3.1 Variant-Set Analysis
3.1.2 Approach
Don Rodrigo Alvarez de las Asturias, señor de Noreña y conde de Trastámara, adoptó al bastardo de Alfonso XI y doña Leonor Guzmán, que fue después Enrique II el de las Mercedes. Pasaron a él los títulos del adoptante, y así el hermano de Pedro I fue conde de Trastámara, de Gijón y de Noreña. El castillo de Priorio, que todavía puede ser visitado, pertenecía a don Rodrigo Alvarez de las Asturias. Durante las luchas fratricidas de aquellos 19 años (1350-69), Don Enrique tuvo su corte en Gijón. Allí se reconcilió con su hermano, don Pedro, en 1352. El condado de Noreña pasó a su hijo natural habido con Elvira Iñiguez de la Vega llamada la Corita, Alfonso Enríquez. Este se reveló contra su hermano, el rey Juan I, que se apoderó de Gijón y extinguió el condado; el de Noreña se lo cedió en 1383 al obispo D. Gutierre de Toledo y sus sucesores en la Mitra. Desde entonces los obispos de Oviedo son condes de Noreña.
Andando los años la viuda de Alfonso Enriquez sitió Gijón en contra de Enrique III el Doliente, quedando la villa destruida sin que fuera separada de la corona de Castilla.
"Era muy poderoso señor en Asturias por estos tiempos el conde de Gijón y Noreña, don Alfonso, hermano bastardo del rey don Juan I, y por ser muy soberbio, codicioso y tornadizo dio en meterse en las tierras señoríos de la iglesia de Oviedo, pidiendo a sus vasallos ciertos tributos para la guerra que sostenía con el rey de Navarra, y poniendo de su mano Justicias, el cual con sus informalidades e inconstancias tan pronto se sometía como se sublevaba contra el rey, e instigados por él varios nobles y alcaides de fortalezas partidarios suyos promovieron en Asturias guerras, alborotos y muertes.
Los concejos y tierras de realengo y los del Obispo se alborotaron, sobre lo cual hubo mucha turbación y revuelta contra Gonzalo Suárez de Argüelles, persona muy poderosa que estaba de parte del conde de Noreña, para cobrar el repartimiento y le hubieron de matar si no se acogiera a los castillos de Noreña y no tuviera mucha gente con que se defendió; y luego dio aviso al conde que estaba en Castilla de la mala paga del repartimiento, el cual vino a Oviedo a donde acudieron de todos los concejos de Asturias (entre ellos el de Langreo), de cada uno dos personas o capitanes acompañados de muchos escuderos y gentes de armas.
Juntáronse en el Capítulo de la Catedral de San Salvador estos procuradores, el Obispo, Gonzalo Bernaldo de Quirós, sus comenderos, el conde Don Alfonso, sus vasallos y amigos y otros caballeros a tratar de conformidad, y después de varias cosas salió acordado que se diese cuenta de todo al rey y que se cumpliese lo que su Alteza mandase, así se disolvió esta Junta General."
" Dice la Real Cédula que el rey mandó que algunas personas señaladas de la gente de Guerra de Asturias, que andaban en su real servicio, se fueren y estuviesen con el mismo obispo para defender la tierra".
" Dice así: Nos el rey facemos saber a vos a Lope Osorio de Quirós e Tel Fernández de Toledo , e García Suárez de Arbuello e a Pedro Menéndez Valdés, etc, (así siguen muchos nombres de varios pueblos de Asturias) y luego a Fernando Alfonso de Lagueyo (y siguen más nombres) nuestros vasallos, que es nuestra merced que quedades con don Gutierre, obispo de Oviedo, e fagades lo que él vos mandare e dixere de nuestra parte que entendieredes que cumple a nuestro servicio, so pena de la vuestra merced, etc, etc".
En todas estas luchas entre el conde de Gijón y Noreña Don Alfonso, y el obispo de Oviedo don Gutierre, por la posesión de las tierras y, sobre todo, por cobrar los tributos, tuvo una participación directa el concejo de Langreo, con su representante nombrado por el rey.
"[...] y para que el conde don Alfonso y otros muchos rebeldes no se volviesen a encontrar y hacerse fuertes en Asturias, para que algunos hombres poderosos no robasen la tierra acogiéndose a los lugares fuertes, mandó el rey que los muros de Gijón se batiesen, que su alcázar se desmantelase y el Castillo de Tudela se arruinase, exceptuando solo la fortaleza de Tineo para prisión de los malhechores".
"Tenía el rey don Enrique II un hijo Natural llamado don Alfonso Enríquez, a quien en prueba de cariño cedió sus estados cristianos de Gijón y Noreña con sus pingües rentas y emolumentos. Creyendo el favorecido que quien de tanto aquí disponía a más podía llegar, impuso por sí, antes de ir a la guerra de Navarra, y después por su merino Gonzalo Suárez de Argüelles, pesados repartimientos, que mal estarían en sus tierras, pero más y sin derecho en las del rey y del obispo de Oviedo. El prelado y los
pueblos se alzaron contra semejantes tributos, amparados en sus fueros y en las regias concesiones, por lo que el conde Don Alfonso vino presuroso a la provincia para apoyar la resistencia. No era cosa fácil: los concejos realengos y las obispalías acordaron reunirse en " junta" en la ciudad de Oviedo, enviando dos diputados los municipios para unirse al obispo Don Gutierre, sus comenderos y algunos caballeros principales, concurriendo también el Conde Infante con varios de sus vasallos. Los que podemos llamar procuradores trajeron para su defensa y sostenimiento de su derecho, nutrida y bien armada escolta que dejaron fuera de las murallas de la ciudad, para mayor independencia de los congregados reunidos en la sala capitular de la Iglesia Ovetense en 1378. Allí estuvieron los de Oviedo, Avilés, Gijón, Pravia, Villaviciosa, Piloña, Grado, Luarca, Navia, etc. En representación del concejo de obispalía de Langreo concurrió D. Pedro Peláez de Sanfrechoso.
Por parte de los pueblos como por parte del Conde se discutió el repartimiento teniéndolo aquellos por injusto y contrario a sus fueros, por lo que acordaron acudir al soberano que dispuso que semejantes tributos no procedían en los concejos de realengo ni en los de la Iglesia.
Fueron sucesivos y nuevos los perdones y alzamientos del bastardo D. Alfonso, turbulento, falaz, inseguro y falso por naturaleza, que volvió a meterse con los de la corona y con los de la Iglesia, pero se encontró de frente con el animoso obispo de Oviedo, Don Gutierre, que al defender los derechos de sus concejos de obispalía contribuyó también a la defensa de los de realengo.
" Había quedado Asturias muy fatigada de los alborotos pasados y todavía había en ella muchos hombres facinerosos y robadores, por lo que acudieron al Rey a pedir remedio, el cual dio sus provisiones para que el Obispo Don Gutierre hiciese pesquisa a los robos y daños y los remediase en todos sus dominios de Asturias y también por las tierras y el señorío de propiedad del Obispo de Oviedo que era Langreo".