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CHAPTER 2  COMPETENCY-BASED EDUCATION AND COMPETENCIES FOR

2.9 Approaches in Curriculum Implementation

Con apenas un siglo de antigüedad, Nairobi es tan nueva como sus habitantes. Es una ciudad de inmigrantes, de forasteros, es decir, personas que llegan a la ciudad por el derecho de un trabajo temporal y algo de dinero a cambio. Nadie era de Nairobi (Warah, 2011). Las personas venían aquí para serlo, sin embargo, a menudo no lo conseguían. Nairobi fue la primera ciudad apartheid en África (Wainaina, 2013). Dos crisis causadas por la peste bubónica en el barrio comercial de los indios (ahora el City Market) entre 1904 y 1906 proporcionaron la excusa perfecta a las autoridades para dividir a la ciudad en función de la raza (Charton-Bigot, H. & Rodriguez-Torres, D., 2006).

Nairobi, entonces, se organizó por la política de la enfermedad y la contaminación racial. Si eras blanco, vivías en casas de ladrillo con colinas de bosques al oeste de la vía férrea o en una villa de pisos en el barrio de Muthaiga34. Los indios vivían del otro

lado de la vía del tren en chozas con techo de lata alrededor de Ngara, a lo largo del río Nairobi (Warah, 2011). Por último, los africanos. Ellos vivían o en las dependencias para el servicio de los colonos en los barrios residenciales como Karen o Kilimani, o en una sucesión de asentamientos ilegales al este de la vía férrea, en unas tierras bajas de maleza seca que posteriormente se convertiría en el barrio de Eastlands (Ochieng & Maxon, 1992).

32 Recuperado de http://nairobinews.nation.co.ke/news/kenya-fastest-internet-africa/

33 Recuperado de http://kwani.org/

34 En este barrio se encuentra uno de los exponentes arquitectónicos de la era británica en Nairobi. Según

la descripción que hizo el periodista Alex Perry para la revista Time, “el Muthaiga es una joya de la época colonial, desde su columnatas rosadas y blancas, a las antiguas cabezas de animales colgados de las paredes muy bien cuidados, hasta la biblioteca que alberga unos 20.000 libros. Los estándares se mantienen rígidamente: chaquetas y corbatas son obligatorios para los hombres; no hay chanclas, camisetas, teléfonos móviles o sombreros diferentes a los estipulados. Este es un club privado”. Recuperado de

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Aparte de los nubios de Kibera35, los colonos blancos y tal vez algunas viejas familias de comerciantes indios, los pocos residentes autóctonos de Nairobi tienen sus raíces no más lejos de dos o tres generaciones. Éste, el de Nairobi, fue un asentamiento sin memoria indígena. Solo su nombre tomado de los masais36 y ahora desplazados de la ciudad, proporcionaba algún vínculo con los habitantes anteriores. Y de esta misma forma fue como les gustó a los colonos: la idea de una ciudad frontera en el borde del Imperio, donde los hombres blancos pudieran montar a caballo, llevar rifles, hacer negocios a través de una mesa con whisky en el Norfolk37 e ir de safari como divertimento antes de la caída del sol38.

Nairobi creció, perpetuamente está en crecimiento; siempre siendo remodelada, ampliada y reinventada por los forasteros. Los africanos fueron invitados temporalmente a la ciudad y vivieron aquí a merced de sus empleadores y de la administración colonial. Si permanecían en la ciudad, era como inmigrantes ilegales y siempre bajo la amenaza de desalojo. Como resultado, la mayor parte de la vida de la ciudad ocurría en la oscuridad, bajo tierra, en los espacios negativos que constantemente

35 Kibera, un asentamiento informal de la capital de Kenia es considerado como el mayor suburbio de

África donde residen al menos un millón de personas que viven en condiciones de pobreza y exclusión. No obstante, antes de convertirse en un foco de atención para el centenar de oenegés que trabajan aquí, hubo vida. La periodista y escritora keniana Rasna Warah lo explica así: “El nombre de la barriada es una degeneración del término nubio ‘kibra’, que significa territorio salvaje o de monte. La zona, que fue en su día un asentamiento disperso y poco poblado de soldados nubios retirados, a quien el ejército británico asignó este terreno en 1912, se ha convertido hoy en uno de los lugares más atestados de gente en esta ciudad de casi 3 millones de habitantes. (…) Una opinión muy extendida entre los políticos de Kenia y de otros países es que cuando las zonas rurales alcancen un mayor atractivo se frenará la emigración hacia las urbes –y el consiguiente crecimiento de las barriadas pobres–. Pero la historia ha demostrado que el proceso urbanizador es irreversible y está muy ligado al desarrollo. La gente se traslada a Kibera porque ello significa mejorar sus oportunidades de empleo. Las oportunidades y el espíritu emprendedor son inmensos en barriadas como Kibera, que constituyen un territorio de transición donde alimentar por vez primera sueños para escapar de la pobreza. Pero son también lugares de inmensa miseria y con terribles condiciones sanitarias y ambientales” (Warah, 2007, pp. 277-278).

