• No results found

Assessment methods and procedures

A.3 Recognition procedures in the employment system

A.3.2 Examples of tools for personnel development and selection

A.3.2.3 Assessment methods and procedures

Las “cachetonas”, como se dijo, configuraron un grupo de avanzada, de choque. Algo así como la punta de lanza femenina de la modernidad. eso significaba ubicarse un par de pasos delante de la elegancia en sí, frenada ésta en un mismo punto por el rebuscado afán de exquisitez de la feminidad ‘aristocrática’. La modernidad implicaba romper tabúes, desafiar prejuicios, superar el aristocratismo, no sólo con el fin de liberar el cuerpo, sino sobre todo el alma, de todo medieval cinturón de recogimiento. y en ese tiempo las únicas armas que permitían hacer eso, sin temor a represalias descalabrantes, eran la extrema riqueza, la extrema belleza y la extrema agudeza mental. en este sentido, las “cachet-et-ton-as” que iban al club de Santiago se movieron en un rango primario y básico de rebelión: era poco más que un atrevido mostrarse en el espacio público abierto. el modelo puro de cachetonismo lo dieron otras mujeres, que hicieron pe- sar, para su liberación modernista, ora su dinero, ora su belleza, ora su inteligencia, no sólo en chile, sino también en europa. tal fue el caso conspicuo, entre otras, de teresa Wilms, eugenia Huici e inés echeverría bello.

teresa Wilms provenía de una de las más ricas familias del patriciado. en ella, la plusvalía extraída a los rotos por el capital mercantil –que los mercaderes convertían en oro y poder– se transfiguró, simultánea- mente, en belleza, libertad e inteligencia. “talentosa, bella, cultísima (hablaba cuatro idiomas), casóse contra la voluntad familiar, con… Gustavo balmaceda. ella descendía a su vez de tres presidentes: los Montt”. el ma- trimonio no fue exitoso y teresa buscó su libertad. tanto, que se sintió obligada a escapar a Argentina, auxi- liada y acompañada por Vicente Huidobro. tenía 23 años. el escándalo de haber seguido autónomamente su opción afectiva se multiplicó con su fuga. La familia, molesta, trató de recluirla en un convento. No pudo. Vivió en buenos Aires, Madrid, París y en otras ciudades del Viejo Mundo, impactando invariablemente por su belleza, su liberalidad y la calidad de su producción literaria. Su poesía, de fuerte acento femenino, compite –a ratos, con ventaja– con la de Gabriela Mistral. A veces, por ejemplo, cuando, delante de ella, se deslizaba el fantasma de los viejos prejuicios y la represión aristocráticas:

“Frente a mi puerta pasó una sombra negra con los ojos cerrados

y el dedo en los labios.

Desapareció en el recodo del camino.

Cuando retorné a mi alcoba, vi que las perlas de mi collar habían muerto, y que los espejos estaban velados…”.

A veces, cuando estallaba dentro de ella el recuerdo del amor:

“La tibieza de tu cuerpo ha quedado como un veneno insomne en mis miembros. todos ellos se retuercen en convulsiones espasmódicas de delirio: claman por la caricia aguda de tu cuerpo, de tu carne joven, perfumada de primavera…

mi boca está sedienta de lujuria. Sí, anaurí. En contorsiones de poseída, escápense de mí aullidos desgarradores de mi carne y de mi corazón heridos; en los espasmos de placer y de pena surge, entre suspiros, tu nombre…”

y a veces, cuando era inevitable reconocerse en el espejo:

“Éste es mi diario. Soy yo, desconcertantemente desnuda, rebelde contra todo lo establecido, grande entre lo pequeño, pequeña ante el infinito…

Soy yo…”118

Vicente Huidobro dijo de ella: “Perfecta de cara, perfecta de cuerpo, perfecta de elegancia, perfecta de

inteligencia, perfecta de fuerza espiritual, perfecta de gracia…”. un escritor guatemalteco agregó: “Esta mujer, que lleva a cuestas la maldición de su belleza no es sino una escritora, una gran escritora que si fuese hombre… formaría parte de todas las academias y llevaría todas las condecoraciones”. y juan ramón jiménez: “En uno de estos instantes oscuros y claros… yo pienso en ti, teresa, tan diferente de teresa de Jesús y tan igual, como una estrella oscura en un cielo claro, pero con un corazón de estrella en un cielo oscuro”. teresa Wilms Montt murió

en París, de una sobredosis de veronal, en 1921. tenía 28 años. estaba sola. reposa en el cementerio de Pére Lachaise, cerca de oscar Wilde, Alberto blest Gana, Moliére, chopin, Musset y otras estrellas de cielo claro y oscuro119.

