Obama emplea también eslóganes y estribillos para subrayar los temas y conclusiones clave. Esto ayuda a centrar la atención de la audiencia. Un eslogan es una frase breve y pegadiza que refleja los temas que un orador desea que su audiencia recuerde. Un estribillo—originalmente una expresión musical, pero que se utiliza cada vez más en los medios de comunicación para describir partes de un discurso—puede ser considerado como una breve frase que a modo de consigna subraya una idea principal, al igual que un coro recalca la letra de una canción. Obama suele emplear la repetición cuando quiere fijar los eslóganes o estribillos en las mentes de los oyentes. Su transmisión de eslóganes y estribillos ha sido tan extraordinariamente efectiva que muchos americanos pueden recitar con facilidad por lo menos uno de ellos: «Sí, podemos». «El cambio en el que podemos creer.» «Algo está ocurriendo.» «Ahora es nuestro momento.»
Hemos observado un ejemplo convincente del uso de eslóganes cuando examinamos las palabras de Obama que siguieron a la pérdida de las primarias en
Pensilvania. Se trató de una pérdida importante, porque los expertos pusieron en cuestión si la derrota indicaba que Obama sería incapaz de obtener apoyo suficiente entre la clase trabajadora americana. Para acallar cualquier sensación de que estaba perdiendo ímpetu, Obama salió con firmeza a la palestra, transmitiendo un eslogan que permitió a los oyentes fijar la vista en las futuras posibilidades y seguir motivados. También empleó la aliteración para incorporar potencia a sus palabras, haciendo que sonaran más elocuentes y optimistas, y animando a sus partidarios a seguir inspirados:
[En] la inverosímil historia de América, la esperanza nunca ha tenido nada de falso. Porque cuando nos hemos enfrentado a lo imposible, cuando se nos ha dicho que no estábamos preparados, o que no debíamos intentarlo, o que no podíamos, generaciones de americanos han respondido con un credo sencillo que resume el espíritu de todo un pueblo.
Sí, podemos.
Fue un credo escrito en los documentos fundacionales que declaraban el destino de una nación. [Aliteración.]
Sí, podemos.
Fue susurrado por los esclavos y los abolicionistas cuando se abrían camino hacia (trail toward) la libertad a través de la más oscura de las noches. [Aliteración.]
Sí, podemos.
Fue cantado (sung) por los inmigrantes cuando zarpaban (struck out) de costas (shores) lejanas y por los pioneros que avanzaban (pushed) hacia el oeste haciendo frente a un desierto implacable. [Aliteración.]
Sí, podemos.
Fue el grito de los trabajadores que (workers who) se organizaron; de las mujeres que (women who) lucharon por el voto; de un presidente que eligió la Luna como nuestra nueva frontera; y de un Martin Luther King que nos llevó a lo alto de la montaña y nos señaló el camino de la tierra prometida. [Aliteración.]
Sí, podemos.
y la prosperidad. Sí, podemos reconciliar esta nación. Sí, podemos arreglar este mundo. Sí, podemos.vi [Énfasis añadido.]
Veamos otro ejemplo:
La decisión a tomar en estas elecciones no es entre regiones o religiones o géneros. No se trata de ricos versus pobres; jóvenes versus viejos; y tampoco se trata de negros versus blancos.
Se trata del pasado versus el futuro.
Se trata de si nos conformamos con las mismas divisiones y distracciones y dramas que pasan hoy por la política o si pretendemos una política de sentido común e innovación, un sacrificio compartido y una prosperidad compartida.
Hay aquellos que nos seguirán diciendo que no podemos lograr esto. Que no podemos tener lo que anhelamos. Que estamos vendiendo falsas esperanzas.
Pero vamos a ver lo que yo sé. Sé que cuando la gente dice que no podemos vencer al gran capital y su influencia en Washington, pienso en la anciana que me envió un donativo el otro día, un sobre con un giro postal de 3,01 dólares y un versículo de las Sagradas Escrituras plegados en su interior. Así que no nos digáis que el cambio no es posible.
Cuando escucho los comentarios cínicos de que blancos y negros y latinos no pueden estar juntos ni trabajar juntos, me acuerdo de las hermanas y hermanos latinos a los que organicé y con los que resistí y luché codo con codo en las calles de Chicago en busca de empleos y justicia. Así que no nos digan que el cambio no se puede producir.
Cuando escucho que nunca superaremos la división racial en nuestra política, pienso en esa mujer republicana que solía trabajar para Strom Thurmond, que ahora se dedica a la educación de niños de barrios marginales y que salió a las calles de Carolina del Sur y llamó a las puertas trabajando a favor de esta campaña. Que no me digan que no podemos cambiar.
Sí, podemos cambiar.
Sí, podemos reconciliar esta nación.
Y cuando abandonemos este estado con un nuevo viento a nuestras espaldas y emprendamos nuestro viaje por el país que amamos lo haremos con el mensaje que hemos llevado desde las planicies de Iowa hasta las colinas de New Hampshire; desde el desierto de Nevada hasta la costa de Carolina del Sur, el mismo mensaje que teníamos en los buenos momentos y en los malos momentos: que somos de muchos orígenes pero un solo pueblo; que mientras respiramos tenemos esperanzas; y allí donde nos encontremos con el cinismo y la duda, y con aquellos que nos digan que no podemos, responderemos con este credo intemporal que resume el espíritu de un pueblo en tres simples palabras:
Sí. Nosotros. Podemos.vii
[Énfasis añadidos.]
La repetición aclara y subraya el «sí podemos» como tema y eslogan principal.