En México, a diferencia de Europa, la artesanía y el arte popular se configuran como el símbolo de la independencia y por tanto del progreso del país. Este diferente background cultural es sustancial a la hora de analizar las preferencias estéticas y temáticas adoptadas por la joyería artística y contemporánea mexicana, con respecto al escenario internacional. La actual cultura artística mexicana se construye a partir de una revolución que quiso superar los rasgos del colonialismo, así como de la división étnica y lingüística en la cual se encontraba el país, con la creación de un código simbólico e ideológico que representase la nueva identidad nacional. A diferencia de las otras revoluciones del siglo XX, la mexicana fue “la explosión de una realidad histórica y psíquica oprimida” (Paz, 1999, p. 48), según las palabras de Octavio Paz, el cual explica que ha sido una revelación no sólo una revolución, porque, en la búsqueda de modernidad, México ha vuelto la mirada hacia sus orígenes, hacia aquella gran riqueza de la cultura autóctona.
En los años treinta entre los arquitectos surgió la discusión sobre cual era el estilo mexicano: el Racionalismo, siguiendo el estilo europeo lanzado por Le Corbusier, el estilo colonial o un estilo neo mexicano reformulando lo prehispánico. Las tres corrientes han sido sintetizadas, en distintas medidas, en el estilo Modernista mexicano como se puede ver en la joyería de Matilde Poulat reconocida por adornar famosos personajes como Frida Kahlo, o los novedosos diseños de William Spratling, padre de la joyería en plata taxqueña, gracias al cual consiguió renombre mundial.
Como veremos la joyería artística mexicana se caracteriza tradicionalmente en primer lugar por un abundante uso de la plata, siendo México uno de los principales países productores del mundo, y también por referirse a menudo a las varias facetas de las culturas locales. La apropiación de símbolos, técnicas, lenguajes y materiales provenientes de distintas culturas, como en el caso de las indígenas o prehispánicas, designan aquella peculiaridad de la identidad contemporánea que se suele definir en términos de: mestizaje, sincretismo o hibridación. Allí donde se rompió el lazo con la tradición, el artista necesita buscar nuevos significantes - es decir todos aquellos elementos como signos, formas, materiales, colores, etc. - extrapolados desde cualquier ámbito, más allá de la esfera tradicional de la joyería,
La construcción de una nueva identidad global: el cambio desde la Joyería Artística a la Joyería Contemporánea en México.
para crear con ellos un propio código personal. En este sentido, entonces, el empleo de elementos culturales autóctonos en la joyería artística mexicana no tiene una vinculación férrea a la cultura local, sino que hace referencia a ella según la voluntad comunicativa del autor, el cual ya no es el artesano que representa la identidad de su pueblo, sino el artista que se interroga sobre su propio sentido de pertenencia. La joyería artística se configura, entonces, como el reflejo de una identidad cultural contemporánea, anteponiéndose a la máquina homogeneizadora del libre mercado, donde la joyería étnico/artesanal quedó obsoleta, y la joyería de las multinacionales impone, a las masas, la asunción de otros modelos y valores, actuando en un proceso de estandarización cultural y estética. Es en este marco que se inscribe la obra de la primera generación de artistas multidisciplinares que se interesaron en la joyería como medio de expresión personal.
La obra de Víctor Fosado, considerado el padre de la joyería artística mexicana, parece ejemplificar el discurso de Octavio Paz que concluye afirmando que “entre tradición y modernidad hay un puente, separadas las tradiciones se petrifican y las modernidades se volatizan, juntas la una vivifica la otra y la otra responde confiriéndole peso y gravedad” (Paz 1999, p. 48). Fosado hizo confluir en la joyería todas las facetas de su poliédrica identidad, como antropólogo, como artista y como mexicano, reflejando plenamente el sincretismo de la estratificada variedad cultural mexicana. La formación en el taller de su padre y el trabajo con los artesanos taxqueños confiere a sus piezas unas profundas raíces en la tradición artesanal endógena, la cual no le impidió una desinhibida experimentación entorno a la joyería en acorde con el fermento artístico de los años 70. Sus joyas, que el definía “esculturas portantes”, se caracterizan por ser de materiales heterogéneos, muchos de los cuales eran objets trouvés pertenecientes al folclore mestizo o del mundo prehispánico. Después de haber estado en contacto con el ambiente artístico parisino en la década de los 60, el artista ubicó su obra dentro de la corriente del surrealismo, el cual, comenta el artista, “me llevó a interpretar de una manera muy diferente lo que ofrece el arte prehispánico. Desde entonces he iniciado una búsqueda en cuanto a su aspecto plástico” (Mc Master, 2011, p. 9). Vemos entonces cómo se funden las referencias culturales del pasado con las vanguardias, el imaginario local con lo extranjero, el personal con lo popular.
