La comprensión lectora, ha sido objeto de estudio en forma frecuente, a partir de la década de los 60, se inició el tratado del desarrollo de las habilidades del
estudiante a partir de la lectura. Posteriormente la utilización de los conocimientos previos y el concepto de esquema se integraron al objeto de estudio para determinar que la lectura se conforma como un proceso interactivo en que confluye la
información del texto y la del lector. Finalmente los teóricos se avocaron al concepto de transacción, en donde a partir de selecciones de la información, el lector negocia y construye un modelo de situación sobre lo que el texto trata. Este modelo es personal y único, por eso, una segunda lectura a un mismo texto produce diferentes
representaciones.
La comprensión lectora es otorgar significado a un texto; el lector en la actividad utiliza estrategias para poner en interacción los procesos perceptivos, lingüísticos y cognoscitivos. El sentido del texto se asegura al recurrir a esquemas para integrar coherentemente el contenido y concluir.
Acquaroni (2004) define a la comprensión lectora como un proceso interactivo en el que por lo menos ocurren dos procesos: la decodificación e identificación de grafemas, palabras y enunciados y la aplicación de conocimientos y experiencias anteriores.
Comprendemos un texto cuando, mediante la decodificación, accedemos a su sentido, reconstruimos en nuestra mente un texto paralelo al leído y le dotamos de sentido. Generalmente esta representación mental suele ser una versión más reducida que el texto de partida.
Van Dijk y Kintch (1983) afirman que un sujeto cuando lee un texto, usa una gama de estrategias lectoras y para comprender debe resolver problemas léxicos,
sintácticos, retóricos, textuales, pragmáticos y socioculturales.
La comprensión de un texto es el proceso por el que un lector descubre la estructura del contenido semántico. En el texto escrito las ideas aparecen de forma lineal, una detrás de otra, pero la comprensión exige acceder a una representación no espacial, ni lineal, sino semántica, en la cual las ideas se representan relacionándose con otras más importantes o que suponen un desarrollo de las mismas. El hecho de ponderar las ideas en relación con la totalidad del sentido del texto es esencial para la idea de la comprensión que aquí se mantiene. El mal lector es pues aquel que fracasa en estas tareas. No consigue captar esa estructura y se limita a seguir la sucesión en que aparecen las ideas, sin ninguna dramatización o ponderación. La comprensión hace uso de la abstracción y generalización, lo que permite atender características comunes, independientes de otras características del conjunto. Comprender significa aclarar los fundamentos lógicos de los que se derivan las características, establecer de qué partes se componen los fenómenos y cómo actúan cada una de ellas y todas entre sí.
Grellet (1981) sostiene que la comprensión lectora significa extraer la información requerida de un texto escrito de la manera más eficiente posible,
desechando información irrelevante y encontrando lo que buscamos rápidamente por dos razones por placer o por información.
Comprendemos lo que leemos rápidamente dependiendo del grado de interés que tenemos, si es una lectura que nos gusta lo entendemos más rápido o si estamos buscando una información relevante para nosotros.
La comprensión de la lectura está determinada por la capacidad que tiene el lector para captar o aprender las ideas o conocimientos contenidos en las palabras o grupos de palabras.
Morle (1985) sostiene que la comprensión de un texto escrito es un proceso cognoscitivo mediante el cual se reconstruye, en la mente del lector la información trasmitida por el autor. De acuerdo a esta definición el significado que elabora el lector, no proviene solo de la parte escrita sino que sus experiencias son activadas para la información.
Johnston (1989) define a la comprensión lectora como construir puentes entre lo nuevo y lo conocido, además dice que es dinámica y no pasiva; el lector no puede evitar interpretar y cambiar lo que lee de acuerdo a su conocimiento previo.
Manzano (2001) cita los primeros trabajos sobre comprensión de lectura, señalando en primer lugar el de (Romane, 1884), quién después de hacer que unos sujetos leyeran un párrafo de diez líneas durante un periodo de tiempo, les pidió que escribieran todo aquello que recordaran sobre la lectura. A partir de esto, Romane encontró diferencias entre los sujetos en cuanto al tiempo empleado para efectuar la lectura y lo que recordaban; observó que el recuerdo era imperfecto después de la primera lectura, pero que después de una segunda vez muchos términos antes no recordados eran entonces reconocidos. Más adelante en las primeras décadas del siglo pasado, la lectura era equivalente a leer en voz alta y la comprensión de lectura era tan solo sinónimo de pronunciación correcta.
Smith (1980) afirma que la lectura no es una actividad pasiva, sino que implica complejos procesos intelectuales que deben ser activados por el lector. La
comprensión no depende de la página impresa sino de la capacidad de predicción del lector.
La Organización para la Cooperación y Desarrollo económico (OCDE, 2003)señala que la comprensión lectora es la capacidad de comprender, utilizar y analizar textos escritos para alcanzar los objetivos del lector, desarrollar sus conocimientos y el potencial personal y de participar en la sociedad.
Siguiendo a Snow (2001) definimos a la comprensión lectora como el proceso simultáneo de extracción y construcción del significado a través de la interacción e implicación con el lenguaje escrito. El hecho de utilizar palabras como extraer y construir enfatiza la importancia y, a su vez, la insuficiencia del texto en la comprensión lectora, se articulan tres elementos en el proceso:
El lector, que es un agente de comprensión, y bajo el que se incluyen las capacidades, conocimientos y experiencias que un individuo aporta al acto de la lectura.
El texto, a ser comprendido, engloba cualquier texto impreso o electrónico, con su particular idiosincrasia acerca de su estructura, contenido explícito e implícito. La actividad, es la que está inserta en la comprensión, abarca objetivos, procesos y
consecuencias asociadas a la lectura.
Hoy existe un acuerdo generalizado en afirmar que el proceso de comprensión lectora es interactivo y que el significado no está en el texto, sino que el lector engloba construyendo progresivamente. Al observar detalladamente las definiciones referidas se destaca como rasgo común los procesos de análisis y síntesis; acciones como la comparación, la identificación, la inducción, la deducción y otras, las que integran las llamadas habilidades intelectuales o lógicas (Carmenate, 2002). La integración de habilidades intelectuales a los procesos lingüísticos garantiza la comprensión lectora de forma duradera y así el lector las puede usar posteriormente en su auto-estudio.
La comprensión tal, y como se concibe actualmente, es un proceso a través del cual el lector elabora un significado en su interacción con el texto (Anderson y
Pearson, 1984). No concebimos una lectura sin razonamiento, un ejercicio lector sin tratar de introducirse en el pensamiento mismo del que lo escribió, para poder luego explicarlo claramente.