Barack Obama avanza hacia el estrado con una forma de andar confiada y una brillante sonrisa. Extiende el brazo y saluda a la audiencia presente en Denver, compuesta por unas 80.000 personas, y a los millones de telespectadores. Camina con aires de presidente, rezumando autoridad. Aplaude varias veces junto al público presente, una primera señal de que conecta y se siente cómodo con la audiencia. Se dirige al atril y se sitúa frente al mismo con actitud de dominio, los pies firmes en el suelo y los hombros erguidos y rectos. Lleva un traje oscuro serio y su corbata a rayas azules y rojas envía un sutil pero significativo mensaje de unidad que se subraya con una insignia de la bandera americana en la solapa de su chaqueta.
El entorno físico cuyo objetivo es proyectarle como líder refuerza su imagen y lenguaje corporal. Numerosas banderas americanas flanquean el podio tras él. El propio escenario—adornado con grandes columnas—evoca el Lincoln Memorial de Washington, el escenario del discurso de Martin Luther King en 1963, «Tengo un sueño» («I Have a Dream»). Obama permanece de pie delante del formal atril
de madera mientras los aplausos suenan durante algún tiempo y sonríe sin despegar los labios. Su expresión es de humildad y no complacencia, una imagen de gratitud y seriedad de intenciones. Después de un largo rato, los aplausos comienzan a amainar. Obama respira hondo y el timbre de su voz resuena cuando empieza su histórico discurso de aceptación del nombramiento a candidato a la presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata:
¡Gracias! [Los aplausos prosiguen.] Gracias a todos. [Más aplausos.]
Al presidente del Comité Nacional del Partido Demócrata y gran amigo Dick Durbin y a todos mis conciudadanos de este gran país: con profunda gratitud [énfasis] y gran humildad [énfasis], acepto vuestra designación a la presidencia de Estados Unidos. [Aumenta el volumen de su voz. Las palabras electrizan a los oyentes. La audiencia aplaude y agita banderas americanas.]
Quiero expresar mi agradecimiento a la histórica lista de candidatos que me han acompañado en este viaje [su tono de voz está lleno de gratitud] y, en especial, al que ha viajado más lejos, una defensora [énfasis] de los americanos de la clase trabajadora y una inspiración [énfasis] para mis hijas y las vuestras, Hillary Rodham Clinton. [Junta los dedos para recalcar la importancia de Clinton. La audiencia hace sonar los aplausos.]
Doy las gracias al presidente Clinton, al presidente Bill Clinton, que anoche defendió el cambio como sólo él puede hacerlo. [Mueve abiertamente las manos para indicar que sus palabras son sinceras. Aplausos]; a Ted Kennedy que personifica el espíritu de servicio [aplausos]; y al próximo vicepresidente de Estados Unidos [ligera pausa], Joe Biden. Os doy las gracias. [Aplausos entusiastas.]
Agradezco [énfasis] concluir este viaje con uno de los mejores estadistas de nuestro tiempo, alguien que se encuentra cómodo con todo el mundo [mueve ampliamente las manos], desde líderes mundiales hasta los conductores del tren Amtrak que sigue tomando todas las noches para volver a casa.
Al amor de mi vida [sus ojos brillan por la emoción], nuestra próxima primera dama, Michelle Obama [pausa para los aplausos; Obama exhibe una brillante sonrisa], y a Malia y Sasha, os quiero muchísimo [énfasis], y estoy muy orgulloso [énfasis] de vosotras. [Su tono de voz está lleno de adoración. Aplausos.]
historia, la de la breve unión de un joven de Kenia con una joven de Kansas que no eran acomodados ni conocidos, pero que compartían la convicción de que en Estados Unidos su hijo podría lograr lo que se propusiera. [Junta los dedos; su tono de voz es de nostalgia.]
Esta promesa [arrastra la «s», atrayendo un poco más de atención hacia la palabra promesa] ha diferenciado siempre a este país [mueve abiertamente las manos, subrayando la grandeza de este país]: que mediante el esfuerzo y el sacrificio todos [pronuncia cada palabra con sumo cuidado] podemos ir en pos de nuestros sueños individuales pero seguiremos unidos [mueve ambas manos al unísono] como una gran familia americana para asegurar [énfasis; señala con el dedo índice] que la siguiente generación puede ir también en pos de esos sueños.
