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turístico
70Acció per un Turisme Responsable - ATR
Parece evidente el impacto ecológico de Repsol-YPF cuando opera en reservas de la biosfera en diferentes puntos de América Latina, pero ¿qué impacto ecológico puede tener una cadena hotelera?
El turismo es un gran maquinaria de destrucción del medio ambiente aunque, curiosamente, vive del paisaje, que es una de los principales elementos de atracción de los viajeros. Pero en realidad el turismo lo que hace es “civilizar” el paisaje a los supuestos gustos y comodidades del turista: vivir unos días en primera línea de mar, sobre un acantilado, entre campos de golf considerados “espacios naturales”, etc. No hace falta ir al Sur para ver estos impactos: están bien presentes en nuestra casa.
Querríamos destacar, no obstante, dos temas que a menudo no son tan evidentes. El primero es el papel del capital inmobiliario. Cuando hablamos de turismo no sólo nos tenemos que referir a las cadenas hoteleras, sino también a las empresas de ese otro sector. En realidad, y especialmente en lo que al tema del paisaje se refiere, son éstas las más violentas: las que buscan nuevos espacios donde construir, no sólo hoteles, sino también segundas residencias, por no hablar de infraestructuras como puertos deportivos, autopistas, aeropuertos, etc. Son las grandes especuladoras del territorio que crecen a la sombra del desarrollo turístico. Y en estos últimos años estas empresas de capital español están dando el salto a su internacionalización debido a dos fenómenos. Por un lado, la crisis del sector inmobiliario en el Estado Español (que ha dejado de ser un territorio “rentable”). Y por otro, los planes de desarrollo turístico en zonas eufemísticamente llamadas “emergentes”, como el Este de Europa o el África Mediterránea, deseosas de atraer este capital.
Éste es el caso de FADESA (ahora MARTINSA-FADESA después de una reciente fusión) o de Marina D’Or, por indicar dos empresas inmobiliarias de gran capital y especialmente denostadas por su papel en la destrucción del litoral español. El primero ha sabido aprovechar la nueva política “aperturista” del régimen marroquí, muy interesado en la creación de un foco de desarrollo turístico en el Rif, y la buena relación de su antiguo presidente y principal accionista, Manuel Jové, con el rey alauita. Con estas ventajas pudo adjudicarse sustanciosos contratos como el del complejo de Saidia (cercana a la frontera con Argelia) en consorcio con transnacionales hoteleras como la cadena Barceló. El caso de Saidia es especialmente significativo porque el impacto medioambiental es tan grande (supone la destrucción de más de ocho kilómetros de costa prácticamente virgen y de los bosques próximos) que ha generado una fuerte oposición social en un país donde enfrentarse al régimen y a los intereses del rey es muy arriesgado. La apuesta de Marina D’Or se dirige más al Este del Mediterráneo (Egipto, Rumanía y Bulgaria), donde pretende replicar el modelo del macrocomplejo situado en la costa de Castellón que fue el origen
70 Intervención en la mesa “Campañas catalanas de denuncia de las actividades no éticas y de las violaciones de los DDHH de las empresas transnacionales: el sector turístico” del Foro Social Català (enero de 2008). Original en catalán.
de la empresa, y que está considerado por Greenpeace como uno de los diez principales puntos negros de la costa española (informe “Destrucción a toda costa 2008”).
El segundo elemento que queríamos destacar es la capacidad del sector turístico de generar impactos ecológicos no sólo en las áreas donde se establece, sino también a centenares y miles de kilómetros de distancia para cubrir sus necesidades de agua y energía. El aumento de la demanda de estos recursos requiere muchos veces la construcción de termoeléctricas y/o pantanos en lugares alejados del centro de atracción turística.
El turismo ha sabido venderse como una industria limpia, sin chimeneas. Pero en realidad sus impactos ecológicos son muy considerables y de difícil rectificación. Pensemos que el coste de desmantelar una fábrica es relativamente bajo, pero el de expropiar, tirar abajo y reconstruir el paisaje de treinta kilómetros lineales de construcciones en primera línea de mar es inasumible para las arcas de cualquier institución pública.
Si en vuestras campañas presionáis para que los niños no trabajen, ¿no puede suceder que queden en situaciones de exclusión social más graves, como por ejemplo la prostitución?
