La filosofía griega creó una imagen del hombre centrada en la virtud y la
razón: el hombre alcanzaba la virtud a través del uso de la razón y siguiendo
sus demandas. El pensamiento cristiano le añadió los conceptos de amor y
pecado. El Renacimiento introdujo los aspectos de poder y voluntad,
plasmando la imagen política del hombre. Los siglos xvm y xix racionalizaron el interés de los hombres por la propiedad, las cosas y el dinero.
La imagen freudiana de la primera mitad del siglo xx enfatizó el aspecto
impulsivo, irracional e inconsciente del ser humano, y la psicología
conductista puso el acento en la presión que ejercen los factores ambientales. Pero nunca como en los tiempos actuales se enfatizó tanto la necesidad de la
armonía y convivencia cívicas, como lo hace la psicología hiimanista.
En esta búsqueda de la esencia del ser humano, pareciera que todo nos lleva hacia una integración y armonía con nuestro entorno universal; es decir, como si todo nos indicara que el ser humano no puede ser algo que está al margen o en contraste con el todo de que forma parte; y, menos aún, que es algo sin sentido que, cuando el Universo entero, tanto al nivel físico y cósmico (entes inorgánicos), como al nivel de los seres vivos (plantas y animales), todo respira orden, armonía y belleza, debido a leyes perfectas que los rigen, el ser humano, que es el único que goza de verdadera libertad de acción, tenga un comportamiento que contrasta con todo el Universo.
Aristóteles afirmó que el hombre era básicamente un animal racional. El filósofo Baruch Spinoza consideraba que "el hombre es un animal social, y otros autores, como Cassirer (1975), han señalado que "el ser humano es, sobre todo, un animal simbólico"; es decir, que su vida se desarrolla y despliega en medio de símbolos. Pero los pensadores existencialistas han puesto un énfasis particular en los dilemas que vive el hombre contemporáneo en una sociedad de masas y estandarizada, en la cual se siente, a veces, enjaulado, alienado y deshumanizado. En esa situación, aunque rodeado de gente por todas partes, el individuo se siente solo ante su propia existencia, que lo obliga a encarar sus dudas, miedos y ansiedades, y busca la compañía de los demás como un medio para superar su soledad. Así, esta tendencia, natural en el hombre, se ve aumentada en los últimos tiempos. Esa tendencia se presenta como positiva y constructiva en sí; pero también puede llegar
a ser negativa y destructiva cuando es una consecuencia reactiva de la frustración de necesidades básicas.
Quizá, uno de los pensadores que más directamente se enfrenta y rechaza el individualismo es Hegel. Todo su sistema filosófico se constituye sobre el concepto de relación y dialéctica; el individuo aislado es un enajenado y carece de verdad, es decir, que no es un singular verdadero si no se une a lo
universal. El individuo tiene verdadera realidad sólo cuando se niega a sí mismo para unirse a lo universal, esto es, a la familia, a la sociedad civil, a las distintas instituciones sociales y a la historia universal. En la unión e
integración con estas entidades creadas por el hombre es donde se encuentra
la esencia del individuo, su desarrollo y realidad plenos, su verdadero destino y su realización total y acabada (Vásquez, 1993, pp.36, 282,283).
El autor, entre los que más han desarrollado esta gran intuición de Hegel -que en el fondo es la idea básica del cristianismo-, es Martín Buber. Su obra y su pensamiento están fundamentados en ella.
El hecho fundamental -dice Buber- de la existencia humana es el hombr
con el hombre. Lo que singulariza al mundo humano es, por encima de todo,
que en él ocurre entre ser y ser algo que no encuentra par en ningún otro rincón de la naturaleza. El lenguaje no es más que su signo y su medio; toda obra espiritual ha sido provocada por ese algo... Esta esfera... la denomino la esfera del "entre" {zunschen)... y constituye una protocategoría de la realidad humana... Únicamente en la relación viva podremos reconocer inmediatamente la esencia peculiar al hombre... (1974, pp.146-150).