Ésa es la razón de que yo esté aquí esta noche. Porque durante doscientos treinta y dos años [mueve ampliamente las manos para dar a entender la magnitud de tiempo y subraya cada palabra: dos-cientos-treinta-y-dos] cada vez que esta promesa ha estado en peligro [apunta al aire con el dedo, recalcando la palabra] hombres y mujeres corrientes—estudiantes y soldados, agricultores y maestros, enfermeras y conserjes [su voz sube y baja, para dar a entender la cantidad de gente involucrada]—han encontrado el valor para mantenerla viva.
Nos encontramos en uno de estos momentos decisivos [junta los dedos y recalca las palabras, su tono es de añoranza], un momento en que nuestro país está en guerra, nuestra economía está sumida en la confusión, y la promesa americana ha sido amenazada de nuevo.
Esta noche [baja la voz, añadiendo énfasis], hay más americanos sin trabajo, y más americanos trabajando más duro por menos dinero. Muchos sois los que habéis perdido vuestros hogares e incluso más los que veis caer en picado el valor de vuestras casas. Muchos sois los que tenéis coches que luego no podéis conducir; facturas que no podéis pagar y matrículas escolares que están más allá de vuestras posibilidades. [Mueve ampliamente las manos.]
No todas esas dificultades son producto del gobierno. Pero el fracaso a la hora de reaccionar [mueve su dedo índice como si estuviera regañando a alguien] es un resultado directo de unas políticas ruinosas de Washington y de unas decisiones erróneas de George W. Bush. [Apunta de nuevo al aire con el dedo; aumenta el volumen de su voz. Aplausos.]
palabra ¡América! prácticamente cantando.] Somos mejores que estos últimos ocho años. Somos un país mejor que todo esto. [Resuena un reto en su tono de voz. Aplausos.]
Este país es más decente [énfasis] que aquel en que una mujer de Ohio a punto de jubilarse y después de toda una vida de esforzado trabajo se encuentra en una situación desastrosa a causa de una enfermedad. [Señala con su dedo índice.]
Somos un país mejor [mueve ampliamente las manos] que aquel en que un hombre de Indiana tiene que empaquetar las máquinas con las que ha trabajado durante veinte años y ver como se las llevan a China [deja caer la mano al costado con desdén], y luego se le quiebra la voz cuando explica lo fracasado que se sintió cuando volvió a su casa y tuvo que contar la noticia a su familia. [Baja el tono de voz, comunicando desaprobación.]
Nosotros tenemos más compasión que un gobierno que permite que sus veteranos de guerra duerman en las calles y sus familias se hundan en la pobreza... [aplausos] ... que permanece de brazos cruzados mientras una importante ciudad del país se sumerge bajo el agua ante nuestros ojos. [El público aplaude esta referencia desaprobatoria a la crisis sufrida por la ciudad de Nueva Orleans.]
Esta noche [énfasis], digo al pueblo americano, a demócratas y republicanos e independientes [su tono de voz sube al máximo y luego desciende para hacer hincapié en las diversas opciones políticas] de esta gran tierra: ¡Basta! [Su volumen de voz al pronunciar esta última palabra es enorme. Pausa dramática.] Este momento [énfasis; aplausos] este momento [breve pausa; aplausos], estas elecciones [énfasis] son nuestra oportunidad [énfasis] de mantener viva, en el siglo XXI [apunta al aire con el dedo índice], la promesa americana. [Junta los dedos para subrayar la importancia de lo que dice.]
Porque la próxima semana, en Minnesota, el mismo partido que os ha proporcionado los dos mandatos de George Bush y Dick Cheney le pedirá a este país un tercer mandato. [El público abuchea.]
Y nosotros estamos aquí [mueve ambas manos en dirección hacia sí] nosotros estamos aquí porque amamos a este país demasiado [énfasis] para permitir que los próximos cuatro años se parezcan a los últimos ocho. [Desliza suavemente su voz hacia arriba y hacia abajo para recalcar las palabras, provocando una fuerte reacción de apoyo del público. Aplausos.]
El 4 de noviembre tenemos que ponernos de pie y decir: ¡Con ocho, basta! [Aplausos. Exhibe una sonrisa brillante y segura y deja escapar una risa sofocada. Las ovaciones continúan.]
