Chapter 5 Findings from the interviews
5.2 Purposes of classroom talk
5.2.1 Learning knowledge, ideas and concepts
5.2.1.3 Assessment of and for learning
Hart (1979) estudió la conducta ambiental en niños de 4 a 11 años según los criterios de: representación cognitiva del espacio, sentimientos suscitados por los lugares y actividades desarrolladas en ellos. Con respecto a los sentimientos Hart preguntó a los niños por sus “lugares preferidos”, para ello utilizó dos métodos: una entrevista y un paseo guiado por cada niño en el cual éste iba mostrando esos lugares favoritos. Los resultados dieron como resultado cuatro categorías:
Uso del terreno: aquellos lugares que han sido valorados por el uso que le dan los niños en sus juegos. Entre ellos los más valorados eran los campos de juego, otros como ríos, arroyos y charcas, fuertes y casas construidas por ellos, árboles para trepar, lugares secretos, etc.
Social: lugares valorados porque alguien vive o trabaja allí o porque sucede algún acontecimiento particular. Entre los más nombrados, las casas de compañeros de colegio. Comercial: lugares valorados por lo que se puede conseguir o comprar, entre ellos las
tiendas de helados, y las tiendas del barrio
Estética: lugares valorados por su apariencia o sentimiento que provocan. En este caso, Hart señala que muy pocos lugares fueron elegidos por su apariencia o por la manera en la que los niños se sienten cuando están en ellos. Este parece ser un criterio poco relevante en las preferencias infantiles.
Este estudio ha servido como referencia para otros posteriores como los realizados en España por Martin (1985), que hizo un estudio comparativo entre la cognición ambiental rural y la urbana, Corraliza (1987), Corraliza y Aragonés (1988), Muntañola (1989), Aragonés, J., Jiménez, C. y otros (1988).
Para Kylin (1999) la gran diferencia entre las descripciones que los adultos y los niños dan de las lugares es que mientras los adultos utilizan términos descriptivos, los niños usualmente se refieren en términos de lo que podrían hacer allí.
Respecto a los lugares que no gustan a los niños Hart escribe que es difícil que respondan a esa pregunta, y añade que “la única generalización aplicable que puede hacer de este estudio es que a los niños les disgustan los lugares en los que están continuamente bajo la mirada de autoritaria de los adultos.” (Hart, 1979:171)
Ward (1978) señala que en investigaciones sobre mapas de la ruta (Spencer y Lloyd) de la escuela a casa los niños más jóvenes ven el entorno prestando más atención a los seres humanos y a los aspectos naturales (personas, animales, pájaros, vegetación y fenómenos naturales) y que, sin embargo, esta característica va decreciendo con la edad. Los pequeños enclaves naturales en los entornos construidos son preferidos también por la mayoría de los niños (Moore, 1986). En cualquier lugar del mundo donde se haya estudiado los adolescentes eligen el entorno natural como dominante a la hora de definir sus preferencias para un entorno vital ideal (Spencer, Blades y Morsley, 1989)
Respecto a las actitudes ante el entorno, Ward (1978) propone unas categorías válidas tanto para niños como para adultos que son:
• Tendencia a lo tradicional, que serían aquellos niños que aprecian en el entorno los aspectos relacionados con lo familiar y los elementos conocidos.
• Exploradores, a los que les gusta cambiar de entorno y las experiencias que implica. Demuestran una actitud curiosa y son capaces de aprovechar y encontrar nuevos usos a los distintos objetos y materiales que les ofrece el espacio urbano como materiales de desecho, restos de objetos, basuras, etc.
• Afición por lo nuevo, que aprecian lo nuevo. Sirva de ejemplo este texto: “…una bonita calle debe ser una calle con amplias aceras, fachadas bien pintadas, limpias y con casas modernas. Todo lo que parezca desordenado, como cables, puertas desvencijadas, escaleras gastadas, viejas casas de adobe, debe ser eliminado” (citado por Ward 1978:40 de la investigación de Battro y Ellis, 1999). No quiere decir que no aprecien los valores estéticos de los edificios antiguos pero su atención se ve atraída por aquello que hace parecer a un edificio más nuevo en relación a otros deteriorados o semiabandonados.
McKechnie (1977, citado por Benayas, 1992) desarrolló una escala multi-dimensional para medir la respuesta al ambiente el ERI (Environmental Response Inventory), que discrimina entre un rango de conductas que incluye aspectos como las preferencias de diseño, de situación o de recreo y ocio. Este test demostró que las personas tienen predisposición hacia diferentes tipos de entornos y que muestran comportamientos definidos ambientalmente. Bunting y Cousins (1985) a partir del ERI han desarrollado un test para medir las creencias y actitudes de los niños y las niñas sobre el entorno, el CERI. Esta escala ha sido puesta en práctica en niños y niñas en edad escolar y está basada en ocho dimensiones:
• Interés por la naturaleza: respuesta positiva a los entornos naturales. Preferencia por vivir o desarrollar actividades en ese tipo de entornos.
• Interés por la vida urbana: atracción a los entornos construidos. Interés por la riqueza cultural y la gran diversidad de estímulos existentes en las grandes ciudades.
• Adaptación del entorno: creencia en la capacidad de la tecnología para dominar la naturaleza con el objetivo de incrementar el confort y bienestar humano.
• Búsqueda de estímulos: afinidad hacia la búsqueda de estímulos y sensaciones nuevas en el entorno cotidiano. Tendencia a incrementar la estimulación mediante búsqueda de intercambios aventurados con el entorno.
• Confianza Ambiental: sentimiento de confianza en la interacción con toda clase de entornos se opone a la tendencia a evitar lugares, animales o cosas potencialmente peligrosas.
• Afición por lo tradicional: atracción emocional hacia los entornos tradicionales o que simbolizan el pasado histórico. Preferencia por los diseños más tradicionales o
costumbristas frente a los de carácter más moderno y de actualidad. Alta valoración estética de los paisajes rurales.
• Necesidad de privacidad: apreciación positiva de la soledad. Tendencia a rechazar las actividades y ambientes multitudinarios.
• Orientación mecánica: atracción hacia las estructuras mecánicas y el disfrute con la actividad manual.
La variedad de respuestas que posibilita el CERI permite construir un amplio rango de diferencias individuales, desde preferencias sensoriales hasta competencias ambientales.
6. EL SENTIDO DEL LUGAR: CARACTERÍSTICAS SIMBÓLICAS DEL ESPACIO