En siglo XIX con la dialéctica que caracterizó el crecimiento y el cambio, algunos decretos políticos prohi- bieron las importaciones de hierro labrado desde 1843 para balcones y rejas en Yucatán. Vega registra esta situación pero al mismo tiempo tanto él como Suarez Molina ilustran que siguieron existiendo dueños de almacenes que importaron el material de Inglaterra, Suecia y Noruega; además de fundiciones y tiendas donde se vendían las viguetas para la construcción. Nombres como Quijano, Enseñat, Ricardo Gutiérrez y Felix Lejeune quienes fueron contactos comerciales establecidos, lo siguieron haciendo, probablemente con un permiso especial.
Mientras que el hierro se importó de repente la madera aparece en el hábitat yucateco desde las na- rraciones del cronista Landa del siglo XVI, aparece tanto cuando habla de los huracanes y dice como se incendiaron las casas y las maderas les caían encima a los habitantes como cuando menciona las esterillas o catres de palo donde descansaban los habitantes mayas. Los morillos y demás troncos de la casa verná- cula maya no es mencionada por Landa pero si por otros cronistas y estudiosos de este tipo de vivienda como fueron Alonso Julián, Hernando de Bracamonte y Juan Darreygosa, los testimonios dicen así: “… que
la casa que hacen para vivir son de guano, que son palmas, y ármanlas de varazones antes de poner el guano, y sobre unos horcones que ponen primero para levantar la casa de madera gruesa…”.10 Se complementa con la relación de Texit: “… y los materiales que hay para edificiarlas, (sic) en el dicho pueblo de Tequite (Tekit)
son las casas de madera y varas…”.11
Además de los vestigios materiales hay testimonio también de la utilización de la madera en varias edificaciones religiosas, a través de documentos, por ejemplo la primera catedral que era una edificación 10 | Alonso Julian, “Relación de Titzal y Tixtual, siglo XVI”, en Damaso Rivas Gutiérrez, La choza maya (Mérida: UADY, 2012), p.174
REALID AD MA TERIAL, SIMBÓLIC A Y UTILIT ARIA EN HIERRO Y MADERA, EN YUC AT ÁN, C AMBIO DEL SIGL O XIX -XX 2. Expr esividad y r esonancia mérida 034 1. Lo cotidiano y utilitario
de madera y cubierta de paja. En documentos del A.G.I. del año de 1551, se indica esto al presentar el deseo del Dean, el Licenciado Cristóbal de Miranda de que la Corona española diera ayuda financiera, así consta cuando dice: “Los testigos que fueron llamados declararon: 1) que la iglesia era de palos y paja; 2) que por
causa de los incendios frecuentes en la ciudad había peligro grave de que se consumiera la iglesia…”.12
A lo largo de los tres siglos de la colonización los templos y conventos tenían madera en sus techumbres a la vista de los que entraban en ellos por algún motivo. Cuando se hicieron las arcadas en la manzana norte de la plaza grande se dejaron a la vista de la población los morillos y otros elementos de madera.
La madera continuaba siendo utilizada en las construcciones rurales como elemento esencial en las es- tructuras de las techumbres tanto de las casas mayas como de las de material permanente techadas con
bac-pec. También se utilizaba la madera para puertas, ventanas, barrotes y mobiliario doméstico, cuando
existían.
El cedro, la caoba, el chucúm, el roble, el chimay, el pucté, el ciricoté fueron y son maderas del entorno rural yucateco, utilizadas en la construcción. Algunos cronistas mencionan el tipo de madera de la casa maya. Suárez Molina menciona que en el siglo XIX además de estas maderas también se utilizaban en la construcción el zapote y el chulul especialmente para vigas y viguetillas.13 Desde entonces se iniciaron las importaciones de otras maderas y su utilización comenzó a identificarse como lujo.
La transformación del paisaje yucateco también se dio por supuesto en la ciudad de Mérida. Cambio su traza, el tamaño de las manzanas y de los lotes. Así como el sembrado de las construcciones en los mismos. Nuevas Avenidas como Paseo de Montejo y Avenida Reforma continuaron la modernidad habitacional de algunos pobladores de clases socioeconómicas altas que se había iniciado sobre la calle Melchor Ocampo, hoy calle 59.
Antes de recorrer las viviendas y sus espacios domésticos con estos materiales evocaré algunos escena- rios colectivos donde el hierro se utilizó y reemplazó a la madera. Si se siguen los testimonios de Francisco de Montejo y Baqueiro en su obra Mérida en los años veinte,14 se encuentra que en Mérida, como en otras
12 | Archivo general de Indias (AGI), México 280, en Frances Scholes, Documentos para la historia de Yucatán (Mérida: Compañía Tipográfica Yucateca, 1936), XI.
