De acuerdo con lo presentado en apartados anteriores, en el caso de la presente
investigación se conservará entonces la denominación de enfoque sistémico-ecológico,
teniendo en cuenta no solamente que “el enfoque ecológico y el enfoque sistémico son coincidentes, ya que ofrecen una perspectiva similar en el modo de pensar la realidad” (Idañez, 2013), sino que además, su abordaje conjunto ha sido indicado como necesario,
debido a su complementariedad y a las posibilidades de abordaje integral resultantes de tal
unión.
El enfoque sistémico-ecológico tiene sus orígenes a partir de los postulados de dos
biólogos; éstos fueron Von Bertanlanffy (1950) y Erie Bronfenbrenner (1979); sus
postulados dan cuenta de las características de base del enfoque sistémico-ecológico.
Bertalanffy (1950, citado por Idañez, 2013) postuló con su teoría general de los sistemas,
que desarrolló pasando del campo de la biología a otros campos como el social, la teoría
de diversos sistemas. Bertalanffy (1950, citado por Idañez, 2013) estaba convencido de la
necesidad de identificar las reglas que organizan las interacciones entre los organismos y
que existe una diferencia en el comportamiento de los elementos, cuando éstos son
estudiados de manera aislada y no en el contexto de las relaciones del organismo.
Bertanlanffy (1950, citado por Idañez, 2013) criticó el reduccionismo de las ciencias
naturales y afirmó que los organismos vivientes no siguen las mismas reglas de la física;
propuso identificar los fenómenos observables, como sistemas o conjuntos de elementos en
interrelación entre ellos y el medio; esta teoría brinda los principios para explicar el
mecanismo de la comunicación, ya que según esta, un sistema logra mantener su equilibrio
por el mecanismo de interacción entre la estabilidad del funcionamiento y la necesidad de
aportar nuevos cambios durante el tiempo (Van Geert, 1991). En relación con estos
planteamientos, una de las características del enfoque sistémico-ecológico es entonces, que
éste considera la participación del individuo en diversos sistemas sociales, así como las
relaciones cambiantes entre dichos sistemas (Andrews, 1996).
En la misma línea de análisis, Bronfenbrenner (1979 citado por Idañez, 2013) plantea el
enfoque ecológico, que se interesa por el individuo en su globalidad, así como en las
interacciones con su entorno; este enfoque se produce en el ámbito de la psicología del
desarrollo y da cuenta de un análisis ambiental del desarrollo humano, en el que se tienen
presentes las relaciones familiares. La teoría de Bronfenbrenner (1979) tiene como idea
tanto "el desarrollo es el resultado de las interacciones continuas y recíprocas entre el
organismo y su entorno" (Bronfenbrenner, 1979).
En este sentido, Bonfrenbrenner (1987, citado por Idañez, 2013) en relación con el
entorno, distinguió cuatro niveles o tipos de sistemas, por lo que éstos pueden considerarse
en relación y como una extensión de la teoría de sistemas de Bertalanffy (1950); además,
Bronfenbrenner (1987) precisó que estos cuatro sistemas pueden interrelacionarse y que
van a influir sobre el desempeño del sujeto, sea de manera directa o indirecta; estos son:
El microsistema: Éste corresponde al sistema más próximo al individuo, es éste en el cual el
individuo pasa una mayor cantidad de tiempo; en su análisis se consideran los roles,
actividades y relaciones que establece la persona en el entorno (García, F; 2001). “puede funcionar como un contexto efectivo y positivo de desarrollo humano o puede desempeñar
un papel destructivo o disruptor de este desarrollo” (Bronfenbrenner, 1987; citado por Frías, M; López, A; et Al. 2003). Según Belkys (1980, citado por Frías, M; López, A; et Al.
2003) la familia y las relaciones establecidas alrededor de ésta representarían lo que se
denomina microsistema.
El mesosistema: Comprendería la relaciones entre dos o más sistemas de los cuales es
participe el sujeto (García, F; 2001); entre ellos se encuentran por ejemplo, la interacción
compuesto por las relaciones con la comunidad más próxima (Belkys 1980, citado por
Frías, M; López, A; et Al. 2003) y da cuenta de los vínculos entre microsistemas.