Buber describe esta relación profunda, de persona a persona, como una relación "yo-tú", es decir, una mutua experiencia de hablar sinceramente uno a otro como personas, como somos, como sentimos, sin ficción, sin desempeñar un rol, con plena sencillez, espontaneidad y autenticidad.
Donde mejor puede observarse la verdadera naturaleza de esta característica es en el proceso de crecimiento humano (educación) o en el proceso de reconstrucción humana (psicoterapia): en este contexto, es fácil observar que el ser humano está sediento de relaciones auténticas y profundas, de relaciones humanas donde pueda ser él mismo en todas sus dimensiones y aceptado plenamente como es, sin que se le utilice para cualquier tipo de diagnóstico, evaluación o análisis y sin que se le pongan barreras cognoscitivas o emocionales. Este tipo de relación es la que constituye la mejor forma educativa y, cuando ésta ha fallado, la mejor práctica terapéutica.
Este cambio básico en nuestra sociedad, que hace de todo ser un ser-en-
relación, donde cada entidad humana está constituida por un grupo de
relaciones que tiene con las demás entidades, requiere paralelamente un
cambio en la educación. La nueva educación debe fijar como
una prioridad el sentido y conciencia de la propia responsabilidad, es decir, el
ser sensible y percatarse de la repercusión positiva o negativa que la conducta individual tendrá en las demás personas.
En la medida en que sea cierto que nuestros mayores problemas actuales son los humanos, el planificador educacional deberá asumir la responsabilidad
de estructurar un curriculum que prepare a la generación joven para estos
grandes desafíos presentes, que han de ser mayores en el futuro. Ahora bien, es necesario tener bien claro que estos altos logros no se alcanzan sin un aprecio y estima profundos de los seres humanos. Esto implica, a su vez, el conocimiento del otro, el conocimiento que sólo ofrece la comunicación y
diálogo auténticos y reales un diálogo que no es mera conversación y, menos
aún, discusión, sino que se fundamenta en el deseo de comunicarse
empáticamente, es decir, en la actitud interna, intención y disposición de entrar en la mente de los demás para poder comprender su visión de las cosas, sus intereses y también, cuando fuera diferente, su cultura.
Este movimiento humanista ha ido logrando a nivel mundial una serie de "frutos" de amplísima repercusión, tanto a nivel de derechos humanos, del niño, de la mujer, como a nivel de acuerdos políticos, de desarme, de comercio, de reducción del colonialismo, etcétera. En la educación humanista se da gran importancia y valor a los modos de enseñar a la gente a construir cálidas relaciones interpersonales y a los modos de enseñar a aumentar la confianza, la aceptación, la conciencia de los sentimientos de los demás, a la honestidad recíproca y otros modos de conocimiento social.
Como una especie de definición orientadora, pudiéramos decir que la
educación humanista es aquella en la cual todas las facetas del proceso de
desarrollo humano dan un énfasis especial a las siguientes realidades: unicidad de cada ser humano, tendencia natural hacia su autorrealización, libertad y autodeterminación, integración de los aspectos cognoscitivos con el área afectiva, conciencia y apertura solidaria con los demás seres humanos, reconocimiento de su capacidad de originalidad y creatividad, y jerarquía de valores y dignidad personales. Éstas deberán constituir las metas hacia cuyo logro se orientarán las acciones de los "educadores" en el "aula planetaria" en que vivimos. En esta aula abierta y universal son "educadores", para bien o para mal, todas las personas que ocupan cargos o posiciones públicas o que tienen una vida o comportamiento que está a la luz de sus conciudadanos. Como dice un sabio adagio pedagógico, "las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran".
Esta misma idea es hoy día avalada en el terreno ético por la resonancia
mórfica que tratamos anteriormente, ya que nuestras ideas y actitudes pueden
influir a distancia, para bien o para mal, sobre otras personas, sin que ellas ni nosotros lo sepamos, realidad, ésta, que vendría a dar un aval a la actividad de aquellos grupos religiosos que, en todos los tiempos, han escogido una vida contemplativa, centrada en la meditación y la oración por los demás. Y, en la misma persona -señala el padre de la psicología humanista, Abraham Maslow
(1970, 1972, passim)-, "la falta de seguridad, respeto y amor puede causar tantas enfermedades como la falta de vitaminas".
