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3. Cross-Layer Error Recovery Optimization in Wi-Fi Networks

3.2 ARQ Proxy

Probablemente, el avance más importante hacia una agricultura más sostenible en el Cerrado ha sido la aparición de los sistemas de

cero-labranza y labranza mínima. Estos sistemas se iniciaron en el Brasil en los años 80, pero su uso se

popularizó en los 90’s. De 150,000 ha sembradas en 1980 se pasó a 1 millón de hectáreas en 1990, y hoy se calcula que hay aproximadamente 10 millones sembradas bajo estos sistemas

(Landers, 1995). Por lo menos, 2 millones de hectáreas están siendo sembradas en el Cerrado usando estos sistemas.

Las tentativas iniciales de introducir este sistema en el Cerrado fracasaron debido a la imposibilidad de producir el típico cultivo de invierno. Este problema fue solucionado con la aparición del cultivo de ‘safrinha’ —un segundo cultivo sembrado sobre los residuos del cultivo principal en el mismo año. Los rendimientos de este tipo de cultivo dependen de la disponibilidad de agua (Cuadro 8). Esta estrategia mejora el retorno financiero del sistema, incentiva la producción de residuos vegetales y reduce los niveles de herbicidas. En sistemas mixtos de agricultura y ganadería, el cultivo de safrinha mejora la disponibilidad del forraje durante la época seca y la eficiencia del reciclado de nutrimentos (Landers, 1995).

El hecho más importante para mejorar la producción de cobertura para los sistemas de cero-labranza en

Cuadro 8. Probabilidad de alcanzar una productividad aceptable de maíz, sorgo y mileto (Pennisetum typhoides) como ‘safrinhas’, de acuerdo con la precipitación mínima durante los meses más críticos en el Cerrado de Brasil.

Cultivo Productividad Precipitación mínima Probabilidad de alcanzar (t/ha) durante el mes crítico (mm) productividad aceptable (%)

Potencial de Aceptable Fecha de siembra

‘safrinha’

Ene. 01 Feb. 01 Mar. 01

Maíz 8 3 110 82 59 6

Sorgo 6 3 66 94 94 30

Mileto 1.5 0.6 38 100 100 53

el Cerrado fue la introducción del Mileto Africano (Pennisetum

typhoides). Esta planta es altamente resistente a la sequía, ya que tiene un sistema radicular profuso que penetra en subsuelos con alto nivel de Al y deficientes en Ca. Además, tiene alta capacidad para producir materia verde (Cuadro 9), es fácil de establecer y manejar, produce semillas con alto vigor y se puede establecer en surcos, a voleo y por vía aérea. Este cultivo es poco susceptible a las enfermedades y plagas, es un excelente alimento para animales y tiene poco riesgo de convertirse en maleza (Scaléa, 1995).

A pesar de que las prácticas de labranza mínima y cero-labranza son recientes en el Cerrado, se han desarrollado muchas variaciones de estos sistemas. A continuación se describen algunos de los principales sistemas.

Cero labranza sobre residuos. Este sistema se inicia con la generación de una gran cantidad de residuos de cobertura. En algunos casos se siembra mileto con las primeras lluvias, seguido por la siembra del cultivo principal sin labranza y la generación de residuos con un cultivo de safrinha [maíz, millo (Pennisetum sp.) o sorgo]. Usando este sistema durante 4 años consecutivos se han obtenido rendimientos de soya de 4 t/ha, aproximadamente (Seguy et. al., 1992), siendo estos rendimientos

similares a aquellos obtenidos en los mejores suelos del mundo.

Cero-labranza sin cultivo de

cobertura. En este sistema se utilizan

malezas como cobertura,

principalmente gramíneas forrajeras provenientes del banco de semillas en el suelo. Después de su germinación y establecimiento durante la época seca se controlan con herbicidas al inicio de las lluvias. Este sistema ha sido utilizado con éxito en la finca Santa Helena de Goiás, Goiás, para sembrar soya y maíz sobre suelos arcillosos de alta fertilidad.