36 Nairobi proviene de un nombre maa (la lengua de los masais) “Enkare Nyorobi”, que quiere decir “el

lugar de aguas frescas”.

37 Es uno de los hoteles más caros de Nairobi (tiene cino estrellas) que abrió sus puertas en 1904. Un

oasis colonial rodeado de la contemporaneidad de la ciudad. http://www.fairmont.mx/norfolk-hotel-

nairobi/

38 Una de las historias más célebres de las andanzas de la monarquía británica en Kenia tuvo lugar en

febrero de 1952. Una joven Isabel II, entonces princesa, dormía en una de las habitaciones del Treetops, uno de los hoteles más curiosos de Kenia ya que está construido sobre ramas de árboles y rodeado de una reserva natural. A la mañana siguiente le informaban que su padre Jorge VI, había fallecido en Londres, y ella, automáticamente, se convertía en la heredera del inabarcable imperio británico. El cazador Jim Corbett, que acompañaba a la comitiva de Isabel en calidad de guía, pronunciaría una de las frases más famosas de la época y que todavía se pude leer en el hotel: “Por primera vez en la Historia, una joven sube a un árbol un día siendo princesa y desciende convertida en reina”.

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se están formando fuera de la mirada torva de las autoridades. Nairobi creció como una obra casi siempre en progreso.

Es curioso porque el ‘uhuru’ que se declaró tras la independencia convirtió a los primeros habitantes autóctonos en forasteros. Mientras, una minoría de europeos, indios, descendientes de los 300 nubios y de los soldados sudaneses desmovilizados del King's African Rifles (quienes recibieron una parcela de tierra en el bosque de Kibera a principios de 1900) fueron considerados como ciudadanos con papeles en la era inmediata después de 1963 (Lonsdale & Kihoro, 1992). No eran originarios de Kenia, pero tenían derechos que podrían ser fácilmente sustraídos por el gobierno. A merced de un Estado africano que fue definido (al menos en su retórica pública) para corregir los errores del pasado, los miembros de estos grupos fueron considerados extranjeros. Ahora, eran ellos los que se sentían acosados por el gobierno compitiendo con la nueva élite africana por sus espacios de vida antiguas y acomodadas.

Pero a pesar de que la nueva élite africana era poco más que un sustituto de la elite colonial (Ibídem), la mayoría de los africanos en Nairobi se enfrentaron a las mismas amenazas que pendían sobre ellos durante la época colonial. Sus asentamientos no estaban planificados y, por lo tanto, eran considerados ilegales y vulnerables a los avisos de desalojo de algún funcionario del gobierno.

Un siglo más tarde, Nairobi es una ciudad de más de cuatro millones de historias (según el Banco Mundial39) personales que en su mayoría han vivido en los espacios que han quedado en los márgenes de la agenda del Estado: los suburbios, el kijiji (pueblo) o el quiosco improvisado en los arcenes. El setenta por ciento de los nairobienses viven en 199 barrios pobres (y en ascenso) desparramados en los bordes en zig-zag de la polvorienta periferia de la ciudad que todavía sigue siendo una tierra de nadie (Warah, 2007, p. 275).

No es Lagos (Nigeria), una ciudad bautizada por los portugueses y propiedad de los yorubas; o Kampala (Uganda), construida por Frederick Lugard, pero que todavía

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continúa siendo la capital del reino de Buganda40. En Nairobi, el lenguaje cambia de calle a calle, de kisuajili a inglés o sheng, kikuyu, kikamba, dholuo, somalí, meru, maragoli y decenas de otras lenguas.

Las personas viven y mueren aquí todos los días, pero si terminas siendo enterrado en el cementerio de Langata, generalmente es porque algo está mal en la casa originaria de tus ancestros41. Nairobi no es casa, incluso para las dos o tres generaciones nacidas y criadas aquí desde la independencia. Esta urbe, ha sido incapaz de quitarse de encima esa sensación de temporalidad, del lugar de las oportunidades que se cierran tan rápido como se abren.

Pero si Nairobi fue la ciudad en la que viniste a probar suerte, por mucho tiempo esto fue solamente un asunto de las autoridades. Un ejemplo fue la mañana del sábado 24 de abril de 1954. Varios camiones militares rodearon las calles y comenzaron a arrestar a todos los africanos que veían. Un total de 37.000 hombres y mujeres fueron detenidos, como parte de la Operación Anvil, el mayor ataque militar contra la insurgencia Mau Mau (Mboya, 1963). El resultado se saldó con miles de africanos, en su mayoría kikuyus, privados de libertad cuando no de vida42. Este legado de alienación se ha

transmitido de generación en generación reforzando aún más el mensaje de que esta ciudad no es casa.

