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4. EXPERIMENT

5.4 Approach Observations

Con el triunfo revolucionario se abrieron muchas vías para la emancipación de la mujer y aunque han transcurrido cinco décadas desde enero de 1959, no se ha logrado alcanzar la equidad entre los géneros. “Se considera que Cuba tiene el liderazgo de los movimientos femeninos en Latinoamérica” (Pastor, 2005: 2), debido a todos los logros y las políticas que se han implantado a lo largo de más de cincuenta años para favorecer la incorporación y permanencia de la mujer en el ámbito público laboral.

A partir de 1959 la dirección del país manifestó un gran interés en incorporar a la mujer a todos los procesos transformadores que se sucedieron. Se puede ubicar como el primer gran logro el pleno acceso de la mujer; y todos los ciudadanos cubanos; a los servicios educativos de forma gratuita, lo que va a repercutir en su superación técnica y profesional y desarrollo cultural. Con una preparación igual o mejor que la de los hombres, las mujeres se lanzan al mercado laboral como una fuerza de trabajo calificada en igualdad de condiciones, capaz de incorporarse a sectores y ramas industriales que tradicionalmente agrupaban a trabajadores hombres, como son: la industria azucarera, la industria química, la industria de la construcción de maquinarias y la industria sideromecánica entre otras. No obstante, la presencia femenina sigue siendo mayor en áreas tradicionales del desempeño de las mujeres, y en sectores industriales de tradición femenina.

En 1960 se produce un hecho que ayudaría a encauzar los objetivos de las mujeres cubanas, se crea la Federación de Mujeres Cubanas15 (FMC):

Promotora de iniciativas, propuestas y materialización de leyes en beneficio de las mujeres, que ha contribuido, aún cuando no existía el concepto de género como categoría, a avanzar en la emancipación de las mujeres y desde el principio de la Revolución las leyes promulgadas ya contenían este enfoque(Caram, s/a: 1).

15 Organización de masas fundada en agosto de 1960 que desarrolla políticas y programas encaminados a lograr el

pleno ejercicio de la igualdad de la mujer en todos los ámbitos y niveles de la sociedad. Para incorporarse a la Federación, los únicos requisitos son la voluntariedad de la mujer y tener 14 años cumplidos. Se constituyó sobre la base de la unión de todas las organizaciones femeninas revolucionarias cubanas existentes

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Durante varios años el país desarrolló una serie de acciones que perseguían dotar a las mujeres de cierta calificación, entre ellas cabe mencionar la implementación, por parte de la FMC, de cursos16 que aunque reproducían labores típicamente femeninas, dotaban a las mujeres de habilidades técnicas para su salida al mercado de trabajo. La FMC y la CTC17 iniciaron visitas a las casas para convencer a las mujeres, al padre, al novio, al esposo de la mujer de que el trabajo era necesario, de que la mujer era un trabajador más de la Revolución. Se trató de reeducar y recalificar a las prostitutas y orientarlas a cambiar su forma de trabajo, también se les calificaba para otros trabajos. A inicios de los´70 dejaron de ser blanco de discriminación para la mujer algunos puestos de trabajo como el de cortadora de caña (Echevarría, 2006: 23; César, 2005: 269; Caram, s/a: 10).

Todas estas acciones evidenciaron el afán del gobierno y el Estado de solucionar la precaria situación de la mujer anterior a 1959, muchas tuvieron éxito, otras fracasaron y dieron paso a la implementación de importantes Leyes que favorecieron el acceso de la mujer al empleo, por ejemplo: la Ley de Maternidad, dentro del Código Laboral; el Código de la Familia; la Constitución de la República, el Código del Trabajo, y otras acciones más específicas como la creación de círculos infantiles, comedores escolares para los hijos de madres trabajadoras, entre otras18.

En la década de los ´90 la crisis económica coyuntural que emanó del derrumbe del campo socialista se manifestó también en el empleo femenino. El desempeño de las mujeres insertadas en el empleo se complejizó en alta medida debido al incremento de las tareas domésticas y la búsqueda de soluciones a las dificultades que se presentan en la vida cotidiana en esta etapa histórica y decisiva (Fleitas et al, 2005: 206-207). Algunas mujeres trabajadoras buscaron empleos más cercanos a sus viviendas, otras abandonaron sus empleos. A partir de la Reforma Económica del segundo lustro de los noventa con el surgimiento y/o ampliación del trabajo por cuenta propia, y la

16 Corte y costura, magisterio y domésticas.

17 Organización representativa de los trabajadores organizados sindicalmente en todo el país, fundada en 1961, el

ingreso a sus filas es de manera voluntaria.