Cero-labranza sobre cobertura

viva. En este sistema se siembran los

cultivos sobre una cobertura viva de leguminosas. Cultivos como soya perenne (Glycine javanica), Kudzú (Pueraria phaseoloides), Centrosema (Centrosema spp.) y Siratro

(Macroptilium atropurpureum) han sido usadas con relativo éxito. Más recientemente se ha utilizado maní forrajero (Arachis pintoi) como

cobertura permanente en sistemas con maíz en un Oxisol de Uberlândia, MG. En sistemas con maíz se requiere del control del rebrote de las leguminosas usando herbicidas del tipo 2,4-D durante los primeros 40 días, y Paraquat en las fases posteriores. El ciclo de cultivos termina cuando se establece una asociación gramínea- leguminosa. También se ha sembrado Calopogonio (Calopogonium

mucunoides) en forma simultánea con arroz, el cual posteriormente se utiliza como forraje para producción de carne.

Cero-labranza y labranza convencional en la misma finca. Esta combinación se emplea cuando ocurre una demora sustancial en la siembra del cultivo y se presenta una alta infestación de malezas en áreas ya preparadas con métodos

convencionales. En este caso, el agricultor selecciona las áreas más infestadas que puedan producir más

Cuadro 9. Producción de materia verde de mileto (Pennisetum typhoides) en función de la época de siembra.

Epoca se siembra Producción de materia verde (t/ha) Septiembre a febrero 50 a 70 Febrero 35 a 55 Marzo 30 a 40 Abril 20 a 25 FUENTE: Scaléa (1995).

rastrojo y en las que pueda introducir la cero-labranza. Las operaciones mecánicas se sustituyen por el uso de herbicidas. Las principales ventajas de este sistema consisten en la reducción de los costos de producción y la eliminación de operaciones de preparación sobre suelo húmedo, lo cual es una de las causas principales del sellamiento superficial y la compactación.

Cero-labranza intermitente. La

compactación superficial causada por el paso de la maquinaria sobre suelo húmedo y la infestación de malezas de difícil control pueden, con el tiempo, obligar al productor a regresar a las prácticas de labranza convencional. La compactación superficial puede ser fácilmente eliminada usando un arado de cincel. Sin embargo, existen circunstancias en las cuales es

necesario usar labranza más profunda. Landers (1995) sugiere que esta combinación se debe considerar en las circunstancias siguientes: (1) cuando el cultivo sea muy sensible a pequeños cambios en la compactación del suelo, como en el caso de arroz (Seguy y Bouzinac, 1992; (2) cuando sea necesario y más económico para controlar malezas persistentes y plagas; (3) como una medida de precaución contra la propagación de enfermedades ya sea a través de los rastrojos o por causas aún no identificadas; (4) para eliminar la compactación del suelo debido al exceso de tráfico de maquinaria en suelos húmedos, especialmente para la producción de ensilaje en sistemas irrigados; y (5) para diluir el efecto de niveles altos de cal aplicada en la superficie del suelo.

Labranza mínima. Este sistema

produce la mínima remoción de la cobertura del suelo, dejando la mayor cantidad de residuos sobre él. Cuando es utilizado en combinación con tratamientos químicos preemergentes

para el control de malezas, la labranza mínima representa una opción

intermedia entre la labranza

convencional y la cero-labranza. Este sistema es adecuado para controlar la erosión en sitios donde no existan capas de suelo compactadas. Es, además, un paso preliminar a la adopción de la no-labranza. Landers (1995) presenta algunas variaciones de este sistema.

Cero-labranza y labranza mínima en cultivos anuales bajo

irrigación. Algunos agricultores

utilizan las prácticas de no-labranza y labranza mínima en cultivos anuales en sistemas irrigados. Bajo estas condiciones es posible producir dos o más cultivos por año y generar una cantidad considerable de rastrojos. Sin embargo, el uso de cero-labranza requiere un continuo monitoreo de la humedad en el suelo al momento de introducir maquinaria y de

conocimiento técnico para seleccionar la secuencia de cultivos más apropiada, los herbicidas más efectivos y el manejo de la fertilidad del suelo.

Sistemas integrados

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