Si bien es cierto que en los últimos años se ha registrado un ―boom‖ de las ong que aglutinan a decenas y miles de ciudadanos en torno a causas muy particulares como diversas, la eficacia y la duración de éstas, es igualmente variada. Esto se debe a la naturaleza misma de las ong, es decir, al grado de cohesión que exista entre los miembros que las componen, a los recursos – humanos, económicos, políticos, informativos, etc.-con los que cuentan, como a las dificultades a las que se enfrentan. Los desafíos que enfrenta la participación ciudadana para llegar a incidir eficazmente en los asuntos de relevancia social, territorial o de cualquier otra índole, son muchos y –como suele suceder en todos los asuntos humanos-, de gran complejidad. Los obstáculos que enfrenta no sólo tienen qué ver con agentes externos a ella –como las resistencias del aparato institucional del Estado-, sino consigo misma. Sin la pretensión de agotar el tema, se enuncian aquí algunas de las dificultades más relevantes, tanto de las que vienen de dentro ad intra, como de las de fuera, ad extra.
2.5.1. Retos ad intra de la participación ciudadana
Un obstáculo a vencer es, en primer lugar, la misma resistencia a participar, que muchas veces tiene su raíz en el individualismo y cuya superación constituye un verdadero reto por la fuerte influencia del liberalismo económico que deja su impronta aún en los ámbitos comunitarios y personales. En segundo lugar, la dificultad para elegir un proyecto común que integre a todos los miembros de la sociedad, una causa suficientemente consistente que aglutine todos los esfuerzos, pues muchas veces la ausencia de este elemento es la causa por la que no llega a cristalizar la participación. En tercer lugar, la dificultad para organizarse: es de vital importancia que la definición de los objetivos y la asignación de funciones al interior de los grupos organizados estén presentes desde el principio para evitar desgastes inútiles y dirigir eficazmente las fuerzas a la consecución de resultados. El cuarto reto es estar bien informados, para poder integrarse eficazmente en los procesos de participación. En este sentido,
es fundamental la implementación de mecanismos de información que proporcionen a la sociedad suficientes elementos de juicio para la actuación en un punto determinado, ya que los actores intervienen ―desde sus propios marcos de referencia, desde los cuales piensan, definen sus intereses y las estrategias colectivas de acción‖ (Martinic 2000). Pero quizá más importante aún es el reto de consolidar el capital social existente, entendido como ―el valor de prácticas informales de conducta, derivadas de valores integradores de relación basados en la reciprocidad y la confianza‖ (Sáiz y Jiménez 2008:251) pues este recurso sensibiliza a los miembros de la sociedad con relación a las necesidades experimentadas por ésta, pues no es infrecuente que aunque la causa sea de por sí importante, las actitudes individualistas ahoguen las mejores causas sociales. El impulso y fortalecimiento del capital social mediante el fomento de los valores de alto contenido social como el cooperativismo, la solidaridad, la confianza y otros por la misma línea, constituye un factor importante al interior de un grupo o red social que retroalimenta la participación ciudadana.
La existencia de un capital social robusto también propicia intercambios firmes – pero a la vez amables- con el resto de los actores y posibilita el intercambio de opiniones en un clima de respeto y confianza que conduce al diálogo y propicia consensos. Finalmente, vale la pena mencionar que uno de los retos más difíciles –quizá el más difícil- es la prueba del tiempo, de la resistencia en la lucha que se sostiene a lo largo de los meses y aún de los años, manteniendo la tensión de la lucha, frente a estructuras institucionales tantas veces inconmovibles. El sentido de responsabilidad frente a las demandas sociales, si es suficientemente fuerte, lleva al vencimiento de esta prueba, por lo que constituye uno de los más valores más preciados y al mismo tiempo, uno de los mayores retos.
2.5.2. Retos ad extra de la participación ciudadana
El tema de la participación ciudadana adolece de serias dificultades localizadas frecuentemente en la estructura institucional de los gobiernos, los cuales sin mucha dificultad suelen moverse al dictado de intereses particulares al interior del gobierno y no al del beneficio de la comunidad; o bien, por fuertes intereses del mercado representados por agentes con importantes relaciones de poder. Una de las razones fundamentales por las que el gobierno no llega a promover
una auténtica participación de la sociedad, es porque precisamente, ésta podría llegar a tocar esos intereses.
Las resistencias pueden provenir de actores muy diversos como los partidos políticos, los grupos gremiales, las ong‘s, funcionarios públicos, etc., pues afecta a los equilibrios de los grupos de poder. Se trata pues, de un proceso altamente político. Por otro lado, los elevados niveles de discrecionalidad de los gobiernos dificultan seriamente los procesos democráticos, pues suelen contravenir no sólo la voluntad expresa de la sociedad con relación a algunos temas relevantes para ella, sino a las mismas disposiciones legales. En este sentido, uno de los principales retos de la sociedad consiste en exigir e impulsar la implementación de los mecanismos de rendición de cuentas y transparencia de las instituciones públicas, para eliminar o disminuir esos altos niveles de discrecionalidad de las decisiones de los actores del poder público.
Otro reto importante es el de abrir mayores y mejores espacios en la agenda pública para el debate ciudadano, pues muchas veces no existen los instrumentos y los mecanismos adecuados para que la normatividad existente referida a la participación ciudadana lleguen a concretarse a través de la discusión y toma de decisiones que le conciernen directamente; o bien, si existen, son muy ineficientes, o existen sólo de manera formal. Esto requiere de espacios físicos y virtuales, de tiempos y lenguajes en los que se pueda deliberar acerca del presente y del futuro que se quiere como sociedad.
En este sentido, los esfuerzos de la sociedad, así como los del Estado –y por extraño que pueda parecer, también los del mercado- son imprescindibles en la creación de un sentido de lo social más fuerte, que haga posible ese proyecto, del que dependen no sólo la sociedad, sino el Estado y el mercado mismos.