Fig. 1 Víctor Fosado y Arnaldo Coen, “ Joyería Pigtoportante”, 1974.
Entre las décadas de los ochenta y los noventa, un grupo de artistas interdisciplinares - entre otros citamos Ofelia Murrieta, Lucilla Rousset, Andrés Fonseca - empezó a realizar exposiciones colectivas donde a menudo participaba también la influyente obra de Fosado. El 29 de agosto de 1995, El País México dedica un artículo a Ofelia Murrieta definiéndola pionera en la lucha de conseguir espacios de exhibición para piezas de artistas que ni son estrictamente joyas ni tampoco se les incluye en las galerías. Ofelia Murrieta nos contó varias anécdotas sobre cómo consiguieron organizar exposiciones y cómo se formó el grupo, juntándose entre artistas que tenían la misma intención de enseñar al público una personal y renovadora concepción de joyería: “Conocí a Andrés Fonseca e hicimos una primera exposición de los talleres de Coyoacán que para mí ha sido un parte aguas. La exposición se titulaba: “Orfebrería, Joyería, Escultura ¿o Que?”, exponíamos allí los locos que estábamos haciendo cosas extrañas con la plata o con los metales, allí confluimos todos (…) En esta ocasión fue donde yo descubrí que se pueden contar historias con la plata”1. El material que hemos podido recopilar sobre estos acontecimientos nos
demostró que en el escenario mexicano existía una discusión sobre temas y cuestiones muy parecidas al paralelo debate europeo en torno a la joyería que se estaba desarrollando en aquellos años, con la participación de historiadores de arte como José Lever y J. Alberto Manrique. Andrés Fonseca recuerda que todo el tiempo se discutía sobre qué es arte y qué no. Él se dio cuenta que hasta aquel momento la separación entre joyería y arte no existía,
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sino que ha sido construida de alguna manera. Él discrepaba de esta postura porque para él el término “joyería” indica sólo una técnica, como puede ser el grabado o la fotografía, lo que importa es lo que uno hace con ella, único factor determinante para establecer si es arte o menos.
Lorena Lazard es otra importante referente, cuya obra ha sido bastante reconocida en el escenario internacional. Regresando a México en los años 90, después de formarse en joyería artística en los Estados Unidos, no consiguió encontrar otros artistas interesados en este tipo de expresión, lo cual nos da una clara imagen de la situación de aislamiento e invisibilidad en la que la primera generación vivía inclusive en la misma Ciudad de México. Lorena Lazard, en la dificultad de no saber dónde poder exponer su obra, comenzó a presentar sus piezas de joyería en concursos de arte, consiguiendo entrar en el círculo de las galerías de arte desafiando el prejuicio discriminatorio hacia la joyería.
Fig. 2 Lorena Lazard. “Acanthus Mollis 10”, 2012. Foto por Paolo Gori.
Esta primera etapa de experimentación en torno a la joyería no trascendió, se diluyó con el tiempo. Los entrevistados coinciden en que el problema principal fue la incapacidad de establecer un grupo que se respaldara mutuamente avanzando todos juntos en un camino compartido. Tampoco nadie se preocupó de documentar lo que estaba pasando en aquel tiempo, perdiéndose memoria de la mayoría de los acontecimientos, de las obras y de sus autores. Los artistas mencionados siguieron trabajando, cada uno por su cuenta, interesándose en el creciente fenómeno de la Joyería Contemporánea internacional involucrándose activamente en los acontecimientos que siguieron con un salto temporal de casi dos décadas.