Que no quepa ninguna duda que será ahora, ahora. El candidato republicano, John McCain, ha llevado el uniforme de nuestro país con valor y distinción [su tono de voz es respetuoso y lleno de gratitud], y por ello le debemos nuestra gratitud y nuestro respeto. [Asiente con la cabeza para reforzar más este punto. Aplausos.]
Y la próxima semana [señala con el dedo índice], también oiremos hablar de todas las ocasiones en que rompió con su partido como evidencia de que puede ofrecer el cambio que necesitamos. Pero los hechos son claros: John McCain ha votado con George Bush el noventa por ciento [junta los dedos] de las veces. Al senador McCain le gusta hablar de criterio, pero realmente [su tono de voz aumenta; sacude su dedo índice en el aire, expresando desaprobación], ¿qué os dice vuestro criterio cuando pensáis que George Bush ha tenido razón más del noventa por ciento de las veces? [Su tono de voz es de burla. Aplausos.] No sé vosotros, pero yo no estoy dispuesto a apostar por un diez por ciento de posibilidades de cambio. [Junta sus dedos. Aplausos.]
Lo cierto es [agita el dedo índice en el aire] que, una vez tras otra, en cuestiones de gran importancia para nuestras vidas—en asistencia sanitaria, en educación y en economía [mueve abiertamente sus manos, indicando la amplitud e importancia de los temas]—el senador McCain ha sido cualquier cosa menos [énfasis] independiente.
Dijo que nuestra economía ha hecho grandes progresos bajo este presidente. Dijo [estira la palabra, añadiendo énfasis] que los fundamentos de la economía son sólidos. Y cuando uno de sus principales asesores—el hombre que redactó su plan económico—habló de la angustia que sienten los americanos, él dijo que sólo padecíamos una recesión mental [articula cada palabra, mostrando desaprobación con su tono de voz] y que nos habíamos convertido—y cito literalmente [eleva el dedo índice] —en «un país de quejicas» [La audiencia prorrumpe en abucheos.]
¿Un país de quejicas? Que se lo digan a los orgullosos trabajadores de una fábrica de piezas de automóvil de Michigan que, tras saber que iba a ser cerrada, siguieron apareciendo todos los días y esforzándose como siempre, porque sabían [apunta con su dedo índice] que había personas que dependían de los frenos que ellos producían. [Su tono de voz es de indignación.] Que se lo digan a las familias de los soldados que se echan la carga al hombro en silencio [su tono de voz baja] cuando
observan que sus seres queridos parten para su tercer, cuarto o quinto turno de servicio. No son quejicas. [Énfasis.] Trabajan mucho, y [énfasis] contribuyen, y [énfasis] siguen adelante sin quejarse. Éstos [énfasis] son los americanos que conozco. [Aplausos.]
No creo que al senador McCain no le preocupe lo que ocurre en la vida de los americanos. Sólo pienso que no lo sabe. [Acelera la cadencia de su voz, como si estuviera contando un chiste. Resuenan las risas del público.]
¿Por qué otra razón, si no, definiría como de clase media a alguien que gana menos de cinco millones de dólares al año? [Agita en el aire el dedo índice.] ¿De qué otro modo podría proponer centenares de miles de millones de dólares [ligera risita burlona] en amnistías fiscales para las grandes empresas y las compañías petrolíferas, pero ni un solo centavo [subraya cada una de las palabras] de deducción fiscal para más de 100 millones de americanos? [Señala con el dedo de forma acusadora; énfasis.] ¿De qué otro modo podría ofrecer un plan de asistencia sanitaria que en realidad grava [junta los dedos] los beneficios de las personas, o un plan de educación que no hará nada [mueve ampliamente las manos, subrayando la palabra «nada»] para ayudar a las familias a pagar la enseñanza superior, o un plan [aumenta la cadencia de su voz, dando la sensación de que la lista podría ampliarse indefinidamente] que privatizará la Seguridad Social y jugará con vuestra jubilación? [La audiencia prorrumpe en abucheos.]
No es que a John McCain no le importe [la tonalidad de su voz baja]; es que John McCain no se entera [Aplausos.]
Durante más de dos décadas ha suscrito esa vieja y desacreditada filosofía republicana: dar cada vez más a quienes más tienen [la inflexión de su voz se eleva, poniendo énfasis en este punto] y esperar que la prosperidad se extienda gradualmente a todos. [Baja el tono de voz en señal de desaprobación.]