13 | Víctor Suárez Molina, La evolución económica de Yucatán a través del siglo XIX, UADY, 1977, t. I: 203, en Rubén Vega La Industria de la Construcción en
Yucatán, 91.
REALID AD MA TERIAL, SIMBÓLIC A Y UTILIT ARIA EN HIERRO Y MADERA, EN YUC AT ÁN, C AMBIO DEL SIGL O XIX -XX 2. Expr esividad y r esonancia mérida 035 1. Lo cotidiano y utilitario
ciudades del país, existía un kiosco en el centro de la Plaza Grande punto más importante de la ciudad, construido con fierro, el cual fue colocado en ese lugar en 1882 en la administración de Octavio Rosado Reyes, en él la banda oficial de música ofrecía retretas que eran disfrutadas por la población de manera segregada, (las clases de mayores ingresos paseaban en la parte central, cerca del kiosco y los de menor en los bordes de la plaza. Este mobiliario aún existe podemos decir archivado en una lateral del parque Cen- tenario. Este autor menciona también el enverjado de hierro que rodeaba de la Plaza principal de Mérida y que fue retirado en 1903. Otros enverjados importantes fueron los que encerraban las otras plazas de la ciudad y el de los atrios de las iglesias principales como el de la catedral y el de San Juan de Dios.
En las calles el hierro estaba en todos los planos, en el plano horizontal existía una gran cantidad del material por las rieles de los tranvías que llegaron a conformar todo una red de comunicación y transporte público en la ciudad. Desde la Mejorada las rieles se tendieron hacía varias poblaciones del Estado llegan- do hasta el puerto y muelle de Progreso. Se construyeron además los cobertizos de las ferreterías y kioscos pequeños para comercio al menudeo principalmente de lencería. Al principio todos estos equipamientos eran de madera y poco a poco fueron incluyendo elementos de metálicos principalmente lámina, aunque también tuvieron estructura de hierro. Entre las edificaciones de mayor escala que incluyeron hierro en su construcción en el cambio de siglo XIX y XX se encontraron:
• 1890: El siglo XIX la primera compañía privada con hierro en sus columnas y con elevador del mismo material
• 1892 la escalera del faro de progreso
• 1901 el gran hotel, edificio de 4 pisos en la actual plaza de Hidalgo con estructura en hierro
• 1902 La cúpula del teatro Peón Contreras
• 1903 “El Candado” edificado con concreto reforzado y con hierro
• 1904 La ferretería “Ritter and Bock” con prefabricados de concreto y hierro, además del asilo Ayala y la estación de ferrocarril en la Mejorada
• De 1875 a 1906 los tramos de ferrocarril concluidos y los cuales tuvieron alguna ceremonia de inaugu- ración fueron 24.15La estación de ferrocarril estuvo lista paraa el cambio de siglo.
Imagen 3. Andenes de ferrocarril en Mérida.
REALID AD MA TERIAL, SIMBÓLIC A Y UTILIT ARIA EN HIERRO Y MADERA, EN YUC AT ÁN, C AMBIO DEL SIGL O XIX -XX 2. Expr esividad y r esonancia mérida 036 1. Lo cotidiano y utilitario
Como en otras partes del país también fueron importadas las esculturas para jardines y fuentes, algu- nas fueron colocadas en el espacio público y otras en propiedades particulares. Para la Plaza Principal de Mérida se importó una escultura de fierro fundido en 1871 en la actualidad se encuentra en la Plaza de San Juan. Que es una de las principales ninfas que procedían directamente de la fundidora Le Val d´Osne en Francia de donde también llegaron productos para otras partes del país como el kiosco de Chihuahua y varias de las estatuas de la Alameda de ciudad de México. De este mismo grupo llegaron también otras alegorías y jarrones: “…una alegoría de La Noche, instalada (actualmente) en una glorieta que coexiste con
una alegoría de la Justicia, del americano Fiske”.16 También de esta misma fundidora pero con obras de J.L. Mott conviven jarrones y estatuas en la casa de la familia Cicero en la calle 18 de Itzimná.17
Para 1880 existían varios talleres de herrería en Yucatán, algunos de los cuales como el de don Antonio Enseñat iniciaron atendiendo reparaciones de la maquinaria henequenera y pronto empezaron a sacar o copiar catálogos como lo hacían algunos americanos con los productos y publicaciones francesas, de tal manera que se anunciaba: se hacen balcones y barandales “al gusto” del cliente. Otros diseñadores como Manuel J. Vales trabajaban vidrios de colores y elementos divisorios de cuartos. Todo esto fue influyendo poco a poco en el cambio del paisaje yucateco, tanto en la ciudad de Mérida como en poblaciones ligadas al desarrollo de la producción henequenera.
