Chapter 3: The Challenges of Low-‐Temperature CPL Spectroscopy
3.3 Artifacts in Low-‐Temperature CPL Spectroscopy
Marcial, tú renuncias al Partido Comunista en marzo de 1970 por no compartir según dices su línea política y no encontrar cauces orgánicos para implementar la lucha armada. Con un grupo muy pequeño de militantes decides crear una nueva organización, esta vez político-militar. ¿En qué consiste este carácter de político-militar? ¿Significa una negación de la concepción básica de partido?
Marcial: No. Es la puesta en práctica de una estrategia político-militar, es decir, de la combinación de todos los medios de lucha...
¿Eso está claro desde la partida?
Marcial: Desde el principio. La combinación de todos los medios de lucha, en la cual los aspectos políticos de la línea tiene que complementarse con los armados, y éstos pasan a ser los
fundamentales. Incluso cuando la lucha armada está tiernita, cuando todavía no abarca todo el panorama nacional, y no es todavía lo básico, es ella la que en determinado momento pasa a ser la que jala todo el proceso, y, entonces, los otros medios de lucha tienen que combinarse con éste, que es el principal.
Cuando nosotros en El Salvador proclamamos la organización como político-militar lo hacemos respondiendo a una verdadera necesidad, porque había en el país organizaciones que negaban la vía militar y querían constreñir todo el movimiento exclusivamente a lo político. Entonces había que ser claros para que el pueblo entendiera perfectamente.
Ese planteamiento no se hace en el sentido de negar la concepción de partido, sino dentro del pensamiento de que había que dejar bien claro ante el pueblo los dos aspectos de la línea, los dos aspectos de su participación: la lucha de masas y la lucha armada que esta organización tenía que dirigir.
Al plantearnos como una organización político-militar pretendíamos evitar caer tanto en el militarismo, como en el derechismo que veía exclusivamente lo político. Cuando esto no se comprende como una línea integral, se puede caer en un error muy serio, y ése es el error del militarismo. Nosotros desde la partida teníamos muy claro que lo militar no es sino la prolongación de lo político por otros medios, por los medios armados.
Otra cosa que tuvo clara la organización desde sus inicios fue la necesidad de que fuera el pueblo el que tomara en sus manos también aquella causa, que fuera el pueblo el propio autor de la lucha armada. Y como teníamos bastante experiencia en la incorporación de las masas a la lucha, especialmente a la lucha contra el burocratismo, no había muchas dificultades en eso. Teníamos claro que era el pueblo el que iba a hacer la guerra y que estos grupos armados no deberían convertirse en una élite, en unos héroes desligados de las masas, que le iban a ahorrar al pueblo el trabajo de hacer la revolución.
La experiencia de la década del sesenta en relación al foquismo nos preparó para tener un pensamiento más integral, de manera que cuando nosotros hablábamos de lo político-militar no hubo peligro de deformación, porque desde el principio teníamos claro que lo político es lo fundamental, lo que tiene que dirigir la guerra y que lo militar está supeditado a lo político y es parte de la expresión política de la lucha de clases.
Analizando ahora estas palabras de Marcial, me llama la atención de que al hablar de las formas de combinación de todas las formas de lucha él no toma en cuenta para nada la lucha electoral como una de las formas de lucha, ¿a qué se debe esto, que por lo demás es común a casi todos los grupos político-militares de El Salvador?
Valentín: No alcanzábamos a ver entonces que había una parte del pueblo que era arrastrada todavía al juego electoral, y que dentro de ella había sectores que podían comprender la necesidad de la vía revolucionaria al constatar las limitaciones de la lucha electoral. Para ello era importante hacer un trabajo directo entre los electores, pero nosotros desdeñábamos la posibilidad que existía de poder llegar a la conciencia de esas masas también dentro del sistema electoral. Pensábamos que solamente abriendo el nuevo camino y enseñando ese camino podíamos lograrlo. En nuestra idea de la combinación de diversas formas de lucha, no estaba contemplada ni como vía, ni como
componente, la actuación en elecciones. En realidad, éramos tan pequeños al principio, que no nos alcanzaban las fuerzas y, más que eso, no nos alcanzaban las luces para concebir una organización revolucionaria metida en las elecciones, menos aún cuando desde el mismo PCS se objetaba nuestro quehacer armado.
Independientemente de haber tenido una concepción político-militar de la lucha de clases, entiendo que en la práctica, se dedican durante bastante tiempo sólo a la actividad militar. ¿A qué se debe esto? ¿Se puede decir que a pesar de todo cayeron en una desviación militarista o se trató más bien de la necesidad de entrenar a la gente en esta lucha que era algo nuevo para ustedes?