A eso lo llaman en Washington «sociedad de propietarios», [junta los dedos] pero lo que de verdad significa es que estás solo. [Su dedo apunta al aire; como si estuviera haciendo una advertencia. La audiencia ríe.] ¿En paro? Mala suerte. [Taladra las palabras y agita una mano en señal de desdén, burlándose de lo que dice.] Estás solo. [Su tono es de burla.] ¿Sin asistencia sanitaria? El mercado lo arreglará. [Agita una mano de forma despectiva.] Eres independiente. ¿Nacido en la pobreza? Sal adelante por tus propios medios, aunque no los tengas. Estás solo. [Pronuncia cada palabra con cuidado. Arranca del público una fuerte reacción de desaprobación a la idea.]
Bien [alarga la palabra], es hora de que reconozcan su fracaso. [Su tono de voz es duro y de censura; apunta al aire con un dedo.] Ha llegado el momento de que cambiemos América. [Apunta al aire con un dedo con determinación.] Y ésa es la razón de que me presente a la presidencia de Estados Unidos. [Su tono de voz es firme. Aplausos entusiastas.]
Vosotros sabéis [alarga las palabras] que nosotros, los demócratas, medimos de forma muy diferente lo que constituye el progreso [junta los dedos] en este país. Nosotros medimos el progreso por el número de personas que pueden encontrar un trabajo que les permita pagar la hipoteca [su tono de vez expresa sentido de justicia]; por el hecho de que puedas tener ahorrado un poco de dinero [junta los dedos para subrayar este punto] a final de mes para que algún día puedas ver como tu hijo obtiene un título universitario. Medimos el progreso a través de los veintitrés millones de puestos de trabajo que se crearon cuando Bill Clinton [se acerca un poco más al micrófono y señala con el dedo índice para remarcar este punto] fue presidente… [aplausos] ... cuando la familia americana media vio que sus ingresos subían hasta los 7.500 dólares [mueve la mano hacia arriba] en lugar de verlos bajar hasta los 2.000 dólares [mueve la otra mano hacia abajo], como ha ocurrido bajo el mandato de George Bush. [Aplausos.]
No medimos la fortaleza de nuestra economía por el número de multimillonarios que tenemos o por los beneficios de las empresas de la lista Fortune 500, sino por el hecho de que alguien que tenga una buena idea pueda arriesgarse y emprender un nuevo negocio o por el hecho de que la camarera que vive de las propinas [apunta con el dedo índice] pueda tomarse un día libre para cuidar de su hijo enfermo sin perder el empleo; una economía que honre la dignidad del trabajo.
Los fundamentos [su mano hace un gesto para expresar que «los fundamentos» son valiosos] que utilizamos para medir la fortaleza económica son si estamos a la altura de la promesa esencial que ha hecho grande a este país, una promesa que constituye la única razón de que yo esté aquí esta noche. [Mueve la mano con suavidad hacia su pecho.]
Porque en las caras de los jóvenes veteranos que vuelven de Irak y Afganistán veo a mi abuelo, que se alistó después de Pearl Harbor, marchó con el ejército de Patton, y fue recompensado por un país agradecido con la oportunidad de ir a la universidad gracias a la Ley del Soldado.
entrar a trabajar en el turno de noche, pienso en mi madre que nos crió a mi hermana y a mí mientras trabajaba y estudiaba para obtener un título; que una vez recurrió a los cupones de la asistencia pública para alimentarnos, pero que, a pesar de todo, fue capaz de enviarnos a las mejores universidades del país con la ayuda de préstamos y becas para estudiantes. [Aplausos.]
Cuando otro trabajador me cuenta que su fábrica ha cerrado, recuerdo a todos estos hombres y mujeres del South Side de Chicago a los que apoyé [énfasis] y para los que luché [énfasis] hace dos décadas, después de que cerrara la planta siderúrgica local.
Y cuando oigo a otra mujer hablar de las dificultades de arrancar su propio negocio o de abrirse camino en la vida, pienso en mi abuela, que se abrió camino desde el equipo de secretarias hasta llegar a ser un mando medio, a pesar de los años en que no la tuvieron en cuenta para los ascensos por el hecho de ser mujer.