Un análisis profundo de esta orientación formadora de verdaderos seres humanos a nivel mundial, es precisamente la que han seguido aquellos países que envidiamos por su progreso, modo de ser y vida feliz, y es, también, el objetivo que las Naciones Unidas ha fijado como meta al establecer la Carta Magna de los Derechos Humanos como base de todo desarrollo verdaderamente humano. Es también el objetivo que se han fijado y por el que trabajan todas las instituciones educativas, entre las que se distinguen las de signo religioso, a lo largo y ancho del planeta.
CONCLUSIONES
La sabiduría de la Naturaleza y su diseño es un modelo tanto para el ingeniero como para el artista. Sus atributos de simplicidad, economía, belleza, propósito y armonía la convierten en un modelo para la educación, la ética y la política. El viejo conflicto entre ciencia, arte y religión es algo que desde hace mucho tiempo debía haber sido archivado, quizá, desde que Kant escribió, en su Crítica de la razón pura, lo que ya señalamos: "el orden
magnífico, la belleza y la previsión que por todas partes descubrimos en la
Naturaleza, son capaces por sí solos de producir la creencia en un sabio y magnífico Creador del Universo y una convicción fundada que pasa al público en principios racionales" (1973/orig. 1787, vol.l, p. 141). Notemos que los términos que usa Kant, el orden, la belleza y la previsión, son, precisamente, otra forma de referirse a la ciencia, la estética y la ética. Por ello, la Nueva
ciencia integral no rechaza las aportaciones de Galileo, Descartes o Newton,
sino que las considera como verdades parciales y las integra en un contexto mucho más amplio y con mayor sentido, como lo hace la teoría general de la
relatividad de Einstein.
Como podremos observar, esta "plenitud de significación y de verdad" que nos daría la integración de estas tres formas eidéticas de la realidad, equivale a lo que solemos considerar como un auténtico resultado de una sólida y rica
formación personal y profesional, la cual nos lleva a la verdadera sabiduría, a
la prudencia o sindéresis (como capacidad para juzgar rectamente). Esta
sabiduría vendría a ser como una realidad emergente vivencia} en la mente y
vida del sujeto humano, que no se daría en los componentes que la constituyen, sino en su interacción recíproca. No es, por tanto, una disciplina tradicional, sino una meta o transdisciplina. Esta "sabiduría" integraría los aspectos "verdaderos" de la realidad (ciencia) con su armonía y elegancia estética (arte) y con el respeto, aprecio y pro-moción de la naturaleza de esa
realidad (ética). Esta tríada de saberes integrados es lo que la Unesco (1997, 1998 ) trata de señalar como el objetivo fundamental de toda renovación,
reforma y replanificación universitaria.
Hoy día, después de la ilusión del pasado, que nos hizo creer que la ciencia nos conduciría a un futuro de progreso infinito, y después de la amarga experiencia de Hiroshima, Nagasaki, Chernobyl y Fukushima, sabemos que la
ciencia es ambivalente y que ya dispone del arsenal nuclear suficiente para
convertir al planeta entero en un montón de cenizas y tan estéril como los demás planetas de nuestro sistema solar.
Por ello, cobra suma importancia el papel de los estudios de
sustentabilidad del ambiente y del papel que desempeña, sobre todo, la ética,
pues hasta la crisis mundial que estamos viviendo es considerada por eminentes economistas como resultado de una falla de los valores éticos y de responsabilidad en las compañías calificadoras de riesgos de inversión.
Las grandes tradiciones filosóficas y espirituales y su filosofía perenne (recogiendo el término de Leibniz) reconocen una Realidad Divina esencial en el mundo de las cosas, de las vidas y de las mentes, que no es fácil expresar en palabras, pero que nos invita a despertarnos del sueño en que vivimos habitualmente, a salir de la caverna de ilusiones en que nos hallamos y que describió tan bellamente Platón en su famoso mito, aunque quien intente explicar que fuera existe la luz a quienes sólo conocen la caverna sea tomado por ellos como loco o embustero.