Marcial: Mira, eso hay que verlo en un marco de conjunto, porque si agarras así en pedazos la cosa, en un determinado momento puede parecer unilateral, hay que ver la proyección, aunque hay que reconocer que nuestro pensamiento no está totalmente desarrollado desde el comienzo. ¿Qué fue lo que sucedió con la FPL? No es que nos metiéramos durante un tiempo, digamos, nada más a lo militar. Hay que tener en cuenta que el Comando Central o Grupo Inicial era una dirección de partido, eminentemente de partido, aunque no tuviera ese nombre. Tenía experiencia en las luchas y conocía lo que era el funcionamiento de un partido; tenía pensamiento de partido... Ahora bien, junto a esto era necesario darle al pueblo el instrumento armado, porque era precisamente de eso de lo que carecíamos. Entonces ahí hubo un dilema: formamos primero un partido, las bases y todo... ¿Cuántos años nos vamos a tardar para que el pueblo pueda adquirir la confianza de que es capaz de organizar la lucha armada? Entonces nosotros decidimos separarnos de la práctica orgánica
tradicional. ¿Cómo podíamos hacer un partido con sus células, con siete personas? Aunque hubiéramos querido hacerlo no habría sido posible.
Salvador: Hay que reconocer, sin embargo, que por la misma necesidad de darle validez a la lucha armada en los primeros años, cobró fuerza una idea muy militar de la lucha. En esos años todos nosotros valorábamos y considerábamos un honor participar en los comandos.
¿Tú crees entonces que se puede hablar de una desviación militarista de las FPL en esa etapa? Salvador: Yo creo que no se puede hablar de desviación, porque fue una etapa en la que era necesario demostrar la viabilidad de la lucha armada, de ahí la razón de habernos centrado más en ese aspecto. Pero luego, cuando ya se demostró que la lucha armada era posible en El Salvador y al mismo tiempo se había creado todo un aparato militar que ya había acumulado la suficiente experiencia, era necesario vincularnos con las masas. Se hizo entonces imperioso realizar todo un viraje. Por eso te digo que la militarización inicial es relativa. Naturalmente que uno, si va a formar un comando armado, tiene que meterse de lleno en eso, conocer la técnica y hacer que éste se prepare.
A decir verdad, ya en su aplicación las cosas no fueron equilibradas. En parte era cuestión del desarrollo, pero sólo en parte. Prácticamente todavía hasta mediados del 73, la línea hacia las masas o de los grupos de apoyo no lograba del todo volcarse plenamente a su misión principal que era política. ¿Por qué razones? Porque a pesar de que estaba claro que en su concepción original los grupos de apoyo iban a ser organismos político-militares, al aplicar el lineamiento elaborado y desmenuzar no sólo sus tareas políticas, sino también sus tareas militares, se terminaba poniendo el acento en lo militar. En esos días, el comando central exigía a cada uno de sus componentes que los comandos operaran, porque había que producir un ascenso en las acciones militares. Esto los condujo a recargar este tipo de tareas en los grupos de apoyo.
Además, para nosotros era mucho más atractivo y emulativo participar en los comandos. Ser guerrillero era algo superior y se menospreciaba un poco la incorporación de la gente al trabajo de masas.
Prácticamente hubo grupos de apoyo que se transformaron rápidamente en comandos, operaban conjuntamente, era gente decidida y profesional de la guerrilla. Dedicaban el 60% de su tiempo o más a tareas militares, y el otro 40%, a la propaganda armada, porque se especializaron en hacer repartos, pintas y plumoneadas; ésta era su parte política.
Pero realmente había algunos que hacían poco trabajo organizativo, no creaban nuevos colectivos. Incluso a más de uno le atraía poco el trabajo político, porque era más complejo ganar conciencias, colaboradores y atender colectivos, que realizar las acciones técnico-militares. No dejó de sentirse en ciertos grupos una leve inclinación militarista en el terreno práctico. De hecho hubo algunos militantes como Vladimir, un compañero negrito, algo eléctrico, que pertenecía al grupo inicial y
otro, que había sido obrero, que fueron expulsados de la organización por caer en desviaciones militaristas. Uno de ellos se deshumanizó un poco en el trato a los subordinados, y ambos tenían un expreso menosprecio de lo político y del trabajo con las masas.
Valentín: Algunas de estas debilidades tenían su explicación. Recuerda que los que nos
matriculábamos en las nuevas organizaciones lo hacíamos para darle vida al otro eslabón de la lucha del pueblo que estaba adormecido. El que se decidía a entrar era para empuñar las armas. Esto era válido. Fue adentro de la organización, con la educación política, como se nos ensanchó el universo. Es la misma guerrilla la que nos enseña, nos proporciona métodos de trabajo de masas, criterios. Así fuimos aprendiendo sobre la marcha.