Ella es la que me enseñó lo que es trabajar duro. [Junta los dedos, subrayando este punto.] Ella es la que pospuso la compra de un coche nuevo o un vestido nuevo para que yo pudiera tener una vida mejor. [Pone las dos manos sobre el pecho, recalcando el carácter preciado del sacrificio de su abuela.] Me dio todo lo que tenía. Y, aunque ya no puede viajar, sé que me está viendo esta noche y que esta noche es también su noche. [Énfasis. Aplausos entusiastas.]
Bien [alarga la palabra], no sé qué clase de vida piensa John McCain que llevan los famosos [su tono es de burla cuando hace alusión a las afirmaciones de McCain de que él es una celebridad], pero ésta ha sido la mía. [Aplausos.]
Éstos [énfasis] son mis héroes; sus [énfasis] historias han moldeado mi vida. Y, es en su nombre, que pretendo ganar estas elecciones y mantener viva nuestra promesa como presidente de Estados Unidos. [Amplifica sus palabras; su tono de voz es de determinación. Aplausos.]
¿Cuál es esa promesa americana? [Pausa para lograr impacto.] Es una promesa que dice que cada uno de nosotros es libre de hacer con su vida lo que quiera, pero también que tenemos la obligación de tratarnos mutuamente con dignidad [ligera pausa] y respeto.
Es una promesa que dice que el mercado debería recompensar el dinamismo y la innovación y generar crecimiento, [su ritmo se acelera, recalcando le importancia de lo que dice], pero esas empresas deberían estar a la altura de sus responsabilidades de
crear empleos, cuidar de los trabajadores, y jugar según las reglas del juego. [Mueve las manos para recalcar lo que dice.]
La nuestra [alarga la palabra, añadiendo énfasis] es una promesa que dice que el gobierno no puede solucionar todos nuestros problemas [baja su tono de voz], pero que debería hacer [énfasis] lo que nosotros no podemos hacer por nuestra cuenta [mueve ambas manos hacia sí]: protegernos del peligro [alza la palma de la mano verticalmente, indicando señal de alto] y proporcionar a todos los niños una educación decente [mueve las manos abiertamente, para dar a entender la importancia de lo que dice]; mantener nuestra agua limpia y nuestros juguetes seguros; invertir en nuevas escuelas y en nuevas carreteras y en ciencia y en tecnología.
Nuestro gobierno debería trabajar para nosotros [hace hincapié en las palabras], no contra nosotros. [Su tono de voz sube y baja, añadiendo énfasis.] Debería ayudarnos, [hace hincapié en las palabras], no perjudicarnos. [Su tono de voz sube y baja.] Debería asegurar oportunidades, no sólo para aquéllos que tienen más dinero e influencia, sino para todo americano dispuesto a trabajar. [Aumenta el ritmo; recalcando lo que dice.]
Ésa es la promesa de América; la idea de que somos responsables de nosotros mismos, pero que también ascendemos o descendemos como una sola nación; la creencia fundamental de que soy el guardián de mi hermano, soy el guardián de mi hermana. [Mueve la mano como si cortara el aire con resolución y rapidez, para dar entender la justicia de sus principios.]
Ésa es la promesa que tenemos que mantener. [Señala con el dedo índice.] Ése es el cambio que necesitamos ya. [Señala con el dedo índice de la otra mano. Aplausos.]
Por eso quiero explicar exactamente qué significará este cambio [junta los dedos, como si abordara una crítica] si soy presidente. [Aplausos.]
El cambio significa un código fiscal que no premie a los grupos de presión que lo han redactado, sino a los trabajadores y a las pequeñas empresas americanas que lo merezcan. [Mueve una mano hacia el público. Aplausos.] A diferencia de John McCain, dejaré de [énfasis] conceder reducciones fiscales a las empresas que trasladan puestos de trabajo al extranjero y empezaré a concederlas a las empresas que creen buenos empleos aquí, en América. [Apunta al aire con su dedo índice. Aplausos.]
empresas y start-ups que creen los empleos de altos salarios y alta tecnología del mañana. [Ahueca la mano en forma de C, como si colocara las palabras en el aire. Aplausos.] Escuchad ahora [apunta al aire con el dedo]: rebajaré los impuestos [pausa] —rebajaré los impuestos [énfasis]—al 95 por ciento [golpea con el dedo índice] de todas [énfasis] las familias trabajadoras, porque en un economía como ésta [se inclina hacia