En Mérida, existe la hipótesis que se tomaron ideas de los “movimientos verdes” presentes en otras latitudes y se reafirmó la segregación espacial que siempre existía, con la construcción de un nuevo creci- miento urbano: la avenida Paseo Montejo,18 la cual ha sido denominada por el arquitecto Aercel Espadas “fraccionamiento elítico-conservador”. Este “fraccionamiento” se ubicó al norte de la ciudad innovando y destruyendo la traza tradicional ortogonal, más o menos regular. Además como consecuencia del gran excedente económico derivado de la manera como se realizaba la producción y explotación del henequén y del momento político de sueños de modernidad relacionados con un “gusto por lo francés”, este “fraccio- namiento” que ahora conocemos como avenida Paseo Montejo tuvo un desarrollo urbano y arquitectóni- co nuevo en la región con transformaciones en la vivienda, en los materiales y su uso y en algunos aspectos de su espacialidad.
16 | Francois Dasques, “Laboratorio de Ecos”, Artes de México. El Arte del Hierro Fundido, 72 (2004): 37. 17 | Francois Dasques, “Laboratorio de Ecos”, 37.
18 | Aercel Espadas, “Paseo del Adelantado Montejo”, en Cuadernos arquitectura de Yucatán, 7 (1994): 8-19.
Imagen 5. Mobiliario urbano en Paseo Montejo, Mérida Yucatán.
Fuente: Gaspar Segura
Imagen 4. El hierro en viviendas de Paseo Montejo.
REALID AD MA TERIAL, SIMBÓLIC A Y UTILIT ARIA EN HIERRO Y MADERA, EN YUC AT ÁN, C AMBIO DEL SIGL O XIX -XX 3. Memoria,
el entorno de los muertos
037
Lo cotidiano y utilitario
El “fraccionamiento” se desarrolló de forma lineal no en cuadrícula, el tamaño y proporción de las man- zanas cambió pues al ampliar las dimensiones de la vialidad para que quedase como avenida arbolada, se tomó superficie de las propias manzanas, de manera que algunas casas principalmente en esquina cam- biaron su acceso a las calles laterales para que el desarrollo de la vivienda fuera a lo largo del terreno que era lo que quedó en el frente de la misma, como en el palacio G. Cantón, ahora museo arqueológico. La vivienda cambio en su sembrado, pues se remetió del paramento de la calle y se trató de ubicar preferen- temente en el centro del terreno, los niveles fueron generalmente dos y en ocasiones un desván o sótano. La escala y el desplante de la construcción hasta por medio nivel la hizo aparecer como monumental, la vivienda se transformó también en su interior, el patio central se volvió vestíbulo techado ocupado en ocasiones por la escalera con barandal de hierro fundido. Al reforzarse la idea de domesticidad, existieron nuevos espacios con elementos expresivos algunos de madera y otros de fierro o de cal pintada.
Los jardines eran una especie de filtro espacial, a estos usuarios cuando les interesaba asomarse al exte- rior preferían no ser vistos, los espacios interiores se especializaron , por género, por edad, por actividad, el fumador y el despacho para el señor, el costurero para la señora, los cuartos de niños, recámaras separadas para el señor y la señora, esta última con vestidor o área de guardado; además en planta baja la zona de cocinar y de estancia de la servidumbre generalmente en el sótano o basamento, en algunos casos los ali- mentos subían por un elevador o mueble desde donde se consumían hasta donde se preparaban.
La casa era para sentirse bien pero sobre todo para verse “bien”, con prestancia, riqueza, poder, moderni- dad. Las rejas, campanas, jarrones, protectores de ventanas, aleros, balcones, lámparas, palanganas, jarras, eran de hierro fundido, fuentes y estatuas también. Los catálogos extranjeros llegaron inclusive a incluir vegetación mexicana. Y ahora esa protección y riqueza privada la podemos observar y disfrutar si quere- mos de manera colectiva, y cada vez menor tener acceso a los inmuebles que siguen siendo símbolo de segregación ahora los dueños son frecuentemente de otras latitudes nacionales e internacionales.