No obstante todas estas dificultades, la línea político-organizativa que se trazó prendió en el pueblo. Y el fenómeno más general fue el de un crecimiento prodigioso y continuo. Casi todos los grupos de apoyo se multiplicaron, algunos incluso llegaron a tener grandes ramificaciones gremiales y sociales.
¿Cómo entiendes tú que Marcial, siendo un marxista-leninista tan principista, haya configurado el núcleo inicial con un grupo que venía del socialcristianismo...?
Valentín: Creo que por dos cosas sencillas. Una, porque aun con todo su principismo, como se dice, Marcial siempre tuvo claridad de que todo hombre tiene una extracción u origen familiar de clase y una ubicación en la estructura social del país. Sin embargo, al mismo tiempo que insistía en que estas realidades influían fuertemente en el individuo, señalaba que no eran insuperables ni fatales. A menudo, en los organismos de masas y en la secretaría de la organización que tuvimos más tarde en las FPL, nos advertía acerca del peligro de caer en una mistificación de los militantes que venían de la clase obrera y del campesinado. Decía que eso podía conducirnos a errores. Lo que sucedió siempre y que puede llamar a confusión, es que Marcial de alguna manera mistificó a la clase, pero no al individuo; magnificó sus cualidades y creo que, en cierta medida, tuvo una especie de superstición sobre el papel revolucionario del proletariado. Honestamente creo que en la década del 70 todos en las F44 adolecimos de lo mismo, salvo Felipe Peña y Ana María, quienes tuvieron
siempre una mentalidad irreligiosa frente a estas cosas.
Convendría señalar además, que Marcial no constriñó el sujeto social de la revolución solamente a la clase obrera y al campesinado; para él, algunos sectores de la pequeña burguesía y de las capas medias también formaban parte de las fuerzas motrices, pero siempre ponía el punto final en ellos. Nunca concibió la necesidad de incorporar a otros sectores, aunque menos masivos, que podían jugar un papel positivo a favor de un cambio democrático; papeles secundarios, si querés, pero importantes en un país donde es vital enfrentar a la mayoría de la nación contra el imperialismo. Un elemento que quizá pudo confundir a algunos, es que Marcial se declaraba en cruzada contra los hábitos “pequeñoburgueses”, como él los llamaba, de modo que no anidaran en el seno de las FPL. Luchaba contra el acomodamiento, el relajamiento en el trabajo, el oportunismo y el arribismo. Además realizaba labor para prevenir el menosprecio que podía darse por parte de los militantes extraídos de las capas intelectuales y acomodadas, hacia los compañeros provenientes de las capas trabajadoras.
En la primera secretaría de organización del partido donde trabajamos con Dimas, éste manifestó una preocupación sobre la necesidad de que la línea del partido privilegiara el esfuerzo por formar compañeros de origen campesino u obrero. Estos en los colectivos mostraban algunas limitaciones
en aportar a las elaboraciones de línea, y su promoción en las zonas45 no siempre mantenía ritmos y
proporciones similares a las de aquéllos que venían del estudiantado y del magisterio. Marcial insistió también en esto y dijo que tenía que ser así, porque son estos sectores sociales los que en la sociedad tienen menos posibilidades.
Pero rápidamente tropezamos con una realidad: los cuadros iniciales iban cayendo en combate y otros iban quedando rezagados en el camino. Mientras tanto venía emergiendo una generación de cuadros con entrega y amor a la causa y una buena parte de ellos no eran obreros de nacimiento como Ignacio46, Félix47, Juan Sebastián48, Eva49, Chico50, Ana María, etc. Había otros que sí lo
habían sido como Iván51 y Mayo52, trabajador que se costeaba sus estudios.
En realidad, viéndolo desde hoy, es obvio que en relación al asunto de las clases Marcial denotaba cierta rigidez, aunque no tuvo reparos en integrar el núcleo inicial con obreros y profesionales, ni obstruyó el desarrollo de las FPL en la primera década.
Voy a confiarte un detalle muy poco conocido dentro de nuestro mismo partido, y es que el segundo responsable que nombró el colectivo inicial fue un médico. Más aún, fíjate que en el 71, antes de trazar la primera línea de masas del 72, el comando central examinó la situación objetiva y subjetiva de las clases y determinó que los sectores más sensibles de la revolución, en esa coyuntura concreta e inmediata, eran las capas estudiantiles y magisteriales y, en proyección, el campesinado pobre y medio, y los proletarios del campo. Quizás revisando la historia de los últimos 20 años se pueda hacer un juicio sobre aquella apreciación.