El exosistema: Éste hace referencia a los sistemas en los cuales el sujeto no está incluido
directamente, pero que tienen repercusión sobre el mismo; ejemplo de ello sería para un
niño, el lugar de trabajo de los padres (García, F; 2001).
El macrosistema: Este contexto envuelve los marcos ideológicos o culturales (Frías, M;
López, A; et Al. 2003), como lo serían las políticas públicas, las cuales tienen la capacidad
de afectar indirectamente al sujeto y pueden influir al tiempo, sobre los demás sistemas en
los que interactúa la persona. “Es el sistema más amplio y remite a las formas de organización social, los sistemas de creencias y los estilos de vida que prevalecen en una
cultura o subcultura” (García, F; 2001).
Finalmente, es pertinente hacer la reflexión acerca de la validez actual del enfoque
sistémico-ecológico, como marco de referencia del quehacer fonoaudiológico, debido a que
los postulados de este enfoque se encuentran en concordancia con las políticas públicas
internacionales y nacionales que rigen actualmente; ejemplo de ello, la relación con los
Objetivos del Milenio planteados por la OMS (2000) en torno a la modificación de los
políticos y ambientales que determinan el estado de salud de los individuos y las
poblaciones” (OMS, 2008).
Así pues, los factores determinantes de la salud pueden ser interpretados y evaluados como
factores contextuales, a la luz del marco conceptual del enfoque sistémico-ecológico y su
intervención por parte del fonoaudiólogo; también, de acuerdo con los postulados del
enfoque, deberá dirigirse a la modificación de estos determinantes, desde un nivel
intersectorial e interdisciplinar (Batholomew, 2006).
En relación con lo anterior, se evidencia entonces, que el enfoque sistémico-ecológico es un
marco para orientar el quehacer profesional del fonoaudiólogo, desde la comprensión de los
factores contextuales como los determinantes de la salud, con el propósito que sus acciones
no estén centradas sobre las capacidades individuales de los sujetos, sino que incluyan
acciones sobre los determinantes sociales y ambientales de la salud (Batholomew, 2006).
3.7.5. El enfoque de la pragmática situada
La pragmática situada, corresponde a un enfoque que toma en cuenta la influencia del
contexto en la interacción y la comunicación; este enfoque es resultante de los postulados
de Duchan (1995), quien lleva el análisis de la comunicación y del lenguaje, más allá del
ya que plantea que éstos son insuficientes cuando se analizan en actividades
descontextualizadas.
Por consiguiente, al buscar una mejor manera de comprender los procesos lingüísticos y
favorecer la participación y desempeño del sujeto en actividades de su vida diaria, nace la
pregunta por la pragmática, debido a que ésta determina la funcionalidad del lenguaje; es
decir, su uso, el cual lógicamente no puede estar desligado de las situaciones o contextos de
interacción.
Así pues, la pragmática situada surge como una aproximación que de manera coherente con
los postulados de la CIF, propende por la comprensión del modo en que el contexto
lingüístico influye en el desempeño del sujeto; lo anterior implica que cuando se realiza el
análisis fonoaudiológico, aquello que el profesional busca indagar, es la funcionalidad de la
comunicación (Duchan, 1995), la cual se encontrará en relación necesariamente, con la
sintonización de los interlocutores, el desarrollo de agendas comunicativas y la
comprensión del evento, que será favorecida o determinada por aquellos que participan del
mismo, quienes pueden actuar como barreras o facilitadores del proceso.
En relación con el hacer del fonoaudiólogo se encontrará entonces el trabajo con la familia
que como lo plantea Fantova (2000) puede realizarse a través de diversas actividades que
denomina: Información; Orientación; Apoyo emocional; Formación; Asesoría y
4. MÉTODO
La investigación es un proceso que busca develar e interpretar situaciones o fenómenos
que configuran la realidad en la que se encuentra inmerso el ser humano. La investigación
no puede considerarse como un proceso estático, por el contrario, es un proceso dinámico y
continuo que sigue diversas etapas (Hernández et Cols. 2000).