118 citado por ruth González Vergara en: “teresa Wilms Montt, éticamente elegante”, en mapocho N° 35 (Santiago, 1994), pp.75-106 119 Ver también de r. González su libro: teresa Wilms montt. Un canto de libertad (Santiago, 1993. ed. Grijalbo).

eugenia Huici, también nacida en familia patricia (emparentada con el linaje de los ochocientos) y del oro mercantil, llevó consigo toda su vida, pero no como maldición, una extraordinaria belleza, una extrema riqueza y una suprema elegancia. Se casó con un hijo de magnates: josé tomás errázuriz urmeneta, y vivió casi toda su vida en europa, alternando entre Londres y París. “Dotada de una extraordinaria belleza y atracción, suma elegancia e instrucción artística, ha producido sensación en la sociedad europea”. Diversos pintores de moda se disputaron por transportarla a sus telas: rodin, boldini, Helleu, roll y Shurée, entre otros, mientras ella misma se convertía en mecenas y protectora de Picasso, del pianista Arthur rubinstein y del propio Stravinsky (quien le dedicó una de sus sinfonías). Los decoradores de París seguían de cerca sus opiniones y recomendaciones. Se la hallaba regularmente en las tertulias de artistas y en las fiestas de la aristocracia europea120.

Algo distinto fue el caso de inés echeverría bello de Larraín (“iris”), descendiente, por un lado, de una familia de ricos mineros y, de otro, del clasicista sabio Andrés bello. casada a los 22 años con joaquín Larraín Alcalde (también de rancio abolengo), floreció su expresividad literaria y su “irreverencia” relativa (desafíó los patrones femeninos de su clase social, pero sin consumar rupturas reales o escandalosas) en chile mismo, al revés de Huici y Wilms, que eclosionaron en europa. en la interesante autobiografía que bosquejó en 1928 confesó que “no estuvo en ningún colegio, ni hizo estudios humanísticos… lecturas ocasionales desordena- das, sin método ni orientación alguna, le han dado cultura deficiente y superficial”. Viajó por diversas partes del Viejo continente y también por chile. Llevó un gran diario de vida (del que anunció en 1928 que tenía ya 300 cuadernos inéditos) y escribió profusamente libros de viaje, artículos para periódicos, novelas cortas y comentarios generales. “No ha producido ninguna obra de mérito” dijo ella de sí misma. creía en la justicia social, pero en tanto liderada por algún caudillo de fuste, que ella creyó encontrar en Arturo Alessandri Palma (“el enviado”, lo bautizó, con gran bombo), pese a que años después reconoció que el tal “enviado” carecía de los talentos necesarios para eso. Sus méritos mayores radicaron, tal vez, en su rango de escritora ‘pública’ (inusual en las mujeres patricias de ese tiempo) y, sobre todo, en su sentido autocrítico:

“Se nota que ha escrito para guardar el recuerdo de sus emociones ella misma, sin pensar en el públi- co… aletea desesperada entre su viva emotividad y la estrechez de sus expresiones. moderna de ideas y de gustos y rancia de estilo, es un alma del siglo XX vestida con crinolina… Espera que la muerte la redima de la asquerosa e invencible mentira del mundo en que vive, por el asco que sintió”121.

Podría ser éste el autorretrato universal de la mujer patricia del 1900: educación asistemática, alta emo- tividad, estilos añejos, viajera transcontinental, moderna en ideas y, luego de la crisis de 1910, “asqueada del mundo en que vivía”122. Las tres mujeres mencionadas fueron ejemplos distintos pero supremos de esa vanguardia femenina del cachet-et-ton. teresa Wilms, en la dimensión trágica y a la vez sublime de la rebeldía: una saga de libertad. eugenia Huici, en escorzo clásico, por la realización perfecta del ideal aspirado en chile:

120 referencias breves de ella pueden hallarse en las publicaciones de Luis orrego Luco, Virgilio Figueroa y Gonzalo Vial correa.

121 esta breve autobiografía fue publicada por Virgilio Figueroa en su Diccionario histórico y biográfico de Chile (Santiago, 1928. balcells), volumn ii, pp. 643-644.

122 Mayores referencias de ella en j.t.Medina: La literatura femenina en Chile (notas bibliográficas y en parte críticas). (Santiago, 1923. imprenta universitaria) y en Mónica echeverría yáñez: agonía de una irreverente (Santiago, 1997. editorial Sudamericana).

una saga épica de elegancia, belleza y modernidad, en el corazón de europa. inés echeverría, por su parte, encarnó en chile, con valentía moderna, el drama de la feminidad patricia: el ir y venir entre los sueños y la realidad, entre la duda y la autocrítica. Ser parte de esa vanguardia femenina implicaba dar la vida entera, o en destino de tragedia, o en estrella de plenitud, o en sombras de incertidumbre. No obstante, las tres co- mulgaron en un resultado histórico común: contribuyeron a consumar (en parte) la ruptura de la tradición patriarcal.

Ninguna de las tres fue, técnicamente, “reina de salón”, sino, más bien, patricias con sentido adquirido de li- bertad, que, por tanto, se deslizaban en movimiento perpetuo a lo largo y ancho de redes sociales impregnadas de alta cultura, arte romántico y refinada modernidad. La riqueza mercantil fue su cuna de oro, pero su historia, ya desplegada, no dependió ya de esa cuna, sino de lo que ellas estaban forjando consigo mismas. Su constante ir y venir dio cuenta también de su alto grado de exposición pública. De su exhibicionismo innato (típico de una cachet-et-ton-a). en este sentido, se diferenciaron de las auténticas “reinas de salón”, que vivieron más atadas a su residencia (palacio), a su familia y a la redes de la sociabilidad patricia específicamente chilena.