Chapter 3: The Challenges of Low-‐Temperature CPL Spectroscopy
3.2 Artifacts in Low-‐Temperature CD Spectroscopy
Salvador: Hubo recuperaciones a bancos principalmente. En 1973 se hizo una recuperación a la agencia del Banco Atlacatl de la colonia Guadalupe, en la que participó Marcial. Ahí fue donde lo empezamos a conocer. Se hizo otra recuperación a un blindado de un banco agrícola comercial y a bancos en San Jacinto, Ciudad Delgado, Santa Tecla...
En aquel momento, ¿cuánto dinero lograron tener en las manos?
Valentín: No era mucho. En Santa Tecla, por ejemplo, fueron unos 42 mil colones. El dólar
formalmente valía 2.50 de colón, entonces equivaldrían a unos 15 mil dólares. ¿Y por qué hacíamos estas operaciones? Bueno, la organización era básicamente sostenida por el pueblo. Pero la guerra iba ascendiendo, tanto en su aspecto militar como político. Los presupuestos de propaganda se iban volviendo altísimos. El trabajo de masas requería más fondos. La guerra contra los cuerpos
represivos exigía mejor armamento, municiones, explosivos, medios, motorización, etc. Y todo eso suponía la profesionalización de nuevos cuadros. ¿Y de dónde obtener ese financiamiento? La organización tomó entonces la decisión política de hacer recaer el peso económico de la guerra en los grandes explotadores, que en definitiva eran los verdaderos autores de la guerra
contrarrevolucionaria y, en consecuencia, también de la guerra del pueblo que venía a ser efecto opuesto a la otra.
¿Y qué hicieron con ese dinero?
Salvador: Lo empezamos a invertir en mejorar toda la infraestructura nuestra, comprar vehículos, armamentos, tiros. Todavía en aquel entonces se vendían armas un poco por la libre...
¿En el mercado negro?
Salvador: Todo lo que eran armas cortas lo podías encontrar en cualquier tienda de deportes. Nosotros hicimos también operaciones de recuperación de armas en casas de deportes y a policías.
Por lo que me dices, ustedes pasan de ser una organización absolutamente pobre a una con muchos recursos...
Salvador: Sí...
¿Cómo se manejaban estos recursos?
Salvador: En el 74, precisamente cuando habíamos acumulado más recursos, fue cuando se tomó la decisión de meternos de nuevo al trabajo de masas para reactivar el movimiento popular. Gran parte de los recursos se invirtieron en esta tarea.
Salvador: Se invertían en sostener la estructura militar una pequeña estructura con gente experimentada, más algunos comandos nuevos. Recuerdo que el objetivo nuestro era siempre convertir cada grupo de apoyo en un nuevo comando, y así ir reproduciéndolos.
Valentín: En realidad seguimos siendo pobres. Por una razón: las necesidades crecían, se multiplicaban y aparecían nuevas urgencias. Tuvimos que profesionalizar a centenares de militantes, los llamábamos colaboradores activos. El armamento era cada día más escaso y más caro. Se había encarecido el aluminio, los cuartos, las casas, el papel, la tinta y los equipos. El trabajo del campo y la milicia requerirían más tarde centenares de pistolas, escopetas, carabinas, clorato.
En más de una ocasión, el EGP y la ORPA, al conocer los planes, las necesidades y problemas de la organización, nos ayudaron.
¿Cuánta gente pertenecía a esa estructura?
Salvador: Eran tres columnas, unas 60 gentes, todas fogueadas en acciones.
Pero, además, se invierte en mejorar la infraestructura de los locales de vivienda, en conseguir vehículos para la movilización de las operaciones militares y otro tipo de vehículos para exploraciones, chequeos y otras tareas. También en la reproducción de material político y de propaganda, por ejemplo, en El Rebelde, que era el órgano político nuestro. Se fundó un centro de propaganda, con una imprenta para reproducir por miles la propaganda revolucionaria...
Por último, otra parte se destinó a financiar algunos activistas que se dedicaban a tiempo completo a organizar a las masas.
¿Aunque no fueran militantes de las FPL?
Salvador: Sí. Por ejemplo, a núcleos de activistas que estaban en el movimiento popular vinculados a las FPL, pero que no eran militantes en aquel momento.
De esa manera se invirtió gran parte del dinero, dejándose una reserva estratégica para la guerra que se pretendía implementar luego...
¿Un fondo de guerra?
Salvador: Sí, pero no tanto un fondo de guerra, sino como una reserva estratégica para poder dejar un poco la línea de las recuperaciones económicas y adentrarnos más en operaciones armadas contra el enemigo, concentrando más a los comandos en golpes contra la guardia, la policía y los representantes del gobierno militar.
¿Había normas en la organización para determinar cómo administrar esos fondos?
Salvador: Sí. Cada recuperación que hacía un comando debía ser entregada al comando central, que, a su vez, asignaba a cada comando su presupuesto y luego éste administraba colectivamente los fondos. Se supone que en el comando central se discutían políticamente estas asignaciones.
Teníamos bastantes limitaciones.
El contar con tantos recursos ¿no produjo problemas de acomodamiento o de mal uso de éstos...?
Valentín: Mirá, nosotros no tuvimos problemas de acomodamiento, pudo darse, quizás en algunos compañeros, pero en general no se presentó. Yo recuerdo un caso de corrupción. En una ocasión, a un cuadro intermedio de una zona se le depositaron 50 mil colones. Era una reserva. Cuando la organización agotó todos sus recursos confiaba en que tenía aquella reserva, y el comando central le
solicitó el dinero para resolver el presupuesto de los siguientes dos meses. El hombre comenzó a fallar, a poner pretextos. La situación se volvió muy difícil. Lo que sucedía era que aquel individuo había hecho uso indebido de los fondos del pueblo. Como ese fondo era tan importante para la revolución, se le inició un proceso, se ordenó su detención, confesó que había hecho malversación, se formó un tribunal, se le puso un defensor, pero de acuerdo a los estatutos, eso es un delito grave y no se le encontró atenuantes. El tribunal resolvió su ajusticiamiento dado el agravante de que al comprobársele su falta, escapó y formuló amenazas a la seguridad colectiva. Eso fue hace unos 15 años.
¿Qué barrios eligieron ustedes para vivir, los barrios ricos o los barrios pobres?
Salvador: En todo el período inicial prácticamente todos vivimos en barrios populares. En mesones o en garajes que la gente alquilaba.
¿Pero eso fue antes de las recuperaciones?
Salvador: Durante las recuperaciones. Después, cuando ya habíamos formado el aparataje de las columnas, empezamos a tener vehículos y a ocupar casas más residenciales, a nivel de capas medias.
No podían tener autos y vivir en barrios pobres...
Salvador: Así es. Ya por el período del 74 toda la cobertura era de capa media y teníamos también estructuras en los barrios populares.
Valentín: Lo que ocurrió es que los comandos y algunos organismos tenían sus coberturas con gente de capas medias. Pero no todos. Eran los locales donde se entregaban armas, funcionaban imprentas, equipos especializados, técnicos y determinados organismos de conducción.
Pero la mayoría de la organización, hasta en la actualidad, que está compuesta por los colectivos de compañeros obreros, campesinos, pobladores de tugurios e incluso de los gremios medios, viven y trabajan en las barriadas más pobres y caseríos rurales. Es nuestra gente. Ahí está la mayor parte que participa, nos apoya y que simpatiza. Eso lo sabe el mismo enemigo. Además, ellos son los más, son millares y millares de pobladores.