Además de eso, hay que tomar en cuenta que la organización tuvo una debilidad originaria, porque la mayor parte de los elementos que la nutrieron en sus primeros años, no tuvieron una experiencia partidaria anterior. Marcial sostenía que esto era una ventaja, ya que era una membresía que no arrastraba lastres del pasado: burocratismos, acomodamientos, vacilaciones, etc. Y hacía comparaciones metafóricas de esa militancia joven, caracterizándola como “una masa fresca y fácilmente moldeable para hacer el pan”, al referirse a los aspectos ideológicos.
Entiendo que, a pesar de toda esta explicación, ustedes se definían como el partido del proletariado y planteaban la alianza obrero-campesina...
Salvador: En teoría efectivamente se decía que se iba a construir una organización de nuevo tipo. Se hablaba de ser la vanguardia del proletariado, de la alianza obrero-campesina y de toda esa cuestión clasista.
Valentín: Bueno, lo que se planteó la organización fue la necesidad de interpretar los intereses de la clase obrera en aquella realidad y asumirlos en la práctica. Decíamos que los intereses de esta clase condensaban en lo general los intereses del pueblo y que, por lo tanto, estos intereses de clase eran los que tenían que hegemonizar, porque era el grupo social totalmente desposeído, porque
45. Se refiere a la división geográfica, político-militar que las FPL adoptaron ya en el 74 para atender el desarrollo que éstas experimentaban en el país. Las cinco zonas fueron: Occidental, Norte, Paracentral, Oriental y Metropolitana. Para cada una se creó una dirección zonal del partido.
46. Felipe Peña. 47. Rafael Avalos. 48. Alejandro Ramírez. 49. Clara Elizabeth Ramírez 50. Alejandro Solano.
51. José Roberto Sibrián (Iván o Celso).
representaba lo más avanzado en el proceso de producción, y porque, con ello, venía a constituirse en la clase más interesada en el socialismo.
Lo que nos sucedió fue que nos agenciamos su representación exclusiva, como se la han arrogado otros partidos en el país y en el mundo. En lo más íntimo, nos considerábamos algo así como los llamados a imprimir el sello proletario, ¿te das cuenta? Nosotros tratábamos de interpretar y asumir los intereses de clase, y digo “tratábamos” concientemente, porque las izquierdas frecuentemente confundimos el propósito con la realidad, la fe con la verdad, el esfuerzo con la obra realizada. Tratar no supone siempre estar haciéndolo, y menos aún, estar haciéndolo bien.
En relación a los campesinos, efectivamente las FPL surgen con una preocupación grande
provocada por la quietud casi total que veníamos observando en el campesinado los últimos 15 ó 20 años, antes del 73, y que se caracterizaba por una falta de participación significativa en las jornadas revolucionarias de masas. La organización concluyó que no se habían interpretado objetivamente las motivaciones campesinas, que de algún modo predominaron actitudes fatalistas respecto a sus posibilidades revolucionarias, y ello se reflejó en la falta de una política destinada a despertar al campesinado de aquel letargo. Trabajo hacia el campo por parte de la izquierda hubo antes, pero había sido pequeño y poco efectivo. Pensamos entonces que habría que adoptar metodologías apropiadas, pero sobre todo ir al campo, conocer aquellas juruneras53, como dicen los campesinos.
Por eso, Nacho54 decía que el campesinado era como un gigante dormido. Y estudiamos la
experiencia china la vietnamita la conocimos mejor años después y veíamos que ahí durante la revolución popular se concluía que la clase obrera era la vanguardia, pero el campesinado era la gran mayoría, la fuerza principal creo que la llamaban. Recordábamos que en 1932 nuestros indios y campesinos fueron quienes se lanzaron a la revolución. Veíamos la humillante situación en que vivían los campesinos. Entonces planteábamos la alianza obrero-campesina con hegemonía proletaria como el centro y la base de una alianza popular revolucionaria. Así pensamos y así lo formulamos públicamente.
Con visiones de ese tipo no podemos interpretar ni asumir correctamente los intereses de los diferentes sectores sociales y una práctica excluyente como ésa conduce a reducir la fuerza social diversificada con que cuentan los trabajadores y los oprimidos en general para liberarse. Pienso que de no haber superado ese trasfondo de sectarismo, nosotros, con todo lo bien intencionados que originalmente creíamos ser, hubiésemos impedido que se expresara la fuerza de propulsión total que