La prostitución es consustancial al turismo. Cuando se desarrolla el turismo en un determinado lugar, los niveles de prostitución aumentan por una simple razón: hay turistas que lo demandan, y por lo tanto, aparece la oferta. La ciudad de Barcelona es un ejemplo de ello.
Pero podemos imaginar que cuando el turismo se entrecruza con las relaciones Norte-Sur y con diferencias entre enriquecidos y empobrecidos, este proceso es mucho más fuerte y alcanza situaciones extremas. Una de ellas, la prostitución infantil.
Las empresas transnacionales del sector turístico son parte, indiscutiblemente, del problema, porque promocionan el turismo que es la causa de esta situación. Incluso en determinados destinos especialmente significativos, se benefician, porque la prostitución, incluyendo la infantil, es uno de los principales reclamos turísticos de la zona. Sin embargo, es una relación indirecta: ellos no tienen una participación activa en el negocio.
Lo que nos interesa ahora destacar, no obstante, es como la prostitución infantil si les sirve para promocionar su solidaridad. Aún con reticencias, muchas cadenas hoteleras están firmando cartas y decálogos contra la prostitución infantil surgidas a partir de campañas de la Organización Mundial del Turismo o de ECPAT (plataforma internacional de organizaciones sociales que lucha contra la explotación infantil). Incluso lo integran en sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa. En realidad, la mayoría de estos decálogos sólo les obliga a impedir que en sus instalaciones puedan darse casos de prostitución infantil o a denunciarlos; es decir, simplemente les pide que acaten las leyes existentes en todos los países y en acuerdos internacionales.
Conclusión: si bien éstas empresas transnacionales son corresponsables del fenómeno de la prostitución infantil al ser agentes de desarrollo del turismo internacional, que es uno de sus principales vectores, utilizan este fenómeno como estrategia de marketing. Estrategia de marketing que no los obliga más que a acatar las normas legales nacionales e internacionales, pero que les lava la imagen de una manera convincente.
Los países empobrecidos necesitan financiación para hacer inversiones productivas y en infraestructuras. ¿Por qué criticáis que el Estado español ofrezca préstamos con condiciones ventajosas?
Nosotros no hablaríamos sólo de ayuda reembolsable, sino también de otros tipos de políticas de “cooperación” que hace el Estado español relacionadas, directa o indirectamente, con los intereses de empresas transnacionales españolas del sector turístico.
Querríamos comenzar citando un texto del Plan Integral de Calidad del Turismo Español 2000-2006:
“En cuanto a las relaciones con los países y las instituciones mediterráneas e iberoamericanas, el trabajo se enmarca en estrechar la cooperación internacional que se desarrolla desde la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Administración turística española dirigido a un doble propósito: mejorar la calidad de la cooperación turística que se preste y reorientar las actuaciones concretas de cooperación en este campo de manera que exista una verdadera conexión e implicación entre las estrategias de cooperación y las de internacionalización del sector turístico español”
Es muy obvio, en esta cita, el uso que se quiere hacer de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD): apoyar la internacionalización de las empresas transnacionales del sector de capital español. El mecanismo es externalizar a cargo de ésta AOD parte de su gasto de inversión y funcionamiento. Por ejemplo, fondos de cooperación pueden ir destinados a la formación de recursos humanos como cuadros gestores medios o mano de obra especializada (camareros, cocineros, guías, etc.), necesarios para el desarrollo de la actividad turística… una inversión que de otra manera tendría que ser costeada por el capital transnacional. Pero el elemento más sustancioso es el de las infraestructuras. La actividad turística requiere aeropuertos, carreteras, puertos, canalización de aguas, redes energéticas, etc. Y muchas veces estas obras, que se encargan a empresas españolas, se hacen con ayuda reembolsable a través de instrumentos como los créditos FAD o préstamos de instituciones multilaterales como el Banco Mundial.
Este endeudamiento se excusa, normalmente, como una necesidad de crear infraestructu- ras para el desarrollo del país o región. Pero en realidad no es cierto, ya que muchas veces las infraestructuras no son multifuncionales, sino que tienen un uso exclusivo o domi- nante para una determinada actividad. Estas infraestructuras acaban generando polos de desarrollo dependientes de actividades económicas foráneas y no benefician las endóge- nas. Incluso va en detrimento de éstas. Por poner un ejemplo, la construcción de puertos o carreteras puede favorecer la llegada de productos de importación que hagan dumping