40 En Uganda se encuentran perfectamente delimitados 4 reinos con lengua, territorio y cultura

reconocidos por la ley. Buganda (es el más grande de los reinos subnacionales de Uganda y el homónimo del país. Abarca aproximadamente el 17 por ciento de la población del país. El título tradicional del rey de Buganda es ‘Kabaka’ y el monarca actual es es Muwenda Mutebi II. Bunyoro-Kitara es el segundo más grande de los reinos de Uganda y el único que fue una vez un imperio que controlaba una gran franja de la tierra que es hoy en Uganda. El título tradicional del rey es ‘Omukama’ y el actual monarca es Omukama Salomón Iguru I. Busoga es otro antiguo reino de Uganda que es más pequeño que los anteriores. El título tradicional del Rey es ‘Kyabazinga’ y el último en ostentar este título fue Henry Wako Muloki. Debido a las contiendas entre los bosuga, todavía no se ha encontrado un sucesor. El último reino es el de Toro que una vez fue parte del imperio bunyoro y fue creado en 1830 cuando el hijo mayor del Omukama rebeló y fundó su propio reino. El título del rey también se denomina ‘Omukama’ y el actual poseedor de este título es Rukidi IV. Recuperado de

http://www.idtg.org/archive/1560-kingdoms-within-the-republic-of-uganda/

41 Nairobi es una ciudad considerada epicentro del dinero por lo que las familias viven entre semana, pero

marchan en períodos de vacaciones a sus casas familiares. Langata es el cementerio de la capital, pero también el lugar para que descansen eternamente rostros que huyeron de sus contextos originarios, de sus raíces, en busca de un futuro mejor.

42 La profesora de la Universidad Harvard Caroline Elkins, autora del libro El Gulag británico por el que

obtuvo el Premio Pulitzer en 2006 estima que fueron alrededor de 100.000 el número de muertes causadas por la represión británica. Véase: Elkins, C. (2014). Britain's gulag: The brutal end of empire in

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El ‘uhuru’ pudo haber puesto fin a las leyes como el kipande43, pero la policía, a día de hoy, siempre busca alguna excusa, alguna propina para dejarte tranquilo:

Kijana, ID Wapi? (Chico, ¿dónde está tu DNI?) Wapi Unatoka? (¿De dónde vienes?)

Wapi Unaenda? (¿A dónde vas?)

Después de haber sustituido las chabolas por cemento –en concreto en Delamere Avenue (ahora Kenyatta Avenue), Government Road y otros lugares en la ciudad–, los colonos anunciaron Nairobi como una ciudad verde y con sol. Era una propaganda pegadiza, pero solo pasajera porque no se podía ignorar el rápido crecimiento de los barrios pobres de esa otra gran ciudad, con casas baratas e invisibles para una población de trabajadores que se estaba desarrollando en secreto.

Hoy en día, estas dos Nairobi(s) compiten por la atención. En los últimos años, el Ayuntamiento ha tratado de restaurar la reputación de la ciudad colonial. Se han plantado árboles y flores en el centro de la ciudad, y las rotondas privatizadas por bancos y aseguradoras se disputan a los mejores paisajistas profesionales para su decoración44. Hay planes para limpiar y resucitar el río Nairobi que murió a causa de años de abusos: tanto los habitantes de los barrios marginales como las empresas industriales por igual lo han convertido en un gran vertedero. Una vez que el río se limpie, senderos agradables por la ribera pretenden ser construidos, así como algunos espacios para quioscos de comida45.

Esta es la Nairobi que el pueblo quiere. Pero al hacer esto, los planificadores de la ciudad dejarían de apreciar la Nairobi que ya existe, con el chisporrotear de nuevas

43 El kipande lo introdujeron los británicos poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial, en

1915 aunque se pondría en práctica en 1919 coincidiendo con el regreso de los soldados blancos que habían participado en la contienda. Estos militares fueron agasajados por el gobierno del Protectorado de África Oriental que les concedió enormes extensiones de tierra como recompensa por su valía en el campo de batalla de la Vieja Europa. Para ayudarles a implementar métodos de agricultura viable, la colonia formuló políticas que facilitaban tener mano de obra, sino gratuita, muy barata. El sistema kipande fue una de ellas y obligaba a los africanos a llevar en el cuello una identificación. Debido a que la mayoría de la población era analfabeta, los empresarios blancos podían escribir cualquier tipo de información en estas insignias para informar a otros comerciantes. Véase: Ochieng, W. & Maxon, R. (1992). An economic history of Kenya. Nairobi: East African Educational Publishers.

44 Recuperado de http://www.the-star.co.ke/news/2017/05/30/lets-restore-nairobis-riverine-

glory_c1569958

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empresas locales e internacionales y el ingenio de cuatro millones de almas inquietas que salen adelante. El Nairobi que ya existe sería una mezcla de los puestos ambulantes de fruta fresca, una clase media que gasta sus shillings (la moneda local) los fines de semanas mientras escucha música en directo o en los centros comerciales, y la creencia de que, al comprar un teléfono móvil, una familia que inventa y hace magia para llegar a fin de mes, va a sobrevivir un día más.

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