estudiosos del derecho corporativo, a partir de la década de 1930, trataron de limitar el poder de las empresas, centrándose, en primer lugar, en otras estructuras sociales -en las clases de los administradores y accionistas- y, a continuación, sobre los principios de experiencia, eficiencia y maximización de la riqueza.”
154 Smith, 1996, p. 151. 155 Tsuk, 2003, 1875.
ción al problema, en lugar de centrarse en la creciente riqueza a disposición de los administradores corporativos, cayó directamente en bancos e instituciones financieras.156 Restricciones legales en el tamaño y las operaciones de los ban-
cos les impidieron convertirse en los agentes financieros dominantes (a dife- rencia de lo que ocurrió en Europa, como ya se ha señalado).157 Por tanto, los
ahorros de los estadounidenses fueron directamente a los mercados de valo- res, sin intervención de los bancos u otros intermediarios. Aunque se temía por una alta concentración del poder financiero en los mercados, al mismo tiempo el carácter disperso de la estructura de propiedad de las empresas per- mitía una percepción “populista” de la propiedad sobre las corporaciones.158
Por este mismo camino, la alta estima del individualismo y la indepen- dencia contribuyeron a la formación de un régimen de gobierno corporativo que excluía a los stakeholders.159 El derecho corporativo se fue desarrollando
luego a partir de la base de una concepción casi unánime, propia del common
law, de los derechos de propiedad como naturales, inalienables y no condicio-
nados al desempeño de cualquier función social. Por tanto, los derechos de propiedad de accionistas parecían sagrados, incluso a expensas de los intere- ses de otros stakeholders.160 Dentro de las ideas dominantes destacó el énfasis
en la libertad del contrato y la protección de la propiedad privada, mucho más que los países con raíces en el derecho civil, que aceptan un papel más activo del Estado. Este compromiso estadounidense, profundamente arraigado por la libertad del contrato y los derechos de propiedad individual, contribuyó a esculpir el papel de la corporación en el nuevo capitalismo de bienestar.161
156 Jacoby, 2000, p. 9.
157 Smith, 1996, p. 152. A este respecto anota el profesor Mark Roe que el mode- lo centralizado de intermediarios financieros, como era el caso de Alemania y Ja- pón, sería ilegal en Estados Unidos. Menciona distintas leyes que se promulgaron en Estados Unidos como barreras a la concentración de propiedad como Bank Holding Company Act, The Glass-Steagall Act y el MacFadden Act que impedía el desarrollo de sistemas como el alemán y el japonés en Estados Unidos. Roe, 1994, pp. 94-96, 98-99 y 170-171.
158 Smith, 1996, pp. 154-156. 159 Jackson, 2011, p. 320.
160 Columbo, 2005, pp. 260-262. Esta visión de la propiedad es claramente opuesta a la posibilidad de un enfoque del bien común en la empresa, como se verá más adelante. Ver acápite 3.3.2.