18 Para mayor información se pueden consultar los artículos: Estrategias cubanas para el empleo femenino en los noventa: un estudio con mujeres profesionales de Marta Núñez Sarmiento. Universidad de La Habana,

Departamento de Sociología, 2001 y Mujer y política social en Cuba: el contrapunto socialista al bienestar capitalista de María Auxiliadora César, contenido en “Selección de lecturas de Sociología y política social de género” de Clotilde Proveyer Cervantes, Editorial Félix Varela, La Habana, 2005.

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diversificación de las formas de propiedad y administración19 muchas mujeres en edad laboral se incorporaron a otras formas de propiedad, además de la estatal civil (Echevarría, 2006; Caram, s/a).

Una reflexión sobre este período la aporta Reina Fleitas (2005) y otras autoras:

La organización del empleo femenino en la década de los 90 puede circunscribirse a dos tendencias esenciales. La primera es el intento por conservar las conquistas alcanzadas en décadas anteriores y que se resumen en la elevada presencia femenina en el mundo laboral, cualquiera que sea el sector social… La segunda tendencia apunta hacia un desplazamiento de parte de la fuerza de trabajo femenina del sector tradicional al emergente (Fleitas et al, 2005: 207).

Se considera importante exponer el punto de vista de Brígida Pastor (2005) en su artículo “Cuba: mujer y Revolución”. En este artículo se expone una panorámica sobre la favorable situación de la mujer y todos los derechos que ha alcanzado en Cuba, pero se obvia el tipo de sociedad que está vigente en este país; una sociedad machista y por ende aun patriarcal. La autora expresa que aún con la instauración de un sistema social más avanzado (se refiere al socialismo) no se logra eliminar las profundas ideas patriarcales de la sociedad cubana. “La destrucción del capitalismo no es el fin de toda discriminación” (Pastor, 2005: 1). “La desaparición del capitalismo no conlleva la desaparición automática del sexismo, la sociedad no está solamente organizada en términos capitalistas sino en términos patriarcales también” (Hartmann, s/a; citado en Pastor, 2005: 2).

Es cierto que muchos son los logros de la mujer en Cuba, donde el aborto es legal y ello le permite a la mujer cierto derecho sobre su reproducción y su cuerpo; también la maternidad es apoyada por el Estado y las mujeres cuentan con períodos de licencia por maternidad antes y después del nacimiento del niño, en este período no pierden su puesto de trabajo y siguen recibiendo un por ciento de su salario, se le facilita el cuidado de los niños en Círculos Infantiles pertenecientes al Estado, están protegidas contra despidos injustos y tienen acceso a las más disímiles ocupaciones.

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La Revolución dotó a la mujer cubana de herramientas para su aparente igualdad frente al hombre y la integró al ámbito laboral pero no se percató de analizar la raíz del problema: el sistema patriarcal y todas sus concepciones machistas, las cuales aún persisten y lo harán por un buen tiempo.

Brigida Pastor hace referencia a las tareas del hogar y su repartición “equitativa”; expone un ejemplo muy clásico de estas diferencias que aún persisten entre los géneros:

Existe una paradoja que en el colegio un niño aprenda que el hombre y la mujer son iguales y deben compartir tareas equitativamente, incluyendo las de naturaleza doméstica, pero cuando regresa al hogar el modelo observado es el papel tradicional de la madre realizando las tareas caseras, mientras que el padre no participa en tales labores(Pastor, 2005: 4).

Aunque se tracen políticas encaminadas a inculcar la equidad de género, si no se toma conciencia colectiva del asunto no basta con que en los centros escolares se inicien doctrinas sobre valores o comportamientos a seguir si no se complementan en otros espacios como el familiar y el grupal.

Esta autora también entiende que:

Solamente con la Revolución no se puede cambiar las actitudes de una sociedad, cuyos valores han sido perpetuados por una tradición de hegemonía masculina. El machismo es un aspecto definidor de la sociedad cubana y de la mentalidad masculina de todos los países latinoamericanos y se necesita más que integrar a la mujer en el mundo laboral y profesional para combatirlo(Pastor, 2005: 5).

Para que exista justicia social con todas sus letras es necesario un cambio cultural también (Pastor, 2005: 6).

La Revolución Cubana les ha facilitado a las mujeres muchas oportunidades, derechos y facilidades, las cuales han sabido aprovechar eficazmente. La mujer cubana tiene un gran prestigio, respeto y reconocimiento a nivel internacional, también nacionalmente de parte de todos los órganos del gobierno y el estado cubanos e incluso de los hombres cubanos en general. Pero aún faltan por cambiar ciertos aspectos heredados de una

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sociedad patriarcal, donde el machismo está fuertemente arraigado y pauta muchas de las diferencias entre los géneros.

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